Fe hacia Dios

Bob Gordon y David Fardouly

No puedes confiar en nadie que no conoces. Cuanto más conocemos a Dios y su fidelidad, su amor, su carácter, sus caminos y lo grande que es, etc.; tanto más podremos confiar en Él.

a) Escrituras clave:

Hebreos 11.1-3,6; Romanos 10.17; Mateo 17.20; Romanos 1.17

b) Introducción

Esta es una progresión natural del arrepentimiento de obras muertas. Mientras que nuestro foco de atención había sido nuestra propia persona, ahora nuestro foco de atención es Dios.

Las obras muertas siempre interfieren la fe hacia Dios. Tenemos que “volvernos de” para capacitarnos en “volvernos hacia”.

Tiene que haber un arrepentimiento de obras muertas para permitir que la fe hacia Dios se desarrolle. En efecto, cualquier cosa apartada de la fe en Dios está muerta (Hebreos 11:6; Romanos 14:23).

La fe en el contexto de esta verdad fundamental puede ser definida como “tener confianza, certeza o seguridad en otra persona y en la palabra de esa persona”. Tener fe en Dios lleva consigo un cambio de confianza, en lugar de en uno mismo, en El.

c) ¿Cómo se desarrolla la fe hacia Dios?

1. Tener las actitudes mentales correctas. La fe es una persuasión.

La palabra “fe” proviene de la palabra griega “pistis”, que significa “persuasión firme; creencia fuerte y bienvenida; la convicción de la verdad de cualquier cosa (2 Timoteo 1.12)

Necesitamos darnos cuenta de la inutilidad de todo sin Dios. La fe lleva consigo una actitud de humildad y sumisión a la voluntad de Dios (Filipenses 2:5-8) y necesitamos confesar esta actitud.

2. Darse cuenta de que la fe es sustancia y realidad.

La fe no es la imaginación ni el desear cosas hasta que lleguen a ser.

Es la convicción de la verdad por la obra interior del Espíritu Santo. Si Dios nos da la fe para algo, podemos estar seguros de que en la mente de Dios esa cosa realmente existe y es tan buena como nuestra (Hebreos 11:1; Números 23:19).

3. Darse cuenta de que la fe es un don de Dios.

No podemos exaltarnos a nosotros mismos hasta creer. No es el resultado de una gimnasia mental.

El Espíritu Santo debe poner la capacidad de creer a Dios dentro de nuestro corazón (Efesios 2:8).

4. La fe se desarrolla por medio de nuestro conocimiento de Dios.

No puedes confiar en nadie que no conoces. Cuanto más conocemos a Dios y su fidelidad, su amor, su carácter, sus caminos y lo grande que es, etc.; tanto más podremos confiar en Él.

Esta es una base para la verdadera fe hacia Dios (Deuteronomio 7:9; Salmo 9:10; 1 Tesalonicenses 5:24).

Llegamos a conocer a Dios mientras que el Espíritu Santo nos da revelación de El por las escrituras, y por revelación directa a nosotros en concordancia con las Escrituras.

Esto está reforzado por medio de las experiencias de la vida al tiempo que nosotros, por fe, demostramos a Dios (Hebreos 11:6).

No podemos llegar nunca a conocer realmente a nadie a menos que hablemos con él. La oración, entonces, es un modo maravilloso de llegar a conocer a Dios.

La oración siempre manifiesta dos cosas: primero, un deseo de corazón de que todo lo que hagamos sea en la voluntad de Dios; y segundo, una confesión de nuestra total dependencia de El.

Recuerda, la fidelidad de Dios es grande e inagotable (Salmo 89:34) y eterna (Salmo 119:90). Necesitamos comprometernos con Su fidelidad (1 Pedro 4:19; Hebreos 10:23) y necesitamos magnificar su fidelidad (Salmo 92:1-2; 89:1).

5. La fe es una respuesta al oír.

Dios comunica sus pensamientos por su palabra. Cuando nos habilita para oír lo que nos está diciendo por el Espíritu,

esto debería crear en nosotros la respuesta de creer o ser persuadidos de que lo que está diciendo es, ciertamente, la verdad y es para nosotros.

“La fe es por el oír, y el oír por la palabra (específica) de Dios”. (Romanos 10:17). Al confesar la palabra de fe que nos ha sido dada y mantenernos firmes en ella y,

cuando sea apropiado, actuar en ella encontramos el poder creador de Dios obrando en esa palabra y por medio de ella, para llevar a cabo lo que ha sido prometido.

Jesús nos dice que por fe nada será imposible para nosotros (Mateo 17:20). Tener fe lleva consigo un cambio, de sólo apoyarse de una fuente de conocimiento, es decir los sentidos (el cual necesitamos),

o depender de una fuente de conocimiento superior, es decir conocimiento revelado.

El conocimiento sensitivo es todo el conocimiento natural que viene al hombre por medio de sus cinco sentidos.

Este es un conocimiento limitado y se describe como la sabiduría humana (1 Corintios 2:4-6).

El conocimiento revelado es conocimiento, no basado en los cinco sentidos ni en razonamientos naturales, sino en una fuente más alta, la verdad de la Palabra de Dios.

Es revelado por el Espíritu Santo al espíritu del hombre y se describe como la sabiduría de Dios (1 Corintios 2:7-16).

Es, pues, la fe la certeza (la confirmación, el titulo de la propiedad) de lo que (nosotros) esperamos, la prueba de lo que (nosotros) no vemos y la convicción de su realidad –

la fe percibe como hecho real lo que no es revelado a los sentidos. (Hebreos 11:1 versión amplificada).

6. La fe viene por el experimentar a Dios y su fidelidad.

Cuanta más fe tenemos hacia a Dios, cuanto más experimentamos de su fidelidad y cuanto más crece nuestra fe.

Dios también nos ha dado los dones de sanidad, milagros, etc., los cuales deberían dirigirnos hacia El y aumentar nuestra fe (Juan 2:11; 11:15).

7. La fe crece al recordar la fidelidad experimentada.

d). Conclusión

La fe no es una actitud mental hacia los problemas. Es la misma naturaleza de Dios. Dios es un Dios de fe: creó el universo por fe (Hebreos 11:3).

La persona nacida de nuevo por el Espíritu de Dios ha recibido el potencial de la naturaleza de Dios.

La naturaleza antigua de todo hombre es dominada por fuerzas negativas tales como el temor, la duda, la confusión y el error.

Pero la naturaleza de Dios que es creadora, trayendo orden del caos (Génesis 1:2), vida de la muerte, sanidad de la enfermedad, prosperidad de la pobreza, verdad del error, y justicia del pecado.

La fe es la expresión de esta nueva naturaleza (Romanos 1:17). La fe hacia Dios es el estilo de vida del discípulo de Jesús.