El Secreto del Ayuno

Ron McIntosh

No solo la oración es elemental para el avivamiento. Muchos de los que participaron en avivamientos sabían el secreto y la necesidad de ayunar.

La mayoría de los padres de los avivamientos ayunaban para comenzar sus ministerios de milagros o lo practicaban como un estilo de vida.

Tal vez el más notable maestro sobre el ayuno en el avivamiento de sanidad fue Franklin Hall. En tanto un gran numero de sus conclusiones doctrinales demandan escrutinio, muchos de los más grades evangelistas de la época seguían sus enseñanzas sobre el ayuno, y los milagros surgían.

Hall estaba convencido que la fuente del avivamiento de Sanidad podía trazarse a partir de 1946. En ese año un grupo de creyentes llenos del Espíritu comenzaron a tener reuniones de oración durante toda la noche.

Ellos ayunaban por largos períodos de tiempo para que Dios se manifestara a sí mismo nuevamente.

Muchos de los evangelistas de sanidad de este periodo de tiempo reconocen a Hall como uno que planto la semilla en sus vidas.

El reconocido evangelista T.L.Osborn diría que su ministerio fue revolucionado por el ayunar. Él indicó que fue el punto decisivo de su ministerio de sanidad.

Gordon Lindsay, el organizador clave y cronista del movimiento, decía que muchos de la “comunidad Voces de Sanidad”, creían que ayunar y orar eran las claves vitales al ministerio de sanidad.

Aún Martín Lucero ayunaba y oraba por días enteros cuando traducía La Biblia con anterioridad a la reforma.

En la vida de Jesús, no existe un registro de sanidad de enfermos y la realización de grandísimos milagros sin haber primero ayunado cuarenta días y cuarenta noches.

Hall enseñó que el ayuno restaura y amplifica el poder de la oración, que ayunar es la fuerza más potente en el universo.

Era su más profunda convicción que sus cruzadas de ayuno en todo el mundo, que comenzaron en 1945, fueron las que realmente dieron nacimiento al avivamiento que se produjo en 1947.

De acuerdo con Hall, muchas personas ayunaban de diez a veintiún días y con grandioso éxito.

Ayunar es un hambre físico, del tipo que nos recuerda tener un mayor hambre espiritual. Literalmente la palabra ayuno significa abstenerse de comida, restringirse voluntariamente, o experimentar privación momentánea.

Ayunar no es una manipulación humana de Dios. Es en realidad la negación de nuestro yo y la invitación a la presencia de Dios bajo la condición de una voluntad rendida.

Ayunar no es acercar a Dios al hombre, sino al hombre a Dios. Es la sensibilización del creyente a las esferas espirituales.