PLURALISMO

Doctrina errónea que sostiene que un «católico» puede sostener una «doctrina» en contra de lo que ensena la Iglesia, y seguir siendo un buen católico. Condenado por el Concilio Vaticano Primero: (1870). Denzinger 3042, 3043.

Diccionario Bí­blico Cristiano
Dr. J. Dominguez

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Fuente: Diccionario Bíblico Cristiano

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Diversidad, variedad, multiplicidad de pensamientos, opiniones, situaciones, procedimientos o referencias con respeto a una persona o ideologí­a. Lo contrario de pluralismo es monismo, monolitismo, exclusivismo, unidad de visión, singularidad de pensamiento. El pluralismo no es ni bueno ni malo. Es una simple descripción.

Importa en determinados aspectos educar para aceptar diversidad de opiniones sin agresividad ni tensiones. A esto se llama tolerancia, comprensión, respeto, que son valores que deben predominar en las relaciones polí­ticas, religiosas, deportivas, sociales. Pero también se puede desviar el pluralismo, so pretexto de diversidad, hacia el indiferentismo (todo importa lo mismo), hacia el escepticismo (nada es verdad), hacia el relativismo (todo es aceptable, porque todo es relativo).

Pedro Chico González, Diccionario de Catequesis y Pedagogí­a Religiosa, Editorial Bruño, Lima, Perú 2006

Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagogía Religiosa

DicEc
 
«Pluralismo» es un término de uso frecuente desde el Vaticano II, pero su significado no siempre resulta evidente. En sí­ mismo significa que una multitud no se reduce a un único principio último. Hay claramente pluralismo en la cultura, la polí­tica, la religión. El hecho de aceptar el pluralismo no significa reconocer a todas las visiones igual legitimidad. Así­, un cristiano puede ser respetuoso con las otras religiones, incluso reconocer que el Espí­ritu Santo actúa en ellas, sin tener por ello que afirmar que todas son iguales (>No cristianos).

Dentro del judaí­smo, ya en los tiempos del Nuevo Testamento existí­a pluralismo: saduceos, fariseos y los miembros de la comunidad de Qumrán tení­an visiones distintas acerca de lo que significaba la verdadera fidelidad a la alianza. También hoy siguen siendo distintos los modos de ser judí­o: ortodoxo, conservador, reformista, etc. Por otro lado, en los mismos libros del Nuevo Testamento puede observarse un pluralismo teológico, muy en particular en los temas relativos a la Iglesia (>Eclesiologí­as neotestamentarias).

Aunque se asocia el perí­odo anterior al Vaticano II con la uniformidad más que con el pluralismo, lo cierto es que siempre ha habido un notable pluralismo en la teologí­a católica. No hay más que pensar en las escuelas medievales, que seguí­an principios agustinianos, aristotélicos o platónicos, en las diferentes escuelas de espiritualidad que ha habido a lo largo de los siglos, o en los diferentes ritos litúrgicos.

Con respecto a la teologí­a y la vida de la Iglesia, son varios los fundamentos del pluralismo. Son diferentes las mentalidades según los ambientes culturales, como puede verse en los >padres de la Iglesia latinos, griegos o sirí­acos. Diferentes fundamentos filosóficos dan lugar también al pluralismo: por ejemplo, el aristotelismo de Tomás de Aquino o el nominalismo de los reformadores. Las diversas escuelas y órdenes religiosas surgen también de intuiciones y preocupaciones iniciales diferentes, por ejemplo, las escuelas benedictina y dominicana. Son diferentes también las perspectivas teológicas (cf las cristologí­as y eclesiologí­as «desde arriba» y «desde abajo»), o los planteamientos teocéntricos, cristocéntricos y antropocéntricos. En el fondo, el pluralismo teológico brota de la insuficiencia de todo lenguaje humano para expresar plenamente las realidades divinas; las expresiones de la verdad divina son perfectibles. Con el Vaticano II hay que decir que «una cosa es el depósito mismo de la fe, es decir, sus verdades, y otra cosa es el modo de formularlas, conservando el mismo sentido y el mismo significado» (GS 62).

En el Vaticano II hubo un auténtico pluralismo teológico, por lo que pueden detectarse varias teologí­as operando simultáneamente en un mismo documento como Lumen gentium. Pero este pluralismo fue difí­cil de conseguir: los documentos preparatorios estaban redactados generalmente en forma neoescolástica y hubo que someterlos a una drástica transformación, debida en no pequeña parte a la presencia de obispos procedentes de las más diversas zonas del mundo, especialmente del Este, de observadores de otras Iglesias y de una amplia plantilla de expertos, cuyos servicios fueron requeridos en múltiples ocasiones por el concilio. Parte de los problemas surgidos en la Iglesia posconciliar se debieron a que, en lugar de continuar la lí­nea de pluralismo del concilio, los documentos vaticanos volvieron a aparecer en una teologí­a romana no siempre adecuada a otros contextos eclesiales. Por otro lado, el concilio habí­a optado decididamente por el pluralismo en la liturgia y en la teologí­a (SC 37, 40; AG 22; LG 13, 23; UR 17). En UR 4e se hace una amplia exposición de la sentencia tradicional in necesariis unitas, in dubiis libertas, in omnibus caritas («en lo esencial, unidad; en lo dudoso, libertad; y caridad en todo»), inspirada en san Agustí­n, promulgada en cí­rculos anglicanos y luteranos, y consagrada por Juan XXIII.

El pluralismo es normal fuera de la Iglesia católica. La comunión anglicana (>Anglicanismo) se siente orgullosa de su capacidad abarcadora, que no sólo da cabida a diversas teologí­as, sino también a diversas concepciones de lo que realmente son la Iglesia y sus doctrinas, que van desde el ala católica de la High Church hasta el ala evangélica de la Lorv Church más extrema, que tiende a veces al >fundamentalismo. Las >Iglesias orientales, muchas de las cuales están en comunión entre sí­, tienen un sorprendente pluralismo en teologí­a, >ritos y estructuras.

Un pluralismo extremado harí­a imposible todo ecumenismo, o más bien lo harí­a irrelevante; supondrí­a la aceptación de la imposibilidad de ponerse de acuerdo, la idea de que no importa pensar de manera distinta; serí­a en el fondo indiferentismo.

Como la diversidad en la catolicidad (>Católico), de la que este es expresión, el pluralismo está siempre en tensión con la necesaria unidad fundamental. El lí­mite del pluralismo es la revelación tal como se expresa en el sentido de la fe (>Sensus fidei) de la Iglesia y es expresada por el >magisterio. Algunos autores prefieren usar la palabra «pluralismo» en un sentido negativo, para referirse a lo que destruye la unidad, reservando la palabra «pluriformidad» para la diversidad legí­tima.

Christopher O´Donell – Salvador Pié-Ninot, Diccionario de Eclesiologí­a, San Pablo, Madrid 1987

Fuente: Diccionario de Eclesiología

El concepto del p. sirve hoy dí­a para designar diversos caracteres de la sociedad moderna. La sociedad pluralista ostenta frente a la sociedad considerada como homogénea un alto grado de heterogeneidad. No raras veces el epí­teto «pluralista» significa, en un sentido negativo, la desintegración en comparación con las sociedades integradas. La denominación implica en oposición con sociedades más estáticas, la dinámica inmanente a la sociedad moderna.

Para comprobar estructuras previamente dadas es más correcto emplear la noción de sociedad plural. En tal caso, el p. expresarí­a la valoración positiva, la idea programática de la sociedad así­ concebida. Su antí­tesis serí­a el -> integrismo como tendencia a superar estructuras plurales.

Dentro de la historia del pensamiento, la teorí­a del p. remite a fuertes tan distintas como el -> liberalismo y la -> doctrina social cristiana (-> sociedad). Pero, mientras las ideas del p. liberal llevan consigo un fuerte tono individualista y descuidan el campo de la ética social, el p. personalista y subsidiario de la ética social católica tiene siempre en cuenta el entrelazamiento de individualidad y sociabilidad como estructura esencial del hombre. Desde el punto de vista normativo, este p. funda no sólo derechos individuales, sino también igualdad de derechos de las distintas sociedades en la defensa contra desplazamientos unilaterales. El p. social ostenta sobre todo los siguientes aspectos:
1. Pluralismo de grupos. En sentido estricto, se entiende por tal la división de la sociedad en numerosos grupos de intereses que se entienden a sí­ mismos como iguales en categorí­a. En sentido más general, se trata de una estructuración dinámica, no sistematizable ya, de la sociedad en grupos y asociaciones con cualesquiera finalidades. Una sociedad así­ estructurada no puede ya representarse por la imagen de cí­rculos concéntricos, donde la sociedad, concebida como un todo, se construye a sí­ misma desde las unidades más pequeñas por la integración en otras unidades mayores. El p. de grupos deberí­a representarse más bien por numerosos cí­rculos, ordenados asistemática y móvilmente, que en parte se cruzan. En tal caso, la intersección se realiza ya en el individuo, que pertenece simultáneamente a distintas unidades sociales, sin que esta pertenencia se deba a la mediación de una unidad interpuesta. Pero ahí­ precisamente el p. es ambivalente; porque, por otra parte, la estructura plural se refuerza por estructuras intermedias.

2. Pluralismo de valores. Este aspecto expresa la falta o debilitación de un sistema homogéneo de normas y valores. El sistema de normas alcanza desde los valores absolutos aceptados como universalmente válidos, pasando por las normas morales, hasta las expectaciones convencionales de conducta. Como quiera que siempre ha existido, según la extensión del campo de observación, tal pluralidad de valores y normas, ora respecto de diferencias regionales, ora respecto de diferencias de capas especí­ficas, la confrontación de todos los miembros de la sociedad con este p. debe considerarse como su caracterí­stica particular. La apertura y movilidad de la sociedad hacen que el proceso de socialización no esté ya caracterizado por la mediación de un sistema de normas homogéneas, sino por una oferta competitiva de posibilidades diversas de orientar la existencia. (Sobre el p. en la concepción del -> mundo en general, cf. este artí­culo e -> ideologí­a; sobre el p. en las religiones, en la filosofí­a y con teologí­a, cf. -> religiones, -> filosofí­a, -> teologí­a).

3. Integración social parcial. La sociedad plural tiende a que el individuo sólo esté integrado en los diversos grupos sociales de referencia bajo aspectos parciales de su vida. Ello significa que, por una parte, ningún grupo social puede exigirlo para sí­ en la totalidad de su persona; y, por otra parte, de ninguno de estos grupos puede esperar ayuda social total.

4. Diferenciación de funciones. Con la integración social parcial y la división de funciones en la moderna sociedad, crece también la diferenciación de tareas. Las interacciones sociales particulares no reclaman ya la totalidad de la persona; el individuo se comporta en su eventual papel como padre, como empresario, como miembro de la Iglesia, como ciudadano, etc. Este cambio de rol puede darse frecuentemente y dentro de breves intervalos.

En todo esto se trata de tendencias dominantes. No existe ni la sociedad puramente monista, ni la puramente pluralista. Además, estas tendencias sólo fuerzan relativamente, pues pueden provocar tendencias contrarias y reacciones de defensa. También es objeto de controversia la estimación normativa y antropológica de estos fenómenos. Hoy dí­a podrí­a darse unanimidad en que una consideración exclusiva bajo los puntos de vista de la pérdida de la unidad, tanto en la sociedad como en la persona, o de la desintegración o incluso de la decadencia cultural, no hace justicia a la situación social. Como siempre nos encontramos también aquí­ con peligros y oportunidades. Así­, el p. de grupos y valores parece por de pronto acrecer el número de posibilidades de conflictos sociales. Pero la integración parcial y la diferenciación de roles tienen también una función de paz, pues a consecuencia de ellas los conflictos son también solamente parciales, en lo cual hay que ver ya un elemento para su regulación. Así­ se ve, p. ej., en que una sociedad dualista de clases ha sido suplantada por un p. de grupos.

Aparte de los peligros, p. ej., de adaptación discontinua, que repercute sobre la persona, no debe pasarse por alto la acrecida responsabilidad por la propia conducta de los individuos y de los grupos que resulta de esta estructura social. Las sociedades integristas construyen la respectiva sociedad partiendo de un solo punto y descuidan así­ la realidad diferenciada de la existencia humana. Mientras el p. como idea deja flotando la relación de individualidad y vinculación social, el integrismo trata de resolver el problema de una vez para siempre. en favor de magnitudes colectivas. Como quiera que tales tendencias son capaces de despertar en los hombres cierta necesidad de integración total, una sociedad que quiera mantener su estructura plural por las oportunidades que ofrece para la paz y la responsabilidad personal, debe orientar su pedagogí­a hacia el logro de la realización de la vida dentro de tales estructuras.

La forma de organización polí­tica adecuada a esa estructura social es la democracia liberal, porque sólo ella deja libre desenvolvimiento a la vida de los grupos. Por otra parte, el p. plantea un problema polí­tico, en cuanto que la -> polí­tica debe orientarse por la norma del bien común. De ahí­ que también la democracia debe cumplir una función de integración polí­tica; porque del p. de opiniones e intereses, aun institucionalizado, no resulta ya una decisión polí­tica orientada a 1as necesidades sociales en su totalidad. Al mismo tiempo, el p. en el sentido de la integración social parcial representa para la polí­tica una orientación normativa, porque obliga a examinar en cada caso si algo debe regularse por la autoridad polí­tica como universalmente obligatorio: El p. fomenta el pensamiento de que, en el bien común, se trata de una finalidad social y no sólo de una finalidad polí­tica; de ahí­ se sigue que el bien común no se realiza de modo exclusivamente polí­tico.

BIBLIOGRAFíA: Cf. la bibl. de -> sociedad, -> libertad. – O. v. Nell-Breuning, Unsere Gesellschaft und ihr kulturelles Gesicht: Wirtschaft und Gesellschaft heute III (Fr 1960) 1-10; J. Wössner, Die ordnungspolitische Bedeutung des Verbandswesens (T 1961); W. Walter, Die sozialethische Definition der Demokratie (Fri 1962); Rahner VI 45-57 (Sobre el diálogo en la sociedad pluralista); M. Háttich, Das Toleranzproblem in der Demokratie: Civitas 4 (1965) 15-40; idem, Nationalbewußtsein und Staatsbewußtsein in der pluralistischen Gesellschaft (Mz 1966); A. Gehlen, Der Pluralismus in der Ethik: Merkur 21 (Kö – B 1967) 105-118; K. Bosl, Pluralismus und pluralistische Gesellschaft (Mn – Sa 1967).

Manfred Hdttieh

K. Rahner (ed.), Sacramentum Mundi. Enciclopedia Teolσgica, Herder, Barcelona 1972

Fuente: Sacramentum Mundi Enciclopedia Teológica