VESTIDOS

En los tiempos bí­blicos las mujeres y los hombres vestí­an to mismo; lo único que las mujeres anadí­an el velo, y sus ropas eran más finas. En algunos paí­ses árabes siguen usando esos mismos vestidos bí­blicos.

– Calzoncillos, Exo 28:42.

– Túnica: como camisa larga, sin mangas: Luc 3:11, Jua 19:22-24.

– Cinturón de tela o cuero, alrededor de la túnica, Jua 21:7, Hec 12:8.

– Manto, o vestido: Ropa suelta, como capa, que cubre la otra ropa, 1 52Cr 24:11.

– Zapatos, sandalias, Jos 9:5, Hec 12:8.

Los sacerdotes anadí­an.

– «El Efod»: Vestidura de dos piezas unidas en los hombros, con figuras artí­sticas bordadas en oro; también las usaban otras personas, 1Cr 15:27.

– «Pectoral», era un pano que el Sumo Sacerdote usaba sobre el pecho, hecho como habí­a ordenado Dios: Tejido de oro, púrpura y lino finí­simo, con 4 anillos en los 4 ángulos, y en medio, 4 órdenes de piedras preciosas, Exo 28:4.

– «La Tiara»: Gorro alto, a veces, ricamente adornado, Exo 28:40.

– «Diadema»: Cinta blanca alrededor de la cabeza de los dignatarios, Job 29:14.

– Collares, Gen 41:42, Can 1:10.

Filacterias: Pedazos de piel o pergamino, en los que estaban escritos pasajes bí­blicos, metidas en pequenas cajas de pergamino, pintadas de negro, y sujetadas con tiras a la frente o a los brazos. Contení­an 4 pasajes de la Biblia: Ex.13:I-10, 11-16, Deu 6:4-9, Deu 11:13-21, que son la «Ley sobre los primogénitos», sobre todo nacido, persona o animal, el «Shema» de Deut.6: (la: oración más importante de un judí­o), y la «obediencia a los mandamientos» de Deut.11.

Diccionario Bí­blico Cristiano
Dr. J. Dominguez

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Fuente: Diccionario Bíblico Cristiano

tip, LEYE COST TEJI

ver, CINTURí“N, SANDALIAS, CILICIO, DESNUDEZ, DUELO, EFOD, SACERDOTE, SUMO SACERDOTE, TURBANTE, VERGÜENZA sit,

vet, Son varios los términos utilizados en el AT y en el NT para designar prendas de vestir sin definir cuáles son las prendas designadas. En el Oriente se necesitaba poca vestimenta, y no parece haber variado mucho desde entonces. (a) La prenda interior es el «kethoneth», una túnica larga que llevaban hombres y mujeres. Se hací­a con lana, algodón o lino. Reciben este nombre las túnicas que Dios hizo para Adán y Eva de pieles de animales (Gn. 3:21), y la túnica de muchos colores que Jacob hizo para José (Gn. 37:3, 23-33). También formaba parte de las vestiduras del sacerdote. En ocasiones se llevaba otra prenda encima de ésta. La esposa dice que se habí­a desnudado de su «ropa» para la noche, refiriéndose probablemente a la prenda exterior, aunque en heb. se usa la misma palabra para ambas (Cnt. 5:3). El heb. «kethoneth» se corresponde con el gr. «chitõn» en el NT, que se traduce principalmente como «túnica». Los discí­pulos no debí­an ponerse dos cuando el Señor los enviara (Mt. 10:10). Era esta vestidura del Señor que estaba tejida de una sola pieza (Jn. 19:23); este mismo término se usa de las prendas hechas por Dorcas (Hch. 9:39). (b) La otra prenda principal recibí­a el nombre de «simlah», un manto exterior ancho, llevado por hombres y mujeres, y con el que se cubrí­an por la noche. Podí­a ser de cualquier material, según la estación del año y según la posición social del individuo. Las clases populares del Medio Oriente de principios de siglo llevaban con frecuencia un manto exterior de cabello de camello o de cabra. Si este manto se tomaba como prenda de algún préstamo, se debí­a devolver al anochecer, porque si no: «¿En qué dormirá?» (Ex. 22:26, 27; cfr. Dt. 24:13). El «simlah» era la prenda que se rasgaba como señal de duelo (Gn. 37:34; 44:13; Jos. 7:6). Se corresponde en el NT con el término gr. «himation». Se traduce «capa» en Mt. 5:40; Lc. 6:29, y se usa del manto de grana con el que los soldados se burlaron del Señor (Jn. 19:2, 5). En el «manto» cuyo borde tocó la mujer enferma (Mt. 14: 36), y los «mantos» cuyos flecos extendí­an los fariseos y escribas (Mt. 23:5). También se usa de vestidos en general, como en Mt. 27:35; Jn. 19:23, 24; se traduce frecuentemente como «vestidos», «ropas» y «vestiduras». (c) Otro importante artí­culo de vestir y que con frecuencia estaba ricamente adornado era el cinto. Estos tres artí­culos, junto con las sandalias (véanse CINTURí“N, SANDALIAS) y un pañuelo u otra cubierta para la cabeza, constituí­an la vestimenta acostumbrada en Oriente. Además de las anteriores prendas, se mencionan «ropas de gala» para las mujeres (Is. 3:22). También: (d) El manto del efod, heb. «meil», descrito como «una túnica grande que se llevaba sobre la túnica común, pero sin mangas». Lo llevaban los sacerdotes (Ex. 28:31; 1 S. 28:14; Esd. 9:3, 5), reyes y prí­ncipes (1 S. 18:4; 24:4, 11), personas de elevado rango (Jb. 1:20; 2:12) y mujeres (2 S. 13:18). (e) El manto o velo, una amplia prenda para la parte superior del cuerpo, una especie de chal, que cubrí­a la cabeza y parte del cuerpo. Rut pudo llevar en uno de ellos seis medidas de cebada (Rt. 3:15; Is. 3:22). Hay otros términos heb. que denotan la misma prenda. (f) Cinturón, heb. «pethigil», una faja ancha y adornada con bordados, para ocasiones festivas; este término sólo aparece en Is. 3:24. (Véanse CILICIO, DESNUDEZ, DUELO, EFOD, SACERDOTE, SUMO SACERDOTE, TURBANTE, VERGÜENZA.)

Fuente: Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado

(-> Aarón, sacerdote). La Biblia supone que la situación original del hombre es la desnudez, entendida como transparencia, un cara a cara universal (Gn 2,25). Pero tras la caí­da, la desnudez se ha vuelto signo de vergüenza y de posible lucha sexual. Por eso, los mismos hombres se habí­an vestido ya con «hojas de higuera» (Gn 3,7), propias del huerto, en armoní­a con la naturaleza, sin tener que matar por ello animales. Pero después se dice que Dios mismo les preparó pellizas o vestidos de pieles de animales (Gn 3,21). El relato introduce un elemento sorprendente: Dios inicia así­ la matanza de animales; para cubrir la desnudez de los hombres, les ofrece la piel de otros vivientes sacrificados. No se ha dicho cómo, pero es evidente que ha empezado la guerra de los hombres contra los animales. Este vestido de pieles constituye la primera «casa externa» del hombre, el primer signo de una ecologí­a de violencia. Los hombres lucharán contra los animales y se enfrentarán entre sí­ para conseguir vestidos de pieles.

(1) Vestiduras del sumo sacerdote. Han sido descritas y detalladas de un modo minucioso en Ex 28, donde se supone que ellas conceden el honor supremo al ministro del culto de Dios: «Harás que se acerque a ti, de entre los hijos de Israel, tu hermano Aarón y sus hijos con él… para que me sirvan como sacerdotes. Harás vestiduras sagradas para tu hermano Aarón, que le den gloria y esplendor. Tú hablarás a todos los sabios de corazón, a quienes he llenado de espí­ritu de sabidurí­a, y ellos harán las vestiduras de Aarón, para consagrarlo a fin de que me sirva como sacerdote. Las vestiduras que serán confeccionadas son las siguientes: el pectoral, el efod, la túnica, el vestido a cuadros, el turbante y el cinturón. Harán las vestiduras sagradas para tu hermano Aarón y para sus hijos, a fin de que me sirvan como sacerdotes» (Ex 28,1-4). Estas vestiduras separan a los sacerdotes del resto de los hombres y les consagran, para que puedan servir a Dios. El libro del Eclesiástico recoge también el tenor y componentes de esas vestiduras, hablando de Aarón: «Lc vistió con magnificencia perfecta (.synteleian) y le fortaleció con insignias de fuerza: calzón, túnica y manto. Lc rodeó de granadas y de muchas campanillas de oro en torno, para que sonasen caminando y se escuchase su sonido… Con vestidura sagrada de oro, jacinto y púrpura bordadas, con el pectoral del juicio, que expresa la verdad, de tejido carmesí­, obra de artista. Con piedras preciosas, talladas como sello, con engaste de oro… Y una corona de oro sobre el turbante y un relieve con el sello de la santidad, gloria honrosa, obra de poder, deseo perfecto de los ojos» (Eclo 45,8-12). Estas son vestiduras de jerarquí­a, que convierten al sacerdote en un tipo de teofaní­a sagrada. El que así­ viste no puede ser un hombre sin más entre los hombres; es un elegido, alguien que está por encima de los otros hombres (teocracia*).

(2) Tradición evangélica. En tiempos de Jesús, además de los sacerdotes, que siguen vistiendo como manda Ex 28 y testifica Eclo 45, podemos distinguir varios grupos o modelos de vestidos. (a) Baño, profeta apocalí­ptico, «viví­a en el desierto y llevaba un vestido hecho de hojas» (Josefo, Aut II, 11). (b) Juan* Bautista «llevaba un vestido de pelo de camello y un cinturón de cuero» (Mc 1,6). (c) Escribas (fariseos). De ellos se dice que les gusta mostrarse con largas ropas (Mc 12,38) y que «ensanchan sus filacterias o tefillim [estuches de cuero, atados con cintas, que contienen algunos textos básicos de la Torah] y extienden los flecos de sus mantos», para mostrar así­ su piedad (cf. Mt 23,5). (c) Jesús y los cristianos no se quieren distinguir por los vestidos, ni en una lí­nea de vuelta a la naturaleza y de protesta contracultural, como Baño y Juan Bautista, ni en lí­nea de ostentación sacral, como los escribas de los fariseos, que quieren mostrar su fidelidad a la ley y su piedad religiosa a través de los vestidos. La tradición evangélica supone que todos los vestidos pueden ser buenos, siempre que el creyente no viva preocupado por ellos (no os preocupéis por los vestidos, mirad los lirios de campo: cf. Mt 6,25-28), ni quiera amontonarlos, como signo de riqueza; por eso, Jesús pide a sus discí­pulos que vayan con una sola túnica (Mt 10,10 par), no sólo en signo de pobreza, sino también de solidaridad: ya les darán vestido y comida allí­ donde lleguen y sean recibidos. Eso supone que los ministros del Evangelio no pueden ni deben distinguirse por un tipo de vestidos especiales, sino por su conducta y vida, al servicio de la comunidad.

(3) Apocalipsis. Concede una importancia simbólica especial a los vestidos. Los profetas* se revisten de saco en señal de austeridad (Ap 11,3), el ángel fuerte viene vestido de nube (Ap 10,1) y la mujer se viste de sol (12,1). La prostituta* se viste de manera mentirosa, de púrpura y escarlata, adornándose de piedras preciosas, pretendiendo ser reina y sacerdotisa (17,4; 18,16). El Hijo* del Hombre lleva un vestido hasta los pies, con cinturón de oro en torno al pecho (1.13), como personaje de importancia. Más tarde se viste de guerrero, con el nombre Rey de Reyes escrito en muslo y ropa (19,16); lleva sus vestidos teñidos con su sangre, pues ha sido degollado (19.13). Propias de los triunfadores de Jesús son las vestiduras blancas, no manchadas (cf. 3,4.5.18; 16,15), túnicas (stolé) que cubren todo el cuerpo (6,11; 7,9.13). Paradójicamente, la sangre del Cordero* lava (blanquea) los vestidos de sus seguidores (7,14; cf. 22,14). La esposa del Cordero recibe un vestido de lino resplandeciente y limpio (19,8). Más tarde se dice que baja del cielo preparada como novia, adornada para su marido (21,2), pero el profeta no describe sus adornos de mujer, sino los muros y plaza de la gran ciudad (21,10-27). Es evidente que Juan no ha querido destacar la alegorí­a femenina y por eso no presenta las formas y vestidos de la novia (del conjunto de los salvados). Esos vestidos forman parte del teatro sacral, imaginario, del Apocalipsis. Los hombres y mujeres concretos de la Iglesia no tienen vestidos especiales.

Cf. E. Haulotte, Syinbolique dn vétement selon la Bible, Aubier, Parí­s 1966; A. Jirku, Die magische Bedeutiing der Kleidiing in Israel, Kiel 1914.

PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007

Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra