La Autoridad Apostolica

AD

Aunque el apóstol busca la obediencia a Cristo con palabras duras, y aunque lo hace poniéndose como ejemplo de obediencia para ellos, él no pudo simplemente dar ordenes. No podía crear, el mismo, la norma que ellos tendrían que obedecer sin discutir.

Pero ¿Cómo era la autoridad apostólica? En este estudio mostraremos los elementos envueltos en ella. En verdad ¡sería bueno imitar el ejemplo de los apóstoles!

En ocasiones Pablo fue objeto de ataques de muchos lados (2Cor.11:28). Y aunque vemos que él rehusaba a dejarse sentir molesto por causa de los problemas y reveses entre los hermanos (Gál.6:17), en cierta ocasión él amenazó a sus hijos obstinados con la vara espiritual (lCor.4:21). Pablo comprendía el respeto que debían ellos tener para el puesto de apóstol (2Cor.2:3; 7:7; Fil.3:20). También sabía cuales eran sus privilegios y derechos por razón de su apostolado.

Reconocer lo que he dicho arriba, no es ningún problema. Pero para aceptar algo que es en verdad casi increíble, tenemos que dirigirnos en una dirección opuesta y considerar que Pablo, quien fue llamado a ser apóstol de Cristo y maestro de las iglesias, fue un hombre que tenía la más alta autoridad. Sin embargo él nunca ejerció su autoridad en una manera obvia, para así establecer una relación sacra entre su posición y la subordinación de las iglesias.

Al contrario, cuando a él le parecía que algunos en las iglesias querían elevarlo, Pablo mismo rechazaba en términos claros su derecho de establecer tal tipo de autoridad. “No es que pretendamos dominar sobre vuestra fe, sino que estamos contribuyendo a vuestro gozo..” (2Cor.1:24).

Tales expresiones como esta, no están basadas en una falsa idea de los derechos humanos que todos los cristianos poseen. Pablo se refiere a la libertad del Espíritu que tienen todos los hijos de Dios.

Esta libertad no solo existe en conflicto con el intento de algunos de reimplantar la antigua ley judía, sino que también contrarresta el propósito de otros de querer dominar la fe de los corintios, proclamándose ser maestros dedicados a la enseñanza de cierto doctor o apóstol.

Cuando una persona llega. a tener fe, se sujeta también, no a algún apóstol o predicador, sino a Cristo. Por eso podemos decir que los obreros cristianos pertenecen a la congregación y no las congregaciones a ellos (lCor.3:21ss; 2Cor.4:5).

A esta regla aún el fundador de tantas iglesias, Pablo mismo, estaba sujeto. Es verdad que él era como el perito arquitecto que puso los cimientos (Cristo) sobre los cuales la iglesia es construida después 1Cor. 3:10ss; Col.2:6). Pero aún por haber sido fundador de iglesias, esto no afectó la libertad de las congregaciones: “¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿o fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?”.

Esto quiere decir que la autoridad de mandar, que Pablo ejercía, era limitada. El tenía que guiar a las congregaciones; veía sus equivocaciones; estuvo constantemente enterado de la falta de madurez de ellos. Pero su posición no le permitía conceder a ellos poco a poco la libertad, sino que él reconocía que la libertad cristiana es un hecho en todas las etapas del crecimiento cristiano.

Aunque el apóstol busca la obediencia a Cristo con palabras duras, y aunque lo hace poniéndose como ejemplo de obediencia para ellos, él no pudo simplemente dar ordenes. No podía crear, el mismo, la norma que ellos tendrían que obedecer sin discutir.

Sino la congregación de los que poseen el Espíritu deben seguir sus instrucciones en libertad y sin coerción.

Y es esta la libertad que Pablo tiene en mente cuando les escribe. Ellos mismos deben reconocer en las instrucciones del apóstol el estándar de enseñanza al cual son dedicados y al cual Pablo les dirige la atención. Así pueden afirmarlo por sí mismos y libre y gozosamente hacerlo suyo otra vez.

Pablo, el apóstol, sabe en cuyo nombre viene y habla. Le son importantes los mandamientos básicos que Cristo dejó establecidos. El problema real ocurre cuando tiene que dar instrucciones que van más allá de los principios elementales. Cuando se trata de detalles y de decisiones relativas que tienen que ver no sólo con lo que sea bueno, sino de lo que es mejor (hablando de grados de bien). Un ejemplo de este problema es el de las preguntes de los corintios sobre el matrimonio (lCor.6:12-7:40).

Cuando da opiniones Pablo guarda en mente lo que es mejor para el pueblo, pero aunque expresa sus ideas personales, lo hace sin pretender restringirles. Cuando se trata de un asunto no tratado por Cristo o por la Palabra, Pablo concede la libertad de opiniones.

Es decir él no quiere ir más allá de la Palabra, rehusando usar su autoridad para otra cosa que no sea el apoyar y defender la verdad del evangelio. Para él, este evangelio es la norma legal para interpretar los detalles de la vida de los individuos y de las iglesias.

Pero aún cuando es una cuestión del conocimiento que es necesario que todos tengan, o cuando tiene que ver con la preservación de la verdad, él evita exaltarse a una posición de supremacía en las congregaciones. Sus “hijos” son a la vez sus “hermanos” y por eso el es un apóstol y no su “maestro”. Es el siervo de ellos por Jesús.

Pablo tenía el hábito de formar nuevas palabras usando el prefijo “sun” (co-). Hizo esto para enfatizar su compañerismo con las congregaciones en la labor, las batallas, y oraciones de ellos. El compartía sus sufrimientos, tiempos de gozo y triunfos.

Aún cuando sintió horror al saber de los casos de pecados sexuales en Corinto, y de la falta de voluntad de la iglesia de hacer frente a la situación, Pablo manda un mensaje desde lejos y no quiere ser él, el único en decidir cómo resolver el problema. La congregación debe reunirse, y unidos en espíritu, con el poder del Señor Jesús, pasar juicio sobre los individuos.

El podría haber condenado, el solo, a las personas y dictado un juicio pero apela a la congregación a tener un sentido de responsabilidad. Los de la congregación que querían que Pablo decidiera el asunto, esperaban un decreto del apóstol. Pero es precisamente en este punto que el aspecto verdaderamente cristiano de los métodos de Pablo se manifiestan. Este aspecto sólo puede ser entendido por los que han comprendido el corazón del propósito del apóstol.

La autoridad que tenía es tal que el solo la luce con mucha reserva, y en vez de querer demandar la obediencia la pide, la solícita. Y en esto Pablo actúa en una manera completamente opuesta a la de los judaizantes cuyas predicaciones fueron muy legalistas, llenas de requisitos humanos, mandamientos y prescripciones (Col.2:20).

La dispensación del Espíritu y de la nueva justicia, de la cual Pablo es un ministro, se caracteriza por su gentileza y moderación. Esta dispensación tiene una gloria más poderosa y resplandeciente que la de la vieja ley mosaica. Con la letra esa ley mataba. Pero esta dispensación se lleva a cabo por la sinceridad, amor y paciencia. Ya no impone sus principios por medio del castigo y la destrucción, sino por el poder de la reconciliación.

Existen, sin embargo límites a esta actitud. Precisamente porque esta dispensación es de carácter cristiano. Estos límites se encuentran cuando Cristo y Su evangelio son abandonados y traicionados. Esto se llama la “apostasía”.

Cuando esta acontece, el apóstol no puede hacer menos que lo que Cristo mismos hubiera hecho, pronunciar una anatema y condenación. En el evento de este conflicto, todo lo que es necesario hacer es que el apóstol les regresa al punto de donde empezaron.

El concepto que Pablo tenía de su autoridad entonces es uno de monumental simplicidad. En todos los tiempos no se olvidaba que era un apóstol de Jesucristo. Eso era y nada más. Es Cristo quien de Su gracia llama a congregaciones a vivir en libertad. Y con esto en su mente Pablo siempre se mueve con una combinación de un ataque poderoso, seguido por un retroceder suave. A la vez que amenaza, invita amorosamente.

Desgraciadamente las generaciones que siguieron en las iglesias, empezaron a venerar hasta al mismo apóstol humilde. Vieron en los “padres” espirituales personas poseedoras de autoridad sacra, que no conocía límites. Para ellos los apóstoles llegaron a ser, en un sentido exagerado, los cimientos sobre los cuales la iglesia descansa.

Pablo habitualmente se colocó a si en la categoría de otros como Bernabé, Apolos y varios miembros de la congregación, en una manera que es de mucho significado. En esto él demostraba su concepto del apostolado, como un trabajo de proclamación, y no de organización.

La iglesia vive por su reconocimiento del mensaje de Cristo, del evangelio. Es sobre esto y no sobre la posición de ciertos individuos, quienes Dios ha llamado a Su servicio, que todo depende. El énfasis que muchos cristianos hoy ponen en el carácter especial y único del oficio de apóstol, es una idea que se originó después de la muerte de los apóstoles.