(comparaciones, parecidos).
Son relatos comparando algo terreno o material, con algo espiritual o sobre-natural. Es un método sencillo, que despierta el interés del oyente, de fácil asimilación, y las aplicaciones hechas por el oyente son inolvidables. Es un estilo que eligió Cristo para enseñar.
– Finalidad: Mat 13:10-15, Mat 13:34-43.
– Disposiciones interiores para entenderlas, Mat 13:14-15, Luc 8:10-12.
1- Grupos de Parábolas: Las 7 del Reino en Mt. l3: – El Sembrador.
– La cizana.
– La Mostaza.
– El Fermento.
– El Tesoro escondido.
– La perla preciosa.
– E1 amo de casa: (13:52).
Las 4 de la reprobación de Israel: (¡y de la Iglesia corrupta!, de Mt.21 y 22: – Maldición de la higuera, 21.
– Los 2 hijos, 21.
– Los viñadores infieles, 21.
– Los invitados a las bodas, 22.
Las 5 de los «últimos tiempos» de Mt. 24 y 25.
– Los brotes de la higuera, 24.
– Como un ladrón, 24.
– Siervo fiel y prudente, 24.
– Las 10 vírgenes, 25.
– Los talentos, 25.
Las 3 de la Misericordia de Dios, Lc.15.
– La oveja perdida.
– La dracma perdida.
– El hijo pródigo.
2- Parábolas en el Antiguo Testamento
– Los árboles eligen su rey, Jue.9.
– Enigma de Sansón, Jue.14.
– La cordera del hombre pobre, 2 S.12.
– La mujer de Tecua, 2 S.14.
– El detenido se escapa, 1Re 20:35.
– La visión de Micheas, 1Re 22:19.
– El cardo y el cedro, 2Re 14:9.
– El ebrio, Pro 23:29.
– El perezoso y su viña, Pro 24:30.
– La viña estéril, Isa 5:1.
– El arador que saca lo bueno de lo malo, [s.28:23.
– El águila y la vid, Eze 17:3.
– Los cachorros de leon, Eze 19:2.
– Las 2 rameras, Ez.23.
– La espuma de la olla, Eze 24:3.
– El cedro del Líbano, Ez.31.
– La ballena, Ez.32.
– E1 pastor y el rebano, Ez.34.
– El campo de huesos secos, Ez.37.
– Las fuentes de aguas vivas, Ez.47.
– Visiones simbólicas, Amós 7 a 9.
– El dia de Yave, Sof.l, Mal.4, 2 Ped.3.
– 8 visiones de Zac. 1 a 6.
– El verdadero y el falso pastor, Za.ll.
– Malos sacerdotes, Ma1.2.
3- Parábolas en el Nuevo Testamento.
– El Sembrador, Mat 13:1.
– El Tesoro escondido, Mat 13:44.
– La perla preciosa, Mat 13:45.
– La red barredera, Mat 13:47.
– El amo de casa, Mat 13:52.
– El siervo sin misericordia, Mat 18:23.
– Los obreros y el vinador, Mat 20:1.
– El padre y sus dos hijos, Mat 21:28.
– La boda del príncipe, Mat 22:1.
– Las 10 vírgenes, Mat 25:1.
– Las ovejas y las cabras, Mat 25:31.
– La casa sobre roca, Mt.7, Lc.6.
– La levadura, Mt.13, Lc.13.
– La oveja perdida, Mt.18, Lc.15.
– Los talentos y las minas, Mt.25, Lc.19.
– Luz de la antorcha, Mt.5, Mc.4, Lc.8
– El remiendo en vestido viejo, Mt.9, Mc. 2, Lc. 5.
– Vino nuevo en cueros viejos, Mt.9, Mc. 2, Lc. 5.
– El sembrador, Mt.13, Mc.4, Lc.8.
– Semilla de mostaza, Mt.13, Mc.4, Lc. 13.
– Brote de la higuera, Mt. 24, Mc. 13, Lc. 21.
– Simiente que fructifica, Mar 4:26.
– Amo de viaje, Mar 13:34.
– Los 2 deudores, Luc 7:36.
– El buen samaritano, Luc 10:25.
– Amigo a medianoche, Luc 11:5.
– El rico necio, Luc 12:16.
– Siervos que velan, Luc 12:35.
– Siervo infiel, Luc 12:42.
– Higuera estéril, Luc 13:6.
– La gran cena, Luc 14:16.
– La torre y el rey en guerra, Luc 14:28.
– La moneda perdida, Luc 15:8.
– El hijo prodigo, Lc.15:Luc 15:11.
– El siervo infiel, Luc 16:1.
– El amo y el siervo, Luc 17:7.
– La viuda inoportuna y el juez, Lc.18.
– El fariseo y el publicano, Luc 18:9.
– El óbolo de la viuda, Luc 21:1.
– El viento que sopla donde quiere, Jua 3:8.
– E1 pastor y su rebano, Jn.10.
– La vid y sus ramas, Jn.15. – La mujer de parto, Jua 16:21.
– E1 «Pan de Vida», de Jua 6:35-70, no es una parabola, sino una maravillosa realidad, como nos ensena en Jua 6:67, que no les quitó ni una palabra de lo dicho a los 12, después que había dejado irse a las multitudes y a los 72, porque interpretaban las palabras como reales: (Jua 6:41, Jua 6:60, Jua 6:66). y, por entenderlo tal como lo decían, los judíos decidieron matarlo, en el siguiente capítulo,Jua 7:1, porque les decía que tenían, nada menos que «beber su propia sangre», cuando el beber la sangre de un animal era lo mas horroroso que se le podia decir a un judío en toda la historia de la Biblia. San Pablo cuando comenta este Sermón del Pan de Vida también lo interpreta como realmente real, tremendo y maravilloso, en 1Co 11:25-30.
Diccionario Bíblico Cristiano
Dr. J. Dominguez
http://biblia.com/diccionario/
Fuente: Diccionario Bíblico Cristiano
[551][010]
Género literario de frecuente uso en todas las literaturas orientales, antiguas y modernas. Se encuentra también en el arte, la pintura, las fiestas sociales, los ritos religiosos.
1. Concepto de parábola Es un lenguaje indirecto que sugiere y empuja la mente hacia un compromiso con la fantasía y la afectividad.
– Es una forma expresiva para estimular la fantasía que supone un hecho o acontecimiento sencillo del que hay que sacar enseñanzas.
– Es un cauce para la expresión o la reacción afectiva, que mueve a acoger o rechazar el hecho y las enseñanzas que del hecho se derivan
– A estas dos facultades humanas se asocia la memoria de las propias experiencias del destinatario, despertando reacción de reflexión y de la consiguiente actuación.
El que la emplea cuenta con la interpretación del que la recibe, la cual puede ser más o menos comprometedora, pero que suscita siempre algún tipo de reacción pretendida o, al menos, prevista.
La parábola pedagógicamente es: – un hecho humano (antropomórfico), animal (zoomórfico) o vegetal (animismo naturalista) que resulta fácilmente comprobable.
– que se entiende en un contexto determinado y en base a una experiencia generalizada, por parte de los que la reciben; – que se relata o escribe con una intención implícita de apoyar un mensaje conceptual o afectivo o de suscitar un contraste o reacción en los oyentes.
– que presupone en quien la emplea una interpretación prevista en los receptores.
– que se convierte en punto de partida de una explicación posterior o de una reflexión silenciosa coincidente.
2. Valor social
La parábola es lenguaje pedagógico por excelencia, ya que desencadena un proceso de creatividad interesante. Se parte en ella de la inventiva de quien la formula. Se llega a la fantasía del que la recibe.
Psicológica y literariamente pertenece a la zona del simbolismo: cuento, mito, leyenda, fábula, alegoría, etc.
Son hermosas las parábolas que aparecen en los primeros documentos literarios de todas las culturas orientales: de Egipto, de Babilonia y de Asiria, de pueblos moabitas, cananeos, hititas, persas, que fueron herederos de influencias remotas.
Las parábolas de esta procedencia poseen una clara concordancia y por lo tanto existió una gran interinfluencia literaria. Es probable que algunas de ellas estaban en el acervo cultural común de todos ellos y se transmitían por diversos cauces: emigraciones, comercio, trasiego de siervos o esclavos.
La parábola no debe confundirse con la metáfora (comparación simbólica), con el refrán (sentencia de experiencia), con la hipérbole (juego hábil de lenguaje), con la simple alegoría, comparación o referencia a la naturaleza de las cosas o de los hombres.
3. Parábolas bíblicas
En el Antiguo Testamento existen abundantes parábolas de bellísima factura y de riquísimo contenido comunicativo.
* Unas son proféticas: las más abundantes, como es el caso de la parábola de la maternidad del tercer Isaías (Is. 66.7-14), la del alfarero de Jeremías (Jer. 18. 1-17) o la de Oseas (Os. 1 a 3)
Pero, en los demás libros existe un sinfín de ellas:
– en los históricos, por ejemplo «la venganza de la zarza» (Jue. 9. 7-21);
– en los poéticos, «la ronda de la amada» (Cant 5. 2-8):
– en los sapienciales «la orgía del lujurioso» (Ecclo. 23 16-27).
Como éstas, otras muchas ayudan al escritor sagrado a provocar la reacción del lector, ya sea persona que recoge el símil literario, ya sea la comunidad sencilla que escucha la lectura o escucha el comentario y la interpretación.
4. Parábolas evangélicas
Las Parábolas más conocidas y divulgadas son las que ponen los evangelistas en boca de Jesús. «Nada les decía sin usar parábolas.» (Mt. 13.34)
Es muy posible que fuera un estilo típico de los Rabinos ambulantes en Israel y que el pueblo sencillo estuviera acostumbrado a estos modelos de predicación. Al usarlos Jesús, resultaba interesante, iluminador, bien acogido por los oyentes.
De lo que no cabe duda es del «protagonismo parabólico» de Jesús en su docencia y catequesis, suscitaba en ellos una veces la admiración y en ocasiones la sorpresa y la intriga (Mt. 15. 15; Mc. 13. 15; Jn. 16. 29).
Los mismos evangelistas no coinciden en la comprensión de las parábolas cuando aluden a ellas. Cincuenta veces emplean el termino «parábola» (parabolé en griego, literalmente comparación).
Pero a veces usan los términos similares de alegoría, proverbio, fábula, enigma, dicho o narración.
Por eso los exégetas no se ponen de acuerdo al enumerar y clasificar las parábolas evangélicas y unos hablan de 27 y otros elevan el número al centenar. De lo que nadie duda es de que el género parabólico de Jesús resultaba eficaz y cautivador.
Decía las cosas de forma que quedaran fácilmente en la memoria y que se adaptaran a los oyentes. Nada mejor que las parábolas para ello, por ser lenguaje popular, por jugar con los sentimientos y la fantasía, por facilitar la memorización del hecho y la aplicación a la vida concreta.
Los evangelistas las recogieron en la medida en que se recordaban. Para Mateo y Juan, era fácil acudir a sus propios recuerdos. Para Lucas y Marcos no había otro camino que hacerse eco de lo que narraban los testigos directos de las enseñanzas del Maestro.
Un modelo de Parábola Catequística
El hijo pródigo y el perdón. Lucas 14. 11.32 1. Personajes: Padre, hijo mayor, amigo malos, criados, hijo mayor…
2. Acciones. Vida fácil, exigencia de reparto de la herencia, orgías y corrupción, arrepentimiento, regreso a la casa del padre, perdón, humildad y fiesta, reacción del hijo cumplidor, reflexión final.
3. Signos de interpretación: La herencia, la huida lejos, las diversiones, mujeres de mala vida, cerdos, bellotas, jornaleros, casa del padre, pan, pecado, postrarse ante el padre, anillo, vestidos nuevos, música y fiesta, hermano mayor y hermano menor, silencio sobre la madre… Proceso: Parte 1. El hijo malo: Huida y pecado: 11-16
– El hijo malo se lleva la herencia
– La malgasta en el vicio y pecado
– Tiene que cuidar animales impuros: cerdos Parte 2. El Padre se alegra del arrepentido: 16-21
– Recapacita ante la desgracia y el pan
– Decide regresar y pedir el perdón
– Es acogido y perdonado por el Padre Parte 3. Fiesta del rescate. Alegría: 22-24
– Se organiza el banquete: música y comida
– Se extiende a toda la casa el regocijo Parte 4. Protesta del hermano bueno: 24-32
– El mayor se informa sobre la fiesta
– Se compara con el pecador y lo ve mal
– Tiene que se reconvenido por el padre.
Parte 5. ¿No es la historia nuestra?
– Repetimos la acción del mal hijo:
¿En qué, dónde, por qué?
– Nos arrepentimos sólo por el hambre
¿Cómo, con quién, cuándo?
– Si somos buenos, miramos al malo mal
¿Ante quién? Valores:
Núcleo doctrinal: el arrepentimiento:
– del perdón posible del pecado.
– de la actitud amorosa de Dios.
– del riesgo de los buenos.
– de no entender la misericordia.
Los grandes valores éticos:
– libertad del hombre para huir.
– capacidad del pensar y el sentir
– posibilidad de la conversión.
– actitud misericordiosa de Dios.
– peligro de reacción de los buenos. 5. Actividades posibles con la parábola:
– Leerla con tranquilidad y piedad.
– Interpretarla con referencia a la Iglesia.
– Comparar la vida real y la personal, los hechos, las acciones, los lugares.
– Personalizarla: aplicarla a la propia vida moral, escolar, social y familiar.
– Asociación sacramental: acto penitencial, reflexión, examen, propósito de nueva vida.
– Dramatización posible: personas, datos, acciones posibles.
– Relación con otros textos bíblicos sobre todo de los profetas.
5. Clasificación
Podemos hacer seis grupos a efectos de su uso catequético:
5.1) De identificación mesiánica.
Indican el modo de ser de Jesús que se define a sí mismo como enviado del Padre.
– Soy el pan de vida. Jn. 6. 32-50
– Soy la luz del mundo. Jn. 8. 12-16
– Soy el buen pastor. Jn. 10. 1-16
– Yo soy la vid. Jn 15. 1-8 5.2) Las de la misericordia divina.
Reflejan la compasión divina y el deseo de perdonar al hombre pecador y también la necesidad de compasión humana.
– La oveja perdida, Lc. 15. 1-7;
Mt 18. 12-14.
– Hijo pródigo, Lc. 15 11-32.
– Amigo insistente, Lc. 11. 5-13.
– Buen samaritano, Lc. 10. 25-37.
– Siervo cruel, Mt. 18. 21-35; Mc. 5. 21-26; Lc 17. 3-4.
5.3) Las instructivas o didácticas.
Pretenden enseñar algún valor, deber o misterio del buen seguidor de Cristo.
– Los dos caminos, Mt. 7. 13-14; Lc. 13. 24-30.
– Odres y paños nuevos/viejos: Mc. 2. 21-22; Lc. 5. 33-39 Mt. 9. 14-17.
– Espíritu inmundo, Mt. 12. 43-46.
– Esposo y amigos, Mc 2.19.
– Casa sobre roca. Lc. 6. 46-49.
– La moneda perdida, Lc. 15. 8-10.
– La comida impura, Mc. 7. 17-23.
– Juez y la viuda, Lc. 18. 1-8.
5.4. Las éticas o morales.
Intentan recomendar comportamientos buenos.
– El árbol bueno, Mt. 7. 15-16; Lc. 6. 43-45.
– Pan y levadura, Mt. 16. 5-12; Mc. 8. 14-21; Lc 13. 19-20.
– Los dos hijos, Mt. 21. 28-31.
– Criado fiel, Mt. 5. 24. 45-50; Lc. 21.41-48.
– La mano cortada, Mc. 9. 42-77.
– Lámpara y luz, Lc. 11. 33-36; Mc. 4. 21-25; Mt. 5. 15.
– Rico insensato, Lc. 12. 16-21.
– Criados vigilantes, Lc. 12. 35-40.
– Administrador fiel, Lc.12.42-48.
– Administrador sagaz, Lc. 16. 1-8.
– Fariseo y publicano, Lc. 18. 9-14.
5.5. Las del Reino de Dios.
Están formadas por el grupo de las que hablan del triunfo del bien sobre el mal, misión que tiene la Iglesia y sus seguidores. Suelen empezar: «El Reino de los cielos es como…»
– Casa sobre roca, Lc. 6. 47-49; Mt. 7. 24-27.
– El grano fecundo, Mc. 5. 26-29.
– Sembrador, Mt.13. 1-9; Mc.4. 1-9; Lc. 8. 4-8.
– Trigo y cizaña, Mt. 13. 18-23; Mc. 4. 13-20; Lc. 8. 11-15.
– Grano de mostaza, Mt. 13. 31-33; Mc. 4. 30-32; Lc. 13. 18-21.
– Trigo y la siembra, Mt. 13. 36-43.
– Tesoro y perla, Mt. 13. 44-45.
– Red barredera, Mt. 13. 47-49.
– Obreros de la viña, Mt. 20. 1-16.
– Bodas, Mt 22. 1-14; Lc. 14. 15-24.
– Las vírgenes necias, Mt. 25. 1-13; Lc. 12. 35-36.
– Talentos, Mt.24.14-29; Lc.19.11-27.
– Reino dividido, Lc.11.17-26.
– La gran cena, Lc. 13. 15-24; Mt. 22. 1-10.
– Sal insípida, Mc. 9. 50; Mt. 5. 13; Lc. 14. 34.
5.6) Algunas son proféticas.
Preven o predicen el futuro juicio del bien obrar.
– Labradores homicidas, Mt.21.33-40; Mc. 12.1-12; Lc. 20. 9-19.
– La higuera, Mc.13.28-37. Lc. 29-36; Mt. 24. 32-35.
– Lázaro y Epulón, Lc. 16. 19-31.
– Los diez talentos, Lc. 19. 11-28.
Algunas de ellas simbolizan la perspectiva del final de los tiempos y las podemos llamar escatológicas. Son preavisos del juicio y a la llegada del Mesías
– El ídolo abominable, Mt. 25. 15-28; Mc.13.14-20.
– Juicio final, Mt.25.31-46; Mc.13.5-22; Lc. 12. 11-12 .
5. Interpretación de la parábola Para entender el significado de las parábolas es conveniente recordar el uso que Jesús hizo de ellas:
– Algunas de las citadas son con toda seguridad inventadas, o improvisadas, por el Maestro, al igual que hacían todos los Rabinos.
Seguramente que acogía las propias experiencias sensoriales del entorno en el que hablaba: los campos, el lago, los mercaderes, las montañas, las casas, los pájaros, las flores.
– Otras tienen apariencia de ser fábulas o leyendas conocidas por los oyentes, acomodadas a una intención concreta: mercaderes, la viña, los talentos.
El medio centenar de las parábolas evangélicas ha supuesto siempre un desafío para los escritores cristianos y para los educadores de la fe.
6. Parábola en la catequesis
Nada hay tan evangélico, en el origen y en la tradición, como la parábola.
– Primero la usa Jesús.
– Segundo la imagina el catequizando.
– Tercero la interpreta el catequista y la comenta de forma adaptada.
– Cuarto la conservan ambos fácilmente en la memoria y en el corazón.
– Quinto se personaliza sin dificultad y se aplica a la vida con frecuencia.
Hay dos formas de acercarse a la parábola evangélica: – Desde la ciencia exegética típica de los biblistas y de los literatos; – Desde la sencillez del predicador o del catequista, quienes las usan muchas veces las convierten en plataforma para nuevas referencias en la mente de todos.
Basta recordar el eco histórico, litúrgico y ascético de las parábolas del Buen Pastor, del Hijo Pródigo y del Buen Samaritano, para entender espontáneamente lo que significan en la vida cristiana. El catequista debe usar con frecuencia el relato, histórico o alegórico, simbólico o experiencial. Es el modo de atraer y reforzar la atención y la aceptación de los catequizandos. Es el instrumento interesante que sirve para concretar y ejemplificar los conceptos generales.
El valor de la parábola evangélica está en la permanencia en la memoria para toda la vida, no sólo por el hecho de experiencia que relata. Con ella se vinculan los valores espirituales y éticos que se inculcan en los oyentes: pastor y vigilancia, lirios y Providencia divina, hijo pródigo y arrepentimiento, semilla y obras buenas.
También es bueno recordar que la parábola es entendida e interpretada de forma muy diferente según el nivel madurativo del catequizando:
– el niño pequeño en edad animista y de fabulación la da carácter real.
– el niño mayor y el preadolescente tienden a capar mejor su significado personalista y aleccionador.
– el joven y el adulto descubren el carácter simbólico y exploran los valores profundos que subyacen en los hechos o personajes parabólicos.
Una de las tareas del catequista es hablar los lenguajes variados que reclama la educación de la fe. Las parábolas, como el arte religioso o los signos tradicionales, pertenecen a ese tipo de lenguaje que se aprende en la infancia y perdura en la mente a lo largo de la vida posterior.
Por eso es un lenguaje primordialmente catequístico. No es correcto entender el género parabólico sólo como un eco de las influencias orientales en la cultura cristiana de Occidente.
Si Jesús las usó no fue sólo por haberse encarnado en una cultura semita, sino por su poder de persuasión, su capacidad de adaptación a las diferentes situaciones y su sintonía con los misterios sagrados de los cuales él era centro, fuente y mensajero.
Pedro Chico González, Diccionario de Catequesis y Pedagogía Religiosa, Editorial Bruño, Lima, Perú 2006
Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagogía Religiosa
(v. evangelio, Jesucristo, Reino)
(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelización, BAC, Madrid, 1998)
Fuente: Diccionario de Evangelización
(-> Jesús, palabra, arte, Reino). Relatos breves, de carácter figurado, que sirven para entender la realidad desde una perspectiva imprevista, rompiendo de esa forma el orden usual del conocimiento ordinario y obligando a los oyentes o lectores a situarse de un modo distinto ante la realidad. Aparecen en formas distintas en casi todos los pueblos y culturas, donde se vinculan con los enigmas y los cuentos, los ahikus, los koan y las paradojas, los poemas breves y las adivinanzas, los apólogos y las alegorías. Tienen algo de juego y de enigma, de curiosidad y de eclosión imaginativa. Han sido especialmente cultivadas en el mundo bíblico, donde Salomón, el sabio por excelencia, aparece como autor de tres mil proverbios y de cien poemas (cf. 1 Re 4,32; cf. también Prov 1,1; 10,1). Otro gran autor de enigmas y proverbios fue el Eclesiastés, llamado también Qohelet (cf. Qoh 12,9), a quien se identifica también con Salomón (Qoh 1,1). De todas formas, las mejores parábolas y enigmas de la Biblia aparecen como obras de personas que están fuera de las estructuras del poder, de personas que rompen los esquemas establecidos de la sociedad y que de esa forma obligan a pensar las cosas de otra forma: así podemos citar a Natán (2 Sm 12,14), a la mujer sabia de Técoa (2 Sm 14,2-7) o a Jotán, autor del apólogo famoso sobre el rey de los árboles (cf. Je 9,8-15). En tiempos del Nuevo Testamento había en el judaismo buenos contadores de parábolas, como recuerda la tradición rabínica, pero ninguno tan sobresaliente como Jesús.
(1) Jesús, contador de parábolas. Ha sido quizá el mayor creador de parábolas de todos los tiempos^ al menos en la historia de Occidente. El no ha tenido la sabiduría oficial de los letrados, ni ha sido filósofo de corte o escuela. Pero ha contado parábolas, en medio de la plaza, y ha logrado iluminar con ellas la vida de los hombres y mujeres de su pueblo. Más aún, él mismo ha venido a presentarse como una parábola viva, expresión de la palabra de Dios que irrumpe en la historia de los hombres. De esa forma, cuando ha querido expresar su tarea y función ha contado parábolas. Con ellas se ha «dicho» a sí mismo, con ellas ha ido trazando y mostrando su camino, en una historia fuerte de gestos y palabras mutuamente entrelazadas. Nadie, ni en la Biblia ni en la historia de Occidente, ha logrado decir y vivir algo semejante. Estos son algunos de los temas de sus parábolas, que abarcan los diversos elementos de la vida de su tiempo, (a) Parábolas de tierras, trabajos y campos. Tratan del lago donde lanzan su red los pescadores (Lc 5) y del campo donde siembran los labriegos (Mc 4; Mt 13), de la semilla que crece por sí misma y del grano de mostaza (Mc 4) o del trigo y la cizaña mezcladas en el campo (Mt 13) y de la higuera estéril (Mc 11). (b) Parábolas de trabajos. Hay una mujer que amasa el pan con levadura (Mt 13) o que busca la moneda que ha perdido (Lc 15); hay también un comerciante experto en perlas finas (Mt 13), un agricultor rico que va contratando jornaleros a lo largo del día (Mt 20) y un viñador que arrienda renteros (Mc 12). (c) Los personajes de las parábolas no son en modo alguno ejemplares: así encontramos administradores injustos (Mt 18; Lc 16), reyes crueles (Mt 22) o esposos desconsiderados (Mt 25), lo mismo que levitas y sacerdotes que desatienden al herido del camino (Lc 4). (d) Experiencias desconcertantes. En el fondo de casi todas las parábolas hay un rasgo que desconcierta, una paradoja que rompe los esquemas usuales de la vida: el comerciante en telas finas lo vende todo (¿de qué vive?), el padre recibe en su casa y vuelve a dar sus bienes al hijo que los ha malgastado (Lc 15), el amo de la viña envía desarmado al hijo querido poniéndole en manos de los sangrientos viñadores (Mc 12), el sembrador malgasta su semilla en el camino y entre zarzas (Mt 4). Las parábolas parecen hablar de un mas allá, como en el caso del rico epulón (Lc 16) y del juicio del Hijo del Hombre (Mt 25), pero en realidad están hablando del más acá: de la forma de ayudar al pobre Lázaro que sufre a la puerta de la casa o al hambriento que vive a nuestro lado. A través de las parábolas ha ido trazando Jesús el sentido de su vida, haciendo que los hombres puedan entenderle y entenderse, superando el nivel de las seguridades oficiales de la ley y el templo.
(2) Jesús, parábola personal. El arte de Jesús se expresa en la belleza creadora de sus parábolas-palabras, que só lo tienen realidad en la medida en que se dicen y se acogen, abriendo un espacio de comunicación que no se puede objetivar como la estatua de un templo, o como las leyes de un sacrificio. Las parábolas expresan la experiencia suprema de la vida que nunca se puede fijar en un esquema general, por encima del tiempo, sino que se encarna en la vida misma, que se dice y escucha, que se acoge y transforma a los oyentes. La parábola es palabra de belleza y vida encarnada, es decir, histórica. Así fue en el caso de Jesús, contador de parábolas. Algunos le tomaron como ingenuo, poeta fracasado: contaba cuentos que carecen de entidad o peso, historias que se pierden, pues las lleva el viento. Pero sus palabras rompían el orden oficial del templo, la seguridad de los sacerdotes, la razón de los escribas, poniendo a todos los hombres y mujeres del pueblo ante la exigencia y el gozo de Dios. Así podemos entenderle como poeta mesiánico, portador de las palabras más hondas de la urgencia y presencia de Dios, que él presentaba en forma de parábolas, que no quieren expresar lo eterno en un plano de ideas (como intentaban los griegos), sino que sitúan a los hombres ante la revelación y despliegue del tiempo de Dios. El evangelio de Juan (Jn 1,1-4) confiesa con Gn 1 que Dios ha creado todo lo que existe sembrando su Palabra*, para que los hombres puedan asumirla y dejarse transformar por ella. En ese mismo fondo ha interpretado Mc 4 el mensaje de Jesús como poeta-profeta de la palabra.
(3) Parábola central: sembrador de la palabra. Parecen haberle preguntado ¿quién eres, qué haces? Jesús responde presentando su parábola central, aquella en la que todo viene a desvelarse en su verdad como palabra: «Salió el sembrador a sembrar. Y sucedió que al sembrar cayó semilla en el camino, y vinieron los pájaros y la comieron. Otra parte de semilla cayó sobre un terreno pedregoso que no tenía tierra suficiente; y brotó pronto, porque la tierra era poco profunda; y cuando salió el sol quemó las plantas, que por no tener buenas raíces se secaron. Otra parte cayó entre espinas; y crecieron las espinas y ahogaron la semilla y no dio fruto. Otra parte cayó en tierra buena y dio fruto… El sembrador siembra la palabra» (Mc 4,3-4.14). Esta parábola es muy precisa, ni una palabra de más, ni una de menos; ningún adorno o comentario moralizante… Austeramente describe Jesús lo que sucede a la semilla, empleando las experiencias normales de la agricultura de su tiempo, un ejemplo concreto del trabajo de los campos, de manera que todos los oyentes pueden entenderlo. Todo es normal, prosa concreta, sin atisbo de poesía erudita (que sería propia de una corte de reyes, de un palacio de nobles, de una escuela de sabios). Todo es normal, de tal forma que todos, especialmente los hombres y mujeres del campo, pueden entenderlo. Esta es una «literatura para vivir», no para escribir, una metáfora que sólo se entiende allí donde se escucha y cumple teniendo en cuenta los matices del que habla, la actitud de los oyentes. De pronto todos se descubren inmersos en ella, como si estuvieran construyendo juntos la parábola, buscando su sentido. Si la escuchamos de esa forma descubriremos que ella es paradójica, de forma que desafía todas las convenciones sociales, poniendo en movimiento nuestra vida, pues ella habla de nosotros, de lo que somos y hacemos. Así aparece como extraña, siendo transparente, como una llamada a nuestra propia creatividad.
(4) Sembrador generoso. Abundancia de la palabra. La parábola es extraña, paradójica. Un buen sembrador suele sembrar sólo en buena tierra y no «desperdicia» grano ninguno entre las piedras y las zarzas. Este, en cambio, parece empeñarse en sembrar sobre suelos que ni están preparados, ni pueden prepararse, pues no son apropiados para la semilla (camino, pedregal, zarzal). Es evidente que, en clave de lógica económica, está derrochando semilla. Pues bien, si miramos la escena desde otra perspectiva, descubrimos la razón más alta de este sembrador de Reino en toda tierra. No podemos definir de antemano lo que es buena y mala tierra, ni poner coto a la palabra, pues es ella la que viene a mostrarse creadora, transformando de esa forma el suelo de los hombres. La parábola evoca la fuerza y belleza, pero, sobre todo, la abundancia creadora de Dios, que dice su palabra por medio de Jesús y lo hace de un modo desbordante, expandiendo la buena semilla en todas las tierras del mundo. El científico, hombre de sistema, busca eficacia y calcula, piensa de antemano y escoge la tierra más fértil y buena; sabe dónde están las espinas y piedras; por eso no malgasta la semilla. Pero Jesús, sembrador de parábolas del Reino, sabe que hay una lógica más alta, la del poeta creador, que introduce su semilla de palabra en toda tierra. Esta es la lógica de la gratuidad y la abundancia, que se expresa en el gesto generoso del buen sembrador de palabra de Reino. La parábola es verdad dialogada, de manera que los mismos oyentes han de entrar en ella y entenderla (interpretarla) con su vida. En eso se distingue de una estatua, que está hecha, realidad objetiva, y de un discurso o libro de teoría, que dice por sí mismo lo que dice, de manera que el lector ha de acogerlo de un modo pasivo. En contra de eso, las parábolas no han sido terminadas por Jesús, ni pueden entenderse en actitud pasiva, sino que abren un espacio para que el oyente se introduzca de manera creadora en ellas. Jesús no ha contado las parábolas para divertir con ellas a los curiosos o desocupados de turno, como un bufón de corte a quien se le permite decir algo que a otros les está vedado. El no teje sus poemas para distraer a los demás, sino para interpelarles y hacerles a ellos mismos creadores.
(5) La función de las parábolas. Jesús quiere que los mismos oyentes se conviertan en creadores de sus parábolas, que así aparecen como palabras que sorprenden, revelan, incitan, (a) Las parábolas sorprenden. Donde todo parecía normal introducen ellas un signo más alto de interrogación. ¿Se puede arrojar la semilla entre las zarzas? ¿Debe el padre recibir al hijo pródigo y volverle a dar la herencia después que la ha gastado, a detrimento del buen hijo que ha quedado en casa? ¿Es justo el patrono que paga al jornalero de una hora lo mismo que al de un día entero? ¿Puede el comerciante astuto quedarse sin dinero por comprar la perla hermosa, sin pensar en si tendrá después comida? (b) Las parábolas revelan, nos abren a la lógica de Dios que es gratuidad, don abundante de la vida, por encima del talión del mundo. Frente a la ciencia que demuestra las cosas por buen razonamiento, ellas superan y rompen el nivel del razonamiento normal, de las leyes ordinarias, diciendo su palabra desde una fuente de gratuidad originaria, creadora. Por eso, ellas no dicen algo que ya había, sino que hacen que exista, haciendo a los hombres capaces de crearlo, (c) Las parábolas incitan, es decir, invitan a comprometerse, de forma que sólo se comprenden allí donde nosotros mismos nos volvemos por ellas creadores, como ha destacado de forma muy fuerte Mc 4,10-12 par. Generaciones de doctores han pasado ante estas y otras parábolas sin resolverlas, pues quieren saber sin comprometerse, de manera que acaban mirando y no ven, oyendo y no entienden (Mc 4,10-12). Por el contrario, aquellos que deciden entrar en su dinámica saben que ellas son verdaderas. No se puede entender la poesía de las parábolas desde una actitud de espectador indiferente y curioso. Por eso, todas las hermenéuticas teóricas (propias de intérpretes que quieren ser neutrales) resultan incapaces de penetrar en su sentido, pues Jesús, como poeta excelso, sólo cuenta su secreto al que se deja interpelar y enriquecer por su palabra, dialogando con él. Jesús nos sitúa ante el poder de la confianza fundante y de la gracia: no demuestra nada en nivel racionalista, pero abre (revela) un campo de realidad y una tarea para aquellos que quieren ver y participar en ella, viviendo como Dios, es decir, siendo portadores de Dios en el mismo despliegue de la vida, (d) Las parábolas suscitan y esperan una palabra. Ellas necesitan la respuesta del lector, como ha destacado la reader response theory (teoría de la respuesta del lector), según la cual sólo comprende la verdad de una poesía o palabra creadora aquel que la escucha y responde de manera personal. Por eso, más que literatura ya hecha, las parábolas son palabra directa de conversación y de vida que se siembra y comparte, en un camino de Evangelio.
(6) Conclusión. Evangelio como parábola. La autoridad del Evangelio es la Palabra, que se acoge en buena tierra y fructifica, como origen de comunicación, fuente de vida compartida. Jesús mismo aparece así como portador de la Palabra: iniciador de un diálogo universal donde el contenido de la conversación se identifica con el hecho de conversar, es decir, con el Diálogo de Amor o Palabra compartida en libertad y gracia. Así distinguimos las palabras. En ese contexto, a modo de conclusión, podemos evocar varios tipos de pala bra. (a) Hay una palabra mítica. Casi todos los pueblos han querido regir su convivencia desde un mito que impone su verdad original como destino: la fuente suprema de la vida reside en el poder más alto de los dioses. Por eso, los humanos deben acoger el mito como palabra ya contada y repetida, que se impone sobre todos los vivientes, impidiendo que ellos puedan desplegarse como libres, (b) Hay una palabra filosófica. Platón supone que sólo los sabios contemplan la palabra superior que les permite gobernar la República, elevándose así sobre los otros estamentos de la sociedad: custodios o guerreros y trabajadores, ocupados en las cosas materiales. Esa palabra divide, por tanto, a los humanos de un modo elitista: no permite que dialoguen, sino que impone su verdad antecedente, desde arriba, (c) Hay una palabra legal. Cierto judaismo identifica la Palabra de Dios con una Ley codificada de forma social y sacral, que es gracia (don de Dios) y exigencia (los humanos deben cumplirla). Ella sitúa a cada uno en su lugar, dividiendo la sociedad de un modo sacral y social (sacerdotes y reyes, profetas y simples israelitas…), de forma que ella ha de ser interpretada por escribas o sabios que dedican su tiempo a conocerla, (d) Pero la palabra de Jesús es distinta. Ninguna de las palabras anteriores capacita a los hombres para vivir en libertad creadora y comunión personal. El Evangelio, en cambio, entiende la Palabra desde el Cristo, como principio universal de comunicación, por encima del sistema. Esa Palabra no es un mito eterno (religiones antiguas), ni objeto elitista de contemplación (sabios platónicos), ni Ley escrita o Tradición sagrada (judaismo sinagogal), sino Diálogo universal y gratuito entre creyentes (que creen los unos en los otros). Jesús no ha creado una casta mejor de sacerdotes (mito), filósofos (platonismo) o letrados (judaismo), ni ha fundado un sistema escolar o legal que ratifica el poder superior de unos especialistas sobre el conjunto. No necesita mediadores (escribas o filósofos), pues todos los que le escuchan pueden conocerle, conociendo su mensaje. Por eso, la autoridad cristiana se identifica con la Palabra dialogada (alianza interhumana, comunión personal), no con una jerarquía especial que la administra. Ella se expresa en el Espíritu Santo, que es Amor mutuo, vida compartida en gratuidad entre todos los humanos, fuente y sentido de toda contemplación y de toda acción creadora.
Cf. CH. H. DODD, Las parábolas del Reino, Cristiandad, Madrid 2000; B. ESTRADA-BARBIER, El Sembrador: perspectivas filológico-hermene’uticas de una parábola. Universidad Pontificia, Salamanca 1994; W. HARNISCH, Las Parábolas de Jesús, Sígueme, Salamanca 1989; J. JEREMíAS, Interpretación de las parábolas, Verbo Divino, Estella 1985; E. KAHLEFELD, Parábolas y ejemplos del evangelio, Verbo Divino, Estella 1967; D. MAISONNEUVE, Parábolas rabínicos, Verbo Divino, Estella 1985; M. PEREZ, Parábolas rabínicos. El masal midrásico; o el masal como recurso hermenéutica para abrir la Escritura, San Fulgencio, Murcia 1988; J. W. SIDER, Interpretar las parábolas, San Pablo, Madrid 1997.
PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007
Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra
¿Por qué Jesús ha hablado en parábolas? Sabemos que se dan muchas razones. Una de ellas es de carácter históricopolítico: para que su enseñanza no fuera confundida con la de un jefe o un reformador político. La gente tenía que ir comprendiendo, poco a poco, la diferencia y a la vez el carácter «revolucionario» de su enseñanza, sin confundirla con las doctrinas políticas o pseudomesiánicas de la época. Junto con esta razón históricopolítica, hay otra más profunda: la históricosalvífica, llamada también el secreto mesiánico, la revelación del misterio del Reino, hecha de forma que sea comprendida poco a poco, estimulando a una apertura del corazón hacia un misterio más amplio. A los motivos históricopolíticos e históricosalvíficos del lenguaje en parábolas, se añade un motivo profundamente humano. La parábola, y todo cuanto pertenece al género parabólico, enigmático y alusivo, permite moderar la fuerza de los sentimientos que a veces no pueden ser expresados de manera directa y agresiva. En el marco de la parábola, éstos son dirigidos, suavizados y conducidos hacia una reflexión más serena y prolongada por parte del que escucha. El lenguaje parabólico invita a hacer un camino; por tanto, es el más adecuado para tratar de expresar un misterio inefable.
Carlo María Martini, Diccionario Espiritual, PPC, Madrid, 1997
Fuente: Diccionario Espiritual