MOAB, MOABITAS

El antiguo Moab era el territorio entre el mar Muerto y el desierto siro-arábigo al oriente y los residentes oriundos del imperio semita que ocuparon la region ca. 1300–600 a. de J.C. , fueron conocidos como moabitas.
I. Geografia. Las fronteras de Moab, en dos lados, estaban bien definidas y establecidas por barreras geográficas; al oeste estaba el mar Salado (mar Muerto) y la parte baja del Jordán; sobre el sur estaba el gran cañón del arroyo Zered que dividí­a Moab de Edom. Hacia el oriente, donde la meseta fértil se desvanecí­a lentamente en el desierto, una red de fortalezas limí­trofes más o menos delineaba la extensión de su territorio. El profundo cañón de Arnón pareciera haber tenido un efecto similar de estabilidad para la frontera del norte y en realidad constituyó tanto el lí­mite tradicionalmente reconocido para su tierra como una barrera detrás de la cual podí­an retirarse en tiempos de problemas. Sin embargo, fueron las llanuras fértiles y los altiplanos al norte que la tentaron a dejar atrás sus barreras naturales y dar rienda suelta a sus ambiciones expansionistas. Por lo tanto, sus lí­mites en este lado fluctuaron de acuerdo con sus fortunas polí­ticas entre el Arnón y el Wadi Minrin frente a Jericó. Aun en su extensión más grande, sin embargo, el territorio de Moab probablemente nunca excedió los 97 a 105 kms. de longitud y los 40 a 48 kms. de ancho.
La mayor parte del territorio es un altiplano de suaves ondulaciones, alcanzando un promedio de 915 mts. de altura y gradualmente elevándose en forma escalonada de norte a sur. El borde del altiplano se lanza muy precipitosamente hacia el mar Muerto en el oeste, pero las faldas casi lo hacen imperceptiblemente hacia el desierto sobre el oriente. Aquí­ y allí­ valles de lados muy escarpados hienden la porción occidental de la tierra plana en su precipitación hacia la costa del mar Muerto. De estos escarpados el más espectacular es la garganta del Arnón la cual en su máximo, alcanza kms. de profundidad y tiene como 5 kms. de ancho en sus bordes superiores. El suelo rojizo y café oscuro del altiplano es fértil, especialmente en la parte norte del territorio y la lluvia de la temporada de invierno (que promedia entre 41 y 51 cms. pero disminuye rápidamente hacia el desierto en el oriente), es normalmente suficiente para madurar el trigo y la cebada. En los veranos secos, sin embargo, la tierra es apropiada sólo para apacentar las ovejas y cabras, de suerte que a través de su historia las ovejas han sido una de las principales riquezas del paí­s.
Dos áreas planas adyacentes a la costa del *mar Muerto, y muy diferentes en carácter al distrito del altiplano merecen una nota especial. Una está al suroriente de la pení­nsula (Lisán) que se extiende dentro del mar aproximadamente a dos tercios de su costa oriental; la otra, llamada las †œllanuras de Moab†, se extiende hacia el norte del mar hasta el Wadi Minrin y desde el Jordán hasta las faldas en el oriente. Cada una de estas llanuras está a sólo pocos metros del nivel del mar Muerto ( ca. 395 mts. bajo el nivel del mar) y es por lo tanto extremadamente caliente y prácticamente carente de precipitaciones. Sin embargo, cada una es atravesada por pequeños arroyos los cuales hacen posible un cultivo de irrigación. Fue en la segunda de estas áreas, las llanuras de Moab, que Israel estuvo acampado inmediatamente antes de cruzar el Jordan para entrar a Canaán.
La naturaleza geográfica y la posición de Moab hicieron posible que su mayor arteria de viajes fuera seguir la ruta de norte a sur a través del antiplano central. El curso de este †œCamino Real† de la edad del hierro fue precedido por una ruta de la edad del bronce y seguido por el camino romano de Trajano. Hoy la moderna autopista es sólo una sucesora de estas tres. Las ciudades principales del territorio estaban situadas al lado o cerca de este camino. Kir Haroseth (la moderna Kerak), la capital de Moab y su fuerte principal, dominaba el alto baluarte entre el Arnón y el Zered En el populoso altiplano al norte del Arnón, Dibón, Medeba y Heshbon se encontraban las mayores colonizaciones moabitas.
II. Prehistorí­a. Moab fue originalmente habitada por un pueblo de estatura gigantesca llamado Refaim en la Biblia. Los moabitas los conocieron como Emim (Dt. 2:10 y sigtes.). Tales tradiciones de una raza de gigantes aborí­genes fueron probablemente inspiradas en parte por las tumbas megalí­ticas (dolmenes) y enormes piedras paradas (menhires) del perí­odo prehistórico, las cuales se encuentran todaví­a, en cantidades significativas, en la región moabita. Monumentos megalí­ticos de esta clase se encuentran en varias partes del mundo y en donde se han conservado tradiciones acerca de ellos, inevitablemente involucran gigantes.
La ocupación sedentaria aparece en la altiplanicie moabita durante los primeros siglos del tercer milenio a. de J.C. Esta civilización, de la edad del bronce inferior, estuvo caracterizada por un número de sitios fuertemente amurallados estratégicamente escogidos por su potencial defensiva y acceso al agua y normalmente situados para proteger la ruta de las caravanas de norte a sur la que atravesó el altiplano moabita así­ como la totalidad de las tierras altas de la Transjordania. Esta ruta ofreció un camino a la invasión de los reyes mesopotámicos registrada en Génesis 14. A estos reyes también se les atribuye, en el relato bí­blico (Gn. 14:5), la dominación de Refaim y Emim los cuales confrontaron en el curso de su invasion. La exploración y excavación han indicado que muchos sitios en Moab han sido ocupados durante la última parte de la edad del bronce inferior (inmediatamente anterior al 2000 a. de J.C. ) y dos monumentos de la region, la estela de Shihan y la estela de Balu†™ah, parecen pertenecer a este mismo perí­odo.
En la parte final de la edad del bronce inferior, al terminar el tercer milenio, las áreas colonizadas de ambos lados del Jordán fueron seriamente afectadas por las incursiones de elementos seminómadas. La enorme destrucción y abandono de ciudades y pueblos alcanzó su cenit en el siglo XX y trajo la civilización de la edad inferior del bronce a su fin. Durante los primeros siglos del segundo milenio la ocupación sedentaria fue rápidamente restaurada al occidente del Jordán al radicarse los nuevos colonos, pero en la región de Moab y el resto de la Transjordania del sur, por algunos 600 años (1900–1300 a. de J.C. ) la vida nómada continuó siendo la forma de vida caracterí­stica. Aunque la identidad de los recién llegados está sumergida en el misterio, algunos de sus nombres que se han conservado en registros de la época indican que eran una rama de los amorreos semí­ticos del noroeste quienes, en ese tiempo, estaban movilizándose a través de la fértil media luna.
En verdad, es enteramente probable que el nombre †œamorreo† fuera una designación bastante amplia de varios pueblos semejantes del norte de Mesopotamia y Siria de los cuales los moabitas y los hebreos fueron los descendientes posteriores. Una idea de tal relación está contenida tal vez en el oráculo de Balaam (Nm. 24:17) en donde Moab aparece paralelo con los †œhijos de Set†, quienes son posiblemente las tribus semí­ticas ambulantes llamadas Sutu en varios textos mesopotámicos y egipcios del segundo milenio a. de J.C.
El relato del origen de los moabitas narrado en el Antiguo Testamento (Gn. 19:30-38) no es de ninguna ayuda especial para clarificar estas primeras relaciones y no se ha podido indagar nada concerniente a ellos de la etimologí­a de su nombre. Moab, el epónimo antepasado de los moabitas, aparece en Génesis 19:37 como el hijo de Lot y la mayor de sus dos hijas. La derivación del nombre es incierta. No se da ninguna etimologí­a en el texto hebreo; pero una etimologí­a popular, derivada del relato (Gn. 19:30-38), está indicada por la adición de †œel dicho de mi padre†, después del nombre †œMoab† en el texto de la septuaginta, versí­culo 37. Sólo en esta referencia el nombre Moab se relaciona con una persona. En otras partes del Antiguo Testamento y en la literatura extrabí­blica, el nombre, como tal, fue usado principalmente para referirse al pueblo. Era la costumbre que si un escritor deseaba referirse a su paí­s, usaba el nombre en conjunción con alguna designación geográfica como †œtierra† o †œterritorio†. Por lo tanto, parecerí­a que el uso original de la palabra Moab era para designar un pueblo y que esporádicamente después el nombre fue usado para designar el territorio, que llegó a ser considerado como su patria. Si el escritor bí­blico conservó este relato como una reflexion del desdén israelita hacia los moabitas o simplemente para ofrecer su origen tradicional, en todo caso, el relato sirvió para enfatizar la relación entre los dos pueblos.
Además de su relación por medio de Lot, quien era sobrino de Abraham, tanto el idioma como las costumbres testifican que los moabitas y los hebreos provení­an de un fondo semí­tico similar. El carácter hebreo-fenicio del vocabulario y escritura de la *piedra moabita ( ca. 830 a. de J.C. ) indican que el moabita era un dialecto de una lengua semí­tica del noroeste que prevalecí­a en Palestina y que era prácticamente idéntico con el hebreo.
III. Historia. Cerca del fin de la edad del bronce superior los varios grupos nómadas, que durante el curso de los siglos habí­an dominado ciertas regiones del sur de la Transjordania, empezaron a adoptar una forma de vida sedentaria y a establecer colonias permanentes. No fue sino hasta el siglo XIII a. de J.C. , por lo tanto, que el reinado organizado de Moab se levantó (al igual que los reinos vecinos de Edom, Amón y el amorreo Sion) como está indicado por las exploraciones de Glueck y apoyado por las excavaciones de Dhiban (véase Dibón). Además, la primera mención de Moab en los registros contemporáneos se encuentra en las listas topográficas egipcias de Ramesés II del siglo XIII ( ca. 1290–1224 a. de J.C. ). Así­, aunque Moab era relativamente joven en la familia bí­blica de naciones, no obstante, precedí­a a Israel, quien como grupo seminómada, tení­a que pasarla en su viaje al norte a través de la Transjordania en camino hacia la tierra prometida.
Para 1300 a. de J.C. , las ciudades amuralladas de Moab y las fortificaciones de las fronteras eran demasiado poderosas como para que Israel las desafiara (Dt. 2:9; Jue. 11:15, 18; 2 Cr. 20:10). Un poco antes de la llegada de Israel a la escena, sin embargo, todo Moab al norte del Arnón fue subyugado por Sehón, el gobernador amorreo de Hesbón e incorporado a su reino (Nm. 21:26–30). Los israelitas, a su vez, desalojaron a Sehón, de la región (Dt. 2:24–36) y posteriormente la asignaron a las tribus de Rubén y Cad (Nm. 32:2–5; 34–38; Jos. 13:8–10, 15–23) quienes reconstruyeron y pusieron nuevos nombres a muchas ciudades que anteriormente eran moabitas.
Después de la conquista realizada por Sehón, Israel acampó en las llanuras de Moab al oriente del Jordán enfrente de Jericó (Nm. 22:1 y sigtes.). Cuando Israel estuvo allí­, Balac, rey de Moab, buscó, sin éxito, lanzar una maldición sobre ellos por medio de Balaam, resultando en su lugar, bendiciones para Israel (Nm. 22:24). También mientras estuvieron allí­, Israel llegó a estar envuelto tanto en adulterio como en idolatrí­a con Moab y Madián (Nm. 25:1-9). De aquí­ Moisés ascendió al monte Nebo, contempló la tierra prometida, murió y fue sepultado en el valle al otro lado de Bet-peor. Todos estos eventos se describen como aconteciendo en la tierra de Moab (Nm. 22:1; 25:1; Dt. 34:1, 5, 6), lo que indica que ni el dominio amorreo ni el de los israelitas del antiguo territorio moabita al norte del Arnón impidieron seriamente el establecimiento de los moabitas aquí­.
El dominio moabita sobre esta región fue restaurado durante el perí­odo de los †œjueces† y aun extendido al otro lado del Jordán hasta incluir a Jericó (ciudad de las palmas, véase Jue. 3:12-14), lo cual produjo una opresión sobre Israel de dieciocho años. De esta opresión, Israel fue librado en conexión con el asesinato de Eglón, rey de Moab, por Aod y las fuerzas ocupantes fueron prontamente despachadas. Sin embargo, los moabitas aparentemente permanecieron en control de sus posiciones al oriente del Jordán y para el siglo XI habí­an absorbido virtualmente la tribu de Rubén. Sin embargo, que no todo fue enemistad entre Moab e Israel durante este perí­odo, surge de la presentación amistosa del libro de Rut.
Las relaciones moabitas-israelitas durante el perí­odo del reino unido fueron, generalmente, caracterizadas por el dominio de Israel. Aunque Saúl gozó de algunos avances contra Moab (1 S. 14:47), David les infligió severas derrotas, reduciéndolos al estado de vasallos (2 S. 8:2; 1 Cr. 18:2, 11). Esta relación fue aparentemente mantenida bajo Salomon quien también incluyó mujeres moabitas en su bien surtido harén y construyó un altar a su dios, Quemos, en las inmediaciones del templo de Jerusalén (1 R. 11:1, 7).
La disensión e incertidumbre que siguieron a la división de la monarquí­a israelita aparentemente permitieron a Moab reconquistar su independencia. Esta fue de corta duración, sin embargo, ya que con la llegada de Omri ( ca. 876) al trono del reino del norte, la situation polí­tica de Israel mejoró y Moab fue nuevamente reducido a un estado vasallo, teniendo que pagar a Israel un pesado tributo anual en ovejas y lanas (2 R. 3:4).
En cuanto a los eventos de la mitad del siglo IX a. de J.C. , el Antiguo Testamento está suplementado por la *piedra moabita de Dibón, la cual nos informa que los israelitas ocuparon el territorio moabita del norte del Arnón por cuarenta años después de la conquista de Omri. Moab se rebeló con éxito; sin embargo, durante el reinado de Mesa, quien se despojó del yugo de Israel, reconstruyó muchas ciudades capturadas (algunas veces empleando prisioneros israelitas) y gobernó sobre ellos desde su ciudad capital de Dibón.
Desde el punto de vista israelita la revuelta de Mesa produjo casi un desastre al hacer frente a una coalición de los reyes de Israel, Judá y Edom y fue salvada sólo por la más drástica de las medidas, el sacrificio de su hijo y heredero al trono (2 R. 3:24-27). El resultado final fue el retiro de Israel y sus aliados del territorio moabita. Después de esto, parece que bandas de merodeadores moabitas ocasionalmente invadieron Israel (2 R. 13:20 y sigte.).
La fortuna de los moabitas declinó con el aumento de la fortaleza de Israel y Judá durante la primera mitad del siglo VII a. de J.C. , pero se restableció en la segunda mitad del siglo cuando las intrigas y guerras debilitaron a sus vecinos al oeste del Jordán. La dominación asiria del área siro-palestina regresó bajo Tiglat-pileser III ( ca. 738 a. de J.C. ), quien procedió a colocar a Moab ( ca. 733 a. de J.C. ) y sus vecinos bajo tributo. Presumiblemente esta relación tributaria continuó por más de un siglo (tal vez no siempre sin beneficio) ya que los registros asirios de Senaquerib, Esar-Haddon y Asurbanipal también mencionan reyes moabitas entre sus vasallos ( ANET , págs. 281, 287, 291, 294, 298).
Un perí­odo de lucha civil en Asiria, cerca de la mitad del reinado de Asurbanipal ( ca. 650 a. de J.C. ), facilitó a las tribus árabes del desierto sirio la oportunidad de invadir y devastar a Moab y mucha de la Transjordania. Aunque Moab sobrevivió a la invasión y aun envió a un jefe árabe capturado a la capital asiria en cadenas ( ANET , pág. 198), el territorio fue probablemente suficientemente debilidado como para acelerar seriamente su caí­da como estado autónomo. Isaí­as 15, 16 y Jeremí­as 48 posiblemente reflejan una endecha contemporánea describiendo el destino de Moab en relación con estos eventos.
Ní­nive cayó en 612 a. de J.C. , y con el establecimiento de la autoridad de Babilonia sobre la porción siro-palestina del caí­do imperio asirio en 605 a. de J.C. , tanto Judá como Moab, rápidamente transfirieron su lealtad al nuevo señor. Tres años más tarde Judá se rebeló, pero bandas de moabitas estaban entre los leales vasallos enviados para invadir a Judá en represalia (2 R. 24:2). Una larga historia de enemistad, inhospitalidad y colaboración con los enemigos de Judá trajo tales oráculos de juicio contra Moab como los que se encuentran en Isaí­as 15 y 16, Sofoní­as 2:8–11, Jeremí­as 48 y Ezequiel 25:8–11.
Poco después del 597 a. de J.C. , Judá participó con Moab y otros en ciertas intrigas contra Babilonia (Jer. 27:1–11) lo cual dio como resultado la rebelión de Judá y la destrucción de Jerusalén en 587 a. de J.C. Moab no sufrió una devastation similar en esta ocasión, tal vez debido a que abandonó la causa que habí­a ayudado a instigar. Sin embargo, su suerte no parece haberse demorado, porque Josefo (Ant. V. ix.7) conserva un relato que indica que Nabucodonosor derrotó a Moab en su 13er. año (582 a. de J.C. ), el cual corresponde al año en el cual Nebuzaradán, capitán de su guardia, deportó el tercer grupo de cautivos de Judá (Jer. 52:30). La exploración arqueológica y los registros de la excavación concuerdan con las evidencias literarias de que a comienzos del siglo VI a. de J.C. , Moab cesó de existir como nación. Después de más de setecientos años de vida nacional organizada, la tierra regresó al dominio de los nómadas.
IV. Religión. Aunque las fuentes de información sobre la religión moabita son pocas, contienen vestigios de una semejanza cercana a la religión de los canaanitas. La presencia de nombres de lugares como Bamot-baal (Nm. 22:41), Bet-baal-peor (Jos. 13:20) y Bet-baal-meón (Jos. 13:17; M.I. 30) indican la adoración del Baal canaanita o de una de sus manifestaciones locales. De la misma manera, ovejas y bueyes fueron sacrificados en altares en los lugares altos y los adoradores participaron de comidas sacrificiales (Nm. 22:40–23:2; 25:1–3; véase Ap. 2:14). Orgí­as sexuales que acompañaban a la adoración de Baal-peor (Nm. 25:3–6; 31:16; Jos. 22:17) indican uno de los mayores énfasis de la religión canaanita. Los figurines de fertilidad moabita que representan a la diosa madre Astarté son del mismo tipo que aquellos asociados con los cultos cananeos e indican un énfasis similar. Siendo que Astar y Astarté parecen representar los aspectos masculinos y femeninos de la misma deidad cananea, es tal vez un aspecto de este mismo énfasis de fertilidad que está reflejado por la presencia del nombre compuesto Astar-Quemos en la inscripción Mesa.
Quemos, la deidad nacional moabita, fue considerada desde la antigüedad como un dios de la guerra. Con el curso del tiempo, sin embargo, se creyó que tení­a autoridad soberana sobre todos los aspectos de la vida. En la inscripción de Mesa hay referencias a él (como fue con Jehová en el Antiguo Testamento) como el que trae tanto bien como mal sobre su pueblo; él castiga y concede bendición; conquista y da en esclavitud. Su voluntad estaba mediada a su pueblo por el rey (Mesa) quien también, como los primeros reyes cananeos e israelitas (2 S. 6:18; 1 R. 8:54 y sigtes.), poseí­a cierta autoridad sacerdotal. Se saciaba por medio de sacrificios (2 R. 3:24–27; M. I., 11) y se honraba por la práctica del herem (†œban† o dedicación a la destrucción, M. I., 17). Casi seguramente tení­a un templo en Dibón. Su nombre era un elemento común en nombres moabitas, tal como era Baal en Canaán y Jehová en Israel. Para los israelitas, sin embargo, él era solamente una abominación cuya adoración era una molestia para los moabitas (1 R. 11:7; 2 R. 23:13).
BIBLIOGRAFIA: W. F. Albright, The Biblical Period from Archaeology of Palestine, Pelican Books, Baltimore, Maryland, 1960. Denis Baly, The Geography of the Bible, Harper and Brothers, New York, 1957. H. L. Ginsburg, †œJudah and the Transjordan States from 734–582 B.C.E.†, Alexander Marx Jubilee Volume, New York, 1950. Nelson Glueck, Explorations in Eastern Palestine I–IV, AASOR , Vol. XIV (1933–34); Vol. XV (1934–35); Vols. XVIII–XIX (1937–39); Vols. XXV–XXVIII (1945–49); The Other Side of the Jordan, ASSOR, New Haven, Connecticut, 1940. J. B. Pritchard ( ed. ), (2nd. Ed.), Princeton University Press, Princeton, New Jersey, 1955. A. H. Van Zyl, The Moabites, E. J. Brill, Leiden, 1960.

Fuente: Diccionario Bíblico Arqueológico

1. Hijo que Lot tuvo con su hija mayor. Al igual que su medio hermano Ammón, Moab fue concebido después que Lot y sus hijas partieran de Zóar y se instalaran en una cueva de la región montañosa cercana. Moab se convirtió en el antepasado de los moabitas. (Gé 19:30-38.)

2. Al territorio que antiguamente habitaban los moabitas se le llamaba †œMoab† y también †œel campo [o, los campos] de Moab†. (Gé 36:35; Nú 21:20; Rut 1:2; 1Cr 1:46; 8:8; Sl 60:8.) Anteriormente habí­an residido en esa tierra los emim, pero es posible que los moabitas los expulsaran. (Dt 2:9-11; compárese con los vss. 18-22.) Cuando terminó el perí­odo que pasó Israel vagando por el desierto, el territorio de Moab probablemente se extendí­a desde el valle torrencial de Zered, al S., hasta el valle torrencial de Arnón, al N. (una distancia de unos 50 Km.); el mar Muerto formaba el lí­mite occidental y el desierto de Arabia, un lí­mite oriental no definido. (Nú 21:11-13; Dt 2:8, 9, 13, 18, 19.) Esta región es principalmente una meseta, atravesada por desfiladeros, que se eleva abruptamente desde el mar Muerto hasta alcanzar una altitud media de unos 900 m. sobre el nivel del mar Mediterráneo. Antiguamente habí­a en Moab suficientes pastos para alimentar a rebaños enormes (2Re 3:4), así­ como viñas y huertos (compárese con Isa 16:6-10; Jer 48:32, 33), y también se cultivaba grano. (Compárese con Dt 23:3, 4.)
En un tiempo anterior la tierra de Moab se extendí­a hacia el N. del Arnón y abarcaba las †œllanuras desérticas de Moab, al otro lado del Jordán desde Jericó†. (Nú 22:1.) Pero antes de la llegada de los israelitas, el rey amorreo Sehón se anexionó esta región, de modo que el Arnón se convirtió en el lí­mite septentrional de Moab. (Nú 21:26-30; Jue 11:15-18.) Sehón derrotó también a los ammonitas y los hizo retroceder hacia el N. y el E. El territorio que los amorreos conquistaron a estos dos pueblos formó una división entre Moab y Ammón, e hizo que Moab limitase al N. con el territorio amorreo y al S. con el edomita. (Jue 11:13, 21, 22; compárese con Dt 2:8, 9, 13, 14, 18.) El territorio de Moab abarcó una extensión máxima de aproximadamente 100 Km. de N. a S. y 40 Km. de E. a O.
Parte del territorio amorreo habí­a pertenecido anteriormente a Moab, por lo que quizás se le continuó llamando †œla tierra de Moab†. (Dt 1:5.) En esta tierra acampó Israel antes de cruzar el Jordán. (Nú 31:12; 33:48-51.) En esta misma zona se realizó un nuevo censo de los israelitas fí­sicamente capacitados mayores de veinte años. (Nú 26:2-4, 63.) También se recibieron allí­ mandatos divinos y decisiones judiciales con relación a las ciudades levitas, las ciudades de refugio y las herencias. (Nú 35:1–36:13.) Asimismo, en este lugar pronunció Moisés sus últimos discursos y celebró con Israel un pacto de fidelidad a Jehová. (Dt 1:1-5; 29:1.) Finalmente, Moisés ascendió al monte Nebo para contemplar la Tierra Prometida, y allí­ murió. Israel estuvo de duelo por Moisés durante treinta dí­as en las llanuras desérticas de Moab. (Dt 32:49, 50; 34:1-6, 8.)

Las relaciones de Moab con Israel. Como descendientes de Lot, sobrino de Abrahán, los moabitas estaban emparentados con los israelitas. Sus idiomas eran muy similares, como puede comprobarse en las inscripciones de la Piedra Moabita, y parece que los moabitas practicaban la circuncisión al igual que los israelitas. (Jer 9:25, 26.) Sin embargo, salvo pocas excepciones, como los casos de Rut e Itmá, uno de los hombres poderosos del rey David (Rut 1:4, 16, 17; 1Cr 11:26, 46), los moabitas fueron enemigos acérrimos de Israel.

Antes de que Israel entrase en la Tierra Prometida. En la canción de Moisés que narra cómo Jehová acabó con el poderí­o militar egipcio en el mar Rojo, se anunciaba que las noticias de este acontecimiento harí­an que los †œdéspotas de Moab† temblasen. (Ex 15:14, 15.) El temor de los moabitas se ve confirmado por el hecho de que unos cuarenta años después el rey de los moabitas no consintió en que Israel pasara en paz por sus dominios. (Jue 11:17.) Sin embargo, debido a un mandato directo de Dios, los israelitas no atacaron a los moabitas, sino que al llegar al lí­mite meridional de Moab en el valle torrencial de Zered, se desviaron y no pasaron por su territorio. (Nú 21:11-13; Dt 2:8, 9; Jue 11:18.) Aunque los moabitas vendieron alimento y agua a los israelitas (Dt 2:26-29), †œno [fueron] en socorro de [Israel] […] con pan y agua†. (Dt 23:3, 4.) Estas palabras probablemente quieren decir que los moabitas no los recibieron con hospitalidad ni les dieron provisiones, a no ser con el fin de conseguir alguna ganancia.
Después de cruzar el valle torrencial de Arnón, Israel se enfrentó con los amorreos, dirigidos por el rey Sehón, quien se habí­a apoderado con anterioridad del territorio moabita al N. del Arnón. Después de las victorias que Dios les concedió sobre este gobernante y sobre el rey Og de Basán, los israelitas acamparon en las llanuras desérticas de Moab. (Nú 21:13, 21–22:1; Dt 2:24–3:8.) El enorme campamento israelita atemorizó a los moabitas y a su rey Balac, e hizo que sintieran un pavor mórbido. Aunque Balac no pretendí­a reclamar el territorio moabita que los israelitas habí­an conquistado a los amorreos, temí­a, sin embargo, por su reino. Por lo tanto, consultó a los ancianos de Madián y luego envió mensajeros, ancianos de Moab y de Madián, para contratar al profeta Balaam con el fin de que acudiese a maldecir a Israel. (Nú 22:2-8; compárese con Jue 11:25.) Así­ fue como Balac †˜peleó†™ contra los israelitas. (Jos 24:9.) Sin embargo, Jehová hizo que Balaam bendijese a Israel e incluso que predijese que Israel dominarí­a a Moab. (Nú 23, 24; Jos 24:10; Ne 13:1, 2; Miq 6:5.) Seguidamente, a instancias de Balaam, se valieron de mujeres moabitas y madianitas para hacer que los varones israelitas cometieran inmoralidad y adoraran al Baal de Peor. Muchos israelitas sucumbieron ante esta tentación, por lo que provocaron la cólera de Jehová y la consiguiente muerte de 24.000 hombres. (Nú 25:1-3, 6, 9; 31:9, 15, 16.) Por no suministrar pan y agua para ayudar a los israelitas y además contratar a Balaam para que maldijese a Israel, se prohibió a los moabitas entrar en la congregación de Jehová †œhasta la décima generación misma†. (Dt 23:3, 4; véase AMMONITAS [Se casan con israelitas].)

En la época de los jueces. Parece ser que durante el perí­odo de los jueces los moabitas extendieron su territorio hacia el N. del Arnón, y durante el reinado de su rey Eglón, ocuparon el territorio israelita al O. del Jordán, por lo menos hasta la †œciudad de las palmeras†, Jericó. (Jue 3:12, 13; compárese con Dt 34:3.) El sometimiento de Israel a Moab continuó durante dieciocho años, hasta que Ehúd, un benjamita zurdo, mató al rey Eglón durante una audiencia privada con él. Luego Ehúd dirigió a los israelitas contra los moabitas, y como resultado, lograron subyugarlos y derribar a unos 10.000 de ellos. (Jue 3:14-30.)
Durante ese mismo perí­odo, un hambre que hubo en Judá hizo que Elimélec emigrara a la tierra de Moab, que era más fértil, junto con su esposa Noemí­ y sus dos hijos, Mahlón y Kilión. Allí­ sus hijos se casaron con dos moabitas, llamadas Orpá y Rut. Los tres hombres murieron en Moab, y cuando mejoraron las condiciones en Israel, Noemí­ regresó a Belén en compañí­a de Rut. Fue allí­ donde Boaz, un pariente de Elimélec, se casó con Rut, quien habí­a abandonado el politeí­smo de los moabitas y se habí­a convertido en adoradora de Jehová. De este modo la moabita Rut llegó a ser antepasada de David y, por lo tanto, de Jesucristo. (Rut 1:1-6, 15-17, 22; 4:13, 17.)
También en la época de los jueces, los israelitas comenzaron a venerar las deidades de los moabitas, entre ellas el dios Kemós (Jue 10:6; Nú 21:29; Jer 48:46), de modo que perdieron el favor de Jehová por adoptar la adoración falsa de los pueblos vecinos, y, como resultado, sufrieron a manos de sus enemigos. (Jue 10:7-10.) Incluso en tiempos de Samuel, los moabitas siguieron hostigando al infiel Israel. (1Sa 12:9, 10.)

Durante los reinados de Saúl, David y Salomón. Los problemas con los moabitas continuaron durante años. El primer rey de Israel, Saúl, guerreó contra ellos y salió victorioso. (1Sa 14:47.) Por esta causa, los moabitas consideraron enemigo a Saúl, así­ que es lógico que el rey de Moab accediese a que los padres de David, a quien Saúl habí­a proscrito, morasen en Mizpé de Moab. (1Sa 22:3, 4.)
Más tarde, durante el reinado de David, también hubo guerras entre Israel y Moab. David sometió completamente a los moabitas y los obligó a pagar tributo. Tras la victoria se ejecutó a las dos terceras partes de los combatientes de Moab. Parece que David hizo que se tumbaran en fila en el suelo, y a continuación midió la fila para determinar qué dos terceras partes deberí­an ser ejecutadas y cuál serí­a la tercera parte que seguirí­a viva. (2Sa 8:2, 11, 12; 1Cr 18:2, 11.) Posiblemente fue durante esta misma batalla cuando Benaya, hijo de Jehoiadá, †œderribó a los dos hijos de Ariel de Moab†. (2Sa 23:20; 1Cr 11:22.) Esa victoria decisiva de David sobre los moabitas cumplió la profecí­a que Balaam habí­a pronunciado más de cuatrocientos años antes: †œUna estrella ciertamente saldrá de Jacob, y un cetro verdaderamente se levantará de Israel. Y él ciertamente partirá las sienes de la cabeza de Moab y el cráneo de todos los hijos de tumulto de guerra†. (Nú 24:17.) Es probable que el salmista se refiriera a esta victoria cuando declaró que Dios consideraba a Moab como la †œvasija† en la que se lavaba. (Sl 60:8; 108:9.)
Sin embargo, Salomón, hijo de David, desobedeció la ley de Dios y se casó con moabitas que no adoraban a Jehová. A fin de agradarlas, edificó un lugar alto a su dios Kemós, que no se inutilizarí­a para el culto hasta tres siglos después, durante el reinado de Josí­as. (1Re 11:1, 7; 2Re 23:13.)

Hasta el exilio de Judá. Algún tiempo después de que el reino de Israel se separó de Judá, parece que los moabitas recuperaron parte del territorio situado al N. del Arnón. En la estela negra de basalto conocida como la Piedra Moabita, Mesá, el rey de Moab, menciona que el rey Omrí­ de Israel tomó posesión de la región de Medebá. Como la meseta de Medebá estaba en el territorio de Rubén (Jos 13:15, 16), es posible que Israel perdiera este territorio ante los moabitas, por lo que Omrí­ tuvo que reconquistarlo más tarde.
Según parece, Moab permaneció sometido a Israel durante los reinados de Omrí­ y Acab, pero tras la muerte de este último, el rey Mesá de Moab, quien †œpagó al rey de Israel cien mil corderos y cien mil carneros sin esquilar†, se sublevó. (2Re 1:1; 3:4, 5.) La Piedra Moabita conmemora esta sublevación. (GRABADO, vol. 1, pág. 946.) Si es correcta la identificación de estas ciudades con los lugares bí­blicos, es seguro que once de las ciudades que el rey Mesá afirma haber sojuzgado, capturado o reedificado estaban en el territorio israelita al N. del Arnón. Estas ciudades son: Dibón, Atarot, Aroer, Quiryataim, Nebo, Baal-meón (Nú 32:34, 37, 38), Medebá, Bamot-baal, Bet-baal-meón, Jáhaz (Jos 13:9, 17-19) y Bézer (Jos 20:8).
En contraste con la inscripción propagandí­stica de Mesá, las Escrituras informan que los moabitas sufrieron una derrota humillante. Contando con la ayuda del rey Jehosafat de Judá y del rey de Edom para reprimir la sublevación moabita, Jehoram (que ascendió al trono de Israel unos dos años después de la muerte de Acab) marchó contra Moab desde el S., por el desierto de Edom. Pero los ejércitos aliados y sus animales casi perecieron por falta de agua. De modo que buscaron la ayuda del profeta Eliseo, y en cumplimiento de su profecí­a sobre la ayuda que Jehová les darí­a a causa de Jehosafat, el valle torrencial se llenó de agua. A la mañana siguiente, el reflejo del Sol sobre el agua hizo que a los moabitas les pareciese sangre, y al suponer erróneamente que los ejércitos aliados se habí­an dado muerte unos a otros, prescindieron de toda precaución y entraron en el campamento israelita, pero tuvieron que darse a la fuga. En el transcurso de la batalla, los ejércitos aliados destruyeron las ciudades moabitas, sembraron de piedras sus campos de cultivo, talaron los árboles y cegaron los manantiales. Cuando el rey Mesá se encontró acorralado en la ciudad de Quir-haréset y vio que perdí­a la batalla, intentó abrirse paso hacia el rey de Edom con 700 hombres, pero sin éxito. Finalmente tomó a su hijo primogénito y lo ofreció como sacrificio quemado sobre el muro. Por esta o por alguna otra razón, †œllegó a haber gran indignación contra Israel† y se abandonó el sitio. (2Re 3:6-27.)
Debido a que esta derrota humillante no ocurrió en terreno extranjero, sino que devastó la propia tierra de Moab, es razonable que se requiriese un considerable perí­odo de tiempo para que la nación se recuperara. Por tanto, tuvo que ser en una fecha anterior durante el reinado de Jehosafat, cuando Moab combinó sus fuerzas con las de Ammón y las de la región montañosa de Seí­r para atacar a Judá. Debido a la intervención de Jehová, los tres ejércitos lucharon entre sí­ y se autodestruyeron. (2Cr 20:1, 22-24.) Algunos eruditos creen que en el Salmo 83:4-9 se hace referencia a este acontecimiento. (Compárese 2Cr 20:14 con Sl 83, encab.)
La enemistad entre Moab e Israel continuó durante los años siguientes. Después de la muerte del profeta Eliseo, habí­a partidas merodeadoras de moabitas que invadí­an Israel con cierta frecuencia. (2Re 13:20.) Unos dos siglos después, en el tiempo de Jehoiaquim, partidas similares de moabitas contribuyeron al debilitamiento de Judá durante sus últimos años. (2Re 24:2.) Cuando Jerusalén fue destruida en 607 a. E.C., los judí­os buscaron refugio en Moab, y regresaron a Judá cuando se nombró gobernador a Guedalí­as. (Jer 40:11, 12.)

Después del exilio. Después que un resto israelita volvió del exilio en Babilonia en 537 a. E.C., algunos tomaron esposas moabitas. Pero, ante la admonición de Esdras, las despidieron junto con sus hijos. (Esd 9:1, 2; 10:10, 11, 44.) Nehemí­as se encontró años más tarde con una situación similar, pues muchos israelitas habí­an tomado esposas moabitas. (Ne 13:1-3, 23.)

Moab en la profecí­a. En consonancia con su larga historia de oposición a Israel, a Moab se le menciona entre los enemigos acérrimos del pueblo de Jehová. (Compárese con Isa 11:14.) Condenado por vituperar a Israel y por su orgullo y altivez, finalmente quedarí­a desolado como Sodoma. (Sof 2:8-11; véase también Jer 48:29.) Ya a finales del siglo IX a. E.C., Amós escribió que Moab sufrirí­a calamidad porque †œquemó los huesos del rey de Edom para cal†. (Am 2:1-3.) Aunque hay quien interpreta, basándose en estas palabras, que 2 Reyes 3:26, 27 se refiere a que el rey Mesá ofreció al primogénito del rey de Edom, no a su propio hijo, esto no es muy probable. Sin embargo, hay una tradición judí­a que enlaza el acontecimiento mencionado por Amós con la guerra librada contra Mesá, y afirma que después de este conflicto los moabitas desenterraron los huesos del rey de Edom y los quemaron para cal. No obstante, el registro bí­blico no permite determinar cuándo ocurrió este suceso.
Para cuando murió el rey Acaz, mientras dominaba la potencia asiria, en el siglo VIII a. E.C., Isaí­as (caps. 15 y 16) mencionó una serie de ciudades moabitas que sufrirí­an calamidad, y concluyó con las palabras: †œY ahora Jehová ha hablado, y dicho: †˜Dentro de tres años, conforme a los años de un trabajador asalariado, a la gloria de Moab también se tiene que deshonrar con mucha conmoción de toda suerte, y los que queden serán muy pocos, no poderosos†™†. (Isa 16:14.)
Los registros históricos no permiten situar con precisión en la corriente del tiempo el cumplimiento de las profecí­as de Isaí­as y Amós. Sin embargo, hay pruebas de que Moab estuvo bajo el yugo de Asiria. El rey asirio Tiglat-piléser III menciona a Salamanu de Moab entre los que le pagaron tributo. Senaquerib afirma haber recibido tributo de Kammusunadbi, el rey de Moab. Y los monarcas asirios Esar-hadón y Asurbanipal dicen que los reyes moabitas Musuri y Kamashaltu estaban sometidos a ellos. (Ancient Near Eastern Texts, edición de J. B. Pritchard, 1974, págs. 282, 287, 291, 294, 298.) Además, hay hallazgos arqueológicos que indican que muchos lugares de Moab quedaron despoblados alrededor del siglo VIII a. E.C.
La profecí­a de Jeremí­as del siglo VII a. E.C. señaló al tiempo en que Jehová se valdrí­a de los babilonios, acaudillados por Nabucodonosor, para pedir cuentas a Moab. (Jer 9:25, 26; Jer 25:8, 9, 17-21; 27:1-7.) Muchas ciudades moabitas iban a quedar completamente desoladas. (Jer 48.) Es probable que con motivo de la ejecución del juicio de Jehová contra Judá por medio de los babilonios, los moabitas dijesen: †œÂ¡Mira! La casa de Judá es como todas las otras naciones†. Por no haber reconocido que el juicio realmente era de Dios y que los habitantes de Judá eran su pueblo, los moabitas serí­an destruidos y así­ †˜llegarí­an a conocer a Jehovᆙ. (Eze 25:8-11; compárese con Eze 24:1, 2.)
El historiador judí­o Josefo escribe que en el quinto año después de haber desolado Jerusalén, Nabucodonosor volvió para guerrear contra Celesiria, Ammón y Moab, y después atacó Egipto. (Antigüedades Judí­as, libro X, cap. IX, sec. 7.) Los hallazgos arqueológicos confirman la desolación de Moab, como dice The Interpreter†™s Dictionary of the Bible: †œLa investigación arqueológica ha mostrado que desde aproximadamente los comienzos del siglo VI, Moab estuvo despoblada en su mayor parte, y muchos sectores desde el siglo VIII. Desde el siglo VI en adelante, hubo grupos nómadas por esa tierra, hasta que en los últimos siglos antes de Cristo, los factores polí­ticos y económicos volvieron a hacer posible la vida sedentaria† (edición de G. A. Buttrick, 1962, vol. 3, pág. 418; compárese con Eze 25:8-11).
Posteriormente, en cumplimiento de Jeremí­as 48:47, Ciro, el conquistador de Babilonia, permitirí­a que los exiliados moabitas regresasen a su tierra natal.
No se puede negar que las profecí­as que tienen que ver con Moab se cumplieron con exactitud. Hace siglos que los moabitas dejaron de existir como pueblo. (Jer 48:42.) Actualmente solo quedan ruinas de lo que se cree que fueron ciudades moabitas, como: Nebo, Hesbón, Aroer, Bet-gamul y Baal-meón, y muchos otros lugares son desconocidos.
La única explicación que existe sobre la desaparición del pueblo moabita se halla en la Biblia. La edición de 1959 de la Encyclopædia Britannica (vol. 15, pág. 629) observó: †œIsrael siguió siendo una gran potencia, mientras que Moab desapareció. Es cierto que las hordas procedentes del desierto acosaron continuamente a Moab —era una tierra desguarnecida, como puede verse por el sistema defensivo: las ruinas de fortalezas y castillos que incluso los romanos se vieron obligados a construir—, pero la explicación de su desaparición ha de buscarse en Israel, especialmente en la obra de los profetas†.
En vista de que los moabitas han desaparecido como pueblo, el que en Daniel 11:41 se incluyera a Moab entre las naciones que estarí­an en el †œtiempo del fin† (Da 11:40) ha de entenderse lógicamente en sentido figurado. Los moabitas representan aquí­ a los enemigos acérrimos del Israel espiritual.
Véase información sobre la Piedra Moabita en MESí núm. 2.

Fuente: Diccionario de la Biblia

Moab (heb. mô˒āḇ) fue hijo de Lot, por la unión incestuosa con su hija mayor (Gen. 19.37). Tanto los descendientes como la tierra eran conocidos como Moab, y los habitantes también como moabitas (mô˒āḇı̂). El corazón de Moab era la meseta al E del mar Muerto existente entre los uadis Arnón y Zered, aunque por mucho tiempo Moab llegaba muy al N del Arnón. El promedio de altura de la meseta es de 100 m, pero está atravesada por profundas gargantas. El Arnón mismo se divide a unos 21 km del mar Muerto y varias veces más, más hacia el E, en valles de profundidad cada vez menor, los “arroyos [“valles”, °vm ] de Arnón” (Nm. 21.14). En la Biblia se han conservado los nombres de muchas ciudades moabitas (Nm. 21.15, 20; 32.3; Jos. 13.17–20; Is. 15–16; Jer. 48.20ss).

En los tiempos anteriores al éxodo la tierra de Moab estuvo ocupada, y tuvo aldeas permanentes hasta alrededor del año 1850 a.C. Los descendientes de Lot encontraron una población ya existente allí, y deben haber contraído matrimonio con ellos para emerger finalmente como el grupo dominante que dio su nombre a toda la población. Los cuatro reyes del E invadieron Moab y vencieron a los emitas de Save-quiriataim (Gn. 14.5). Como resultado de esta campaña, o debido a alguna causa desconocida, la Transjordania comenzó un período de ocupación no sedentaria hasta poco antes del 1300 a.C., cuando aparecieron simultáneamente varios de los reinos de la edad del hierro. Moab, como los demás, fue un reino altamente organizado, con actividades agrícolas y pastorales prósperas, edificios de gran esplendor, cerámica característica, y poderosas fortificaciones compuestas de pequeñas fortalezas ubicadas estratégicamente en sus fronteras. Los moabitas se extendieron más allá de su meseta principal para ocupar zonas al N del Arnón, eliminando a sus anteriores habitantes (Dt. 2.10–11, 19–21; cf. Gn. 14.5). Estas tierras fueron compartidas con los amonitas, con los que estaban íntimamente emparentados.

Poco tiempo antes del éxodo estas tierras al N del Arnón fueron arrebatadas de manos de Moab por Sehón, rey de los amorreos. Cuando Israel pidió permiso para viajar por “la carretera real” que atravesaba la meseta; el permiso le fue negado por Moab (Jue. 11.17). Es posible que hayan tenido contactos comerciales (Dt. 2.28–29). A Moisés se le prohibió atacar a Moab a pesar de su falta de amistad (Dt. 2.9), aunque desde ese momento los moabitas debían ser excluidos de Israel (Dt. 23.2–6; Neh. 13.1).

Balac, rey de Moab, preocupado por los éxitos israelitas, llamó al profeta Balaam para que maldijese a Israel, que ya se había establecido al otro lado del Arnón (Nm. 22–24; Jos. 24.9).

Mientras Israel se preparaba para cruzar el Jordán acamparon en los “campos de Moab” (Nm. 22.1; Jos. 3.1) y fueron seducidos por mujeres moabitas y madianitas, quienes los indujeron a participar en prácticas idolátricas (Nm. 25; Os. 9.10).

En la época de los jueces, Eglón, rey de Moab, invadió las tierras de Israel hasta llegar a Jericó, y oprimió a Israel durante 18 años. Aod el benjamita lo asesinó (Jue. 3.12–30). Elimelec de Belén emigró a Moab, y sus hijos se casaron con mujeres moabitas, Orfa y Rut. Más tarde Rut se casó con Booz, por lo que fue antecesora de David (Rt. 4.18–22; Mt. 1.5–16). Saúl entabló guerra con los moabitas (1 S. 14.47), y David ubicó a sus padres allí mientras él anduvo fugitivo (1 S. 22.3–4). Más tarde David sojuzgó a Moab y apartó a muchos moabitas para ser muertos (2 S. 8.2, 12; 1 Cr. 18.2, 11). Después de la muerte de Salomón, Moab se liberó, pero fue sojuzgado por Omri de Israel. (* Mesa; * Moabita, Piedra.) Hacia el final de la vida de Acab, Moab comenzó a liberarse nuevamente. Joram de Israel buscó la ayuda de Josafat, rey de Judá, y del rey de Edom, para recuperar Moab, pero la campaña resultó abortiva (2 R. 1.1; 3.4–27). Posteriormente, el propio país de Josafat fue invadido por una confederación de moabitas, amonitas, y edomitas, pero se produjo una confusión, y los aliados se atacaron entre sí de manera que Judá se salvó (2 Cr. 20.1–30).

En el año en que murió Eliseo, Israel fue azotado por bandas de moabitas (2 R. 13.20). Durante la última parte del ss. VIII a.C. Moab fue sojuzgado por Asiria, y obligado a pagar tributo (Is. 15–16), pero después de la caída de Asiria, Moab quedó libre nuevamente. Los moabitas entraron en Judá en los días de Joacim (2 R. 24.2). Cuando cayó Jerusalén en 587 a.C. algunos judíos encontraron refugio en Moab, pero volvieron cuando Gedalías fue hecho gobernador (Jer. 40.11ss). Moab fue finalmente sojuzgado por Nabucodonosor (Jos., Ant. 10.181) y cayó sucesivamente bajo el control de los persas y distintos grupos árabes. Los moabitas dejaron de tener existencia independiente como nación, aun cuando en épocas posteriores al exilio se los reconocía como raza (Esd. 9.1; Neh. 13.1, 23). Alejandro Janeo los sojuzgó en el ss. II a.C. (Jos., Ant. 13.374).

En los profetas se mencionan y con frecuencia se pronuncia juicio divino sobre ellos (véase Is. 15–16; 25.10; Jer. 9.26; 25.21; 27.3; Ez. 25.8–11; Am. 2.1–3; Sof. 2.8–11).

La historia arqueológica de Moab se está desentrañando gradualmente. El trabajo de excavación en Jordania no ha progresado tan rápidamente como ha sucedido en zonas al O del río Jordán, aun cuando en las últimas décadas el programa se ha intensificado. Algunos sitios importantes que han arrojado resultados significativos son Dibón, Aroer, Bab edh-Dhra y varios lugares en la zona del Lisán.

Nuestro conocimiento de Moab en períodos arqueológicos primitivos se ha ampliado enormemente gracias a nuevos datos sobre la transición entre la edad calcolítica y la del bronce temprana, y la transición posterior entre la edad del bronce temprana y media. En Bab edh-Dhra un enorme cementerio de la edad del bronce temprana ha provisto material de BTe I a BTe IV. Las excavaciones en Aroer han apoyado la teoría de que gran parte de Moab estuvo desocupada durante la mayor parte del 2º milenio. Este sitio y el de Dibón son típicos de importantes asentamientos amurallados de la edad del hierro contemporáneos del período de los reyes de Israel. En Dibón se descubrió la importante piedra *moabita (o de Mesa). La vida sedentaria en estos lugares sufrió una declinación a partir fines del ss. VI a.C. hasta fines del ss. IV.

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J.A.T.

Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades Bíblicas Unidas.

Fuente: Nuevo Diccionario Bíblico

En el Antiguo Testamento la palabra Moab designa (1) un hijo de Lot con su hija mayor (Génesis 19,37); (2) el pueblo del cual este hijo de Lot es representado como su ancestro (Éxodo 15,15, etc.) y quienes son llamados también “los moabitas” (Gén. 19,37); y posiblemente (3) el territorio ocupado por los moabitas (Números 21,11). Su etimología “de mi padre”, la cual es añadida por la Versión de los Setenta al texto hebreo en Gén. 19,37, es más probable que ninguna derivación sugerida por los estudiosos modernos. No se necesita discutir aquí el origen y raza de los moabitas, puesto que según Gén. 19 son los mismos que los de los amonitas, los cuales han sido examinados en el artículo amonitas.

Desde el distrito montañoso sobre Segor (Zoar), un pueblo que yace en la planicie cerca de la costa sudeste del Mar Muerto (cf. Gén. 19,30), los hijos de Lot se extendieron obligatoriamente hacia la región del este de Palestina. Amón se estableció en el país más distante al noreste, Moab en los distritos más cercanos al Mar Muerto. Éstos eran habitados por los emitas, un pueblo de gigantes, a quienes, sin embargo, los moabitas lograron expulsar. (Deut. 2,9.10). El territorio de Moab era al principio de considerable extensión, algunas cincuenta millas de largo por treinta de ancho. Comprendía las tierras altas del este del Mar Muerto y el Jordán tan lejos como las montañas de Galaad, junto con el estrecho nivel entre la sierra y el río, y la bien regada y fértil tierra al extremo sur del Mar Muerto. En los tres lados, tenía fronteras naturales: en occidente, el Mar Muerto y la sección sur del Jordán; en el sur, el Wady el-Hasy, que separa las tierras altas de Moab de las de Edom; en el este, el desierto de Arabia. Sólo en el norte carecía de características naturales visibles suficientes para formar una frontera fija, y de ahí que la frontera norte de Moab fluctuaba en diferentes períodos entre el Arnón, y una diagonal que corría al sudeste desde el torrente ahora llamado Wady Nimrin hasta el desierto de Arabia.

Las tierras altas son el grueso de este territorio. Forman una meseta cerca de 3,000 pies sobre el Mediterráneo, o 4,300 pies sobre el nivel del Mar Muerto, subiendo lentamente de norte a sur, con empinadas laderas occidentales, y separada del desierto al este por bajas y onduladas colinas. La geología de esta casi desarbolada meseta es la misma que la de la cordillera de Palestina occidental, pero su clima es decididamente más frío. En primavera, sus colinas de piedra caliza están cubiertas de hierba y flores silvestres, y partes de la meseta está sembradas de maíz. Está atravesada por tres valles profundos, el del medio de los cuales, el Arnón, es el más profundo, y abunda en arroyos. Está salpicada de dólmenes, menhires y círculos de piedra, y también con las ruinas de villas y pueblos, principalmente de las épocas romana y bizantina. En tiempos del Antiguo Testamento, Moab era una tierra de excelentes pastos (2 Rey. 3,4), y su población era mucho más considerable que al día de hoy, como lo prueban las numerosas ciudades, tales como Ar Moab, Galim, Kir Moab, Luith, Nemrim, Segur, Nophe, Oronaim, Quiriat Hussot (AV Quiriat-husoth), Aroer, Baal-meón, Beer Elim, Bethgamul, Bethsimoth, Bethphogor, Bosor, Cariath, Dibón, Eleale, Helon, Jesbón, Jasa, Medaba, Mephaath, Sabama etc, que la Biblia menciona como ciudad moabita en un momento u otro.

Poco antes del avance final de Israel hacia Palestina, los moabitas habían sido privados de su territorio al norte del Arnón por los amorreos, procedentes probablemente de la parte occidental del Jordán (Núm. 21,13.26). El rey de Moab en ese tiempo era Balaac quien, en su hostilidad hacia las tribus hebreas, contrató a Balaam para maldecirlos, pero quien fracasó en este intento, y las maldiciones esperadas se convirtieron en bendición divina (véase Balaam). Otro intento diabólico en una dirección diferente fue demasiado exitoso: las hijas de Moab sedujeron a los israelitas a su idolatría e inmoralidad, y por ese medio les acarreó un castigo pesado (Núm. 25). Las relaciones posteriores de Moab con las tribus hebreas (Rubén, Gad) que se habían asentado en su antiguo territorio al norte del Arnón, fueron probablemente las de un vecino hostil ansioso por recuperar su territorio perdido. De hecho, en la historia temprana de los Jueces, los moabitas no sólo había recuperado el control de al menos una parte de esa tierra, sino que también extendieron su poder a Palestina occidental con el fin de oprimir a los benjaminitas. Ehúd, hijo de Guerá, por fin puso fin al yugo moabita sobre Benjamín, pues asesinó a Eglón, rey de Moab, masacró a los moabitas, y recuperó el territorio de Jericó para Israel (Jueces 3,12-30). A esto siguió un período de relaciones amistosas, en la que Moab fue un refugio para la familia de Elimélek, y Rut la moabita se introdujo en la línea de la que descendía David (Rut, 1,1; 4,10-22).

Saúl luchó de nuevo contra Moab (1 Samuel. 14,47), y David, que, por un tiempo confió sus padres a un rey moabita (22,3-4), en última instancia, invadió el país y lo hizo tributario de Israel (2 Sam. 8,2). Aparentemente la subyugación continuó bajo Salomón, que tenía mujeres moabitas en su harén y «construyó un templo a Kemós, monstruo abominable de Moab» (1 Rey. 11,1.7). Después de la división, los moabitas fueron vasallos del reino del norte; pero a la muerte de Ajab, irrumpieron en una revuelta abierta, cuyo resultado final fue su independencia, y cuyas circunstancias completas se comprenden mejor mediante la combinación de los datos en 2 Reyes 1,1 y 3,4-27, con los de la «Piedra Moabita», una inscripción de Mesa, rey de Moab, hallada en 1868 en el antiguo Dibón, y ahora preservada en el Museo del Louvre.

Parece que después de esto, hicieron frecuentes incursiones en el territorio de Israel (cf. 2 Rey. 13,20), y que después de la cautividad de las tribus trans-jordánicas, ellos ocuparon gradualmente toda la tierra que antiguamente habían perdido ante los amorreos. En los escritos proféticos hay frecuentes referencias a su gran prosperidad, mientras que su excesivo orgullo y corrupción son objetos de amenazantes oráculos (Isaías 15 – 16; 25,10; Jeremías 47; Ezequiel 25,8-11; Amós 2,1 – 3; Sofonías 2,8-11, etc.) En las inscripciones cuneiformes se menciona a menudo a sus gobernantes como tributarios a Asiria. Esta fue de hecho la condición de su prosperidad continua. Difícilmente puede ponerse en duda, sin embargo, que a veces se alinearon con otros países occidentales contra los monarcas asirios (Fragmento de Sargón II, primeros capítulos de Judit). En los últimos días del Reino de Judá, transfirieron su lealtad a Babilonia, y lucharon con Nabucodonosor contra Joaquín (2 Rey. 24,2). Incluso después de la caída de Jerusalén, Moab disfrutó de una considerable prosperidad bajo el gobierno de Nabucodonosor, pero su ruina posterior como un estado estaba a la mano. De hecho, cuando los judíos regresaron de Babilonia, los árabes nabateanos ocupaban el territorio de Moab, y los árabes en lugar de los moabitas eran los aliados de los amonitas (cf. Esdras 4,7; 1 Mac. 9,32-42; Josefo, «Antiq.», 13:13, 5, 14:1, 4)

Como se muestra en la Piedra Moabita, el lenguaje de Moab era «simplemente un dialecto del hebreo». Su uso de la waw consecutiva une más íntimamente a los dos idiomas, y casi todas las palabras, las inflexiones y modismos de esta inscripción aparecen en el texto original del Antiguo Testamento. El mismo monumento atestigua el hecho de que, mientras que los moabitas adoraban a Kemós como su dios nacional, también adoraba Ashtar como su consorte. Además de estas dos divinidades, el Antiguo Testamento menciona a otra deidad local de los moabitas, a saber. Baal del Monte Peor (Peor: Baal de Peor) (Núm. 25,3; Deut. 4,3; Oseas 9,10; etc.) Los moabitas eran, por lo tanto, politeístas, y aunque no se conoce totalmente su religión, lo cierto es que los sacrificios humanos y [{ritos]] impuros formaban parte de su culto (2 Rey. 3,27; Núm. 25; Oseas 9,10). (2 Reyes 3:27, Números 25, Oseas 9:10).

Bibliografía: TROSTRAM, «Land of Moab» (Londres, 1874); CONDER, «Heth and Moab» (Londres, 1884); BAETHGEN, «Beitrage x. semitischen Relitionsgeschicte» (Berlin, 1888); W. R. Smith, «Religion of the Semites» (Londres, 1894); BLISS, «Narrative of an expedition to Moab and Gilead» (Londres, 1895); G. A. Smith, «Historical Geography of the Holy Land» (Nueva York, 1897); LAGRANGE, «Etudes sur les Religions Semitiques» (París, 1903).

Fuente: Gigot, Francis. «Moab, Moabites.» The Catholic Encyclopedia. Vol. 10. New York: Robert Appleton Company, 1911.

http://www.newadvent.org/cathen/10409b.htm

Traducido por Luz María Hernández Medina

Fuente: Enciclopedia Católica