IPUWER, ADMONICIONES DE

El nombre de Ipuwer es conocido sólo por un manuscrito defectuoso que registra una serie de informes, reproches y admoniciones para el faraón de Egipto. El contexto exacto en el cual Ipuwer presentó su discurso se desconoce. El principio y el fin del texto no se han conservado y el texto que existe se inicia con un discurso ya comenzado. La ocupación de Ipuwer es también desconocida, pero se ha señalado que era una especie de tesorero oficial que aparecí­a ante el rey tratando de hacerlo consciente de la verdadera situación del reino. Una referencia (†œmentiras te son dichas†) puede indicar que Ipuwer creí­a que la indiferencia del rey se debí­a a la falta de información exacta.
El contexto histórico del discurso es un asunto en el cual generalmente los eruditos están de acuerdo. En la arenga de Ipuwer surgida en un perí­odo de problemas de la historia egipcia seguida por la disolución del antiguo imperio y frecuentemente designado como el primer perí­odo intermedio ( ca. 2200–2050 a. de J.C. ). Este era un tiempo caótico en el cual Egipto sufrió por la disolución del poder y de la organización del imperio antiguo. Fue un tiempo de cambio, desafí­o y conflicto. No fue esta una época para un rey negligente y mal informado.
Las condiciones prevalecientes son presentadas con bastantes detalles por Ipuwer. La seguridad interna habí­a sido quebrantada. Los bandidos deambulaban por el paí­s y existí­a una falta de respeto general por la ley. Los extranjeros aparecieron por todas partes y parecí­a haber el peligro de una invasión. El empobrecimiento económico se apoderó de la tierra. El mercado extranjero disminuyó grandemente y la producción doméstica estaba en su nivel más bajo: no se araba, al ganado se le dejaba andar suelto y sin atención, los depósitos estaban vací­os y sus guardianes muertos. Estos infortunios estaban acompañados por cambios radicales en la estructura social. El pobre habí­a cambiado su lugar con el rico, los nobles habí­an desaparecido y los sirvientes tení­an poco respeto por sus amos. Aun el reinado mismo estaba amenazado por hombres irresponsables. La tierra estaba girando como la rueda del alfarero, la risa se habí­a convertido en lamento, el suicidio y la lucha sanguinaria plagaban la tierra.
Alguna de la literatura de este perí­odo refleja las fuertes corrientes de desesperación que estaban en la vida del pueblo. Un profundo pesimismo poseí­a las mentes y las voluntades de algunos. Pero Ipuwer no era uno de éstos. El parece haber estado más cerca de aquellos que buscaban un cambio social constructivo. No todos fueron presas de un sentido paralizador de ruina. Habí­a quienes expresaban un creciente deseo por una vida mejor para la mayorí­a de la gente y un interés por el †œhombre común†. Aun al siervo se le debí­a dignidad y justicia. Serí­a incorrecto llamar a Ipuwer un reformador social basándonos en los materiales existentes. Su objetivo principal parece haber sido el retorno a la estabilidad de una sociedad en fermento. Sin embargo, él fue positivo en su manera de confrontar la situación y audaz para echar la responsabilidad por el deterioro de la situación al rey a la vez que proponí­a que los problemas debí­an ser tratados de una manera enérgica.
En el intento por estimular al rey a la acción, Ipuwer siguió sus lamentaciones con una serie de imprecaciones (de las cuales se derivan las †œadmoniciones† del tí­tulo para recordar varias disposiciones tocantes a la adoración). El también describe al gobernador ideal como alguien que no tení­a maldad en su corazón, que cuidaba de su pueblo como un buen pastor. No es posible precisar si él estaba pensando en un gobernador ideal del pasado (tal vez siguiendo el modelo del dios-sol Re) o si expresaba la esperanza de tal gobernador en el futuro. Esto último es más probable y algunos eruditos han visto una forma de profecí­a mesiánica en sus palabras. En realidad, ha sido más bien común encontrar a Ipuwer comparado con los profetas del Antiguo Testamento. Su discurso ha sido considerado como una clase de esquema de las profecí­as del Antiguo Testamento.
Estudio más reciente ha tendido a minimizar la similaridad entre Ipuwer y el Antiguo Testamento. Es verdad que él recuerda al lector a los profetas israelitas por su manera intrépida en la cual confronta al rey con la perturbadora denuncia de las condiciones sociales. También él pudo, antes que los profetas, haber tenido alguna esperanza de algún gobernante futuro que corregirí­a las equivocaciones del presente y que restaurarí­a la seguridad perdida del territorio. Pero este deseo universal y muy humano puede ser llamado †œprofecí­a mesiánica† sólo en un sentido muy amplio. A diferencia de los profetas de Jehová, Ipuwer no habla en el nombre de un dios, ni busca ninguna manera significativa de probar que son causas espirituales las que se ocultan bajo la tormenta contemporánea. El merece un lugar de honor entre los agudos crí­ticos de una sociedad complaciente e injusta, pero difí­cilmente pertenece a la lí­nea de hombres como Amós, Isaí­as y Jeremí­as.
BIBLIOGRAFIA: A. H. Gardiner, The Admonitions of an Egyptian Sage, J. C. Hinrichs, Leipzig, 1909. Adolf Erman, The Literature of the Ancient Egyptians, trans. Aylward M. Blackman, Methuen and Company, Ltd., London, 1827, págs. 92–108. J. A. Wilson, †œEgyptian Oracles and Prophecies†, ANET , ed. J. B. Pritchard, Princeton University Press, Princeton, 1955. J. H. Breasted, Development of Religion and Thought in Ancient Egypt, Harper and Brothers Publishers, New York, 1959, págs. 204–215; The Dawn of Conscience, Charles Scribner†™s Sons, New York, 1933, págs. 194–200.

Fuente: Diccionario Bíblico Arqueológico