1Jo 2:18 el a viene .. han surgido muchos a
1Jo 4:3 este es el espíritu del a, el cual vosotros
2Jo 1:7 quien esto hace es el engañador y el a
Anticristo (gr: antíjristos, «adversario de Cristo» [de anti, «contra» o «en lugar de», y Jristós, Cristo]). Término que puede significar uno que se opone a Cristo, o uno que ocupa el lugar de Cristo, o uno que combina ambos papeles al asumir las prerrogativas de Cristo de tal modo que en realidad actúa contra el espíritu, los principios y la persona de Cristo. El término aparece en el NT sólo en los escritos de Juan (1 Joh 2:18-29; 4:3; 2 Joh_7). El apóstol supone que sus lectores ya han aprendido lo relacionado con el anticristo, y que ellos creen que su plena manifestación ocurrirá en relación con los últimos días. Como resultado, no identifica específicamente al anticristo como una persona u organización particular. Habla, en realidad, de muchos anticristos y de que ya estaban activos en sus días (1 Joh 2:18). Sin embargo, hace notar que se caracterizan por la negación de que Jesús es el Cristo y el encarnado Hijo de Dios. Aunque Juan es el único que usa el término «anticristo», la doctrina de un anticristo aparece en otros pasajes del NT. El Apocalipsis, bajo la figura de un leopardo, describe un gran poder que se opondría a Cristo y a su pueblo (13:1-18; véase CBA 7:831-838). Particularmente, el poder descripto por Pablo en 2Th 2:1-12 ha sido llamado el «anticristo». Este pasaje predice una apostasía que se desarrolla en la iglesia y que culmina con la revelación del «hombre de pecado» u «hombre impío» (BJ), que se sentará en el templo de Dios y se declarará Dios. A esta manifestación le seguirá 61 la 2ª venida de Cristo, la que destruirá al anticristo. Este pasaje parece tener una doble aplicación, pues primero describe la apostasía que se desarrolla en la iglesia cristiana, y luego la obra engañosa de Satanás, el anti-Cristo y anti-Dios por excelencia. Satanás se ha opuesto a Cristo por medio de diversas agencias humanas y demoníacas. Introdujo muchas herejías a través de los siglos, todas destinadas a engañar: en los días de Juan, tanto el docetismo como el gnosticismo fueron reconocidos como anticristianos; más tarde, al transcurrir la historia, muchos identificaron al papado con el anticristo. Además, al final de los tiempos Satanás jugará un papel más personal en los asuntos de la tierra (2Th 2:9), pero su «venida» (gr. parousía; cf 1 Joh 4:3) será seguida prontamente por su eventual y total destrucción.
Fuente: Diccionario Bíblico Evangélico
enemigo de Cristo, que aparecerá antes del fin del mundo, antes de la parusía o segunda venida del Señor. Impostor, simulará ser Cristo a fin de seducir y engañar a los fieles y llevarlos a la apostasía Mt 24, 24; Ap 13 1-8, y llenará la tierra de crímenes e impiedad. Este a. es una encarnación demoníaca, por eso la parusía será antecedida por la tribulación y las persecuciones, Mt 24 29-31; Mc 13, 25 ss. En el A. T., encontramos ya esta literatura apocalíptica y escatológica, y es Ezequiel, el iniciador, quien prefigura al a., la lucha entre el bien y el mal, en el capítulo 38, Yahvéh contra Gog, rey de Magog, pasando por las visiones del profeta Daniel, donde la lucha es contra Antíoco IV Epífanes Dn 7, 13 ss. San Pablo habla del gran enemigo de Dios, causante de la apostasía, como del hombre de la impiedad, hijo de la perdición, el adversario, 2 Ts 2, 3-4, inspirado en Dn 11, 36. San Juan es quien le da a este adversario el nombre de A., y, a su vez, dice que existen varios, los enemigos de la fe, 1 Jn 2, 18 y 4, 3; 2 Jn 7. El libro del Apocalipsis culmina esta tradición judía apocalíptica sobre el A., con un lenguaje simbólico y misterioso, el cual, al final, será vencido por Dios Ap 11, 1; 12, 3 y 18; 13, 3 y 11-17; 15, 2; 17, 1 y 3.
Diccionario Bíblico Digital, Grupo C Service & Design Ltda., Colombia, 2003
Fuente: Diccionario Bíblico Digital
(gr., antichristos, en contra, o en lugar de Cristo). La palabra anticristo puede significar un enemigo de Cristo o uno que usurpa el nombre de Cristo y sus derechos. La palabra se encuentra solamente en cuatro vv. de las Escrituras (1Jo 2:18, 1Jo 2:22; 1Jo 4:3; 2Jo 1:7), pero el concepto aparece a través de las Escrituras. Es evidente, por la forma como Juan y Pablo se refieren al anticristo, que ellos daban por sentado una tradición bien conocida en esa época (2Th 2:6; 1Jo 4:3).
El At da evidencia de una creencia en una persona o poder hostil que al final de los tiempos encabezará un ataque contra el pueblo de Dios, un ataque que será vencido por el Señor o su Mesías (Salmo 2; Ezequiel 38—39; Zacarías 12—14). El libro de Daniel provee descripciones vívidas del anticristo que hacen eco en el NT (comparar 2Th 2:4 con Dan 11:36-37; y comparar Rev 13:1-8 con Dan 7:8, Dan 7:20-21; Dan 8:24; Dan 11:28, Dan 11:30).
En su discurso escatológico, Cristo advirtió contra los falsos cristos y los falsos profetas que engañarán, de ser posible, aun a los escogidos (Mat 24:24; Mar 13:22). Se refiere a la abominación desoladora de la cual habló Daniel (Mat 24:15).
Pablo nos da una descripción completa de la obra del anticristo, el hombre de iniquidad (2Th 2:1-12). El se opondrá a Dios y se exaltará sobre él, y se sentará en el templo reclamando ser Dios. Juan muestra que la venida del anticristo era un evento generalmente esperado por la iglesia (1Jo 2:18).
La bestia de Rev 17:8 hace recordar a la bestia con los cuernos descrita por Daniel en los capítulos 7 y 8. Reclama y se le rinde homenaje divino y hace la guerra al pueblo de Dios. Por un período de tres años y medio reina sobre la tierra y es finalmente destruido por el Señor en una gran batalla. Con esta derrota la lucha entre el bien y el mal llega a su resolución final.
Fuente: Diccionario Bíblico Mundo Hispano
(Contra Cristo).
– El nombre de Anticristo sólo se menciona en las epístolas de San Juan, y dice que ha de venir, pero que ya está entre nosotros: (1Jn 2:18, 1Jn 2:22, 1Jn 4:3, 2Jn 1:7). Ver «Abominable Desolación».
– Jesús nos dice que provocará la «Abominable Desolación» predicha por Danie: (Mat 24:15).Y ésta, según Daniel, consistirá en cuatro cosas: 1- Destrucción del Santuario.
2- Cese del Sacrificio Perpetuo.
3- Destruirá la Ciudad.
4- Se irguió contra el Príncipe del Ejército, Dan 8:11-19, Dan 9:26-27, Dan 11:31, Dan 12:11.
– Las iglesias sin santuario ni sacrificio tienen que pensar seriamente si en ellas ya ha actuado el Anticristo «que está para llegar, y que al presente se halla ya en el mundo», 1Jn 4:3.
– El Anticristo lo presenta la Biblia también con otros nombres: – «La Bestia», el «666», del Apoc.13.
– «El Hombre de la Iniquidad» o «EL Hijo de Perdición», de 2 Tes. 2.
– «El Pequeno Cuerno» de Dan 7:8, Dan 8:9.
– «Gog en la Tierra de Magog, de Ez. 38, y Rev 20:8.
– «Asur el Asirio», de Isa 10:5.
– «Los Caldeos», de Hab 1:6.
Diccionario Bíblico Cristiano
Dr. J. Dominguez
http://biblia.com/diccionario/
Fuente: Diccionario Bíblico Cristiano
†¢Escatología.
Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano
tip, ESCA ANGE DIAB Este término es usado solamente por Juan en sus dos primeras epístolas, aunque hay mención de él en otros pasajes de las Escrituras bajo otros nombres. El término significa, a la vez, que se opone a Cristo y que usurpa Su lugar. Es importante distinguir entre «un» anticristo y «el» anticristo. Con respecto a lo primero, «han surgido muchos anticristos»; en cambio, «el anticristo viene» (1 Jn. 2:18). El anticristo final «niega al Padre y al Hijo». Pablo menciona «el hombre de pecado», que usurpa el lugar de Dios en el templo de Dios, en el futuro escatológico (2 Ts. 2:3-12). Este viene por obra de Satanás, confederado con él, y obrará señales y maravillas mentirosas con todo engaño de iniquidad para los que se pierden. Los que han rehusado la verdad serán entregados a la mentira de este inicuo. Los judíos apóstatas lo recibirán como su Mesías (Jn. 5:43). Hará que todos adoren la imagen de la Bestia que aparece en Apocalipsis (Ap. 13:11-18). Su final será el lago de fuego a la venida del Señor Jesús (Ap. 19:20; 20:10). En el AT tenemos más detalles de este enemigo y suplantador de Cristo. Es llamado rey (Dn. 11:36-39), exaltándose a sí mismo y hablando cosas maravillosas contra el Dios de los dioses. No hará caso del Dios de sus padres (señalando que será descendiente de Israel, probablemente de la tribu de Dan, (cp. Gn. 49:17). Tampoco hará caso del «deseo de las mujeres» (esto es, del Mesías, de quien toda mujer judía anhelaba ser madre). Se exalta a sí mismo sobre todos. Es un idólatra, honrando a un dios que sus padres no conocieron. El profeta Zacarías lo describe como un pastor insensato e inútil, que descuidará el rebaño y se apacentará de él en lugar de apacentarlo (Zac. 11:15-17), en oposición al Señor Jesús, el Buen Pastor. En distintas épocas se ha identificado muchas veces a personas históricas con el anticristo (por ejemplo, Mahoma). Igualmente muchos reformadores, como Wicleff, Lutero, Melancton, vieron el anticristo en ciertas instituciones eclesiásticas de Roma. Sin embargo, el tenor de las Escrituras es que el anticristo es el pináculo de la apostasía humana contra Dios expresada en un caudillo personal, que se presentará en relación con Israel al final de la dispensación de la gracia. Ciertamente que multitud de individuos e instituciones han participado y participan de su carácter moral en tanto que niegan al Padre y al Hijo, y en tanto que usurpan el lugar de Cristo, se oponen a la verdad y engañan a los hombres. Bibliografía: Anderson, Sir Robert: «El Príncipe que ha de venir» (Portavoz Evangélico, Barcelona, 1980); Blackstone, W. E.: «Jesús viene» (Vida, Miami, 1982); Carballosa, E. L.: «El dictador del futuro» (Portavoz Evangélico, Barcelona, 1978) y Carballosa, E. L.: «Daniel y el reino mesiánico» (Portavoz Evangélico, Barcelona, 1979); Hamilton, Gavin: «El Discurso del Monte Olivete» (Clíe, Terrassa, 1974) y Hamilton, Gavin: «Maranatha» (Clíe, Terrassa, 1972); Lacueva, Francisco: «Escatología II», Curso de Formación Teológica Evangélica, vol. IX (Clíe, Terrassa, 1983); Payton, J. Barton: «Encyclopedia of Biblical Prophecy» (Harper and Row, New York, 1973); Pentecost, J. Dwight: «Eventos del porvenir» (Caribe, Maracaibo, 1977); Peters, G. N. H.: «The Theocratic Kingdom» (Kregel, Grand Rapids, reimpresión 1978: primera edición, 1884, 3 vols.); Tan, Paul Lee: «The Interpretation of Prophecy» (BHM Books, Winona Lake, Ind., 1974); Walvoord, John F.: «The Millenial Kingdom» (Zondervan, Grand Rapids, 1977).
Fuente: Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado
[249]
En cierta tradición cristiana es el «enemigo de Cristo», opuesto a su Reino. Aparece bíblicamente sólo en las Epístolas de Juan (1. Jn. 2.18; 2. Jn. 7).
Las interpretaciones han sido diversas a lo largo de la Historia: interpretación física, la simbólica, la escatológica, la ética.
Algunos han visto un personaje real, aunque espiritual, que se indentifica con el Demonio, o con un espíritu malvado singular. Se opone al bien y hace lo posible por corromper al género humano. Incluso se ha identificado en ocasiones con personajes reales; Nerón o Calígula en los primeros momentos; Mahoma más tarde; herejes significativos como Lutero, Calvino o Zwinglio (para los reformados lo era el Papa de Roma), sin otro argumento que las sinrazones afectivas de toda polémica.
Otros han aludido a un personaje misterioso que vendrá al final de los tiempos y será vencido por el mismo Cristo, que culminará su triunfo final. Esta ha sido la interpretación más frecuente en la Historia de la Iglesia. Y en ella se ha coincido con la visión del judaísmo tardío.
No falta quien ve simbólicamente en la idea del «Anticristo» a todo o todos los que se oponen al triunfo del Evangelio o anuncio del Reino de Dios. Sea cual sea la exégesis preferida por cada cristiano, lo importante en la catequesis es resaltar la figura de Jesús, el Cristo verdadero, y muy poco a nada la de los adversarios de Jesús, comenzando por el personaje misterioso que encarna al enemigo del bien y del amor.
Una catequesis que se apoye en la lucha contra el «Adversario», como es la de los Adventistas, la de los Testigos de Jehová y la de otras sectas marginales del pensamiento cristiano, resulta contraproducente y aleja intensamente de la verdadera evangelización.
Pedro Chico González, Diccionario de Catequesis y Pedagogía Religiosa, Editorial Bruño, Lima, Perú 2006
Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagogía Religiosa
En toda la historia humana aparece una lucha misteriosa entre las fuerzas del bien y las fuerzas el mal. En la práctica es una lucha contra los planes de Dios, reflejada en los escritos apocalípticos ya antes del cristianismo. Esta lucha se concreta en una oposición sistemática contra Cristo, especialmente en los momentos históricos de cambio que preanuncian un final de la historia. Al final de los tiempos aparecerán falsos maestros y falsas doctrinas, con la característica de una fuerza misteriosa de seducción (2Jn 7). En cierto modo, es una realidad siempre «presente en el mundo» (1Jn 4,3).
Antes de la venida de Cristo, al final de los tiempos, la Iglesia tendrá que afrontar grandes pruebas (cfr. Mt 24,11-13; 2Tes 2,4-12). En realidad, toda la historia de la Iglesia está llena de persecuciones y de pruebas (cfr. Jn 15,20-23.33). En medio de estas tribulaciones, no faltarán quienes se presente «en nombre» de Cristo, como falsos Mesías (cfr. Lc 21,8).
Durante la historia, se ha ido aplicando la figura del «Anticristo» de modo personal o colectivo. Antiguamente se aplicó este calificativo al Imperio romano (por ser perseguidor). Algunos movimientos «espiritualistas», «pauperistas» o «reformadores», lo aplicaron a la Iglesia institucional o visible. Algunas sectas actuales usan el texto del Apocalipsis sobre la «bestia» (el número 666), para aplicarlo al papado o a la Iglesia visible (cfr. Apoc 13).
El misterio del mal en el mundo es «misterio de iniquidad» (2Tes 2,7), con una dinámica interna que tiende hacia la «apostasía» generalizada, con las tácticas del engaño. Personas o grupos e instituciones pueden asumir el papel de suplantar a Dios y a su Cristo. Será «la venida del Anticristo» (1Jn 2,18). Esa figura, personal o colectiva, se caracteriza por la «negación» de Cristo y del Padre que lo ha enviado (cfr. 1Jn 2,22).
Esta falsedad radical supone una acción peculiar del espíritu del mal (cfr. 2Tes 2,9), hasta el punto de presentar el mal como virtud, el materialismo como bien absoluto, el hombre suplantando a Dios. Es la acción opuesta al Espíritu Santo como Espíritu de amor. La única fuerza capaz de neutralizar todo tipo de falsos «mesianismos» y de «apostasías», es la fe (1In 5,4), traducida en un «conocimiento de Cristo vivido personalmente» (VS 88).
Referencias Apocalipsis, demonio, mal, Mesías, milenarismo, pecado, tentación, satanismo.
Lectura de documentos GS 20-21; CEC 675-676.
Bibliografía J. MICHL, Anticristo, en Diccionario de teología bíblica (Barcelona, Herder, 1985) 88-93; R. PESCH, Anticristo, en Sacramentum Mundi (Barcelona, Herder, 1972ss) I, 176-179; B. RIGAUX, Les épîtres aux Thesaloniciens, (Paris 1956) 247-280.
(ESQUERDA BIFET, Juan, Diccionario de la Evangelización, BAC, Madrid, 1998)
Fuente: Diccionario de Evangelización
El término de «anticristo» se encuentra únicamente en las cartas de San Juan (1 Jn 2,18-22; 4,3; 2 Jn 7) con la significación de los que negaban a Jesús o de un enemigo de Jesucristo, que aparecerá en los últimos tiempos. Pero con idéntica o similar significación encontramos otros pasajes. Concretar esta significación es cosa difícil, pues toda la doctrina del anticristo es muy oscura y está envuelta en el misterio. De una manera general podemos decir que se trata de la guerra que ha existido siempre y que seguirá siempre existiendo entre Dios y Jesús contra Satán y sus secuaces. La lucha del bien contra el mal, o, si queremos mejor, del mal contra el bien.
En el llamado apocalipsis sinóptico se anuncia un tiempo de catástrofe, en el que aparecerán falsos cristos y falsos profetas, que con sus argucias y prodigios inducirán a los hombres a la apostasía (Mt 13,5-21; Mc 24,11). A esta misma realidad alude San Pablo cuando, al referirse a la parusía, habla de la apostasía y de «el hombre de iniquidad, el hijo de la perdición» (2 Tes 2,3), que existe ya, que está incluso en funciones, pero que no puede manifestarse en plenitud porque hay algo o alguien que le retiene (2 Tes 2,7). Ni sabemos qué es esto o quién es este que retiene al anticristo, ni qué cosa es o quién es el anticristo. Digamos que es la fuerza del mal, que lucha por hacer fracasar la obra de la salvación llevada a cabo por Jesucristo, y que se manifestará abiertamente en los últimos tiempos. Pero que no logrará nunca su vano intento, pues Jesucristo, liberador y salvador de los hombres, saldrá siempre triunfante. > apocalíptico; parusía.
E. M. N.
FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jesús de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001
Fuente: Diccionario de Jesús de Nazaret
Esta palabra aparece por primera vez en la segunda mitad del s. 1 d.C. como variante cristiana del adversario de Dios en los tiempos finales de la historia, del que hablaba ya la apocalíptica judía. Literalmente el término indica al antagonista y al opositor de Cristo, En el Nuevo Testamento esta palabra aparece sólo cinco veces (1 Jn 2,18.22; 4,3 y 2 Jn 7), para indicar a los maestros de falsas doctrinas. Sin embargo, son visibles los rasgos del Anticristo en algunos otros pasajes (cf. Mc 13 y par.; 2 Tes 2,3; Ap 13). La doctrina se comprende en función de la lucha secular en la que Dios y su Cristo se enfrentan
con Satanás y sus ministros en la tierra. Estos, a través del doble camino de la persecución temporal y de la seducción religiosa, intentan provocar el fracaso del plan divino de salvación.
Este tema será habitual en los escritos de los Padres de la Iglesia, que hablarán a veces del Anticristo como de una figura individual y otras como de una figura colectiva. A lo largo de la historia son numerosas las identificaciones del Anticristo. En la Iglesia antigua se identificó con el Imperio romano; en la alta Edad Media la historia se interpretó frecuentemente como lucha de la Iglesia con el Anticristo. En el movimiento pauperista, vinculado a algunas tesis de Joaquín de Fiore, y luego en el ámbito de la Reforma protestante (Lutero), se identificó frecuentemente con el papado. La autoridad eclesiástica tuvo que tomar una actitud contra esta interpretación en la condenación de los †œfraticelli,† (1318) por parte de Juan XXII (cf. DS 916).
En la época moderna este tema adquirió un especial relieve en la conciencia rusa. Su figura se vislumbra en la de «gran Inquisidor» descrito por Dostoievski. También hablan de él Soloviev R. H. Benson en su The Lord of the World (1907) y S. LagerlOf (1897) en la novela Die Wunder des Antichrist
M. Semeraro
Bibl.: A. Jeremias, Der Antichrist in Geschichte und Gegenwart. Leipzig 1930; R, Pesch, Anticristo, en SM, 1, 176-179.
PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teológico Enciclopédico, Verbo Divino, Navarra, 1995
Fuente: Diccionario Teológico Enciclopédico
Significa †œcontra (o en lugar de) Cristo†. Aparece cinco veces en las Escrituras tanto en singular como en plural, todas ellas en dos de las epístolas de Juan.
Este tema no era nuevo para los cristianos cuando Juan escribió sus cartas (alrededor del año 98 E.C.). En 1 Juan 2:18 se lee: †œNiñitos, es la última hora, y, así como han oído que el anticristo (gr. an·tí·kjri·stos) viene, aun ahora ha llegado a haber muchos anticristos; del cual hecho adquirimos el conocimiento de que es la última hora†. La declaración de Juan muestra que hay muchos anticristos individuales, aunque todos juntos podrían formar una persona compuesta designada como †œel anticristo†. (2Jn 7.) El uso de la expresión †œhora† para referirse a un período de tiempo relativamente breve o de duración indeterminada se encuentra en otros escritos de Juan. (Véanse Jn 2:4; 4:21-23; 5:25, 28; 7:30; 8:20; 12:23, 27.) De modo que no limita la aparición, existencia y actividad del anticristo a algún tiempo futuro, más bien, dice que ya está presente e indica que seguirá existiendo. (1Jn 4:3.)
Identificación. Aunque en el pasado en repetidas ocasiones se ha intentado identificar al †œanticristo† con un individuo, como pudiera ser Pompeyo, Nerón o Mahoma (este último a instancias del papa Inocencio III en 1213 E.C.), o con una organización específica —según la opinión de los protestantes †œel anticristo† aplica al papado—, las declaraciones inspiradas de Juan muestran que el término tiene una aplicación amplia y abarca a todos aquellos que niegan que †œJesús es el Cristo† y el Hijo de Dios que vino †œen carne†. (1Jn 2:22; 4:2, 3; 2Jn 7; compárese con Jn 8:42, 48, 49; 9:22.)
El negar a Jesús como el Cristo e Hijo de Dios incluye necesariamente la negación de algunas o de todas las enseñanzas bíblicas sobre él: su origen, su lugar en el propósito de Dios, su cumplimiento de las profecías de las Escrituras Hebreas como el Mesías prometido, su ministerio, sus enseñanzas y sus profecías, así como cualquier forma de oposición a él o cualquier esfuerzo por reemplazarlo de su posición de Sumo Sacerdote y Rey asignado por Dios. Esto se ve en otros textos, que, si bien no usan el término †œanticristo†, expresan en esencia la misma idea. Así, Jesús declaró: †œEl que no está de mi parte, contra mí está, y el que no recoge conmigo, desparrama†. (Lu 11:23.) En 2 Juan 7 se muestra que estos podrían actuar como engañadores, así que el †œanticristo† incluiría a los que son †œfalsos Cristos† y †œfalsos profetas†, así como a aquellos que realizan obras poderosas en el nombre de Jesús pero que él clasifica como †œobradores del desafuero†. (Mt 24:24; 7:15, 22, 23.)
Además, en vista de la regla dada por Jesús en el sentido de que cualquier cosa que se hiciese contra sus verdaderos seguidores sería como hacérsela a él (Mt 25:40, 45; Hch 9:5), el término también debe incluir a quienes los persiguen, lo que significa que deberían quedar comprendidos en él tanto †œBabilonia la Grande† como el †œesclavo malo† mencionado en la parábola de Jesús. (Lu 21:12; Rev 17:5, 6; Mt 24:48-51.)
Juan menciona específicamente a los apóstatas como parte del anticristo cuando hace referencia a aquellos que †œsalieron de entre nosotros†, al abandonar la congregación cristiana. (1Jn 2:18, 19.) Por lo tanto, incluye al †œhombre del desafuero† o †œhijo de la destrucción† del que habla Pablo, así como a los †œfalsos maestros† que Pedro denuncia por formar sectas destructivas y que †˜repudian hasta al dueño que los compró†™. (2Te 2:3-5; 2Pe 2:1; véase HOMBRE DEL DESAFUERO.)
En la descripción simbólica de Revelación 17:8-15 y 19:19-21 se muestra que también son parte del anticristo tanto reinos como naciones y organizaciones. (Compárese con Sl 2:1, 2.)
Las Escrituras muestran que todas las partes integrantes del anticristo antes mencionadas se encaminan hacia su venidera destrucción a causa de su derrotero de oposición.
Fuente: Diccionario de la Biblia
I. Problemática
La exposición, caracterización e interpretación del fenómeno escatológico designado con el término «anticristo» no siguen una línea uniforme ni en la Escritura ni en la Tradición. El desgaste que este concepto ha sufrido a lo largo de la historia eclesiástica, tanto por la polémica interna de la Iglesia como por las luchas interconfesionales, así como la identificación – debida al odio o al miedo – con ideas, sistemas y personas coetáneos, han contribuido a que «hoy el pensamiento del a. ya no tenga ningún poderío histórico» (H. Tüchle, LThK2 z 637). Por mucho que esto sea de alabar, en cuanto implica una superación de la tendencia a tratar a otros de herejes, sin embargo hay que preguntarse si el núcleo escatológico y parenético del pensamiento del a. no sigue conservando un carácter obligatorio.
1. En la teología actual encontramos respuestas afirmativas con relación a nuestra pregunta: «Esta doctrina da siempre a los cristianos el derecho, no sólo a combatir in abstracto los poderes e ideas anticristianos, sino también a señalar como representantes suyos (del a.) a unos hombres y poderes concretos, y a huir de ellos» (K. Rahner, LThK2 >: 636); «Entre las tradiciones que se refieren al fin de la historia, la doctrina del a. tiene una extraordinaria misión pastoral que cumplir, a saber, la de equipar a la comunidad para la lucha de fe contra la fuerza apiñada de los poderes de las tinieblas, bajo la forma como esa fuerza le sale al encuentro en su tiempo» (K. Frór 371).
2. Sin embargo, debemos prevenirnos contra la exposición del pensamiento del a. en forma de doctrina. Una doctrina tal apenas podría darse sin una armonización forzada de las afirmaciones discordantes de la Escritura (y sin una opresión de las que no están claras); pero tal proceder encubriría más que destacaría ante la comunidad cristiana el estímulo siempre valioso de la expectación del anticristo. Una reflexión sobre el fundamento de la falta de unidad y claridad en el pensamiento del a. puede mostrar que dicho fundamento está en la siempre necesaria orientación nueva de la inteligencia escatológica del presente y del futuro. Y, para lograr esa orientación, la fe le indica al creyente una dirección, pero no le da un «mapa» completo. A base de las diversas configuraciones del pensamiento del a. en la Biblia no se puede componer un cuadro conjunto, a la manera como se hace un mosaico (para contemplar luego con embeleso sus diversos rasgos según la situación mundana). Más bien, en cada frase de la tradición bíblica hay que preguntar por su intención, para sacar de allí el «sentido de orientación» en la expectación del a., aquel sentido por el que todavía hoy puede regirse la vida cristiana.
II. El contenido del Nuevo Testamento
Lo dicho quedará roborado mediante una mirada a la historia neotestamentaria de la expectación del A.
1. Dentro de la Biblia la expresión «anticristo» aparece solamente en la carta primera y segunda de Juan. Sin duda aquí se presupone en la primitiva comunidad cristiana la existencia de la expectación escatológica de un a. (la cual se desarrolló en conexión con las concepciones del AT y del judaísmo tardío, así como en conexión con la predicación de Jesús), mas para el autor el a. o los anticristos están ya presentes en las actuales doctrinas erróneas; de donde él deduce «que ha llegado la última hora» (1 Jn 2, 28). Juan no da ninguna doctrina del a., sino que, presuponiendo la tradicional expectación del a. (abierta a una interpretación en cada momento presente), esclarece la situación de su Iglesia amenazada por doctrinas erróneas. Mediante su interpretación, él pone la expectación tradicional a sercivio de la parénesis, de la preparación escatológica de la comunidad (Cf. 2 Jn 8).
2. La expectación del a. por parte de la Iglesia primitiva, atestiguada en la primera y segunda carta de Juan, está plasmada (con muy diversos matices) en 2 Tes 2, 3ss; Ap 13, lss; 19, 19ss (y no en Mc 13, 14 par; Jn 5, 43; 2 Cor 6, 15).
a) En 2 Tes el entusiasmo escatológico («el día del Señor ha llegado»: 2, 2) es rechazado con ayuda de la expectación del a. (pintada con material apocalíptico que ya estaba anteriormente elaborado); primero ha de venir el «hombre de la impiedad», el «hijo de la perdición» (2, 3), que ahora se ve todavía impedido para manifestarse claramente (2°, 6s), y que después será aniquilado por el Cristo de la parusía «con el hálito de su boca» (2, 8). La disposición permanente de la comunidad (cf. 1 Tes 5, 2) no debe aflojarse con la expectación (ya comunicada antes: 2 Tes 2, 5) del a., pero debe prevenirse contra una falsa interpretación entusiástica. La expectación del a. es usada polémicamente, en un sentido parenético opuesto al de las dos cartas de Juan.
b) En el Apocalipsis encontramos unidos diversos rasgos del a., así como del Pseudomesías en la figura «de la bestia procedente del mar» (13, lss). La descripción de la primera bestia apunta a un poder idolátrico, que persigue a los cristianos (13, 7; ¿es el imperio romano?), y al representante de este poder (¿el culto al césar?), cuyo aniquilamiento «en una charca de fuego» se profetiza (19, 21). En el marco del Apocalipsis el uso parenético de motivos antiguos (procedentes de Daniel principalmente) está asegurado ya por la gran introducción de las siete cartas a las comunidades (Ap 2-3). Tampoco aquí se describe y fija con todo detalle el curso exacto que ha de seguir el final de los tiempos. El a. no aparece en un momento determinado, en el instante «final» de la historia, sino que está ya aquí y actúa desde que Cristo ha llegado a la historia y, con esto, ha empezado el fin; desde que la fuerza concentrada de los poderes opuestos a Dios -tal como están descritos en el AT y en el judaísmo tardío: cf. Ez 38s; Dan 2, 20-45; 7, 7s; Sal 2; Esd lls; ApBar 36; 39, 5-8, entre otros lugares- se dirigen contra Cristo (Ap 12, lss) y su comunidad (Ap 12, 17); y ha de esperarse que esto acontezca en una forma especialmente acentuada hacia el final de los tiempos.
BIBLIOGRAFíA: J. González Ruiz La incredulidad de Israel y los impedimentos del anticristo según 2 Tes 2 6-7: Est. Bibl. 1962, 189-203.
Rudolf Pesch
K. Rahner (ed.), Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teolσgica, Herder, Barcelona 1972
Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teológica
anticristos (ajntivcristo», 500) puede significar tanto en contra de Cristo o en lugar de Cristo, o quizás, combinando ambos significados, «uno que, asumiendo el papel de Cristo, se opone a Cristo» (Westcott). La palabra se halla solamente en las Epístolas de Juan: (a) de los muchos anticristos que son precursores del mismo anticristo (1 Joh 2:18, 22; 2 Joh_7); (b) del poder del mal que ya opera en espera del anticristo (1 Joh 4:3).¶ Lo que el apóstol dice de él se asemeja tan estrechamente a la primera bestia de Apocalipsis, y a lo que dice Pablo acerca del hombre de pecado en 2Th 2: Parece que es la misma persona la que está a la vista en estos pasajes, siendo distinta la segunda bestia en Rev_13, el falso profeta; porque esta última apoya a la primera en sus pretensiones anticristianas. Nota: El término pseudocristos, falso Cristo, tiene que distinguirse del anterior; se halla en Mat 24:24 y Mc 13.22. El falso Cristo no niega la existencia de Cristo, sino que se apoya en la esperanza de su aparición, afirmando que él es el Cristo. El anticristo niega la existencia del verdadero Dios (Trench, Synonyms,¶xxx).¶
Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento
El término de anticristo (literalmente: «contra Cristo») figura exclusivamente en IJn 2,18.22; 4,3; 2Jn 7. Pero la misma realidad, o una realidad análoga, se enfoca en diferentes pasajes apocalípticos del NT: Mc 13,14 p; 2Tes 2,3-12; Ap 13,418. Y como se encuadra en un marco dualista, atestiguado por el AT, allí es donde hay que observar su primera revelación, imperfecta, pero ya sugestiva.
AT. Ya en el AT se ve a la acción de Dios en la tierra enfrentarse con fuerzas adversas que revisten, según los contextos, carices bastante diversos.
1. El simbolismo religioso del antigno Oriente proporcionó a la revelación una representación poética de la *creación, en forma de un combate entre Dios creador y las fuerzas del caos, en el que *bestias monstruosas personificaban el poder indomable del *mar (Is 51,9s; Sal 74,13s; 89,10ss). El mismo símbolo, purificado de sus resabios mitológicos, sirve para evocar los «últimos tiempos» en los rasgos de un combate de Yahveh contra la serpiente (Is 27,1). Se le halla también probablemente en el trasfondo del drama original; en efecto, en el Génesis el adversario del designio de Dios tiene el semblante de la serpiente (Gén 3). Así, disimulada por las imágenes, se perfila la figura de *Satán en los dos extremos del designio de salvación; es el adversario de Dios por excelencia.
2. Sin embargo, en el marco de la historia, Satán actúa en el mundo por intermedio de los poderes humanos. Los *enemigos del pueblo de Dios son adversarios de Dios mismo cuando se oponen a su designio providencial. Asi *Egipto en el momento del éxodo; así también los potentados de Asar y de *Babilonia, opresores de Israel y adoradores de falsos dioses, cuyo dominio espiritual tratan de extender por la tierra; así finalmente todos los reyes paganos, cuya sacrílega inmoderación los inclina a igualarse con Dios (Ez 28,2ss; Is 14,13). La historia comporta, pues, un enfrentamiento continuo entre Yahveh y estas fuerzas históricas hasta que tenga lugar el enfrentamiento final, en que «Gog, rey de Magog», quedará destruido para siempre (Ez 38-39); después de lo cua! vendrá la salvación escatológica.
3. La acción de Antíoco Epifanes, enemigo de Israel al mismo tiempo que perseguidor de los verdaderos adoradores de Dios, permite al libro de Daniel efectuar la síntesis entre las dos representaciones precedentes. Es el *impío que pretende ocupar el lugar de Dios (Dan 11,36) y que instala en el lugar santo la abominación de la desolación (9,27). Es también el undécimo cuerno que nace a la bestia de rostro satánico (7,8). Así su juicio y su destrucción son un preludio del establecimiento del reino de Dios (7,11-27; 11,40-12,2).
NT. Tal es la perspectiva escatológica en que se inserta la doctrina del NT. Pero desde ahora la manifestación final de Dios no es ya un hecho totalmente futuro: aquí en la tierra es inaugurada en la persona de Jesús. El anti-Dios del AT va, pues, a convertirse en el anticristo.
1. Ya en el Apocalipsis sinóptico, la «gran calamidad» anunciada por Jesús como preludio de la venida gloriosa del Hijo del hombre, comporta la aparición de «falsos cristos», cuya seducción induce a los hombres a la apostasía (Mc 13,5s.21s; Mt 24,11 p), y tiene por signo «la abominación de la desolación» instalada en el lugar santo (Mc 13,14 p).
2. En 2Tes 2,3-12, el adversario de los últimos tiempos, el ser perdido, el impío, adopta el cariz de un verdadero anti-Dios, análogo a los del AT (Dan 2,4); pero es también un anticristo que imita los rasgos del Señor, con su parusía, su hora, fijada por Dios, su poder sobrenatural que opera prodigios engañosos para la perdición de los hombres (2,8-10). Asi realizará él aquí la obra de Satán (2,9). Ahora bien, el misterio de la *impiedad, del que será el artífice por excelencia, está ya en acción (2,7); por eso hay tantos hombres que se extravían y se adhieren a la *mentira en lugar de creer en la *verdad (2,11s). Si el impío no se manifiesta todavía en persona, es porque algo, o alguien lo «retiene» (2, 7), alusión enigmática, de la que Pablo no dio explicación. En todo caso, la revelación del impío precederá a la parusía de Jesús, que lo aniquilará con la manifestación de su venida (2,8; cf. 1,7-10).
3. El Apocalipsis evoca una perspectiva escatológica semejante, sirviéndose del símbolo de dos *bestias monstruosas. La primera es un poder político: blasfema contra Dios, se hace adorar y persigue a los verdaderos creyentes (Ap 13,1-10). La segunda es una realidad religiosa: remeda al cordero (es decir, a Cristo), opera prodigios engañosos y seduce a los hombres para hacer que adoren a la primera bestia (13,11-18). Así se opera aquí la obra de Satán, el dragón antiguo, que ha transmitido sus poderes a la primera bestia (13,2). Evocación simbólica grandiosa que, aun refiriéndose a los «últimos tiempos», no por eso deja de referirse con palabras veladas a la situación presente en que se debate la Iglesia de Jesús, perseguida por el imperio pagano de Roma.
4. En las epístolas de san Juan el nombre de anticristo designa exclusivamente una realidad actual: quienquiera que niegue que Jesús es Cristo, negando así al Padre y al Hijo (IJn 2,22), quienquiera que no confiese a Jesucristo venido en la carne (IJn 4,3; 2Jn 7), ése es el seductor, el anticristo. Juan hace claramente alusión a los herejes y a los apóstatas, en los que se realiza ya la apostasia anunciada por Jesús y a que se refiere Pablo. La escatología está, pues, actualizada; pero el drama presente de la fe debe comprenderse en función de una perspectiva más vasta, de la que el Apocalipsis da una evocación completa. La doctrina del anticristo es cosa muy misteriosa. No se entiende sino en función de la *guerra secular, en que Dios y su Cristo se enfrentan con Satán y sus fautores terrenales. Por la doble vía de la persecución temporal y de la seducción religiosa tratan éstos de hacer abortar el designio de salvación. Sería un error tratar de poner nombres propios a cada uno de los símbolos que sirven para evocar su presencia; pero quienquiera que actúe como ellos, participa en cierta medida en el misterio del anticristo. Ahora bien, esta empresa se proseguirá sin reposo en todo el transcurso de la historia, situando a los hombres en el interior de una lucha, en la que ningún medio humano es capaz de triunfar. Pero donde fracasan los hombres vencerá el cordero (Ap 17,14), y sus testigos participarán en su victoria (Ap 3,21). -> Babel – Bestia – Enemigo – Guerra – Impío – Mar – Persecución – Satán – Victoria.
LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teología Bíblica, Herder, Barcelona, 2001
Fuente: Vocabulario de las Epístolas Paulinas
Aunque el término «anticristo» sólo aparece en las epístolas de Juan, el concepto de un superoponente de Dios y de su Mesías se puede encontrar en los dos testamentos y en los escritos intertestamentarios. La oposición se deja ver en anti, prefijo que probablemente significa «en contra de» y no «en lugar de», aunque ambas ideas podrían estar presentes: al colocarse como el Cristo, el anticristo se opone a Cristo.
- El trasfondo del Antiguo Testamento.
Debido a que Cristo no había sido revelado plenamente, el AT no nos entrega un cuadro completo del Anticristo, pero provee de materiales para hacer el cuadro en descripciones de una oposición personal y nacional hacia Dios.
- Belial. Ciertos individuos, infames por su maldad, son llamados «hijos de Belial» u «hombres de Belial» (bәliyyaʿal probablemente significa «sin valor», «inútil»). Entre los pecados de estos «hombres vanos» (2 Cr. 13:7 aquí la RV60 traduce (bәliyyaʿal por «perversos»), pecados que el justo aborrece (Sal. 101:3 «cosa injusta» RV60), está la idolatría (Dt. 13:13 «impíos» RV60), la sodomía y la violencia (Jue. 19:22; 20:13 «perversos» RV60), la borrachera (1 S. 1:16 la RV60 dice «mujer impía», lo que interpreta el original «hija de Belial»), la falta de respeto hacia Dios (1 S. 2:12 «impíos» RV60), el sacrilegio (1 S. 2:17, 22), la irrespetuosidad por la autoridad (1 S. 10:27; 2 Cr. 13:7 «perversos» RV60), la falta de hospitalidad (1 S. 25:17, 25 «perverso» RV60), perjurio (1 R. 21:10, 13 «impíos»), lenguaje obsceno (Pro. 6:12 «malo» RV60; 16:27 «perverso» RV60).
- Enemigos Extranjeros. Oposición al reino de Dios es oposición a él. El inútil amotinamiento de las naciones contra el rey ungido de Jehová en el Salmo 2 podría ser un anuncio de la idea del anticristo. En forma similar, las canciones de escarnio contra los gobernantes de Babilonia (Is. 14) y Tiro (Ez. 28) describen vívidamente la triste caída de monarcas que usurpan las prerrogativas divinas. La destrucción de Gog (Ez. 39:1–20; Ap. 20:7–10) parece culminar el inútil esfuerzo de las naciones para frustrar los propósitos de Dios por medio de desolar a su pueblo.
- El Cuerno Pequeño. Esta rebelión la simboliza el cuerno pequeño de Daniel. El capítulo siete (el más escatológico) parece describir la derrota del último enemigo de Dios, mientras que el capítulo ocho describe a Antíoco IV Epífanes (175–163 a.C.), el gobernador extranjero más odiado por los judíos, a causa de su impiedad personal y la brutal persecución que hizo a su religión.
El retrato de este «rey del norte» (Dn. 11), la personificación del mal, ha ayudado significativamente a plasmar la figura que el NT da del Anticristo: (1) él abolió el sacrificio continuo y puso la abominación desoladora (véase) en el templo (Dn. 11:31; Mt. 24:15; Mr. 13:14; Ap. 13:14–15); (2) Se exaltó a sí mismo a la posición de la deidad (Dn. 11:36–39; 2 Ts. 2:3–4); (3) Su desamparada muerte apunta a la muerte que el Señor trae para «el hombre de ilegalidad» (Dn. 11:45; 2 Ts. 2:8; Ap. 19:20). Cual sea el antecedente de las bestias de Daniel (W. Bousset, Antichrist Legend, sostiene que la batalla del Anticristo con Dios proviene de la leyenda de la pelea de Marduk con Tiamat), es evidente que son naciones que se oponen a Dios y a su pueblo. La bestia del mar que aparece en Ap. 13:1 recuerda a Dn. 7:3, 7, lo que confirma la conexión que hay entre la profecía de Daniel y la narración que el NT hace del Anticristo.
- Elaboración intertestamental. En los libros apócrifos y pseudoepígrafos encontramos dos énfasis: (1) Roma ha tomado el lugar de Siria como el enemigo nacional, y Pompeyo toma el lugar de Antíoco IV, como resumen de la oposición a Dios; (2) Belial (o Beliar) se personifica como un espíritu satánico.
«El sin ley» (2 Ts. 2:8) ha sido relacionado con Beliar, que la tradición rabínica interpreta como «sin yugo» (bәlîʿol), esto es, que rehúsa el yugo de la ley. Esta conexión parece ser fortalecida por la traducción que la LXX da a belial, esto es, paranomos, «quebrantador de la ley» (Dt. 13:13, etc.). Sin embargo, a pesar de que la descripción de Pablo podría reflejar parcialmente la tradición sobre Beliar, él hace una distinción entre Beliar y «el sin ley»: Beliar es sinónimo de Satanás (2 Co. 6:15), mientras que Satanás y el inicuo son concebidos como dos personajes diferentes (2 Ts. 2:9).
III. Desarrollo del Nuevo Testamento
- Los Evangelios. Las referencias a este oponente de Cristo no son numerosas ni tampoco específicas. Se previene a los discípulos sobre qué falsos Cristos tratarán de engañar a los elegidos (Mt. 24:24; Mr. 13:22). En forma similar, Cristo habla de alguno que venga en su propio nombre, a quien los judíos recibirían (Jn. 5:43). Ésta podría ser una referencia velada al Anticristo o a falsos Mesías que se presentarían en el judaísmo. Aun cuando se menciona la abominación desoladora (Mt. 24:15; Mr. 13:14), la que tiene en consideración en forma evidente la profecía de Daniel, la referencia se hace con una restricción notable. Es posible que se tenga presente una personalidad maligna e individual, pero todavía no se bosquejan sus rasgos.
- 2 Tesalonicenses. Pablo entrega un cuadro gráfico de este superenemigo de Cristo, cuyo carácter más sobresaliente es su oposición a la ley. Son dos los nombres que hacen énfasis en esta actitud, el «hombre de ilegalidad» (la RV60 dice «hombre de pecado», lo cual también tiene mucho apoyo textual, pero se prefiere la otra lectura, así TA, BJ en 2 Ts. 2:3) y «el sin ley» (la RV60 traduce «inicuo»; 2 Ts. 2:8, 9). Estos nombres tienen como trasfondo Dn. 7:25, donde el pequeño cuerno trata de cambiar los tiempos y la ley. El anticristo reclama la deidad en forma exclusiva (2 Ts. 2:4) en términos que nos recuerdan Dn. 7:25; 11:36. En todo esto Pablo no describe un falso mesías que se coloca como enviado de Dios, sino un falso dios que viciosamente se opone a toda otra religión.
Engaña a muchos con sus prodigios (2 Ts. 2:9–10). Cristo obró milagros por el poder de Dios, y los judíos lo atribuyeron a Satanás (Mt. 12:24ss.); el Anticristo obrará milagros por el poder de Satanás, y muchos le adorarán como a Dios.
Uno de los nombres del anticristo—«hijo de perdición» (2 Ts. 2:3; cf. Jn. 17:12)—nos revela cuál es su destino: Cristo lo matará con su aliento y la brillantez de su aparición (2 Ts. 2:8; Ap. 19:15, 20; cf. Is. 11:4).
El Anticristo es la culminación personal de un principio de rebelión que ya está secretamente en acción, «el misterio de ilegalidad» (2 Ts. 2:7). Cuando la mano de Dios que preserva el orden y la ley sea sacada, entonces este principio se encarnará en «el sin ley».
- Epístolas de Juan. Aunque Juan reconoce que se espera una persona que será el Anticristo, él enfoca su atención a los muchos anticristos que han venido negando que Jesús es el Cristo, y negando de esta forma la verdadera naturaleza del Padre y del Hijo (1 Jn. 2:18, 22; 4:3). Docetas contemporáneos estaban desacreditando la naturaleza humana de Cristo (2 Jn. 7), afirmando que sólo parecía que él tuvo forma humana. Para Juan éstos eran la encarnación del espíritu del Anticristo. Ellos pensaban que el hombre era divino aparte de Dios en Cristo, dejando a Dios y al mundo sin conexión ninguna (Westcott, Epistles of John, p. 70).
La explicación de Juan no contradice a la de Pablo, sino la complementa. Pablo describe sólo a un enemigo, él reclama para sí el derecho a ser adorado. Juan hace énfasis en los elementos espirituales de estas pretenciones y en la mentira espiritual que hace que el Anticristo parezca fuerte.
- Apocalipsis. La bestia de Ap. 13 depende en espíritu y detalles de Daniel, en ella se combinan las características de las cuatro bestias del AT. Además, la bestia del NT tiene una autoridad que sólo pertenece al cuerno pequeño de la bestia de Daniel. Al parecer Juan da a entender que la impiedad salvaje de Antíoco se encarnará en un reino; porque la bestia, aunque tiene características personales, es mucho más que una persona; sus siete cabezas son siete reyes (Ap. 17:10–12). La bestia misma es un octavo rey, surgiendo de uno de los siete. Este complicado cuadro sugiere que la bestia simboliza un poder mundano, el espíritu anti-Dios de ambición nacionalista (en la profecía de Daniel personificado por Antíoco y en los días de Juan por Roma) que al fin se encarnará en un poderoso demagogo—el Anticristo.
Por lo menos Juan añade un elemento importante a la explicación de Pablo, esto es, el falso profeta, una segunda bestia que trabaja bajo la autoridad del Anticristo, tal como el Anticristo recibe su autoridad del dragón, Satanás (Ap. 13:2, 11–12). Después de haber dirigido la empresa política y religiosa del Anticristo, el falso profeta participa también en su destrucción cuando Cristo vuelve (Ap. 19:20).
- Interpretación cristiana. Los padres de la iglesia generalmente creyeron en un Anticristo personal. Su identidad dependió de si el «misterio de ilegalidad» era interpretado política o religiosamente. Políticamente, el mejor candidato era Nerón, que, según la leyenda, reaparecería en forma resucitada (redivivus) para continuar su terrible reino. Esta interpretación (propuesta por Crisóstomo y otros) ha ganado prominencia en este siglo a través de los intérpretes preteristas de Apocalipsis, hombres como R.H. Charles y C.A. Scott. Ireneo y otros, quienes creían que el Anticristo se levantaría de un contexto religioso, remitieron su origen a Dan, y esto en base a Gn. 49:17; Dt. 33:22; Jer. 8:16 (cf. la omisión de Dan en Ap. 7:5ss.).
Los reformadores vieron al Anticristo en el Papa, tal como algunos teólogos medievales: (1) Gregorio I (c. de 600 d.C.), quien enseñó que cualquiera que tomase el título de «sacerdote universal» era un precursor del anticristo; Joaquín de Fiore (ca. de 1190 d.C.); Wycliffe (ca. de 1360). Lutero, Calvino, la Confesión de Westminster concuerdan con esta identificación. Los eruditos romano católicos se desquitaron tildando de anticristos a los oponentes de Roma.
El punto de vista simbólico o ideal afirma que el Anticristo es una personificación del mal que no tiene fecha, y no es identificable con una nación, institución o individuo. Esta teoría encuentra apoyo en las cartas de Juan, y su valor está en hacer énfasis en la siempre presente batalla que hay entre las multiformes manifestaciones de Satanás y Cristo.
Los futuristas (p. ej., Zahn, Seiss, Scofield) sostienen que los idealistas fallan al no hacer un énfasis suficiente en que esta hostilidad culminará en un adversario personal. Creen que el Anticristo será introducido en un período de gran tribulación que se presentará al final de la historia, en conexión con un gran imperio como el romano que reviviría, y que dominará las esferas políticas, religiosas y comerciales, hasta la venida de Cristo.
Véase también Abominación Desoladora.
BIBLIOGRAFÍA
S.J. Andrews, Christianity and Antichristianity; W. Bousset en HERE; G.G. Findlay, Thessalonians en CGT; G. Milligan, Epistles to the Thessalonians, pp. 158–173; H.H. Rowley, Relevance of Apocalyptic; G. Vos, Pauline Eschatology, pp. 94–135.
David A. Hubbard
RV60 Reina-Valera, Revisión 1960
LXX Septuagint
TA Biblia Torres de Amat
BJ Biblia de Jerusalén
HERE Hastings’ Encyclopaedia of Religion and Ethics
CGT Cambridge Greek Testament
Harrison, E. F., Bromiley, G. W., & Henry, C. F. H. (2006). Diccionario de Teología (34). Grand Rapids, MI: Libros Desafío.
Fuente: Diccionario de Teología
La expresión antijristos se encuentra en la Biblia sólo en las epístolas joaninas (1 Jn. 2.18, 22; 4.3; 2 Jn. 7), pero la idea que encierra está muy extendida. Probablemente debiéramos entender la fuerza de anti como indicación de oposición, más bien que como una pretensión falsa,
El concepto aparece en Juan como algo y a muy conocido (“oísteis que el anticristo viene”, 1 Jn. 2.18). Pero si bien no discute el hecho de que al final de esta época aparecerá un ser malo, llamado “anticristo”, Juan insiste en que hay un clima, una actitud, característicos del anticristo, y que eso ya existe. Más aun, Juan afirma que ya hay en el mundo “muchos anticristos” (1 Jn. 2.18). Ofrece algo que se asemeja a una definición de anticristo cuando dice: “Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo” (1 Jn. 2.22). Esto se vuelve algo más explícito cuando el criterio se convierte en la negativa a reconocer “que Cristo ha venido en carne” (2 Jn. 7). Para Juan resulta básico el que en Cristo Jesús veamos a Dios obrando para la salvación del hombre (1 Jn. 4.9s). Cuando el hombre niega esto no sólo es culpable de un error doctrinal sino que socava el fundamento mismo de la fe cristiana. Hace la obra de Satanás al oponerse a las cosas de Dios. Al final de la era esto caracterizará la obra del supremo representante del mal. Y los que en menor medida hacen lo mismo ahora demuestran por ese mismo hecho que son sus secuaces.
Pablo no usa el término “anticristo”, pero el “hombre de pecado” del que escribe en 2 Ts. 2.3ss se refiere claramente al mismo ser. La característica de este individuo es que “se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto” (
Este es indudablemente el significado de parte, por lo menos, de las metáforas del libro de Apocalipsis. Los eruditos bíblicos de ningún modo están satisfechos en cuanto a la forma correcta de interpretar dicho libro, pero casi todos están de acuerdo en que algunas de las visiones se refieren a la contienda final de las fuerzas del mal con Cristo. Algunas veces el simbolismo se refiere claramente a Satanás. Así “el gran dragón escarlata” de Ap. 12.3 se equipara expresamente con Satanás (v. 9). Pero la “bestia” de Ap. 11.7 no. Esta está íntimamente relacionada con Satanás, como lo demuestran sus obras. Hay otras figuras similares (Ap. 13.11, etc.). No es nuestro propósito aquí equiparar a alguna de ellas en particular con el anticristo, sino simplemente señalar el hecho de que este libro también tiene presente a uno que está facultado por Satanás para oponerse a Cristo en los días postreros. Puede decirse con justicia que esto es característico de la perspectiva cristiana en cuanto a los días postreros.
Bibliografía.K. Rahner, Sacramentum mundi,
P W Bousset y A. H. Keane, The Antichrist Legend, 1896;
Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades Bíblicas Unidas.
Fuente: Nuevo Diccionario Bíblico
Por composición anti tiene diferentes significados:
- antibasileus significa un rey que ocupa un interreino;
- antistrategos, un propretor;
- anthoupatos, un procónsul;
En Homero antitheos informal significa uno que semeja un dios en poder y belleza, mientras en otras palabras representa un dios hostil. Siguiendo una simple analogía se podría interpretar anticristo como señalar a uno semejarse a Cristo en apariencia y poder; pero es mas cierto definir la palabra de acuerdo a su tratamiento bíblico y eclesiástico.
Contenido
- 1 SIGNIFICADO BÍBLICO DE LA PALABRA
- 2 En las Epístolas de San Juan
- 3 En el Apocalipsis
- 4 En las Epístolas de San Pablo
- 5 De los Evangelistas y Daniel
- 6 ANTICRISTO EN EL LENGUAJE ECLESIASTICO
SIGNIFICADO BÍBLICO DE LA PALABRA
La palabra Anticristo sucede sólo en las Epístolas de San Juan; pero existen paralelismos así llamados a éstos acontecimientos en el Apocalipsis, en las Epístolas de San Pablo, y menos inequívoco las de los Evangelios y en el Libro de Daniel.
En las Epístolas de San Juan
San Juan pone por caso en sus Epístolas que los primeros Cristianos están enterados de la enseñanza respecto a la venida del Anticristo. «Habéis oído que iba a venir un Anticristo» (1Jn. 2:18); «Ese es el del Anticristo, el cual habéis oído que iba a venir»(1 Jn 4:3). Aún cuando el Apóstol habla de varios Anticristos, él distingue entre los demás y el único agente principal: «Venida del Anticristo, aún ahora llegado a ser muchos Anticristos» (1Jn. 2:18). Una vez mas, el escritor describe el carácter y labor del Anticristo: «Salieron de entre nosotros, pero no eran de los nuestros» (1Jn. 2:19); «¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? ése es el Anticristo, el que niega al Padre y al Hijo» (1Jn. 2:22); «Y todo Espíritu que no confiesa a Jesús, no es de Dios; ése es el del Anticristo» (1Jn. 4:3) «Muchos seductores han salido al mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Ese es el Seductor y el Anticristo» (2Jn. 7). También a la vez, el Apóstol ubica la venida del Anticristo en «Es la última hora»(1Jn. 2:18); Nuevamente él mantiene que «Pues bien , ya está en el mundo»(1Jn. 4:3).
En el Apocalipsis
Cerca de todos los comentadores encuentran el Anticristo mencionado en el Apocalipsis, pero no están de acuerdo en el capítulo particular del Libro en el que sucede. Alguien indica a la «bestia» en el (11:7), otros a el «Dragón rojo» en el (12:3), otros de nuevo a la bestia «Una bestia que tenía diez cuernos y siete cabezas» (13:1 y sigs.), mientras muchos humanistas identifican el Anticristo con la bestia que tenía «dos cuernos , como de cordero, pero hablaba como una serpiente» (13:11y sigs.), o con la bestia de color escarlata «la bestia tenía siete cabezas y diez cuernos» (17:3), o finalmente, con Satanás «será Satanás soltado de su prisión y saldrá a seducir a las naciones» (20:7 y sigs.). Una discusión detallada de las razones por y cada una de éstas opiniones quedarían aquí fuera de lugar.
En las Epístolas de San Pablo
San Pablo da por hecho que la doctrina respecto a la venida del Anticristo es ya conocida por sus lectores; muchos comentadores creen que había llegado a ser conocido en la Iglesia a través de sus escritos. San Pablo presentó argumentos contra los herejes de su tiempo que aquellos que negaban el misterio de la Encarnación eran imágenes débiles del futuro gran Anticristo. Lo siguiente está descrito mas completamente en II Tes. 2:3, y sigs., 7- 10. En la Iglesia de Tesalónica habían sucedido disturbios a consecuencia de la creencia que la segunda venida de Cristo era inminente. Esta señal era perteneciente parcialmente a unos malos entendidos de la 1ª. de Tesalonisenses (4:15 y sigs.), parcialmente a la maquinaciones de los impostores. Fue como una forma de remediar éstos desórdenes que San Pablo escribió su segunda Epístola a los Tesalonisenses, introduciendo especialmente (2:3-10). La doctrina paulina es ésta: «El día del Señor» será precedida por «una Sublevación», y la revelación de el «hombre de pecado». Lo siguiente será reunido en el encuentro de Dios, mostrándose el mismo como si fuera Dios; él preparará señales y mentiras sorprendentes por el poder de Satanás; él seducirá a aquellos quienes no recibieron el amor de la verdad, que podrían se salvados; pero el Señor Jesús lo destruirá con el Espíritu de su boca, y así también con el resplandor de Su venida. Así como a la vez, » «El misterio de iniquidad ya preparado; sólo eso el quien ahora justiciero, hacer justicia, hasta el que sea llevado fuera del camino». Brevemente, el «día del Señor» será precedido por el «hombre del pecado» conocido en las Epístolas de San Juan como Anticristo; el «hombre del pecado» es precedido por una «sublevación», o una gran apostasía; esta apostasía es el suceso de el «misterio de iniquidad» el que ya «preparado», y el cual, de acuerdo a San Juan, muestra por si mismo aquí y allá en signos débiles de Anticristo. El Apóstol da tres etapas en la evolución del maligno: el fermento de iniquidad, la gran apostasía, y el hombre de pecado. Pero él agrega una cláusula calculada para determinar mas precisamente el tiempo del principal evento; él describe primero algo como una cosa (to datechon), luego como una persona (ho katechon), previniendo la semejanza del principal evento: «Sólo él quien ahora justiciero, hacer justicia, hasta el que sea llevado fuera del camino». Podemos aquí solamente enumerar las opiniones principales además el significado de ésta cláusula sin discutir su valor:
. El impedimento del principal evento es «el hombre del pecado»; el principal evento es la segunda venida de el Señor (Grimm, Simar).
. El impedimento es el Imperio Romano; el principal evento impedido en el «hombre del pecado» (el mayor número de autores latinos y subsecuentes traductores)
. El Apóstol se refirió a personas y eventos de su propio tiempo; el katechon y el «hombre del pecado» son variamente identificados con los Emperadores Calígula, Tito, Nerón, Claudio, etc. (Teólogos protestantes que vivieron después del siglo XVII).
. El Apóstol se refiere inmediatamente a hombres y eventos contemporáneos, que son, sin embargo, tipos de los katechon escatológicos, «hombre de pecado», y día de el Señor; la destrucción de Jerusalén, es decir, es el signo de la segunda venida de el Señor, etc. (Döllinger).
Antes de dejar la doctrina del Anticristo Paulina, debemos preguntarnos a nosotros mismos, ¿De donde saca ésta enseñanza el Apóstol? De nuevo aquí nos encontramos con varias respuestas:
. San Pablo expresa solamente su propio criterio basado en la tradición Judía y la imaginación de los Profetas Daniel y Ezequiel. Este criterio ha sido defendido por varios escritores Protestantes.
. El Apóstol expresa la impresión producida en la primera Iglesia por la enseñanza escatológica de Jesucristo. Esta opinión es expresada por Döllinger.
. San Pablo dedujo su doctrina relacionada al Anticristo de las palabras de Cristo, la Profecía de Daniel y de los eventos contemporáneos. Esta opinión, también es expresada por Döllinger.
. El Apóstol reveló una profecía recibida a través de la inspiración del Espíritu Santo. Traductores Católicos generalmente se han adherido a ésta opinión.
De los Evangelistas y Daniel
Después de estudiar la figura del Anticristo en la Epístola de San Pablo a los Tesalonisenses, uno reconoce fácilmente el «hombre del pecado» en Daniel 7:8, 11, 20, 21., donde el Profeta describe el «pequeño cuerno». Un signo de Anticristo es encontrado en Daniel 8:8 y sigs., 23, y sigs., 11: 21-45, en la persona de Epifanio de Antioquia. Muchos comentadores han encontrado alusiones mas o menos claras al Anticristo en la venida de los falsos Cristos y falsos profetas (Mt.24:24; Mc.13:6,22; Lc. 21:8), en la «maldad de aflicción», y en aquel que «vendrá en su propio nombre» (Jn. 5:43).
ANTICRISTO EN EL LENGUAJE ECLESIASTICO
Bousset cree que había entre los Judíos una leyenda completa desarrollada del Anticristo, que fue aceptada y amplificada por Cristianos; y que ésta leyenda difiere de y contradice en puntos importantes los conceptos encontrados en el Apocalipsis. No creemos que Bousset haya comprobado ésta opinión; su criterio como el desarrollo Cristiano de el concepto de Anticristo no excede los méritos de una teoría hábil. Necesitamos no entrar aquí en una investigación del trabajo de Gunkel, en el cual demuestra que la idea de Anticristo al dragón primitivo de astuto; ésta escena merece no mas atención que el resto de las ideas mitológicas del autor.
¿Cuándo es entonces el verdadero concepto eclesiástico del Anticristo?, Suarez mantiene que es de fé que Anticristo sea una persona individual, una señal enemiga de Cristo. Esto excluye al argumento de aquellos quienes explican Anticristo ya sea como la colección completa de aquellos quienes se oponen a Jesucristo, como al Pontificado. Los herejes Valdense y Albigense, así como los seguidores de Wicleff y Hus, llamaron al Papa por el nombre de Anticristo; pero le expresión fue sólo una metáfora en su caso de ellos. Fue solamente después del tiempo de la Reforma que el nombre fue aplicado al Papa en su propio sentido. Entonces pasó prácticamente dentro de la creencia de los Luteranos, y ha sido seriamente defendido por ellos tan posterior como 1861 en «Zeitschrift für lutherische Theologie». El cambio de la verdadera Iglesia dentro del reino del Anticristo se ha dicho haber tomado lugar entre el 19 de Febrero y 10 de Noviembre, A.D. del 607, cuando el Papa Bonifacio III obtuvo del emperador Griego Newton, el título de «Cabeza de todas las Iglesias» para la Iglesia Romana. Una apelación fue hecha en Apocalipsis 13:8, para confirmación de ésta fecha, y fue calculada de Apocalipsis 11:3,que el final del mundo podría ser esperado en 1866 A.D.. El Cardenal Bellarmino impugnó este error ambos desde un punto de vista histórico y exegético en «De Rom. Pont.», III.
La persona individual de Anticristo no será un demonio, como algunos de los escritores antiguos creían; tampoco será la persona del Diablo encarnado en la naturaleza humana de Anticristo. Él será una persona humana, tal vez de extracción Judía, si la explicación de Génesis 49:17, junto con aquella de la omisión de Daniel en el catálogo de las tribus, como se encontró en el Apocalipsis, sea correcto. Debe ser mantenido en mente que la tradición extra bíblica no proporciona suplemento revelado en la información bíblica relacionada al Anticristo. Mientras que aquellas más posteriores sean suficiente para hacer que el creyente reconozca al «hombre del pecado» en el tiempo de su venida, la falta de cualquier revelación confiable adicional nos pondría sobre custodia contra las ilusiones de los Irvingenses, los Mormones y otros proclamadores recientes de nuevas revelaciones.
No debe estar fuera de lugar atraer la atención de los lectores hacia dos tésis por el reciente Cardenal Newman sobre el asunto del Anticristo. El primero se titula «La idea Patrística del Anticristo»; considera sucesivamente su tiempo, religión, ciudad y persecución. Formó el número ochenta y tres de «Los folletos para los Tiempos». La otra Tesis lleva el título «La Idea Protestante del Anticristo».
Para entender el significado de los ensayos del Cardenal sobre la pregunta del Anticristo, debe mantenerse en mente que una variedad de opiniones salieron a la luz a través del tiempo relacionando la naturaleza de éste oponente de la Cristiandad.
Koppe, Nitzch, Storr y Pelt sostuvieron que el Anticristo es un principio maligno, no encarnado ya sea en una persona o en una política; esta opinión es en oposición a ambos San Pablo y San Juan. Ambos Apóstoles describen al adversario como siendo concreto claramente en forma.
Una segunda visión admite que el Anticristo es una persona, pero mantiene que es una persona del pasado; Nerón, Dioclesiano, Julián, Calígula, Tito, Simón Magus, Simón el hijo de Giora, El gran Sacerdote Ananás, Vitellius, Los Judíos, Los Fariseos y los Zelotes Judíos han sido variablemente identificados con el Anticristo. Pero hay poca autoridad tradicional para ésta opinión; además parece no satisfacer totalmente las predicciones proféticas, y, en el caso de alguno de sus adherentes, está basado sobre el supuesto que los escritores inspirados pudieran no trascender los límites de sus experiencias.
Una tercera opinión admitió que el Anticristo realmente aparecer en una forma concreta, pero identificaron ésta forma concreta con el sistema de el Pontificado, Lutero, Calvino, Zwingli, Melanchton, Bucer, Beza Calixto, Bengel, Michaelis, y casi todos los escritores Protestantes del Continente son referidos como apoyando esta visión; lo mismo debe ser dicho de los teólogos Ingleses Cranmer, Latimer, Ridley, Hooper, Hutchinson, Tyndale, Sandys, Philpot, Jewell, Rogers, Fulke, Bradford, King James y Andrwes. Bramhall presentó capacidades dentro de la teoría, y después de esto su poder empezó a decaer entre los escritores Ingleses. Tampoco debe suponerse que la teoría del Anticristo Pontifical fue apoyada por todos los Protestantes en la misma manera; el Falso Profeta o segunda Bestia Apocalíptica esta identificada con Anticristo y el Pontificado por Aretius, Foxe, Napier Mede, Jurieu, Cunninghame, Faber, Woodhouse y Habershon; la primera Bestia Apocalíptica mantiene esta posición en la opinión de Marlorat, King James, Daubuz y Galloway; ambas Bestias son así identificadas por Brightman, Pareus, Vitringa, Gill, Bacmair, Fraser, Croly, Fysh y Elliott.
Después de este estudio general de las visiones Protestantes relacionadas al Anticristo, seremos capaces de apreciar algo de las críticas del Cardenal Newman observadas en el asunto.
Si cualquier parte de la Iglesia es comprobada a ser Anticristiana, toda la Iglesia es así, incluyendo la rama Protestante.
La teoría Anticristo-Pontifical fue gradualmente desarrollada por tres cuerpos históricos: los Albigenses, Los Waldenses y el Fraticelli, entre los siglos XI y XVI: ¿ son éstos los expositores de quien la Iglesia de Cristo recibe la verdadera interpretación de las ptofecías?
Los defensores de la teoría Anticristo-Pontifical han hecho varias señales de equivocación en sus argumentos; ellos refieren a San Bernardo como identificando la Bestia del Apocalipsis con el Papa, aún cuando San Bernardo habla en el pasaje de al Antipapa; ellos apelan al Abad Joachim como creyendo que Anticristo será elevado a la Sede Apostólica, mientras que el Abad realmente cree que Anticristo vencerá al Papa y usurpará su Sede; finalmente ellos apelan al Papa Gregorio el Grande como defendiendo que quienquiera que sostenga a ser Obispo Universal sea Anticristo, puesto que el gran Doctor realmente habla de el Precursor del Anticristo quien era, en el lenguaje de su día, nadie sino un distintivo de un amenazante gran maligno.
Los protestantes fueron guiados a la teoría del Anticristo -Pontifical por la necesidad de oponerse a una respuesta popular a los argumentos populares y persuasivos adelantados por la Iglesia de Roma para su Autoridad Divina.
Warburton, Newton y Hurd, los intercesores de la teoría Anticristo-Pontifical, no pueden ser igualados frente a los santos de la Iglesia de Roma.
Si el Papa es el Anticristo, aquellos a quienes recibe y lo siguen no pueden ser hombres como San Carlos Borromeo, o Fénelon, o San Bernardo, o San Francisco de Sales.
Si la Iglesia debe sufrir como Cristo, y si Cristo fue llamado Belcebú, la Iglesia verdadera debe esperar un reproche similar; Así, la teoría Anticristo-Pontifical llega a ser un argumento a favor de la Iglesia Romana.
El escarnio, «Si el Papa no es el Anticristo, él tiene la mala suerte de ser así como él», es realmente otro argumento a favor de las demandas del Papa; como el Anticristo finge a Cristo, y el Papa es una imagen de Cristo, el Anticristo debe tener alguna similitud al papa, si lo mas reciente es el verdadero Vicario de Cristo.
IRENAEUS, Adverseus Haer., IV, 26; ADSO ( PSEUDO-RABANUS MAURUS), De ortu, viíta et moribus Antichristi, P. L. CI, 1289-98; BELLARMINE, De Rom. Pont., III; NEWMAN, The Patristic Idea of Antichristi, No. 83 of Tracts for the Times, republished in Discussions and Arguments on Various Subjects (London, New York, and Bombay 1897).
J. MAAS
Traducido por Ramón Terrazas Ch.
Fuente: Enciclopedia Católica