CUARENTA DIAS

Tiempo pascual. (-> resurrección, ascensión, Pentecostés, Lucas). El sí­mbolo de los cuarenta años, como tiempo de una generación larga, está vinculado a la prueba de los israelitas en su paso por el desierto, hasta la entrada en la tierra prometida (cf. Ex 16,35; Dt 1,3; Jos 5,6). La Biblia alude también a cuarenta dí­as y cuarenta noches, como tiempo de la ira de Dios (Gn 7,4.12) o de su revelación a Moisés en la montaña (cf. Ex 34,28; Dt 9,9). La tradición sinóptica recuerda los cuarenta dí­as de la tentación de Jesús en el desierto (Mt 4,2 par).

(1) El orden lucano de la pascua. Lucas ha recogido el sí­mbolo y lo aplica al tema de la pascua, suponiendo que Jesús se apareció a sus discí­pulos, de un modo continuo, durante cuarenta dí­as, para luego subir al cielo (ascensión*). De esa forma puede hablar de los cuarenta dí­as en que Jesús se ha manifestado a los hombres, en el comienzo de la Iglesia, distinguiendo en Lc 24 y Hch 1-2 tres momentos o tiempos del despliegue pascual, (a) Pascua como experiencia del resucitado. Se extiende durante cuarenta dí­as, que así­ aparecen como tiempo fundante de la Iglesia, (b) Ascensión como signo de culminación pascual: Jesús no se aparece ya como al principio, está en la gloria de Dios, (c) Pentecostés: Jesús enví­a el Espí­ritu Santo desde el Padre. Como Señor escatológico y también como Hijo de Dios, puede ofrecer a los hombres la gracia de su vida, el don de su Espí­ritu.

(2) Un lí­mite para la pascua. A fin de presentar el despliegue pascual de esa manera, Lucas ha tenido que poner un lí­mite al perí­odo primero, de estado naciente, de la Iglesia pascual. En un primer momento no hací­an falta unas fronteras entre tiempo pascual y tiempo tras la pascua. Después de la resurrección, todo tiempo era pascua para los creyentes que viví­an esperando la parusí­a en Galilea (Mc 16) o que se extendí­an desde Galilea a todo el mundo, llevando con ellos la presencia de Dios, que se les habí­a manifestado como poderoso para siempre en la montaña de la pascua (Mt 28,16-20: Jesús no se habí­a ido, sino que permanecí­a con los suyos). Por eso, lo mismo que se habí­a mostrado en el principio a las mujeres y a Pedro, y al resto de los discí­pulos, Jesús podí­a seguirse revelando para mostrar nuevos caminos y experiencias dentro de la Iglesia. Pero, en un momento dado, una vez que los creyentes fueron tomando distancia en relación con los principios de la Iglesia, resultaba necesario precisar las fronteras del primer tiempo de pascua, para distinguirlo de las etapas posteriores. Así­ lo habí­a hecho, en otra perspectiva, el mismo Pablo, cuando interpretaba su visión de Jesús resucitado como la última de todas, el cierre de la pascua (1 Cor 15,3-8). Pues bien, el tiempo pascual, que para Pablo habí­a durado unos tres años (hasta que él mismo vio a Jesús), habrí­a durado según Lucas sólo cuarenta dí­as. Conforme a esa visión de Lucas, la experiencia pascual de Pablo ya no formaba parte del despliegue originario de la Iglesia.

Cf. A. Jáuregui, Testimonio. Apostolado. Misión. Justificación del concepto lucano apóstol-testigo de la resurrección, Mensajero, Bilbao 1973; V. Larrañaga, La Ascensión del Señor en el Nuevo Testamento I-II, CSIC, Madrid 1943.

PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007

Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra