SANADOR, CURAR AL ENFERMO

(curaciones, exorcismos, milagros, carismáticos). La salvación de Jesús está vinculada con la salud integral del hombre y se expresa en los diversos aspectos de la vida.

(1) Signo de Dios. Jesús no actuaba como médico cientí­fico moderno, pero tampoco como simple curandero o mago, es decir, como portador de unos poderes especiales de sacralidad que actúan por sí­ mismos. Al contrario, él vino a presentarse como mensajero y delegado del Dios israelita, que actúa de una forma creadora (ni la ciencia, ni la paraciencia son creadoras, sino transformadoras de lo que ya existe). De esa manera, se sitúa en el centro de la más honda paradoja humana, (a) Por un lado es signo de la trascendencia, es decir, del Dios que está más allá de todo lo que podemos hacer y pensar: por eso no puede manejar a Dios, ni imponerse por la fuerza sobre nadie, sino sólo apelar a la presencia creadora de su gracia, (b) Al mismo tiempo, Jesús se ha introducido en el espacio de la humanidad sufriente, es decir, en el lugar de los enfermos y oprimidos. Sólo de esa forma puede ser signo de Dios, siendo, al mismo tiempo, creador (hace cosas que otros hombres no logran hacer) y misericordioso (se introduce en la máxima pequeñez del mundo, es decir, de la humanidad sufriente).

(2) Experiencia escatológica. Las curaciones de Jesús expresan la certeza de que ha llegado el Reino, de manera que hombres y mujeres pueden comunicarse en gratuidad, unos con otros, superando los tabúes exclusivistas y los poderes de una Ley que condena y rechaza a los que parecen ilegales. Ha llegado el fin, Dios se ha revelado ya y los hombres pueden vivir en salud personal, comunicándose en amor, unos a otros, siendo así­ capaces de morir por los demás. Este es el principio y meta de todos los milagros, la comunicación personal, el servicio humano (como suponen Mt 25,31-36 y Sant 1,27). Como creyente, como Hijo de Dios Padre y mensajero de su Reino, actúa Jesús, abriendo un espacio de comunicación gratuita a favor de los antes excluidos, pues la fe mueve montañas. No se ha sentido Mesí­as al ver los milagros que hací­a, sino al contrario: ha podido realizar y ha realizado milagros porque estaba convencido de que Dios le enviaba para anunciar e iniciar su Reino. Por eso, no los utiliza como demostración, ni los realiza cuando se lo exigen, como prueba de su autoridad y su misión (cf. Mt 12,38-39; 16,1 par), pues un milagro que se impone por la fuerza y que se «prueba» de un modo cientí­fico deja de ser milagro (deja de ser gesto humano). Entendidos así­, los milagros de Jesús van en contra de un tipo de «orden legal» defendido por algunos escribas de Jerusalén, expertos en la ley israelita, partidarios del orden que proviene de la fuerza, dispuestos a expulsar y controlar a los distintos, impuros y enfermos.

(3) Experiencia de comunión gratuita. El milagro de Jesús consiste, precisamente, en acoger a los impuros en cuanto impuros, a los enfermos en cuanto enfermos, apelando para ello a la gracia, es decir, al don humilde, gozoso, universal, del Dios Padre. El milagro de la vida y la salud consiste en saber que el hombre es más que todo lo que puede saber y hacer por sí­ mismo. En el fondo, el milagro es el hombre, la misma vida personal que desborda todos los niveles de la fí­sica, la quí­mica y la biologí­a. El milagro de Jesús es que hombres y mujeres puedan vivir y comunicarse, de un modo gratuito. En ese sentido, los gestos sanadores de Jesús son una ventana abierta hacia el futuro de Dios interpretado ya desde ahora como libertad y salvación para los enfermos y angustiados. El hombre no se cierra sobre sí­; la vida no se pierde en el hacerse y deshacerse de la tierra, sino que vale en cuanto expresa la Vida y plenitud de Dios donde todo se funda en amor. Milagro es, según eso, la misma vida humana, entendida como don y entrega, como regalo que desborda los esquemas y leyes del sistema, presencia de Dios y sentido de todo lo que existe. Milagro es ser persona y serlo, de un modo gratuito, por comunicación de vida, naciendo de la gracia y compartiendo en gracia el propio ser, por encima de la muerte. Sobre esa base podemos y debemos destacar el aspecto cristiano (mesiánico) de los milagros de Jesús, como expresión de su mensaje de comunicación gratuita, signo de evangelio y no de imposición (de poder, violencia o demostración de la verdad…).

Cf. S. DAVIES, Jesus the Healer. Possession, Trance and Origins of Christianity, SCM Press, Londres 1995; J. I. GONZíLEZ, Clamor del Reino. Estudio sobre los milagros de Jesús, Sí­gueme, Salamanca 1982; H. C. KEE, Medicina, milagro y magia en tiempos del Nuevo Testamento, El Almendro, Córdoba 1992; J. J. PILCH, Healing in the New Testament: Insights from Medical and Mediterranean Anthropologv, Fortress, Mineápolis 2000; G. H. TWELFTREE, Jesus, the Exorcist. A Contribution to the Study of the Historical Jesus, Hendrickson, Peabody 1993; Jesus the Miracle Worker: a historical and theological study, InterVarsity Press, Downers Grove 1999; N. T. WRIGHT, The New Testament and the Victory of the People ofGod I, SPCK, Londres 1992.

PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007

Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra