HOMBRE, SER HUMANO

(anthrópos)

Los 126 empleos de anthrópos en el corpus paulino sirven para designar el ser humano, de una manera genérica. Anthrópos, en una perspectiva universal, designa a todos los hombres, varones y mujeres (2 Cor 3,2; 5,11; Rom 12,17; etc.), y en una perspectiva particular, al individuo (Gal 6,1).

Se describe al hombre en su relación con Dios y con el mundo. Si la connotación puede ser negativa -el hombre marcado por el pecado, débil y corruptible (Rom 1)-, lo cierto es que el hombre descrito por Pablo no es jamás una criatura caí­da, aplastada por la trascendencia de su Creador, como ocurre en los escritos esenios o gnósticos. Al contrario, en la visión paulina, el hombre se caracteriza por la dignidad que le confiere su vocación: está hecho a imagen de Dios (1 Cor 11,7), dignidad que Pablo no reserva solamente al hombre, como hacen los rabinos, sino que reconoce también a la mujer.

El término anthrópos aparece igualmente en cierto número de expresiones: «el hombre viejo» (Rom 6,6; Ef 4,22; Col 3,9), «el hombre nuevo» (Ef 2,15; 4,24), «el hombre interior» (Rom 7,22; 2 Cor 4,16; Ef 3,16), «el hombre exterior» (2 Cor 4,16), «el hombre psí­quico» (1 Cor 2,14), «el hombre terreno» (1 Cor 15,47). Hay numerosos estudios que han buscado su origen (gnosticismo, helenismo, Filón, etc.). Más que el origen, la función de estas expresiones en un texto preciso es determí­nate: el análisis de la relación que mantienen con los términos del campo semántico en el que se han forjado (carne, alma, etc.) permite entonces percibir su sentido.

C. R.

AA. VV., Vocabulario de las epí­stolas paulinas, Verbo Divino, Navarra, 1996

Fuente: Vocabulario de las Epístolas Paulinas