SERIEDAD

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Virtud y actitud que se identifica con el cumplimiento de los deberes propios, con el respeto a las promesas dadas, con la fidelidad a las exigencias de la propia conciencia.

La seriedad como actitud firme es compatible con el carácter alegre y con la comunicación fácil.

Pedro Chico González, Diccionario de Catequesis y Pedagogí­a Religiosa, Editorial Bruño, Lima, Perú 2006

Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagogía Religiosa

La misión y la caridad nos dicen que la vida cristiana es una cosa muy seria. El Dios al que nos abre la dimensión contemplativa de la vida; el Dios que nos habla en Jesús y en la Escritura; el Dios al que Jesús nos une, atrayéndonos a sí­ en la eucaristí­a, es un Dios que nos ama de una forma extremadamente seria. El amor de Dios es serio, porque respetó nuestra libertad y corrió un riesgo fiándose de ella. Corrió el riesgo de que dijera que no, condenándose a la ruina y al fracaso. Es serio, porque nos puso en guardia contra ese peligro, habiéndonos de él abiertamente, advirtiéndonos de la condenación irreparable a la que estábamos abocados, si nos obstinábamos en rechazar el amor. Es serio, porque, cuando el hombre efectivamente dijo que no con el pecado, Jesús se acercó al hombre pecador, tomó sobre sí­ el drama de su pecado y de su muerte, se convirtió en amor maltratado y crucificado, para liberar al hombre del pecado y devolverle la posibilidad de decir que sí­ al amor y dar testimonio del amor entre los hermanos. La contemplación, la escucha de la Palabra, la eucaristí­a, no alcanzan su valor pleno si no nos llevan a descubrir la seriedad de nuestras opciones libres, el drama irreparable de nuestro rechazo, el amor de Dios que perdona incluso el pecado y nos confí­a de nuevo la tarea de amar.

Carlo Marí­a Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997

Fuente: Diccionario Espiritual