(dikaioun, dikaios, dikaiosyné)
Dikaiosyné, «justicia»; dikaios, «justo»; dikaioun, «justificar», dikaiósis, dikaióma, «justificación», son términos importantes en Pablo (Gal y Rom) en relación con la problemática de la ley y de la fe. Estos términos son también esenciales en el judaismo que insiste en la justicia de Dios y reflexiona en la manera como el hombre debe ser encontrado justo ante él. Para el judaismo, la justicia se encuentra en la obediencia a la Tora. Sin embargo, es fruto de la gracia de Dios que escoge a su pueblo, le da la ley y le concede vivir de ella. Pablo va a cuestionar esta comprensión de la justicia de Dios y la comprensión conjunta de la justicia del hombre.
Fuera de Gálatas y de Romanos, el tema de la justicia de Dios está poco presente en Pablo. Pero se perfila ya lo que se desarrollará más adelante: Cristo se ha hecho para nosotros justicia (1 Cor 1,30; cf. también 4,4 y 6,11); en Cristo nos hacemos justicia de Dios (2 Cor 5,21; cf. también 3,9 y sobre todo Flp 3,6-9, en donde Pablo opone por primera vez la justicia que viene de la ley a la justicia que viene de la fe de Jesucristo).
En Pablo, el concepto de justicia va ligado a la cuestión de la existencia humana delante de Dios. Se trata de un concepto soteriológico más bien que ético: no ya la justicia que Dios quiere, sino la justicia que concede al hombre. Los dos términos más importantes de la carta a los Gálatas sobre la justificación son Gal 2,16-21 y 3,6-29, cuya substancia está recogida por entero en Romanos. La primera aparición del concepto de justicia en la carta a los Romanos confirma que, cuando Pablo habla de la justicia de Dios, habla del hombre en busca de justificación: Pues no me avergüenzo del evangelio que es fuerza de Dios para que se salve todo el que cree, tanto si es judío como si no lo es. Porque en él se ha manifestado /ajusticia de Dios a través de una fe en continuo crecimiento, como dice la Escritura: «el justo vivirá por la fe» (Rom 1,16-17).
Antes de recoger esta tesis fundamental, Pablo recuerda el diagnóstico: Dios, que es un Dios de justicia, dará a cada uno según sus obras (Rom 2,5); sólo serán justificados los que pongan en práctica la ley (Rom 2,13). Pues bien, no hay ni siquiera uno justo (Rom 3,10); porque nadie será justificado delante de él por las obras de la ley (Rom 3,20).
La tesis de Rom 1,17-18 se recoge entonces en Rom 3,21-31: sólo la fe de Jesucristo justifica a los hombres, judíos y paganos indistintamente. Abra-hán es padre de los creyentes, no por causa de su justicia (la de las obras, la de la obediencia a la ley o la de la circuncisión), sino por causa de la justicia que él recibe de Dios en la fe (Rom 4,1-25; cf. además 5,1-21; 10,1-11).
Dios hace del pecador, pagano o judío, un justo; declara justo a alguien que no lo es en sí mismo. El cristiano es justificado por una decisión unilateral y graciosa de Dios. Su identidad de hijo de Dios no tiene que construirse a base de esfuerzos, sino que se recibe graciosamente de una palabra de Dios que se manifiesta en Cristo. Es incluso la fe lo que hace que el hombre, unido a Cristo, reciba la justificación (Rom 5,1) y viva como una nueva criatura (2 Cor 5,17). Pablo radicaliza de este modo la comprensión de la gracia de Dios: la salvación no se encuentra ya en la pertenencia al pueblo elegido (la circuncisión o el privilegio de haber recibido la ley y obedecerla), o al término de una vida de santidad; se encuentra en una palabra exterior al hombre, en una decisión soberana y graciosa de Dios que el hombre recibe en la fe.
La tradición paulina conoce el evangelio de la justificación sin las obras (Tit 3,5.7), pero insiste más en la dimensión ética de la justicia (Ef 4,24; 5,9; 6,1.14; Col 4,1; 1 Tim 6,11; 2 Tim 2,22; 3,16; Tit 1,8; 2,12).
E. Cu.
AA. VV., Vocabulario de las epístolas paulinas, Verbo Divino, Navarra, 1996
Fuente: Vocabulario de las Epístolas Paulinas