Meri-ka-Re era el rey de la décima dinastía de los faraones egipcios. El reinó en Herakleópolis en el Faiyum, ca. 2100 a. de J.C. El texto de su †œinstrucción† contiene consejos semejantes a los que un padre daría a su hijo, quien también ha de ser el rey sucesor. El autor es desconocido, pero se ha señalado que fue Wah-ka-Re Khety II, el padre y predecesor de Meri-ka-Re.
Meri-ka-Re vivió en el difícil tiempo de transición que marcó el cambio del antiguo al imperio medio en la historia de Egipto. Lo que había sido un mundo estable del antiguo imperio había caído en ruinas. Este parecía ser un mundo completamente perturbado. Había desorden y una declinación en la estructura social. El rey ya no era considerado más como absolutamente divino. Se lo consideraba humano, que podía cometer errores y aun ser reprendido por uno de sus siervos (véase Ipuwer, Admoniciones de). El descenso de la realeza estuvo acompañado por el ascenso del hombre común y de los nobles. La literatura de este período muestra una fuerte conciencia social hacia los derechos del hombre común. (Desafortunadamente, esta preocupación social no perduró mucho en el imperio medio.) Los fundamentos materialistas fueron sacudidos y destruidos. Como resultado, hubo un considerable énfasis en lo social, moral y en los valores espirituales de la vida. Fue también una época de libertad de expresión y la capacidad de hablar bien fue reconocida como una ventaja. El derecho de protesta personal fue afirmado y tal vez aceptado en cierto grado.
Mucho del texto de la †œinstrucción† puede ser traducido; pero se dificulta por ciertas lagunas y pasajes oscuros. La segunda parte del tratado está dedicada a asuntos políticos y sería de mayor interés para los historiadores si se pudiera tener un mejor control de los detalles de traducción y de las referencias. La †œinstrucción† incluye una variedad de temas pero sin ningún orden. Solamente los puntos mayores pueden ser sumarizados en los siguientes párrafos.
Primero, se ofrece consejo al nuevo rey para tratar con problemas domésticos. Se le dice que debe reprimir a los rebeldes sin vacilación y ser cauteloso con los agitadores demagogos. El rey mismo debiera ser competente en el discurso y estar familiarizado con la sabiduría de los antepasados a fin de gobernar bien. La lengua de un rey es más poderosa que su espada —¡aunque al rey se le recuerda más adelante que las tropas son una ventaja! Los nobles y los grandes hombres deben ser promovidos a posiciones de prosperidad y seguridad ya que ellos son más dignos de confianza que los hombres pobres y menos susceptibles a los sobornos. Se le aconseja gobernar con justicia, proteger los derechos de propiedad de las closes dependientes y evitar el castigo excesivo. La promoción de sus siervos debiera estar basada en la capacidad y no tanto en el nacimiento y la posición social. La generación más joven debe recibir atención especial y ayuda del rey. El futuro depende de ellos.
Las series de instrucciones que tienen que ver con las condiciones de las diferentes regiones y a lo largo de las fronteras del país son difíciles de interpretar, como se ha notado anteriormente. En general, se puede decir que al rey se le aconseja seguir una política vigorosa pero cuidadosa de la acción y la defensa. Se le advierte del peligro en el sur (una dinastía rival gobernaba en Tebas) ya que abriría el camino para las invasiones desde el norte. Por lo tanto, la frontera hacia el norte debiera estar fortificada. El sabio rey estará siempre consciente de sus enemigos y deberá recordar que ningún rey está libre de ellos. La firmeza y vigilancia debe entenderse y respetarse por los enemigos.
En una manera muy interesante, al joven rey se le recuerda que él puede ser personalmente responsable por el daño que sus enemigos causen al imperio. Se le da este recordatorio en una confesión sin precedentes por el †œpadre† de que las regiones del Thinite habían sufrido seriamente por causa de sus propias equivocaciones. El monarca no puede atribuir su propia debilidad a la debilidad del dios por la desgracia que su reino pudiera sufrir. El debe aceptar la responsabilidad de sus propios errores humanos.
Segundo, se le dan algunas instrucciones personales al rey. Se le amonesta a evitar la disposición violenta y recordar que la paciencia es buena. Se le exhorta a ser industrioso en las cuestiones religiosas. Un pasaje parece subrayar la piedad ritual y aun la piedad política. Al rey se le dice que haga monumentos para el dios (aunque en otro pasaje se le aconseja hacer un memorial de amor para sí mismo en contraste con un memorial de piedra) y a ser diligente en los actos cúlticos. Pero el tono del pasaje parece enfatizar el hacer estas cosas por pura ganancia personal.
Sin embargo, en otro pasaje son tratados algunos asuntos básicos de la relación divina-humana. Aquí se le advierte al rey de reverenciar al dios (probablemente entendido como †œel dios† de circunstancias particulares, aunque este pasaje es notablemente monoteístico) porque nadie puede resistir su mano creadora, aunque invisible. Así como el desbordamiento del Nilo es irresistible, así el dios efectúa su voluntad en el mundo. Los hombres son criaturas del dios, y son hechos en su imagen; los cielos y la tierra son hechos para llenar las necesidades del hombre, y la voluntad divina controla su operación. El dios invisible, que está presente con su pueblo, conoce a cada persona, oye el llanto de los desconsolados y castiga por causa de la disciplina. El creó la magia para que los hombres la usen como protección contra los accidentes que puedan suceder en el día o durante los sueños de la noche.
El rey debe recordar que la conducta correcta es importante para los dioses. Cuando él se levanta delante del concilio judicial de los dioses, sus obras serán colocadas en manojos junto a él. El paso del tiempo no disminuirá la memoria de ninguno de sus pecados, ya que una vida entera es como una hora para los dioses. Además, él debe recordar que el buen carácter es más aceptable delante de los dioses que el buey sacrificado por un hombre malo (compárese con 1 S. 15:22; Pr. 15:17). Los dioses son conscientes de la motivación interna y prefieren actos justos en lugar de sacrificios propiciatorios.
Estas son reflexiones religiosas que se aproximan en profundidad y calidad a las del Antiguo Testamento. Recordamos al lector que Israel no llegó a su fe en un vacío espiritual e intelectual. Los grandes actos de revelación a Israel permitieron a los profetas, sacerdotes y a hombres sabios de Israel aprender de muchas fuentes. Es casi imposible que pueda dudarse que ellos aprendieron de los hombres sabios egipcios.
Los historiadores saben muy poco del reinado de Meri-ka-Re. Pero él recibió un consejo sabio. Si falló en seguirlo, la responsabilidad fue sólo suya.
BIBLIOGRAFIA: A. H. Gardiner, JEA , I (1914), 20–36. J. A. Wilson, †œEgyptian Instructions.† ANET , ed. J. B. Pritchard, Princeton University Press, Princeton, 1955, págs. 414–18.
Fuente: Diccionario Bíblico Arqueológico