IRENEO, SAN

SUMARIO: I. Aproximación al autor y su obra.-II. El riesgo de la gnosis y la respuesta de Ireneo: 1. La gnosis; 2. Respuesta de Ireneo.-III. La SS. Trinidad e Ireneo: unión entre economí­a e inmanencia: 1. El Padre; 2. El Hijo; 3. El Espí­ritu Santo; 4. El ser de Dios es salvifico; 5. Fórmulas Trinitarias.-IV. Planteamiento eclesial del tema: 1. El Dios revelado en la Sagrada Escritura; 2. El Dios de la fe; 3. La Tradición; 4. Actualidad.

I. Aproximacion al autor y su obra.

La obra de san Ireneo (t 202), sin duda el más grande teólogo del siglo II,marca un hito importante en la historia del dogma. Sus cinco libros Adversus Haereses, escritos en una abierta lucha contra el gnosticismo, y el pequeño opúsculo Demostración apostólica, de carácter catequético y algo posterior, reflejan una asombrosa complejidad de temas y enfoques teológicos, los cuales han ejercido siempre una peculiar atracción sobre la teologí­a. La densa argumentación de estos escritos transparenta todo el dinamismo, el entusiasmo y fervor de un verdadero «hombre de espí­ritu», plenamente entregado al servicio de la Iglesia’. Así­ lo dan a conocer también los pocos datos, que se han conservado de su vida, tanto en el Asia Menor, donde nació y escuchó al mismo san Policarpo, como en Roma, durante una breve estancia y posteriormente en una defensa de las iglesias asiáticas; pero, sobre todo, en la Iglesia de Lyon, que dirigió desde 177 como obispo.

San Ireneo nutre su pensamiento de importantes fuentes como son: san Juan, san Pablo y la «tradición de los presbí­teros» de su tierra natal. Con esto, logra articular dos visiones de Dios: una de corte más bien paulino, que destaca la universalidad del señorí­o y del poder salví­fico de Dios y otra más bien de corte joánico, que atiende al juicio disyuntivo de Dios. No manifiesta mayor preparación literaria, y escribe en forma poco sistemática para nuestro modo de pensar, pero es siempre original. Dedica todo su esfuerzo a desenmascarar la falsa gnosis, al mismo tiempo que elabora una profunda visión de la verdadera fe cristiana.

El obispo de Lyon recalca fundamentalmente la unidad de Dios en cuanto espí­ritu puro y subsistente,con quien se encuentra coordinado el único Hijo de Dios, el Verbo, y el único Espí­ritu de Dios, la Sabidurí­a, desde antes de la creación y elabora, luego, una dramática argumentación sobre la interrelacion personal y libre del «hombre creado» -cuerpo animado, puesto en el mundo, que necesita de Dios- y este «Dios increado», majestad soberana, que se glorifica en el hombre en la medida en que lo introduce en su plenitud a través de la economí­a de su amor, por un movimiento incoativo hacia el «Cristo glorioso», asequible sólo al interior de la Iglesia’.

Esta amplia visión de fondo, que considera al amor divino extendiéndose en forma dinámica y descendente a lo largo del correr histórico en un movimiento de continuidad discontinua, podemos estudiarla en tres aspectos fundamentales: El riesgo de la gnosis y la respuesta de Ireneo; La SS. Trinidad e Ireneo: unión entre economí­a e inmanencia; Planteamiento eclesial del tema.

II. El riesgo de la gnosis y la respuesta de Ireneo
PROBLEMAS FILOSí“FICOS FUNDAMENTALES. Para comprender mejor el riesgo que significa la gnosis para el naciente cristianismo y la respuesta que propone san Ireneo, vale la pena tomar en cuenta algunos problemas filosóficos importantes, que estaban en juego, tales como la posibilidad de ser y la calidad ontológica de lo creado, en cuanto que es diferente de Dios; la creación del mundo y el origen del mal; la relación entre la libertad y la naturaleza; el principio constitutivo del mundo, y la posibilidad real por parte del hombre del acceso a Dios, como también, la transcendencia de Dios.

1. LA GNOSIS. Responde a los problemas señalados fundamentalmente con un emanacionismo dualista’, que busca en las emanaciones y en la degradación del ser el origen de la materia y del mal, responsabilizando finalmente a éste último, a Dios, y liberando a su vez al hombre, ya que el mal proviene de la naturaleza y no de la libertad. Lo anterior se cristaliza en el dualismo de los dos dioses, del Antiguo y del Nuevo Testamento. Por otra parte, las emanaciones y el despliegue de las virtualidades divinas, mantienen la transcendencia absoluta de Dios, sin dejar fuera la religiosidad del hombre, ya que éste puede acceder a los «vestigios de Dios», que hay en el mundo. Como consecuencia lógica, resalta el monismo dado por el pneuma como principio de todas las cosas. Este pneuma se reparte a todo el mundo y luego vuelve a sí­, destruyéndose todo lo que en el mundo es malo, lo que es «no ser». De ahí­ que el riesgo de la gnosis consiste en pensar a Dios, Fuente de vida, como separado fatalmente del hombre, puesto en el mundo, por un abismo insalvable.
2. RESPUESTA DE IRENEO. La respuesta de Ireneo es clara, ordenada y precisa, pero sólo se percibe como tal, en la totalidad. Esta respuesta se centra en la benignitas eius (Dei) inenarrabilis, que pone de manifiesto por un lado, el carácter inefable de la misma, y por otro supone la presencia de Dios en cuanto Padre, Hijo, y Espí­ritu Santo.

Ireneo elabora así­ una doctrina trinitaria que mantiene la transcendencia de Dios, el cual creó todo, mantiene todo y da la sustancia a todo; pero que a su vez, a partir de su amor, él es también conocido a través de su Verbo, que modela y se encarna, y através del Espí­ritu que diviniza y da crecimiento, estando él también con cada uno de nostros. Destaca Ireneo, luego, la economí­a unitaria de Dios, que al ser múltiple no es, sin embargo, más que una sola. Un solo proyecto salido del buen deseo del Padre, de su bondad supereminente. Insiste, en forma especial, en la economí­a recapituladora de toda la realidad humana, de toda la obra de la creación y en la bondad de la creación que fue modelada por las manos de Dios. Esta economí­a la interrelaciona con la historia de la salvación histórica, que hace posible el crecimiento progresivo del hombre, gracias a su libertad, y una vez que ya ha sido salvado, por la mediación del Espí­ritu que da precisamente este crecimiento. De ahí­ el papel del Hijo como recapitulador, productor de intercambio, y el Espí­ritu como vivificante, que da crecimiento. Este es el modo como Ireneo intenta decir lo que «ve» en el misterio de Dios y lo hace desde una forma de «decir» histórico salví­fico, de tal manera, que los dos niveles -exterior-interior- se condicionan y sostienen mútuamente, como la forma exterior de la manifiestación con respecto a su dinámica interna’.

III. La SS. Trinidad e Ireneo: unión entre economí­a e inmanencia
Podemos pensar inicialmente que el eje articulador de la teologí­a de Ireneoes el Verbo Encarnado, pero éste se basa en una visión trinitaria, lo que constituye así­ el fundamento de todo el pensamiento ireneano». El acento de la doctrina trinitaria está puesto en las personas divinas y en la Trinidad económica, pero siempre en una referencia innegable a la ‘unidad inmanente. No serí­a correcto aplicar aquí­, indiscriminadamente, una division entre un pensamiento más cercano a la Trinidad económica y otro más acorde a la Trinidad inmanente. Ireneo, de hecho, no especula sobre lo intratrinitario en un sentido sistemático, pero su pensamiento y las fórmulas respectivas manifiestan una inmediatez y una frescura mayores’. Veamos qué dice acerca de:
1. EL PADRE. Es la fuente de la Trinidad: sus manos son su Verbo y su Sabidurí­a, es decir, su Hijo y su Espí­ritu Santo’. Todo lo hace a través de ellos. Es la fuente de la economí­a. Es Unico y el mismo siempre. Actúa siempre con su bondad supereminente. Se mueve por su libertad, su buen deseo, no por una necesidad o caí­da. El fin de toda la creación y del hombre es la «visión de Dios», el Padre. Visión de máxima gratuidad y plenitud, pues da al hombre la incorruptibilidad, que es una consecuencia de la participación plena en su gloria.
2. EL HIJO. Es el Verbo del Padre, su Hijo, su mano, a través del cual ha creado y modelado todo. Siempre ha estado junto al Padre. Es el revelador del Padre,»la realidad invisible que se ve en el Hijo es el Padre, y la realidad visible en la cual se ve al Padre es el Hijo. La encarnación del Verbo es el encuentro de Dios y el hombre en la historia, proceso de amor bondadoso y misericordioso entre Dios y el hombre. Este proceso comienza en la creación y termina en la consumación final. La encarnación recapitula y diviniza al hombre a través de la historia de salvación. Por lo tanto, la encarnación manifiesta claramente junto con revelar a Dios, la realidad profunda de Dios: donación de sí­ mismo. Esto implica al hombre como sujeto capaz de la misma y a Dios como aquel que se da.

3. EL ESPíRITU SANTO. Es la Sabidurí­a del Padre, su mano, por quien Dios se introduce en la realidad, transformándola desde dentro. Siempre ha estado junto al Padre. Es el que vivifica, renueva, da vida, santifica, da crecimiento, acostumbra, es Dios en…, pero no de una manera exterior, sino como causa interna. El Espí­ritu continúa la obra del Hijo realizando la apropiación subjetiva de la salvación.

4. EL SER DE DIOS ES SALVíFICO. Todo el actuar de Dios apunta a la visión de él, al contacto con él de parte del hombre. Y el contacto con Dios produce en el hombre la inmortalidad, la incorruptibilidad, la divinización, la filiación adoptiva.
En un esfuerzo especulativo, podemos descubrir que lo dicho hasta aquí­ nos manifiesta la realidad inmanente de Dios como Principio (Padre), Imagen (Hijo) y Apropiación (Espí­ritu Santo), unidos por su libertad y amor.

5. Fí“RMULAS TRINITARIAS. Hay también en la obra ireneana textos trinitarios densos, que sintetizan magnificamente el misterio trinitario, tales como: «Aquel que ha ungido es el Padre, aquel que ha sido ungido es el Hijo, y lo ha sido en el Espí­ritu Santo que es la unción» y, «el Padre decide y manda, el Hijo ejecuta y modela, el Espí­ritu alimenta y da crecimiento, y el hombre progresa poco a poco hacia la perfección». Especial relevancia tienen las «confesiones de fe» propiamente tales. En ellas resalta con mayor nitidez la coordinación dinámica de la acción salví­fica de las tres personas divinas, dentro de un contexto eclesial complejo, sobre todo, bautismal y eucarí­stico.

IV. Planteamiento eclesial del tema
San Ireneo condiciona el verdadero conocimiento de Dios a la dimensión eclesial, etapa final del movimiento de la recapitulación. En este lugar concreto, arraigado en la visibilidad de la Palabra hecha carne y desparramada por todo el mundo a causa de la efusión del Espí­ritu, el obispo de Lyon ve que acontece la verdad de Dios para el hombre, y sólo allí­.

1. EL DIOS REVELADO EN LA SAGRADA ESCRITURA. La verdad de Dios es para san Ireneo sinónimo de realidad encarnada en Cristo como en su «propia casa» y revelada en la Sagrada Escritura a través de los dos Testamentos. Esta es sólida, firme, confiable y posee una coherencia interna plena que no permite contradicción.

2. EL DIOS DE LA FE. La fe, antes de ser acogida por parte del hombre,es don, libremente concedido por el único Dios verdadero. Su donación se realiza en el momento de la convocación de los hombres a partir de la resurreccion y de pentecostés, cuando los apóstoles, fortalecidos por el Señor resucitado y plenificados por el Espí­ritu Santo, salen a predicar el evangelio de la Verdad. Por este testimonio de los apóstoles, trasmitido de generación en generacion, la Iglesia se constituye en torno a la verdad de Dios.

3. LA TRADICIí“N. La fe, que la Iglesia ha recibido de los apóstoles, sigue siendo la misma hasta el dí­a de hoy en todo el mundo. Esto se debe, sin duda, a la fuerza y al dinamismo de la Tradición, en la medida en que el mismo Espí­ritu de Dios la vivifica y rejuvenece. Es él quien fue depositado en la Iglesia como don de Dios y quien da vida desbordante a todos sus miembros. Pues «donde está la Iglesia, está el Espí­ritu de Dios y donde se encuentra el Espí­ritu de Dios, ahí­ está la Iglesia y toda gracia. Porque el Espí­ritu es la Verdad». Los que no acogen al Espí­ritu de la Verdad, no reciben de los pechos de la Madre el alimento para vivir, el agua de vida, que procede del cuerpo de Cristo, al cual, cada uno se integra por el bautismo. Ahí­ el hombre recibe la fe de parte de la Iglesia y al acogerla en una triple proclamación solemne, renace a vetustate in novitatem Christi «.
4. ACTUALIDAD. La doctrina trinitaria de san Ireneo ha conservado, sin duda, su importancia a lo largo de la historia del dogmay ha recuperado su plena vigencia, sobre todo, a partir del Vaticano II en donde fue uno de los Padres de la Iglesia más citado. Por cierto, un pensamiento tan abierto al mundo como el de este santo obispo de Lyon, que, junto a una impresionante fidelidad eclesial, habla del Dios, como Padre, Hijo y Espiritu Santo que se compromete con el hombre en toda la corporeidad, no puede por menos de encontrar hoy oí­dos dispuestos para ser acogido.

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Anneliese Meis

PIKAZA, Xabier – SILANES, Nereo, Diccionario Teológico. El Dios Cristiano, Ed. Secretariado Trinitario, Salamanca 1992

Fuente: Diccionario Teológico El Dios Cristiano