(charis, eucharistein)
Charis es una palabra eminentemente paulina: 100 empleos entre los 155 del Nuevo Testamento; este término, que falta en Mateo y en Marcos, sólo se encuentra 8 veces en Lucas y 4 veces en Juan. El verbo eucharistein aparece en el griego de la lengua común (koiné) en el sentido de «dar gracias» y ocupará en el vocabulario cristiano el lugar de eulogein, bendecir, que parecía demasiado judío.
En los Setenta, charis traduce el hebreo hén, en el sentido de «favor» concedido por un poderoso a la persona que lo implora. El término griego designa ante todo por sí mismo la belleza, el encanto de una persona que atrae de este modo sobre sí la estima y el amor. Por eso, la charis bíblica tiene un valor relacional: si parte de Dios, transforma al que la recibe y provoca en ella en compensación la acción de gracias. De aquí se deriva la fórmula de gratitud del tipo: ¡Gracias (sean dadas) a Dios! (Rom 6,17; 7,25; 1 Cor 15,57; 2 Cor 2,14; 8,16…).
Mientras que nosotros solemos hablar de las gracias que Dios nos concede, el apóstol piensa fundamentalmente en la charis englobante de Dios, a saber, en su plan de salvación en Jesucristo. Es sobre todo en el momento de las controversias con los judaizantes cuando Pablo emplea este término: 7 veces en Gálatas, 24 en Romanos. Oponiéndose al pecado de Adán, el don de la gracia obtenido por Jesucristo vale para toda la multitud y fructifica para la vida eterna (Rom 5,12-21). El régimen de la gracia se opone así al de la Ley (Gal 5,4), lo mismo que la gratuidad se opone a las prestaciones que merecen un salario. Si es por gracia, ya no se debe a las obras, pues de lo contrario la gracia no sería gracia (Rom 11,6). Somos justificados por gracia en un régimen de fe (Rom 3,24; 4,16; 5,2), lo cual tiene que excluir todo tipo de orgullo ante Dios (Rom 4,2; 1 Cor 1,29). La carta a los Efe-sios recogerá esta misma enseñanza: Por la gracia habéis sido salvados mediante la fe; y esto no es algo que venga de vosotros, sino que es un don de Dios (Ef 2,8).
Si Pablo habla tan frecuentemente de la gracia, es porque él mismo ha tenido de ella una experiencia decisiva cuando su conversión: Por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia de Dios no ha sido estéril en m/'(1 Cor 15,10. Su mismo apostolado es una gracia (Rom 1,5; 12,3; 1 Cor 3,10…) En respuesta a su oración, oye que Dios le dice: Te basta con mi gracia (2 Cor 12,9).
Favor puramente gratuito, la gracia de Dios no debe recibirse en vano (2 Cor 6,1), sino dar frutos. El apóstol protesta contra una caricatura de su enseñanza que condujera a una indiferencia ante el pecado (Rom 6,1). Los filipenses no sólo recibieron la gracia de la fe, sino también la de sufrir por
Cristo (Flp 1,29). Salvados por gracia, tenemos que realizar las obras buenas que Dios ha preparado de antemano para que las practiquemos (Ef 2,10).
Charis se emplea también en un sentido menos fuerte para significar alguna de las manifestaciones de la gracia, como la llegada de Pablo a Corinto (2 Cor 11,15). Véase también Carisma.
El verbo eucharistein introduce la acción de gracias con la que Pablo abre la mayor parte de sus cartas (Rom 1,8; 1 Cor 1,4; Flp 1,3; FIm 4; Col 1,3; 1 Tes 1,2; 2 Tes 1,3). Es ésta una de las formas características de la oración cristiana (1 Cor 14,16; Ef 5,20; Col 1,12; 1 Tes 5,18). Lo mismo que eulogein, eucharistein puede significar la bendición que precede a la comida (Rom 14,8) y se convertirá en el verbo técnico para la eucaristía (1 Cor 11,24).
E. Co.
AA. VV., Vocabulario de las epístolas paulinas, Verbo Divino, Navarra, 1996
Fuente: Vocabulario de las Epístolas Paulinas