MAR MUERTO, ROLLOS DEL

Este nombre se usa para designar: a) los rollos originales descubiertos a principios del año 1947 en una cueva de Qumrán, un lugar cerca del extremo noroeste del mar Muerto; b) rollos adicionales y fragmentos de rollos posteriormente encontrados en cuevas cercanas como resultado de una cuidadosa exploración de la región; c) fragmentos de rollos encontrados en el wadi Murabba†™at, ca. 19 kms. al sudoeste de *Qumrán; y d) fragmentos de rollos encontrados en el wadi Mird, ca. 6 kms. al sudoeste de Qumrán. Siendo que los 2 últimos grupos de descubrimientos vienen de perí­odos y localidades muy diferentes de los materiales de Qumrán, no debieran ser incluidos en el mismo término. Sin embargo, fueron descubiertos en la exploración que surgió de los descubrimientos de Qumrán y fueron estudiados al mismo tiempo (y en efecto, han sido publicados en las mismas series), por lo tanto, se han incluido en el término †œRollos del Mar Muerto†. Por varias razones, el término no es descriptivo (tampoco lo son los términos, †œrollos del desierto judí­o† y †œrollos de Ain Feshkha†), y bien podrí­a ser substituido por el término más exacto: †œManuscritos y fragmentos de Qumrán†. (En cuanto a la localidad de Qumrán y las excavaciones arqueológicas que resultaron del descubrimiento de los rollos, véase el artí­culo QUMRíN).
Los descubrimientos del wadi Murabba†™at, para tratar primero con los materiales que no vienen de Qumrán, incluyen manuscritos bí­blicos, cartas, contratos, etcétera, del segundo siglo d. de J.C. El tipo de manuscrito fue importante para la cronologí­a comparativa y ayudó a fechar la paleografí­a de los materiales de Qumrán. Dos cartas firmadas por Bar-Kokba, el lí­der de la segunda revolución judí­a (132–135 d. de J.C. ), y otras cartas que mencionan su nombre, establecen la fecha. Más importante para los estudios bí­blicos es el texto de los materiales bí­blicos de esta localidad. Los eruditos se han convencido desde hace mucho tiempo de que el texto consonante hebreo del Antiguo Testamento estaba estandarizado aproximadamente para el fin del siglo I d. de J.C. Los materiales del Murabbaát son enteramente del †œmasorético† o texto estandard, mientras que los materiales de Qumrán, que son un siglo o dos antes que aquellos del Murabbaát, representan por lo menos tres tipos de texto, como se verá más adelante.
Los descubrimientos del wadi Mird contienen materiales bí­blicos escritos en griego y arameo, que datan de los siglos V al VIII d. de J.C. Su valor para los estudios de Qumrán, parece ser marginal al presente. Los materiales del Nuevo Testamento encontrados en Mird —los únicos documentos del Nuevo Testamento encontrados en los Rollos del Mar Muerto, lo cual debe enfatizarse— añaden muy poco o nada a los vastos recursos de materiales ya en existencia para el estudio del Nuevo Testamento.
Los †œRollos del Mar Muerto† originales fueron descubiertos accidentalmente por unos beduinos de la tribu Ta†™amireh. Ese tesoro, que al principio ellos pensaron que podia usarse para hacer sandalias, fue por último colocado al cuidado de Mar Athanasius Y, Samuel, arzobispo de la Iglesia Ortodoxa Siria. Parte fue vendida al profesor Eleazar L. Sukenik, de la Universidad Hebrea de Jerusalén y parte, después de haber sido llevada a la Escuela Americana de Investigación Oriental en Jerusalén para su examen, fue llevada a América para ser guardada con mayor cuidado. Por último, estos rollos también fueron comprados por la Universidad Hebrea. Los rollos comprados, y posteriormente publicados por Sukenik fueron: a) un rollo incompleto de Isaí­as (identificado comúnmente por la sigla 1Qlsb, significando la †œb† o segundo manuscrito de Isaí­as de la cueva 1 de Qumrán); b) porciones de un rollo de Himnos de Acción de Gracias, llamado por el nombre hebreo Hodayot, 1QH; y c) un rollo llamado La Guerra de los Hijos de Luz contra los Hijos de las Tinleblas o el Rollo de la Guerra 1QM (por Milhamah, †œguerra†).
Los rollos publicados por Millar Burrows para las Escuelas Americanas de Investigación Oriental fueron los siguientes: (a) un rollo completo de Isaí­as, 1QIsa (b) una descripción de las reglas de membresí­a, llamadas comúnmente el Manual de Disciplina, 1QS (por Sérek, †œorden, regla†); (c) un comentario sobre la profecí­a de Habacuc, 1QpHab (p por p

Fuente: Diccionario Bíblico Arqueológico

†¢Qumrán.

Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano

Nombre popular dado a las colecciones de material manuscrito encontradas en varias regiones al O del mar Muerto en 1947 y años subsiguientes. Corresponden en general a tres grupos que no tienen relación alguna entre sí.

I. Textos de Qumrán

De estos manuscritos del mar Muerto los más importantes son los que se han encontrado desde 1947 en once cuevas del uadi Qumrán y sus alrededores, al NO del mar Muerto. Los manuscritos de estas cuevas son, en líneas generales, todo lo que queda de la biblioteca de una comunidad judía cuya sede se encontraba en el complejo edilicio cercano, que ahora se denomina Jirbet Qumrán. Parece que la comunidad ocupó este lugar durante los dos siglos anteriores al año 70 d.C. (con una interrupción de treinta años entre el 34 y el 4 a.C. aprox.).

Esta comunidad, que con toda probabilidad era una rama de los *esenios, surgió entre los judíos piadosos (ası̂ḏı̂m) que mantuvieron inalterable su lealtad al pacto bajo la persecución en los días de Antíoco Epífanes (175–164 a.C.). No podían aceptar como voluntad de Dios el arreglo a que se llegó, por el que el sumo sacerdocio tanto como el principal poder civil y militar pasaron a la dinastía asmonea. Al mando de una persona a la que llamaban “Maestro de justicia” se retiraron al desierto de Judea, donde se organizaron como remanente fiel de Israel, “pueblo preparado para el Señor”. Esperaban la pronta llegada de la nueva era, que habría de dar término a la presente “era de maldad”. Se esforzaban, mediante el estudio diligente y la práctica de la ley, por ganar para sí favor divino y expiar los errores de sus compatriotas errados; también esperaban ser los ejecutores del juicio divino sobre los impíos al final de los tiempos.

La era final, según creían, se evidenciaría por el surgimiento de tres figuras predichas en la profecía del AT: el profeta semejante a Moisés descrito en Dt. 18.15ss, el Mesías davídico, y un gran sacerdote de la línea de Aarón. Este sacerdote sería el jefe de estado en la nueva era, privando incluso sobre el Mesías davídico. El Mesías davídico había de ser un príncipe guerrero, que conduciría a las huestes fieles de Israel a una victoria total sobre “los hijos de las tinieblas” (entre los cuales ocupaban lugar principal las fuerzas gentiles de Quitim, probablemente los romanos). El profeta habría de comunicar la voluntad de Dios a su pueblo al final de la era, como lo había hecho Moisés al comienzo de su historia.

Los hombres de Qumrán se negaron a reconocer a los sumos sacerdotes de Jerusalén durante la “era de maldad”, en parte porque no pertenecían a la legítima casa de Sadoc (depuesta bajo Antíoco Epífanes), y en parte porque estaban moralmente incapacitados para ese oficio sagrado. A uno de ellos, evidentemente un rey-sacerdote asmoneo, y quizá identificable con Jonatán, hermano y sucesor de Judas Macabeo, se lo describe como el “sacerdote malo” por excelencia, por la violenta hostilidad que evidenció para con el Maestro de justicia y sus seguidores. La comunidad conservaba en sus propias filas la estructura de los levitas y sacerdotes sadoqueos, lista para restablecer un culto digno en el templo purificado de la nueva Jerusalén (que no era ninguna ciudad celestial, sino la vieja Jerusalén renovada). Pero hasta que llegara ese momento, la comunidad constituía un templo viviente, en el que el lugar santo lo constituían los miembros en general, y el santísimo el consejo interno, mientras los labios que alababan y las vidas obedientes representaban los sacrificios aceptables.

La biblioteca de la comunidad, de la que se han reconocido unos 500 documentos (la gran mayoría en estado tristemente fragmentario), se componía de escritos bíblicos y no bíblicos. Alrededor de cien de los rollos son libros del AT en hebreo; entre ellos están representados todos los libros veterotestamentarios (algunos de ellos varias veces), con excepción de Ester. Resulta difícil determinar si esta excepción es significativa o accidental. Estos ms(s). bíblicos datan de los últimos siglos a.C. y los primeros años del ss. I d.C. Exhiben por lo menos tres tipos distintos de textos de las Escrituras hebreas: el tipo protomasorético (probablemente de origen babilónico), del cual desciende el texto heb. recibido; el texto que sirve de base a la LXX (probablemente de origen egipcio); y un texto (probablemente de origen palestino) muy ligado al Pentateuco samaritano. Algunos exhiben un tipo de texto mezclado; p. ej., la cueva 4 ha proporcionado un ms(s). de Números (4Q Num.b) cuyo texto está a mitad de camino entre el tipo samaritano y el de la LXX, y uno de Samuel (4Q Sam.b) que, según se piensa, exhibe un texto superior al TM y a la LXX por igual. Otro ms(s). de Samuel procedente de la misma cueva (4Q Sam.a) reviste especial interés; exhibe un texto no sólo muy parecido al que sirve de base a la LXX sino que al mismo tiempo se encuentra más cerca que el TM al texto de Samuel usado por el Cronista. El descubrimiento de estos ms(s). bíblicos ha reducido en 1.000 años o más la brecha que separa el tiempo en que fueron escritos, de las copias más antiguas que existen, y han contribuido tremendamente a la historia textual del AT. (* Textos y versiones, 1. III)

Algunos fragmentos de la LXX se han encontrado también en las cuevas de Qmrán, además de cierta cantidad de literatura targúmica, principalmente un tárgum arameo de Job en la cueva 11. También se han identificado algunos de los libros apócrifos, entre ellos Tobías (en arm. y heb.), Eclesiástico (en heb.), la Epístola de Jeremías (en gr.), 1 Enoc (en arm.) y Jubileos (en heb.).

Los rollos no bíblicos, tomados juntamente con las pruebas proporcionadas por la excavación de Jirbet Qumrán y un edificio subsidiario cerca de Ain Feshkha, 3 Km al S, nos dan información útil sobre las creencias y prácticas de la comunidad. Debemos tener en cuenta, desde luego, que no todos los libros en la biblioteca de una comunidad reflejan las ideas y el comportamiento de dicha comunidad. Pero buena parte de la literatura de Qumrán ofrece un cuadro homogéneo, en el que podemos confiar razonablemente para obtener una idea aproximada de cómo se desenvolvía la vida allí.

La comunidad de Qumrán practicaba una autodisciplina rigurosa. El ingreso en ella estaba limitado por condiciones estrictas, entre las que figuraba un noviciado de prueba. La interpretación que hacían de la ley era severa, más severa que la de la escuela farisaica más estricta. Más aun, es probable que la literatura de Qumrán se refiera a los fariseos cuando habla de los “buscadores de las cosas fáciles” (cf. Is. 30.10). Los hombres de Qumrán realizaban abluciones ceremoniales en forma regular, hacían comidas de confraternidad, con admisión rigurosamente controlada; se guiaban por un calendario similar al que aparece en el libro de Jubileos. Interpretaban la espranza de Israel en términos apocalípticos, y creían que ellos mismos tenían un lugar importante que representar en la realización de dicha esperanza. Interpretaban que las Escrituras profeticas se referían a personas y acontecimientos relacionados con sus propios días, y con los días inmediatamente venideros. Dicha interpretación encuentra su expresión más clara en los comentarios bíblicos (pešārı̂m, varios de los cuales han sido recuperados de las cuevas de Qumrán. Según los exegetas de Qumrán, los profetas conocían por revelación lo que Dios se proponía hacer en el día postrero, pero no sabían cuándo sería ese día final. Esta revelación adicional le fue dada al Maestro de justicia por Dios, quien, a su vez, se la comunicó a sus discípulos. En consecuencia, tenían discernimiento sobre el significado de oráculos proféticos con el que no contaban los demás judíos, y eran conscientes del favor que Dios les había conferido al haberlos iniciado en los misterios de sus planes, como también de la época y el modo en que se cumplirían.

Las expectativas de la comunidad de Qumrán, empero, no se cumplieron del modo en que ellos esperaban. Parece ser que abandonaron su sede durante la guerra de 66–73 d.C.; probablemente fuera ese el momento en que sus libros fueron escondidos en las cuevas vecinas, por razones de seguridad. No se sabe con seguridad qué les ocurrió a los sobrevivientes de la comunidad, pero parecería probable que algunos de ellos, por lo menos, hicieron causa común con la iglesia de refugiados de Jerusalén.

Se han trazado semejanzas entre la comunidad de Qumrán y la iglesia primitiva en relación con sus perspectivas escatológicas, su conciencia de constituir un remanente, su exégesis bíblica, y sus prácticas religiosas. Pero hay diferencias importantes para contraponer a las semejanzas. Las abluciones rituales y las comidas de confraternización no tenían el significado sacramental del bautismo y la eucaristía cristianos. Los primeros cristianos, como Jesús mismo, se mezclaban libremente con los demás hombres en las actividades comunes de la vida, en lugar de formar comunidades ascéticas en el desierto. El NT presenta a Jesús como Profeta, Sacerdote, y Príncipe de la casa de David en su sola persona, en lugar de distribuir dichos oficios entre tres figuras diferentes, como se hacía en la escatología de Qumrán. Y, más aun, es Jesús mismo el que en todo sentido acuerda al cristiano su unicidad. El Maestro de justicia era un gran líder y un gran maestro, pero no era ni Mesías ni Salvador, ni siquiera a los ojos de sus seguidores. Jesús era, para los primeros cristianos, todo lo que el Maestro de justicia era para la comunidad de Qumrán, y mucho más: Mesías y Salvador, Siervo del Señor e Hijo del hombre. Cuando murió el Maestro de justicia (o, en el lenguaje de Qumrán, cuando “fue reunido”, expresión que sugiere muerte natural), puede ser que sus seguidores hayan esperado que se levantara de los muertos antes de la resurrección general al final de los tiempos (aunque esto es muy dudoso); por cierto que ninguno de ellos jamás sostuvo que así ocurriera.

El rollo de cobre de la cueva 3 probablemente no tenga nada que ver con la comunidad de Qumrán. Es más probable que haya pertenecido a una banda de zelotes que tuvo su base de operaciones en Qumrán durante la guerra de 66–73 d.C.; parecería contener (en código) un inventario de los tesoros del templo, distribuidos en 61 escondrijos en Jerusalén y la zona que se encuentra al E y al S.

II. Textos de la guerra de Barcoquebá

En las cuevas en el uadi Murabbaat, unos 18 km al S de Qumrán, se encontró una cantidad de ms(s). alrededor del año 1952. La mayor parte de este material pertenecía al período en que dichas cuevas fueron ocupadas por una avanzada del ejército de Barcoqueba (Bar-Kokhba), líder de la segunda revuelta judía contra Roma (132–5 d.C.). Los documentos incluyen cartas escritas a Barcoquebá, y dos cartas escritas por él, de las que surge que su patronímico correcto era Ben-Kosebah; él se titula a sí mismo “Simeón Ben-Kosebah, príncipe de Israel”. (El título Bar-Kokhba, “hijo de la estrella”, se debía a que el rabí Akiba lo saludara como la “estrella” de Nm. 24.17, en otras palabras como el Mesías davídico.) Muchos ms(s). bíblicos fragmentarios correspondientes a este período fueron encontrados en las cuevas, todos los cuales contienen un tipo de texto “protomasorético”.

Alrededor de la misma época en que se estaban explorando las cuevas de Murabbaat, otros ms(s). del período de Barcoquebá fueron descubiertos en el nahal Hever, al S de En-gadi. Estos incluían fragmentos de Escrituras heb., y una copia parcial de una versión gr. de los profetas menores, con un texto parecido al que usó Justino Mártir (ca. 150 d.C.). Dicha versión ha sido identificada provisionalmente por D. Barthélemy con la Quinta de Orígenes.

Descubrimientos similares se hicieron posteriormente en otros tres uadis, en la misma región. También en este caso hay cuevas que fueron utilizadas como cuartel general por contingentes de las tropas guerrilleras de Barcoquebá. Los documentos encontrados en ellas incluyen dos fragmentos de rollos que contienen Ex. 13.1–16, y un pequeño fragmento que contiene partes de siete líneas del Sal. 15.

III. Jirbet Mird

En las ruinas de Jirbet Mird (anteriormente monasterio cristiano), al N del valle del Cedrón, alrededor del año 1950 miembros de la tribu beduina Taamire (la misma tribu que hizo los primeros descubrimientos en Qumrán) desenterraron ms(s). de gran interés. Eran de fecha muy posterior a los ms(s). encontrados en Qumrán y en Murabbaat. Incluyen fragmentos de papiro con cartas privadas en árabe pertenecientes a los ss. VII y VIII, una carta sir. en papiro escrita por un monje cristiano, un fragmento de la obra Andrómaca de Eurípides, y una cantidad de textos bíblicos en gr. y en sir. palestino. Los textos bíblicos gr. incluían fragmentos de códices unciales de Sabiduría, Marcos, Juan, y Hechos, que datan de entre los ss. V y VIII; los manuscritos en sir. palestino (muchos de los cuales eran palimpsestos) incluían fragmentos de Josué, Lucas, Juan, Hechos y Colosenses.

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Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades Bíblicas Unidas.

Fuente: Nuevo Diccionario Bíblico