NEW AGE

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Movimiento, sociedad o secta que fomenta actitudes y actividades espirituales, sociales y polí­ticas, con el objetivo de transformar a los individuos y a los grupos a través del conocimiento espiritual del mundo y de una nueva forma religiosa. Difunde una visión utópica del Universo y anuncia el advenimiento de una época de armoní­a y progreso.

Intenta superar las formas religiosas del pasado y abrir una nueva etapa espiritual de la humanidad.

Con sus invitaciones hábiles y persuasivas, se nutre de personas idealistas, sentimentales, jóvenes, comprometidas en reivindicaciones sociales, feministas, ecologistas y espirituales.

Como movimiento social e ideológico se inicio sin un lí­der concreto, pero apoyos interesante en pensadores y artistas de todo tipo, que hablaban más de los que no querí­an que de lo que realmente proyectaban. Los sentimientos muy extendidos, más que las ideas sólidas, surgieron en California hacia 1948, con expresiones como «Era de Acuario», «Era ecológica», «Era solar», «Nueva Epoca». Pronto se popularizo la expresión inglesa «new age».

Parece que la expresión fue usada por primera vez en la revista norteamericana Billboard hablando de la música que abrirí­a una nueva forma de pensar y de sentir. De América pasó a Europa. Hacia 1960 prendió con viveza en Alemania y Suiza. Y ya para entonces se fue vinculando a determinados grupos musicales como The Ones, Psy Free, Tangerine Dream o Ashra Tempel. Los rasgos de esta música fueron: sencillez, fácil ejecución, melodí­as pegadizas destinadas a vender un gran número de copias, fuerte componente vanguardista e innovador.

Con estos rasgos, las lí­neas o estilos paralelos se multiplicaron: desde los que se asimilan al pop o al rock hasta los ritmos étnicos de gran variedad.

Entre las más cultivadas se pueden citar la «World Music» o músicas exóticas, étnicas, procedentes de culturas poco conocidas en Occidente; la «Electrónica», creada mediante ordenadores; las formas de Jazz-Fussion.

Los gustos musicales se asociaron a ideologí­as pseudorreligiosas panteí­stas y naturalistas. Y, sin formularse como sistemas doctrinales, sino flotando en modelos sincréticos, subjetivos, afectivos, socioconvivenciales, se transformaron en estilos religiosos y mí­sticos.

Así­ fueron ganando adeptos. New Age se extendió entre personas de cierta cultura (oficnistas, universitarios) y entre artistas de vanguardia que usaban la música electrónica y artilugios técnicos en sus expresiones artí­sticas. Algunos quisieron vincularse a las formas distorsionadas de pintores como Dalí­. Pero la mayor parte de los adeptos, usando lenguajes con resonancias «cósmicas» y «celestes» se acercaron a movimientos marginales: el hippy sobre todo. Esas actitudes se mezclaron con las originalidades más variadas en el arte, en los lenguajes, en la música.

Incluso muchos participantes rozaron o consintieron en ocasiones las tentaciones toxicómanas y psicodélicas, tradicionalmente asociadas a formas musicales como el rock o la pop.

El más significativo de los protagonistas tal vez sea el escritor y filósofo norteamericano Timothy Leary, difusor en sus libros de las ideas hippies, como en «Polí­tica del éxtasis» y «La psicologí­a del placer». Expulsado de Harvard en 1963 por su permisividad con el LSD y otras drogas alucinógenas, impulsor de la cultura psicodélica y del estilo de vida New Age. Promotor de la Música Cósmica, en unión a músicos electrónicos alemanes fue un promotor del movimiento de esta «Nueva Epoca».

Los autores de la generación Beat (Jack Kerouac, Gregory Corso, Allen Ginsberg, entre otros) tuvieron que ver con estas formas espirituales. Muchos adeptos se orientaron más tarde hacia el Zen, la musicoterapia, el yoga habitual, la tecnificación en el arte y los espectáculos de diseño. Artistas como Edgar Froese, Eduard Artemiev (con su música mediante con sintetizadores), Mike Oldfield, Jean Michel Jarre, Kitaro, Andreas Wollenweider, Manuel Göttsching, Vangelis, Steeve Roach o Paul Horn, David Garrido o Lury Lech, se relacionaron algún tiempos con corrientes de la New Age.

La espiritualidad de la «Nueva Era» se ha presentado como «alternativa» a las formas religiosas del catolicismo y del protestantismo. Cultiva una sensibilidad humanitaria con pretensiones de trascendencia. Sus promotores no se consideran secta, sino movimiento espiritual que da respuestas al mundo, que las busca y no las encuentra en las Iglesias tradicionales.

Sus simpatizantes, en diversos grados de compromiso, siguen desarrollándose y cultivan nuevos adeptos con la venta fácil de libros, revistas, cintas de ví­deo y casetes en la lí­nea de una esperanza fantasiosa y afectiva.

La lí­nea de esta «espiritualidad», tal como se define a sí­ misma, o secta como la llaman otros, se asemeja a un nuevo gnosticismo, con la pretensión mí­stica de ser movimiento redentor del mundo, ante el fracaso de las religiones tradicionales y de las Iglesias en Occidente. Determinados mitos: autoperfeccionamiento, responsabilidad autónoma, autoliberación, junto con amor a la medicina natural, el vegetarismo alimenticio, el pacifismo a ultranza, el cultivo astrológico, la adivinación, la acupuntura y otros reclamos por el estilo conducen a muchos a sus filas, aunque es dudosa la consistencia y estabilidad de los compromisos, sobre todo entre los jóvenes.

En determinados ambientes es importante que los educadores extremen los cuidados y las prevenciones pues los dirigentes y sabios del movimiento cultivas con habilidad a los jóvenes con desajustes o tensiones emocionales pasajeras para buscar nuevas adhesiones sin que sea fácil contrarrestar sus formas persuasivas y su astucia.

Pedro Chico González, Diccionario de Catequesis y Pedagogí­a Religiosa, Editorial Bruño, Lima, Perú 2006

Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagogía Religiosa

La era del «acuario» suplanta a la era del «pez»

En el contexto de nuevas sectas y nuevas religiones, la tendencia «new age» (nueva era), muy compleja en sus manifestaciones, aprovecha el inicio de la «era del acuario» (que tendrá lugar alrededor del año 2000), para elaborar una teorí­a sofisticada ha pasado la constelación de «piscis», la «era del pez», cuyo anagrama en griego, «ixthis», indica «Jesús Salvador de los hombres», como sí­mbolo de la fe en Cristo; ha llegado la era del «agua» o del «espí­ritu». Se anuncia, pues, un cambio profundo de la humanidad.

Como es sabido, aproximadamente cada 2.000 años, tiene lugar el desplazamiento astronómico del equinoccio vernal el sol se traslada de una constelación a otra, según lo signos convencionales del zodí­aco. A este desplazamiento, muchas culturas le dieron una importancia especial para el destino del mundo. Según la «nueva era», ha terminado, pues, la era de Cristo, aunque sigan usando su nombre en sentido totalmente diverso, incluso, a veces, con el significado de «lucifer» (que suplanta a Cristo)…

Las raí­ces históricas del movimiento se pueden encontrar ya en el siglo XIX, en la sociedad teosófica de Nueva York (1875), que tiende a encontrar «maestros iluminados» que puedan dirigir los destinos de la humanidad. Pero las lí­neas del plan de «nueva era» se toman de Alice Bailey (1880-1949), medium espiritista, que recibí­a mensajes de un maestro tibetano Djawal Khul. Según Alice Bailey, Cristo es un conjunto de vibraciones que encarnan a diversas figuras de la historia (Buda, Zarathrustra, Hermes, Mani, Jesús…). Se trata de una «Plan» para un nuevo orden mundial, que debí­a permanecer oculto hasta 1975, para proclamar el «Cristo de la nueva era». Algunos piensan que la «nueva era» nace propiamente como resultado de muchos movimientos y grupos similares, alrededor de los años 1960-1970 (en California); es tan polifacética, que es imposible reducirla a una sí­ntesis sistemática.

A finales de 1986 se habí­a lanzado una campaña universal para celebrar conjuntamente, el 31 de diciembre, a mediodí­a (según la hora del meridiano de Greenwich) la «meditación para la sanidad del mundo». Con frases ambiguas, la oración hací­a tomar conciencia de que el hombre es Dios. Los grupos de la «nueva era» estaban organizados para ello desde mucho tiempo atrás, basados en doctrinas y prácticas sincretistas, provenientes de toda cultura y religión, también con la creencia en la reencarnación. Ese fue un inicio colectivo de un plan premeditado.

Humanismo radical de base ideológica y táctica

El movimiento (compuesto por muchos grupos) se ha ido involucrando con diversos tópicos, asumiendo elementos naturalí­sticos, astrológicos, gnósticos, filosóficos, psicológicos, polí­ticos y religiosos (especialmente de religiones orientales en su derivación «mí­stica»), siempre bajo la «doctrina de la totalidad» (doctrina «sincretí­stica» y «holí­stica»), puesto que todas las cosas y todos los hombres son interdependientes y deben formar un todo. Esta lí­nea (visión global del mundo) debe superar todos los contrarios, porque todo es uno y ya no existirá el bien y el mal. Este nuevo orden mundial va a convertirse en una nueva religión mundial, pero sin Dios.

Ese paso indica, según la «nueva era», la época del hombre en cuanto tal, que deja de lado toda idea sobre Dios, para conseguir poderes extraordinarios, también espirituales («mí­sticos»), suplantando a Dios. Serí­a, pues, un humanismo radical, pero con tendencias deshumanizantes, donde la persona desaparece. Se llega a la «expansión de la conciencia colectiva», como nuevo nacimiento de la humanidad, donde dominarán los «iluminados», dotados de fuerzas extrasensoriales. El hombre, es decir, la humanidad, se divinizará liberándose plenamente, puesto que ha sido el hombre quien, hasta ahora, ha creado la idea de Dios. Serí­a la religión del «yo» colectivo.

La base ideológica de algunos fautores de la secta (o movimiento polifacético) es deslumbrante, ambigua y engañosa; pero también viene presentada con una táctica adaptada a cada persona y a cada religión. Todo seguidor de este movimiento entra como es, indicándole que debe expresarse con sus creencias y prácticas religiosas, para pasar paulatinamente a una despersonalización, donde lo que domina es la experiencia colectiva del grupo «new age», eliminando toda otra estructura religiosa y abarcando todos los sectores de la vida humana personal, familiar, social, económica y polí­tica. Algunos de los mentalizadores de la «nueva era» afirman «Lucifer actúa en cada uno de nosotros para introducirnos en el estado de perfección… Si entramos en una nueva era, la era de la perfección del hombre…, llegará al punto que yo denomino la iniciación luciferiana» (David Spangler).

La conciencia humana se transforma ella misma y ya no necesita salvación. Esta «conciencia» es la clave de la Nueva Era. Como sí­mbolos, se usa la cruz svástica (del ocultismo indo-germánico), el número 666 (del Apocalipsis, como sí­mbolo de propiedades sagradas) y el arco iris (el puente entre el alma individual y el alma superior o «gran mente universal»). Son muchos y muy diferenciados los escritores, las comunidades organizadas, los centros especializados y las publicaciones referentes al «New Age».

Exigencias de renovación cristiana

Este tipo de secta es un buen despertador para recordar que sólo el cristiano que sea consecuente con su fe, como adhesión personal y «conocimiento de Cristo vivido personalmente» (VS 88), sabrá mantener la propia fe y «anunciar a Cristo de modo creí­ble» (RMi 91). El «cambio» («conversión») y «transformación» que anuncia el cristianismo es el del sermón de la montaña y del mandato del amor, concretado en una vida de donación al estilo de Jesús.

Referencias Sectas.

Bibliografí­a M. ANGLARES, Nueva Era y Fe cristiana (Madrid, San Pablo, 1994); R. BERZOSA, Nueva Era y Cristianismo. Entre diálogo y ruptura ( BAC, Madrid, 1995); B. FRANCK, Diccionario de la Nueva Era (Estella, Verbo Divino, 1994); J. GARCIA HERNANDO, Pluralismo religioso (Madrid, Soc. Educ. Atenas, 1993) 673-713; M. KELH, Nueva Era frente al cristianismo (Barcelona, Herder, 1990); J. VERNETTE, Le Nouvel Age (Paris, Tequi, 1990).

(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelización, BAC, Madrid, 1998)

Fuente: Diccionario de Evangelización