por Ricardo Koen
Para muchos este hombre era un cristiano modelo. Iba a la iglesia, tenía una pareja de oración, y mantenía a su familia gracias a un respetado trabajo. No obstante, la vida matrimonial entre el y su esposa, no iban tan bien. Todo se estaba desmoronando…
No le prestaba atención a mi esposa, excepto para tener relaciones sexuales y eso nos estaba destruyendo…
Un día me desperté y sentí que Jane se acercaba y ponía su brazo en mi hombro. Tomé esto como una señal; por eso, empecé a besarla. «¡Detente!», dijo Jane mientras se alejaba.
«Te ves tan linda por las mañanas», dije esperando por una respuesta. Sin embargo, ella sencillamente se alejó.
«¿Cómo es posible que ya no estés interesada?» le pregunté.
«Es muy temprano y estoy cansada», respondió Jane. «Además parece que solo para eso me notas».
«¡No es cierto!», dije defendiéndome. «Ayudo en la casa y trato de hablar contigo todas las tardes».
«Sólo hablas de trabajo», dijo ella. Después añadió: «Y ¿cuándo fue la última vez que sacaste la basura?»
«Siempre cambias el tema», le reclamé. «No entiendo porque el sexo parece una tarea doméstica para ti. ¡Antes lo disfrutábamos!».
«¡Porque no te vas a ver televisión o trabajar en la computadora como siempre lo haces!», respondió Jane.
¡Ay!, eso dolió.
Me vestí y salí enfurecido de la habitación. Sin embargo, las acusaciones de Jane eran verdaderas. Odiaba tener que admitirlo.
Yo era el problema
Por un tiempo, había evaluado mi felicidad basado en como las cosas iban físicamente entre Jane y yo. Y últimamente, no estaban yendo muy bien. Me tomó un tiempo descubrir que el problema no era Jane, sino yo.
Cuando el interés de Jane decayó, pensaba tanto en mí como para darme cuenta de que era yo el culpable. Por el contrario, estaba malhumorado y culpaba a Jane por no cumplir con sus votos matrimoniales. Estaba demasiado ciego como para ver que era yo el que no los cumplía. Había separado a Jane del centro de mi vida y de lo que realmente importaba conversar, compartir las alegrías y tristezas, y trabajar por igual en el cuidado de nuestros hijos y hogar. Yo sólo me concentraba en dos aspectos: lo que ocurría en el trabajo y en la habitación.
Cuando nuestra vida sexual sufría, yo pronto caía en nuevos hábitos: veía películas con contenido sexual, escuchaba las historias de amigos promiscuos, y permitía que mis pensamientos volaran cada vez que veía a una mujer atractiva.
Como cualquier cristiano, sabía que estaba tomando malas decisiones. Sabía que tenía que renunciar a estos hábitos y hacer lo que era correcto. Pero, ¿cómo? Mis actitudes acerca del sexo se habían impregnado tanto que prácticamente definían quien yo era.
Creía que no estaba teniendo ninguna aventura y que solo mirar no podía herir a nadie. Pero sí hería a alguien. Mi relación con Jane sufría. Ya no la buscaba como persona, solo como una pareja sexual. Y un matrimonio que pelea crea una tensión en toda la familia.
Mi confesión a Jane
Las cosas empezaron a cambiar en enero del 2000.
Un miércoles, desperté sintiéndome amoroso y me acerqué a Jane. Debido a la forma en cómo la había estado tratando, Jane no tenía ningún interés. Peleamos y me salí de mis casillas, le dije cosas horribles que la lastimaron. En cierto momento, me di cuenta de que Jane realmente tenía miedo, miedo de mí, de su esposo, quien supuestamente era su protector y apoyo.
Salí de la casa enojado y me dirigí a mi acostumbrada reunión de todos los miércoles con Jim, mi pareja de oración. Jim y yo siempre nos hemos hecho preguntas difíciles, tales como, «¿Con qué pecado estás luchando en este momento?, ¿Te has mantenido puro en mente y corazón?, ¿Me estás mintiendo?».
Sabía que no había sido honesto con Jim cuando respondía a esas preguntas, le había estado mintiendo al no admitir el problema. Pero ya era tiempo de hablar.
Llegué al lugar donde siempre nos reuníamos. Me sentí avergonzado acerca de lo que le iba a contar a Jim. Cuando finalmente le conté lo que había ocurrido, me di cuenta de que estaba hablando con la persona equivocada.
«Tengo que ir a casa», le dije a Jim. «Necesito disculparme con Jane y tratar de enmendar el daño que he hecho». Jim y yo oramos, y luego regresé a casa.
Nunca olvidaré esa conversación con Jane. Ella perfectamente podría explotar; por eso, no sabía como acercarme. Sin embargo, aparentemente Dios la había preparado para esta conversación. Aunque no recuerdo exactamente mis palabras, sí recuerdo que Jane estaba tranquila. No había enojo, gritos, o insultos, solo la paz que Dios puede dar.
Después de haberle pedido disculpas, Jane me dijo: «Yo no soy la única persona con la que tienes que arreglarte. Tienes que buscar ayuda para que tu vida vuelva a estar bajo control».
No esperé mucho para empezar. Ese día, planeé un almuerzo con mi pastor.
Pero para la hora del almuerzo, pensé en no contarle acerca de mi situación. Sin embargo, Dios no iba a dejar pasar esta oportunidad tan fácilmente, por eso, mi consciencia me obligaba a contarle todo a mi pastor. Así que lo hice.
Dios me habló por medio de la respuesta de mi pastor: «Cada vez que miras una película con escenas sexuales o dejas que tu mente vuele, estás deshonrando a tu esposa. Necesitas concentrar todas tus energías, especialmente la sexual».
Ese día prometí que nunca más dejaría que el sexo me dominara.
La recuperación
Le pedí a Dios que tomara todo que había en mí que deshonraba a Jane. Me sorprendí de que Dios contestara a mi oración y trajera alivio inmediato. Mis tentaciones de ver películas inmorales, mirar descaradamente a mujeres atractivas, o dejar que mi mente se saliera de control desaparecieron.
Eso no quiere decir que no he tenido luchas desde entonces. Aunque la presión no es tan fuerte como antes, algunas veces me siento tentado y mi mente vuelve a pensar en imágenes sexuales. Sin embargo, me doy cuenta de que Dios está igual de dispuesto a perdonarme y ayudarme como lo estuvo cuando, por primera vez, tomé aquella decisión crucial.
Cuando mi mente vuela, me apresuro a contarle a Jim, mi pareja de oración. El hecho de que Jim me hará preguntas difíciles definitivamente me sirve para controlar mi presión. Incluso me llama durante mis viajes de negocios para preguntarme como me va y para saber que estoy viendo en la televisión.
Además, mi pastor me aconsejó que hiciera una lista de todas las cosas que necesitaba eliminar de mi vida.
«Para cada conducta negativa,» dijo él, «pon una conducta positiva en su lugar. Si no reemplazas las conductas negativas con algo positivo, con el tiempo la conducta negativa regresará».
Mis «conductas negativas» generalmente comienzan con imágenes . Como la mayoría de los hombres, soy bastante visual. Jesús sabía esto; por eso, dijo que incluso mirar a una mujer para codiciarla es como cometer adulterio en nuestros corazones (Mt 5.28). Para mí, el simple hecho de ver películas, fotos u otra mujer puede llevarme a pensamientos pecaminosos y me aleja significativamente de mi relación con Jane.
Estoy aprendiendo a reemplazar esa conducta negativa con una positiva hacer que mis ojos «huyan» de imágenes nocivas. Hace poco, leí un artículo acerca de como «huir». La idea del artículo es que si permito que mis ojos se concentren en una imagen nociva, estoy pecando. Para prevenir esto, he entrenado a mis ojos a «huir» de algo. No puedo evitar ver ciertas cosas, pero sí puedo decidir si me concentro o no en ellas.
Llevo este paso un poco más allá. Cuando veo una imagen de la que necesito huir, inmediatamente pienso en un momento agradable con Jane, por ejemplo, cuando la abrazo para irnos a dormir. Esto me permite reemplazar una posible situación pecaminosa con pensamientos que aumentan el aprecio que le tengo a mi esposa.
También tuve que eliminar las fuentes potenciales de pecado que había a mi alrededor. Para mí, eso significa ser cuidadoso con lo que veo en la televisión. Cuando aparecen en la pantalla comerciales con imágenes sexuales, pongo toda mi atención en algo completamente diferente a la televisión. Controlar lo que entra por mis ojos me facilita el hecho de concentrar mi energía sexual en mi esposa. A menudo, tenemos que poner la opción de «silenciador» en ciertos comerciales y discutimos, como una familia, cualquier programa que estamos viendo así cambiamos algo negativo en algo positivo.
Ahora también veo menos televisión y estoy reemplazando ese tiempo con más conversaciones con Jane. En particular, me concentro en ella cada día y no en mí. También tratamos de compartir más como familia. Estas conductas positivas fortalecen las relaciones familiares y me ayudan a vencer mi tentación de pecar a través de imágenes.
A medida de que me conecto de nuevo con Jane a través de las conversaciones, he vuelto a descubrir lo que me atraía de ella. Mi amor y afecto por ella creció de nuevo. Empecé a apreciar todo lo que ella hace por mí y por nuestra familia. Me casé con una mujer increíble, y estoy agradecido con Dios por habernos puesto juntos. Ambos somos fuertes como individuos; sin embargo, nuestra fuerza se multiplica cuando trabajamos como pareja y mantenemos a Dios como el centro de nuestro matrimonio.
Un hombre cambiado
Como era de entenderse, a Jane le tomó tiempo para confiar en los cambios que ocurrieron en mí. Pero ahora ella sabe que no enloqueceré si dice que no a mis insinuaciones.
Ahora me concentro en sus necesidades no sólo porque debería hacerlo, sino porque así lo quiero. Y no porque eso hace que ella haga algo por mi, sino por lo que produce en ella.
Soy una persona diferente. Ahora sé que satisfacer a mi esposa es lo más importante que puedo hacer, junto con amar a Dios. Puede tener intimidad con mi esposa sin tener relaciones sexuales, y es una intimidad tan profunda que nunca antes la había experimentado a través de las atracciones físicas.
Ahora somos los mejores amigos que abren sus almas el uno al otro, y eso es una experiencia poderosa y que cambia la vida. Si tomo en cuenta donde yo estaba antes, esto realmente es un regalo de Dios.
Título del original: Just an act. Copyright © 2004 por el autor o por Christianity Today International/Marriage Partnership magazine. Traducido y adaptado por DesarrolloCristiano.com, todos los derechos reservados.