(anér, gyné)
Anér (59 empleos) y gyné (64 empleos) designan comúnmente al hombre y a la mujer en contraposición, manifestando la diferencia de los sexos. A veces anér es el equivalente de anthrópos: Rom 4,8; 11,4 (cf. Hombre). Los dos términos (anér y gyné) se emplean principalmente en el contexto del matrimonio (30 empleos de anér y 33 de gyné). Conviene subrayar de antemano la igualdad que Pablo reconoce al hombre y a la mujer. A partir de 1 Cor 7 y Ef 5, se descubren dos ejes: en primer lugar, la reflexión ética tiene que considerar, a la luz de la venida de Cristo, la relación hombre / mujer; en segundo lugar, el discurso eclesiológico recurre a la metáfora esposo / esposa.
En 1 Cor 7, Pablo se enfrenta con un dilema en el seno de la comunidad: mientras que la palabra de Jesús invita al cristiano al celibato por el reino de los cielos, el mandamiento de Dios exhorta al hombre y a la mujer en Gn 1,28 a la fecundidad y en Gn 2,24 a la unión conyugal. Pablo recuerda que, lejos de ser una concesión a la concupiscencia, el matrimonio se presenta como el lugar donde se expresa la gratuidad de Dios (un carisma), el lugar del rechazo del egoísmo, el lugar de la santificación del otro cónyuge y de los hijos. Aunque el mundo esté llegando a los tiempos del fin, el nombre y la mujer no tienen que huir de él. Al contrario, porque este mundo no desaparece, porque no es malo, porque es urgente mostrar su sentido, es necesario que el hombre y la mujer se unan en matrimonio.
Sin embargo, al lado de esta forma de vida, hay otra forma posible tanto para la mujer como para el hombre: el celibato. Tampoco aquí se trata de huir del mundo como preconizan los esenios, sino de un carisma, elegido en función de un servicio mayor que rendir a la Iglesia, a ejemplo de Pablo, y basado en el deseo de complacer al Señor. El argumento cristológico juega de manera distinta en el caso del matrimonio y en el del celibato.
Estas cuestiones éticas ponen de manifiesto el funcionamiento de la argumentación paulina que, basándose en el dato revelado como fundamento de la reflexión (no yo, sino el Señor: 1 Cor 7,10), introduce un elemento más subjetivo, el punto de vista del apóstol (doy un consejo: 1 Cor 7,25) ante una situación concreta, dejando para la reflexión teológica venidera una incomparable apertura.
El segundo polo de la reflexión se encuentra en Ef 5. Este texto ha dado lugar a múltiples lecturas. Describe los vínculos entre Cristo y la Iglesia con ayuda de la metáfora esposo / esposa. Aplicada a Cristo y a la Iglesia, esta metáfora expresa la indisolubilidad del vínculo que une a Cristo con la Iglesia. Lo que se califica de «misterio» hace referencia, no ya a la unión conyugal del hombre y de la mujer que evoca la cita de Gn 2,24, sino a la unión de Cristo y de la Iglesia considerada desde el ángulo de una relación nupcial. La relación Cristo / Iglesia sirve entonces de modelo a la relación hombre / mujer y no al revés. En el contexto de Ef, al final de una reflexión sobre las relaciones entre Cristo y la Iglesia, se vuelve a una reflexión sobre la creación con ayuda de la relación hombre / mujer, utilizada como base de la metáfora.
C. R.
AA. VV., Vocabulario de las epístolas paulinas, Verbo Divino, Navarra, 1996
Fuente: Vocabulario de las Epístolas Paulinas