(euangelion, euangelizein)
Euangelizein, literalmente «dar una buena noticia», se refiere en sentido profano al anuncio de la entronización de un nuevo emperador, del nacimiento de un heredero o de una victoria. En la versión griega del segundo Isaías, su empleo está cerca del sentido profano, aunque adquiere una tonalidad religiosa (Is 40,9; 52,7; 61,1).
El verbo «evangelizar» aparece 54 veces en el Nuevo Testamento: 25 veces en Lucas y 21 en Pablo; en cuanto al término «evangelio», se encuentra 76 veces en el Nuevo Testamento, entre ellas 8 veces en Marcos y 60 veces en Pablo: ¡casi un monopolio! Poniendo frente a frente Mc 1,1 y 1 Cor 15,1-5, se constata además que los dos usuarios privilegiados ofrecen de esta palabra dos facetas distintas: una, vuelta hacia el reino de Dios, y la otra hacia el Mesías muerto y resucitado. Pero las dos juntas han inspirado en la palabra «evangelio» tal densidad simbólica que la han convertido en sinónimo de la fe cristiana en lo que ésta tiene de más específico.
1. El evangelio es la palabra traída por Cristo Jesús y la palabra que al mismo tiempo lo trae a él a través de la misión de su embajador. Se trata, para Pablo, de Jesús crucificado (1 Cor 1,1-2.5) y resucitado (1 Cor 15,1-5), de Cristo, el hijo de David, como precisa Rom 1,1-3 (cf. 2 Tim 1,8). La concen tración del evangelio en la persona de Cristo puede
incluso quedar fijada en su nombre (Rom 16,25; 2 Cor 2,12; 10,16; etc.).
«Evangelio de Cristo Jesús», el evangelio anunciado por Pablo es inseparablemente «evangelio de Dios»: aquí aparece el teólogo que va a dar a la palabra todo su impacto vinculándola al conjunto del mensaje bíblico. Tal es la finalidad de la Epístola a los Romanos, cuya tesis se resume en 1,16.17. Dios no ha cambiado con el evangelio. Es él mismo, más que nunca: allí se manifiesta su justicia, es decir, su reinado, su fuerza de salvación. Dios lo ha apostado todo en él: ¡lo peor que podría pasar sería tener vergüenza del evangelio!
2. La relación entre el apóstol y el evangelio es una relación apasionada. En cuanto formulación inicial de la fe, Pablo ha recibido el evangelio de sus predecesores y la ha transmitido a los demás (1 Cor 15,1-3). Pero en cuanto manifestación última de la intención de amor al mundo, Pablo afirma que no ha recibido el evangelio más que de Cristo en per
sona, gracias a una revelación inmediata (Gal 1,12). Pablo rechaza todo otro evangelio (2 Cor 11,4; Gal 1,6.8: aun cuando el anuncio venga de un enviado celestial; Gal 2,14 añade que el primero de los apóstoles, Pedro, puede ser convencido de error en este aspecto). Semejante identificación entre «su» evangelio (Rom 2,16; etc.) y el evangelio de Cristo no dejó de suscitar la reacción de los adversarios de Pablo (encontramos un eco de ello en sus epístolas, y más tarde en toda una literatura apócrifa dirigida contra él).
3. La proclamación del evangelio entre las naciones es la tarea asignada al apóstol. Ni siquiera la administración del bautismo fue el objetivo de su misión (1 Cor 1,17). Si Pedro fue encargado de los «circuncisos», Pablo es reconocido como delegado para los «paganos» (Gal 2,5-7; cf. Col 1,23). El está convencido de haber «cumplido» el evangelio, dándole toda su dimensión, como lo hizo Jesús respecto a las Escrituras (Rom 15,16-19; cf. Col 1,23-29, donde se explícita el ministerio del evangelio según Pablo; cf. Apóstol).
4. La ambición de Pablo es anunciar el evangelio «gratuitamente», sin usar de los poderes que de él se derivan. Más aún, la implicación entre el mensaje y el mensajero es tal que el apóstol lleva sus huellas en su propia carne. El evangelio no es un discurso (1 Tes 1,5), muestra su poder por la acción del Espíritu. Pablo expresa su gozo de engendrar a la vida por el evangelio (1 Cor 4,15), pero a través de combates, de luchas, de persecuciones (ejemplos: Gal 4,13; 1 Tes 2,2.8.9; Flp 12-16; Flm 13; etc.). En 1 Cor 9 y 2 Cor 11,4-7 se atestigua esta encarnación. Si Pablo se presenta a sus discípulos como el heraldo, el apóstol y el doctor del evangelio, no ejerce sobre él ningún monopolio. La Carta a los Filipen-ses se dirige a una comunidad que comparte totalmente su ministerio, su combate y sus sufrimientos ligados a la proclamación del evangelio, a su «progreso»; hay otros individuos que toman parte en esa misma tarea, sin restricción alguna (Evodia y Síntique: Flp 4,2; Timoteo: Flp 2,2; 1 Tes 3,2; 2 Tim 1,8; etc.). Convertido casi en sinónimo de cristianismo, el evangelio tiene toda una historia por delante (Flp 4,15).
M. B.
AA. VV., Vocabulario de las epístolas paulinas, Verbo Divino, Navarra, 1996
Fuente: Vocabulario de las Epístolas Paulinas