por Dennis Frank
El pastor necesita libertad para fracasar con el fin de aprender a alcanzar el éxito en lo que Dios le ha llamado a ser y a hacer.
Recuerdo bien el día. Acababa de ocupar mi primera posición como miembro del personal de una iglesia como pastor de jóvenes y de música. El pastor principal me pidió que lo acompañara a su oficina para hablar conmigo. Siendo nuevo en el ministerio y deseoso de complacerlo, me alegré por esa oportunidad de conversar con él. Hablamos de cómo me iba en el ministerio. Me planteó algunas preguntas y mis respuestas reflejaban mi entusiasmo.
No estoy seguro de qué fue lo que pasó, si él pensaba que yo no entendía la necesidad de aceptar riesgos o, sencillamente, yo no entendí su estilo de liderazgo; pero nunca olvidaré lo que me pidió y cómo me sentí por ello. Mi pastor me vio a los ojos con una mirada intensa, firme, pero compasiva, y demandó: —Dennis, quiero que mientras sirvas entre nosotros cometas tres grandes errores cada mes.
Al principio pensé que no le había entendido, y le pregunté: —¿Qué fue lo que dijo?
Él repitió sus palabras, esta vez con una sonrisa. —Quiero que cometas tres errores cada mes.
Me costaba creerlo. Le pregunté: —¿usted quiere que yo incurra en tres errores cada mes? Yo creía que usted me trajo aquí para que fuera eficaz en evangelizar a la juventud y para que los ayudara a crecer en su relación con el Señor y unos con otros.
Así es, en efecto —replicó él—. Quiero que desarrolles un ministerio eficaz.
Entonces, ¿por qué desea que yo cometa errores?— le pregunté.
Nunca olvidaré su respuesta, porque me ha ayudado a través de treinta y un años de ministerio.
Quiero que seas exitoso en tu ministerio —añadió él—. Para eso, necesitarás ensancharte, soñar nuevos sueños, pensar nueva ideas y probar experiencias nuevas. Algunos de tus nuevos sueños e ideas serán eficaces; otros no. Quiero que cuentes con la libertad de fracasar.
Usted quiere decir que está bien que yo fracase en algunas experiencias, ¿cierto?—pregunté.
Así es— respondió con firmeza—. Y con toda seguridad tú vas a preferir que así sea.
No puedo describir la sensación de alivio que experimenté. Podía fracasar y mi pastor no se disgustaría conmigo. Desde ese día y hasta varios años más tarde, cuando Dios me movió a otro ministerio, no solo conté con su apoyo a mi persona y a mi ministerio, sino que también adquirí la sensación de que contaba con un pastor que entendía mi deseo de alcanzar el éxito y mi temor al fracaso. Me dio permiso para fracasar, para que pudiera aprender a ser exitoso.
Comencé a comprender que fracasar no significa que yo sea un fracaso. Comencé a entender que la eficacia en el ministerio no significa que todo lo que uno haga deberá ser exitoso. El fracaso muestra a veces que una idea, un plan, o una manera de cumplir el ministerio no es siempre la mejor manera, e inspira a la gente a encontrar métodos más eficaces.
No conozco a ningún pastor que desee fracasar en el ministerio que Dios le ha encomendado. Nadie desea que lo conozcan como un fracaso. Los pastores desean ser exitosos en el cumplimiento de sus labores ministeriales. Lo que yo no sabía, hasta que mi pastor me ayudó a entenderlo, era que el pastor necesita libertad para fracasar con el fin de aprender a alcanzar el éxito en lo que Dios le ha llamado a ser y a hacer.
En tu calidad de líder, pregúntate:
- ¿Doy a mi personal la libertad de fracasar?
- ¿Cómo respondo cuando alguien bajo mi responsabilidad fracasa?
- ¿Cuentan con mi permiso para cometer errores sin experimentar mi enojo o mi extrema frustración?
- ¿Reconozco que si no les doy permiso para fracasar, sus errores pueden llevarlos a distanciarse de mí, o aun limitar su deseo de volver a intentarlo?
El fracaso no es algo que deseamos, pero sí necesitamos la libertad para probar nuevas experiencias.
Dennis Franck es director nacional de Ministerios para Adultos Solteros de las Asambleas de Dios, en Springfield, Missouri.
Se tomó de Enrichment Journal, Verano de 2007. Se usa con permiso del autor. Todos los derechos reservados por el autor.