CORONACION (ASUNCION)

(-> Marí­a, madre de Jesús). En 1950 la Iglesia católica ha definido la Asunción de Marí­a «que ha sido elevada a la gloria de Dios en cuerpo y alma», suponiendo además que este dogma se encuentra contenido en la Escritura (cf. Denzinger-Hünermann 3900-3904). No es fácil encontrar pasajes de la Biblia que permitan afirmar este dogma, a no ser que ella se entienda e interprete desde la experiencia creyente del conjunto de la Iglesia católica. Desde esa base pueden releerse algunos textos.

(1) Anunciación: «Alégrate, amada de Dios, el Señor está contigo… El Espí­ritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza del Altí­simo te cubrirá con su sombra» (Lc 1,28.35). «El Señor ha mirado la pequeñez de su sierva, por eso me llamarán bienaventurada todas las generaciones» (Lc 1,48). Estos pasajes suponen que ha existido una presencia especial del Espí­ritu Santo en la vida de Marí­a.

(2) Pentecostés. Hch 1,13-14 afirma que la Madre de Jesús formaba parte de la primera Iglesia, sobre la que vino el Espí­ritu Santo (cf. Hch 2,1). Pues bien, la Iglesia ha supuesto que el Espí­ritu Santo ha llenado para siempre a Marí­a, la madre de Jesús.

(3) Protoevangelio: «Pondré enemistades entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya; ella (mujer y descendencia) te herirá en la cabeza cuando tú quieras herirle en el talón» (Gn 3,15). Ciertamente, este pasaje no alude a Marí­a, sino a Eva; pero puede evocar y evoca también a la mujer como signo de maternidad. En ese sentido ha podido aplicarse de un modo privilegiado a la Madre de Jesús.

(4) Visión apocalí­ptica: «Apareció una señal grande sobre el cielo: una mujer vestida de sol, con la luna bajo los pies y una corona de doce estrellas sobre la cabeza…» (Ap 12,1). Esta mujer puede relacionarse con Eva y, en sentido estricto, es un signo celeste, más que un personaje histórico. Además, desde una perspectiva cristiana, estas palabras pueden y deben aplicarse al pueblo de Israel y a la Iglesia. Pe ro, de un modo simbólico, a lo largo de los siglos, millones de cristianos católicos las han aplicado a la Madre de Jesús. Desde aquí­, a través de una exégesis creyente, que no se funda en la lectura literal de los textos (pero que tampoco va en contra de ella), la Iglesia católica ha podido sacar dos consecuencias. (a) Inmaculada: la madre de Jesús no ha sido vencida por la serpiente-dragón*. (b) Asunción: la madre de Jesús está vinculada a una experiencia de culminación celeste de los hombres. Por eso se ha podido decir que ella es limpia de pecado y que está asunta en el cielo. Estrictamente hablando, estos dos dogmas no dicen algo que se aplica sólo a la Madre de Jesús, sino que proyectan sobre ella una experiencia antropológica que puede y debe extenderse al conjunto de la Iglesia. Desde esa perspectiva se puede afirmar que ellos están contenidos dentro de la Escritura, tal como ha sido y sigue siendo leí­da por la Iglesia católica.

Cf. S. BENKO, Los evangélicos, los católicos y la Virgen Marí­a, Causa Bautista, Barcelona 1981; The Virgin Goddess. Studies in the Pagan and Christian Roots of Mariology, Brill, Leiden 1993; S. de FIORES y E. TOURí“N DEL PIE (eds.), Nuevo diccionario de mariologí­a, San Pablo, Madrid 1988; J. C. R. GARCíA PAREDES, Mariologí­a, BAC, Madrid 1995.

PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007

Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra