La Biblia habla cientos de veces del «temor de Dios», y lo describe como algo muy bueno.
– Como el principio y la culminación de la sabiduría, Isa 33:6, Sal 110:10, Etco.l, Pro 1:7, Pro 1:29, Pro 9:10, Job 28:28.
– Fuente de vida, Pro 14:27.
– Un tesoro, Pro 15:16, Isa 33:6.
– Santificador, Sal 19:9.
– La misericordia de Dios se derrama de generación en generación sobre los que lo temen, Luc 1:50, Sal 103:13.
– La Iglesia andaba en el temor del Senor, llena de los consuelos del Espíritu Santo, gozando de paz y fortaleza, Hec 9:31.
– Pablo dice: No te engrías, sino teme. Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, tampoco a tí te perdonará, Rom 11:20-21.
Qué es el «temor de Dios»: La Biblia habla de «tres clases» de temor de Dios: 1- Reverencia: Es la reverencia y reconocimiento de la majestad, poder y santidad de Dios, que conduce a la confianza filial, a la obediencia y amor. En este sentido se entiende el Sal 130:4 En ti hay perdón, para que seas temido: («reverenciado»).
2- «Temor de: (perder a) Dios»: El temor del Infierno Mat 25:46, Rom 11:20-21).
3- Temor a los castigos de Dios: Que los manda por 2 razones: Para «corregirnos», como buen Padre. y para «castigarnos». y cuando «castiga» lo hace con poderío, como lo hizo, en persona, en el Diluvio, en Sodoma, en la Plagas de Egipto. y con el Infierno en el Nuevo: Testamento: (Mat 25:31-46).
En este sentido, el amor y el temor son como el acelerador y el freno de un carro: Sin acelerador no se va a ninguna parte, ¡pero el freno también es importantísimo!: El amor, es el acelerador; el temor es el freno, también esencial.
(Ver «Castigo», «Dolor»).
Temor del malo: «Miedo»: Quien no tiene «temor de Dios», quien no vive confiando en Dios, como hijo de Dios, va a temer a la vida y a la muerte, va a temer al mundo, ¡y hasta a sí mismo!, porque sabe muy bien que ni a sí mismo se puede controlar en lo que quisiera: (Rom 7:15-25).
Una de las maravillas del cristianismo es saber que uno es «amigo de Dios», que Dios, el grandiosamente todopoderoso, es mi Papá, y se cuida tanto de mí que hasta los cabellos de la cabeza me tiene contados: (Mat 10:30). Por eso el cristiano no tiene temor a no ser aceptado, ni temor al fracaso, ni a la enfermedad, ni a la misma muerte. porque la muerte misma no es más que la puerta dorada para entrar para siempre en las entranas amorosas del Creador, ¡mi Papá!. ase nos grita Pablo: no habéis recibido el espiritu de siervos para recaer en el temor, sino el espíritu de adopción, por el que clamamos ¡Abba!, ¡Papá!.
(Rom 8:15). y así lo repite Juan: En el amor no hay temor, pues el amor pefecto desecha el temor: (1Jn 4:18).
El «temor» de los malos: La Biblia dice que el «temor», el «miedo», se apodera de los malos: (Job 15:24, Job 18:11), y lo describe como «abrumador», «consumidor», con temor a la vida y a la muerte, a la enfermedad, al fracaso, al no ser aceptados o no ser honrados, o ser calumniados. temor a todo y a todos: (Exo 15:16, Job 15:21-24, Sal 73:19, Sal 73:1 52Cr 15:24, Jua 9:22, Isa 2:19, Luc 21:26, Rev 6:16-17, Heb 10:27).
La forma de superarlo es tener confianza en Dios: (Sal 27:1), vivir con fe las tres parábolas de la misericordia de Dios del cap. 15 de Lucas. y para poder vivirlas, solo necesitas creer en Cristo, viviendo en su única Iglesia: (Jua 3:36, Jua 6:53-54, Mat 16:19, Luc 10:16).
Diccionario Bíblico Cristiano
Dr. J. Dominguez
http://biblia.com/diccionario/
Fuente: Diccionario Bíblico Cristiano
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Sentimiento y actitud de respeto ante Dios, presentado como Padre amoroso por Jesús, pero también Ser Supremo infinitamente justo, sabio y amante de la fidelidad, que hizo al hombre libre y responsable en sus actos. El concepto y el término «temor» aparece en la Biblia en muchas formas: como expresión de miedo (Mat. 28.5 y Lc. 12.4); como manifestación de respeto y veneración. Las expresiones relacionadas con el temor de Dios se diversifican en el Antiguo Testamento: (Ecl. 1.13 y 2:19). Es la fuente de la vida y de la fortaleza (Prov. 14. 26 y 27)
En el Nuevo Testamento 158 veces aparece el concepto de temor o miedo («fobos» como sustantivo y «fobomai» como verbo). Sólo una docena de ellas alude al temor a Dios en el sentido de respeto y reverencia al Señor del cielo y de la tierra.
El temor es natural en el hombre: a la muerte, al fracaso, a lo desconocido, al castigo. Jesús mismo tuvo también miedo como hombre, como lo muestra su angustia en el Huerto de los Olivos (J. 18.6) El «temor de Dios es el principio del a Sabiduría» (Salm. 111.10)
– El temor de Dios, entendido como respeto se halla profundamente arraigado en el Antiguo Testamento: (Sal. 37.1-6). Incluso aparece como eco en el Nuevo cuando se reclama por parte de Jesús el «temor a quien puede llevar cuerpo y alma al infierno» (Luc. 12.5). En S. Pablo el amor y el temor de Dios no son contrarios, mas bien se complementan. El temor de Dios nos dispone a poner nuestro corazón en lo bueno. «No recibisteis un espíritu de esclavos para recaer en el temor» (Rom. 8.15) y «Es preciso someterse, no sólo por temor al castigo, sino también en conciencia» (Rom. 13.5). «Sed sumisos los unos a los otros en el temor de Cristo.» (Ef. 5.21). «Trabajad con temor y temblor por vuestra salvación» (Filip. 2.12)
– Pero el temor también debe ser entendido como respeto, adoración, obediencia y servicio que lleva a evitar el mal (Prov. 8.13) Y también aparece con frecuencia así en el Nuevo Testamento (Gal. 6.7-8; Ef. 5.21)) El mensaje del Nuevo Testamento es claro: «En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí el castigo. De donde se sigue que el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor» (1 Jn. 4. 18).
Para llegar al amor perfecto a Dios hay que pasar por el don del «temor de Dios» en el sentido del respeto a la supremacía y a la justicia divinas.
No se trata de tenerle «miedo humano» a Dios, sino de temer ofenderle, que es una de las muestras del amor. El sano temor es, pues, camino y pedagogía divina para que nos mantengamos en guardia contra el grave peligro que acecha a todo hombre en la batalla espiritual contra el mundo, la carne y el demonio.
El temor de Dios no es una ruta alternativa al camino del amor. Se trata más bien de un don divino que nos hace comprender la seriedad del pecado por el castigo que merece ante un Dios justo. Por otra parte, el olvido del don del temor de Dios está llevando a muchos a la negación del pecado y sus consecuencias. El camino está entonces abierto a pretender que todo lo que la carne, el mundo y el demonio sugieren es amor.
Educar a los cristianos en el temor a Dios es el mejor camino para entender el verdadero amor a Dios.
Pedro Chico González, Diccionario de Catequesis y Pedagogía Religiosa, Editorial Bruño, Lima, Perú 2006
Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagogía Religiosa
Respeto ante el misterio de Dios
Temor es, en general, una actitud que refleja unas convicciones y sentimientos de respeto y miedo. Cuando decimos «temor de Dios» estas actitudes se matizan, puesto que Dios es infinitamente bueno. El «temor» de Dios es respeto ante su misterio, toma de conciencia de su señorío y de sus exigencias y derechos su ley, su justicia retributiva, su manifestación en la creación y en la historia de salvación (cfr. Ex 20,18-21), la propia pobreza ante su grandeza, etc. El temor de Dios «alegra el corazón» (Ecli 1,12).
A veces se distingue entre temor «servil», «servilmente servil» y «filial». El temor «servil» hace hincapié en la previsión de un castigo eventual o en un interés propio por las consecuencias negativas que pueden derivarse de los pecados. Este temor es bueno y saludable, pero no perfecto. El temor «servilmente servil» hace prevalecer tanto el aspecto negativo, que no deja lugar a una salida positiva; sería el miedo o el interés egoísta, excluyendo los derechos de Dios.
Temor filial
El auténtico temor de Dios, en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, está amasado de confianza y aleja todo miedo. «Venid, hijos, oídme, voy a enseñaros el temor de Yavé» (Sal 34,12). «Â¡Dichoso el hombre que teme a Yavé, que se complace en sus mandamientos! (Sal 112,1). El temor va unido al amor. El temor «filial» es el que corresponde a la actitud de fe, sabiendo que Dios es Padre nuestro, buscando preferentemente su voluntad. «No recibisteis un espíritu de esclavos para recaer en el temor; antes bien, recibisteis un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar ¡Abbá, Padre!» (Rom 8,15).
El temor de Dios, cuando es «temor filial», puede llegar a ser un don del Espíritu Santo (cfr. Is 11,1-3), en cuanto que es una gracia nueva que hace más profundo y espontáneo el mismo temor filial. Este don está relacionado con la virtud de la templanza, en cuanto que modera los deseos y temores, orientándolos hacia el amor. Entonces es una actitud filial permanente, que puede ser una síntesis de todas las demás virtudes y dones del Espíritu Santo.
El gozo filial de evangelizar
Este temor filial de Dios, cuando es virtud y don del Espíritu, se traduce en actitud de hijo respecto al Padre tiernamente amado, a quien se quiere complacer en todo. Este temor produce, como en Cristo, el gozo de ver que el Padre es conocido y amado por todos, también en los detalles de la vida cotidiana (cfr. Lc 10,21-22). Es delicadeza de detalles y disponibilidad para hacer lo más perfecto, es decir, hacer lo que agrada más al Padre (si caer en el escrúpulo), hacerle conocer y amar.
En el campo de la evangelización también se descubre que «su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen» (Lc 1,50). Quienes, en cualquier religión y cultura, de verdad «temen» a Dios (cfr. Hech 10,2), se abren fácilmente al evangelio. La recompensa de la fe y de la salvación final es para «todos cuantos temen su nombre» (Ap 11,18).
Referencias Caridad, Dios Amor, dones del Espíritu Santo, esperanza, gozo.
Lectura de documentos GS 21, 39; LG 9, 48; CEC 1041, 2144.
Bibliografía E. BOULARAND, Crainte, en Dictionnaire de Spiritualité (Paris, Beauchesne, 1953) II, 2463-2511; Enciclopedia de la Biblia (Barcelona, Exito, 1969) («temor de Dios»); J. GALOT, Le mystère de l’espérance (Paris, Lethielleux, 1973); P, SCIADINI, Timore, en Dizionario Enciclopedico di Spiritualití (Roma, Cittí Nuova, 1990) 2522-2525. Ver referencias.
(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelización, BAC, Madrid, 1998)
Fuente: Diccionario de Evangelización
El temor de Dios se impone en el hombre como una consecuencia de la suprema soberanía y omnipotencia de Dios. Ante la presencia de Dios, el hombre se sobrecoge, se llena de temor. Así Abrahán (Gén 15,1), Jacob (Gén 28,17), Moisés (Ex 3,6), Isaías (Is 6,5), Zacarías (Lc 1,12), la Santísima Virgen (Lc 1,30), los pastores (Lc 2,9-10). Es un temor lleno de respeto y de veneración que conduce a la obediencia, a la disponibilidad absoluta. El temor de Dios es el principio de la sabiduría (Sal 111,10) y de la vida (Prov 14,27). El temor de Dios sigue siendo norma en el N. T. (Lc 1,50), pero sin que caiga nunca en miedo servil de esclavo, que sería incompatible con el amor y la confianza de los hijos de Dios (Rom 8,15; 1 Jn 4,18).
E. M. N.
FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jesús de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001
Fuente: Diccionario de Jesús de Nazaret