por Mike Rakes
Si pretende impactar a otros debe estar abierto a la transformación en su propia vida
El liderazgo, como influencia, exige la expresión genuina de sí mismo. Un líder en preparación tiene que mostrar liderazgo. El liderazgo de sí mismo se enfoca en entender nuestro propio liderazgo, nuestras emociones, nuestra resistencia, nuestra espiritualidad y en formas constructivas de desarrollarse. El liderazgo es, en definitiva, influir en los demás y ayudarlos a alcanzar una vida satisfactoria.
A veces los líderes están dispuestos ayudar a personas que apenas conocen. Pero parece que el común denominador entre los grandes líderes, sean o no seguidores de Cristo, es su compromiso de cambiarse a sí mismos. León Tolstoi, advirtió: «Todo el mundo piensa en cambiar al mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo».
El liderazgo de sí mismo requiere humildad y disposición de aprender. Mientras andaba por el patio de una agencia de venta de automóviles oí, por casualidad, a un hombre que daba instrucciones a su hijo de dieciséis años. El adolescente con acné juvenil asentía con la cabeza cada vez más rápido mientras su papá trataba de hacerle una sugerencia importante en cuanto a manejar en el complicado tránsito de la ciudad. Su hijo seguía asintiendo: «Lo sé, lo sé».
¿Cuántas veces han tratado los pastores de evitar a un discípulo alguna angustia y esa persona sencillamente no escuchó? El liderazgo de sí mismo es la capacidad de aprender de todos los recursos posibles. Siempre existirán los líderes que aprenden a los golpes. El líder maduro practica el liderazgo de sí mismo mediante la humildad en aprender y la disposición de potenciar su desarrollo personal.
Hemos planteado tres preguntas para la vida estudiantil en la Universidad del Sureste. Esas preguntas presentan un modelo para el equipo de vida estudiantil: (1) ¿Quién es usted? (2) ¿Qué quiere usted? (3) ¿Qué quiere Dios?
Pregunta 1: ¿quién es usted?
Debe formularse esta pregunta al líder que se adiestra para el ministerio. Una mayor conciencia de las propias luchas y vulnerabilidades es vital para el desarrollo inicial del líder joven.
Los pastores y los líderes ayudan cuando hablan con honradez de sus propios sentimientos. En la Internet los líderes jóvenes pueden encontrar información. Los pastores deben conducir al líder en formación a descubrir sus rasgos de personalidad mediante evaluaciones que para el propio desarrollo del pastor resultaron muy valiosas.
Los educadores hablan de las variantes del aprendizaje en un grupo de estudiantes. En esta generación, también se encuentran variantes de la conciencia de sí mismo. Algunos estudiantes llegan a la Universidad del Sureste conscientes de las inclinaciones de su corazón. Otros, mediante nuestro proceso de disciplina, reciben la ayuda para ver sus deficiencias de carácter. Un paso clave en ejercitarse en el liderazgo de sí mismo es aprender a responder como José: «¿Cómo … haría yo este gran mal, y pecaría contra Dios?» (Gn 39.9). Un líder en formación, consciente de su llamado, debe aprender a vivir dentro de los límites que exige ese llamado. Al líder que se inicia le urge despertar su conciencia de quién es él. Los pastores y pastores de jóvenes deben considerar el exigir al líder expresar su fe con sus propias palabras. Aprender a evitar frases que se pronuncian en las iglesias o clichés espirituales es una fase esencial para responder a la pregunta: «¿quién es usted?»
Pregunta 2: ¿qué quiero?
En un mundo posmoderno en el que abundan las comodidades, el líder en formación debe responder a la pregunta: ¿qué quiero? Con esta interrogante comienza el proceso de clasificación ejecutado mediante decisiones intencionales a partir de los resultados del día. En la Universidad del Sureste se forma la cultura estudiantil, porque el liderazgo estudiantil y el administrativo no pasarán por alto ningún asunto relacionado con el carácter de cada persona. Preparamos campeones espirituales y nos rehusamos a permitir que los adolescentes experimenten en los aspectos de la vida que no le conducirán a ninguna parte y que más bien degradan su propio destino.
He aquí tres pasos fáciles de practicar con un líder casi preparado:
1. Dígale la verdad
Confronte al líder en formación con respecto a sus decisiones, o a la oportunidad de la formación de su carácter. Llevarlo a responder reiteradamente a la pregunta acerca de qué es lo que quiere es una técnica que da resultado. Cuando un alumno se siente muy mal por haber cometido cierta acción, pregúntele si eso es lo que quería hacer. Ayúdelo a analizar en detalles lo que lo condujo a ese fracaso.
2. Pídale que se exprese
Escuche sus palabras. En el lenguaje de consulta y crecimiento personal, las palabras de una persona muestran lo que ella guarda en su interior. Quienes viven con estrictas limitaciones, y hasta con vicios, a veces no piensan nada bueno de sí mismos. En otras palabras, sus propios pensamientos acerca de sí mismos no son los pensamientos de Dios con respecto a ellos. Su manera de pensar y su modo de hablar, que por lo general resulta en la acción, muestra la naturaleza caída de su manera de pensar. Los teólogos lo llaman los efectos no éticos de la caída. La capacidad de las personas de pensar bien de sí mismas es defectuosa (verse como Dios las ve).
3. Trate de influir en él de manera formal e informal
Dedicar tiempo a preparar mensajes específicos de liderazgo para estos líderes puede resultar provechoso para ayudarlos a no insistir en dificultades del pasado, pues de lo contrario resultaría en la disminución de su eficiencia.
Pregunta 3: ¿qué quiere Dios?
El libro El espíritu de servir es la historia de J.W. Marriott contada por su hijo, en la que este relata anécdotas y experiencias acerca de los primeros tiempos en que su padre comenzó la cadena de hoteles Marriott. En todo el libro presenta su mensaje de humildad, de trabajo arduo y de respeto a los demás. Es un llamado al liderazgo en el servicio. Él comenta: «No puede haber distinción alguna entre los principios de una compañía y los principios de su liderazgo. Los valores se originan en lo íntimo de las personas mismas».
Si no ocurre transformación interior alguna, ninguna técnica en el mundo programada para formar el carácter surtirá efecto alguno en el líder que se prepara. Si nuestra meta es renovar nuestras organizaciones, entonces debemos cumplir nuestra tarea con un corazón genuinamente consagrado a lo que Dios quiere. Vivir cerca de Dios significa interesarnos por lo mismo que Dios se interesa. El líder que se está preparando debe responder a esta pregunta: ¿qué quiere Dios para mí?
Los líderes son, al fin y al cabo, revolucionarios. Después de que el Señor los trasladó de las tinieblas a la luz, sueñan con transformarlo todo donde quiera que se encuentren. Se apasionan por ejecutar de la mejor manera cada tarea que asumen. Todo gran líder desea que su vida contribuya de alguna forma. Esa conexión con lo que Dios quiere de nuestra vida, con el aporte específico de uno, es el factor determinante que mantiene al líder de carácter optando por las decisiones que toma.
Al principio, por lo general, el corazón de un líder en formación carece de experiencia. El carácter no está necesariamente formado en todos los líderes cuando comienzan su preparación. Dependiendo del desarrollo de la niñez y de los factores familiares, pudiera requerirse que el carácter se construya aun desde los niveles más elementales. Se debe formar, cultivar, y desarrollar el carácter mediante el interés y la confrontación. El llamado a quienes ocupan en la actualidad el liderazgo es a no menospreciar el capital humano que los rodea. Esta generación de líderes en formación es crítica para la salud de la iglesia. Cada uno de esos líderes contribuye a la extensión del Reino.
El apóstol Pablo pudiera haber menospreciado la influencia que el joven Juan Marcos hubiera apartado para el Reino. Juan Marcos estaba presente cuando Pedro fue liberado milagrosamente de la cárcel gracias a las oraciones de los creyentes (Hch 12.12–17). Cuando Juan Marcos abandonó a Pablo y a Bernabé, Pablo menospreció el futuro ministerio de este joven (Hch 13.13).
Sin embargo, el Evangelio que él escribió presenta a un Juan Marcos muy diferente. Se considera que escribió su evangelio en algún momento entre los años cincuenta y sesenta. Este evangelio muestra a un líder más maduro. Pablo nunca habría creído que los escritos de ese joven serían tan valorados por la iglesia o que serían canonizados.
El Evangelio según San Marcos trata los temas del sufrimiento, de afrontar la crítica, el cumplimiento mesiánico de la vida de Jesús y lo sobrenatural. ¡Cuán grandes temas para que aprenda el líder en formación. Si conociéramos la historia entre bastidores de Juan Marcos, es probable que menospreciaríamos su propio valor para la iglesia así como lo hizo Pablo. Un modelo que parece repetirse en todas partes es que los líderes que se preparan para el ministerio a veces menosprecian su importancia para el futuro del cuerpo de Cristo.
Conclusión
La fase de preparación es el serio proceso en el que ellos descubren los valores del Reino. Durante décadas, las Asambleas de Dios han enfatizado en enseñar a la juventud la Biblia y los principios espirituales. Hemos subrayado el tipo de dirección y discipulado personal; pero parece que sigue faltando algo.
La importancia del adiestramiento de líderes, como una manera de desarrollar talentos para el ministerio, ha alcanzado su auge con la actual generación de líderes en formación. Las iglesias locales han desarrollado o adaptado programas intensivos para quienes quieren responder en pleno al llamado a servir.
La formación de carácter es un elemento ineludible en cualquier programa de liderazgo. Enseñar a los líderes en formación los aspectos de la toma de buenas decisiones resulta vital para que alcancen la madurez. Algunos líderes se guían por la errónea creencia de que si logran que los líderes jóvenes sean lo suficientemente espirituales, no enfrentarán problema alguno con el carácter. Sin embargo, muchos líderes han visto, para su propia vergüenza, que esa manera de pensar no es necesariamente correcta.
Los institutos bíblicos y las universidades cristianas no pueden asumir toda la responsabilidad de desarrollar el carácter en los líderes que se preparan en ellos. Ya su carácter está formado para estudios superiores antes de que lleguen a la edad universitaria. Los pastores y líderes juveniles tienen que explorar formas de abordar los asuntos íntimos de la formación del carácter. Los programas estructurados para los asuntos relativos a la formación del carácter son determinantes en las primeras etapas del desarrollo de un niño.
El autor, doctor en Ministerios, es el pastor de First Assembly of God en Winston-Salem, North Carolina. Anteriormente era el vicepresidente de Desarrollo Estudiantil en la Universidad del Sureste, Lakeland, Florida. Para encontrar más información sobre el autor y su ministerio consulte los siguientes links: http://forthecity.com, http://store.wsfirst.com
Se tomó de EnrichmentJournal.ag.org, Invierno de 2007. Se usa con permiso del autor.