Biblioteca portátil

por Christopher Shaw

Los recursos de la Biblioteca digital Logos han revolucionado la forma en que me acerco a la Palabra

¡Qué fantásticos son algunos de los avances tecnológicos de los últimos veinte años! Por medio de una diversidad de aparatos, entre los cuales ha alcanzado preeminencia la computadora, accedemos a una riqueza de recursos que ni siquiera hubiera soñado el pastor de hace cincuenta años.

 

El valor de un libro

Me siento atraído a este tesoro porque los libros siempre han sido importantes de mi vida. Recibí la bendición de vivir en un hogar sin televisión. La ausencia de ese «bendito» aparato en casa, que tanto tiempo nos roba hoy, motivó a que nuestra familia se entregara, sin reservas, a la buena lectura. De hecho, cuando salíamos de vacaciones uno de los puntos de conflicto surgía, precisamente, por el tema de los libros. Cada uno de los cinco hermanos quería llevar más libros de los permitidos en el auto. La única forma de resolver el problema era mediante una cuidadosa selección, para escoger las mejores obras que volverían amenas las horas del viaje.

Cuando entré al instituto bíblico, con la intención de profundizar mis estudios de la Palabra, el paso lógico era comenzar a construir una biblioteca con los libros más importantes sobre la vida espiritual y el ministerio. Aún recuerdo el dilema que me representaba estudiar cuidadosamente una maravillosa lista que había llegado a la institución. La generosidad de una reconocida editorial ofrecía importantes descuentos sobre más de cincuenta obras. ¡El gran desafío era saber cuáles elegir! En esa primera compra inicié el trabajo de construir con mucho cuidado una biblioteca que me resultara útil para el ministerio.

 

Libros, en otro formato

Hoy, a más de treinta años de aquel inicio de estudios, cuento con una biblioteca que contiene más de 1.500 volúmenes. Muchos de ellos me los obsequiaron personas que quisieron invertir en mi vida. Otros los fui comprando con ofrendas o dinero especialmente apartado para ese propósito.

La gran ironía es que, después de tanto esfuerzo, muchos de estos libros reciben poco uso. Esto no ocurre ¡porque haya dejado de leer! Espero siempre seguir enriqueciendo mi vida con los aportes y estudios de hombres y mujeres sabios. Pero estos avances tecnológicos me han permitido echar mano de una verdadera mina de incalculable valor: la biblioteca digital de Logos.

 

El espacio en mi oficina ya no alcanza para seguir juntando libros. He comenzado a regalar algunos a amigos en el ministerio, para desprenderme de aquellas obras que por un tiempo no he utilizado. La biblioteca digital Logos contiene más de 400 libros. Ahora y desde hace mucho tiempo todo está incluido en un DVD —un disco de plástico que ¡no pesan más de 200 gramos! Por los avances en la Internet, ni siquiera tengo que buscar un espacio en mis estantes para el pequeño estuche que contiene el DVD. Puedo acceder al sitio web de Logos y bajarlos directamente, sin esperar que me los envíen por correo.

Siempre a mano

La biblioteca pone a mi disposición muchos de los libros que han sido mis herramientas favoritas por años. Allí están los léxicos, diccionarios y comentarios que han acompañado durante décadas mi estudio de la Palabra. A estos se le suman una abundancia de materiales que, en otro tiempo, solamente hubiera aprovechado visitando la biblioteca de algunos de los mejores seminarios de Buenos Aires.

 

En total, dispongo de más de 400 libros, los cuales me hubieran costado arriba de U$ 6,000, si los hubiera comprado, uno por uno. Disponer de ellos, desde la comodidad de mi computadora, cuesta alrededor del diez porciento de su valor real.

 

A este enorme beneficio económico, se le suma el de la movilidad. No importa dónde me encuentre, puedo acceder a mi biblioteca si tengo a mano mi computadora. Ya no me limito a un espacio físico para emplear las herramientas que enriquecen mi lectura de las Escrituras. Ahora puedo investigar un pasaje mientras estoy en mi hogar, visito la casa de algún amigo, viajo en un avión o espero en un aeropuerto, de camino a alguna conferencia. Con solo activar el programa, puedo acceder a cualquiera de los libros o materiales que ofrece mi biblioteca.

 

Y esto no es todo. Si me tomo un momento para visitar el sitio de Logos (http://www.logos.com/es), encuentro, bajo las pestaña de productos, una lista de libros y materiales adicionales que puedo sumar a mi biblioteca. Si quisiera incluir en mi colección, por ejemplo, Quinientas ideas para el ministerio juvenil, de Lucas Leys, o El pastor como consejero, de Pablo Hoff, no tengo más que comprar los libros y descargarlos del sitio. Así, las posibilidades de seguir construyendo una biblioteca a la medida de mis necesidades son ilimitadas.

Herramientas de sobra

Cada vez que abro mi biblioteca Logos puedo enriquecer el proceso de estudiar la Palabra de Dios, pues accedo a extensos recursos. Cuento con una diversidad de versiones de la Biblia, las cuales utilizo para un análisis comparativo del texto. Además, los léxicos incluidos me permiten consultar el texto directamente en los idiomas originales, para ver el significado de términos, tal cual su uso en el hebreo o el griego. Un importante número de diccionarios y otras herramientas amplían la información sobre conceptos puntuales que quisiera investigar en mayor detalle. Junto a este depósito de herramientas, cuento con una amplia colección de comentarios bíblicos sobre libros específicos de la Palabra, además de mapas, cronologías y otros recursos que ayudan con la comprensión del contexto de cada situación.

 

Mi biblioteca sirve no solo para estudios puntuales del texto. En ella encuentro libros de reconocidos autores que cubren infinidad de temas relacionados a la iglesia, tales como liderazgo, misiones, consejería o hermenéutica. Estos materiales me permiten concentrar la atención sobre un aspecto puntual del ministerio que deseo entender mejor, o sobre el cual estoy preparando un estudio para compartir con mis líderes.

 

Los usos que alcanzaría darle a este enorme caudal de información son ilimitados. Aún sigo descubriendo las maravillosas capacidades que posee este excelente recurso para el estudiante comprometido de la Palabra. En el siguiente artículo, que aparecerá en el próximo número de Apuntes, quisiera enfocarme en una de las formas puntuales en que aprovecho los recursos de mi biblioteca Logos.