PILATO, PONCIO

Gobernador de Judea, Luk 3:1; mata a algunos galileos, Luk 13:1; sentencia a Jesús a ser crucificado, Mat 27:1-26; Mar 15:1-15; Luk 23:1-25; Joh 18:28-19:22


Poncio Pilato, a quien se menciona en el Nuevo Testamento cincuenta y tres veces, fue el quinto de los procuradores romanos. Al igual que su inmediato predecesor Valerio Gratus (15–26 d. de J.C. ), Pilato tuvo un gobierno más bien largo (26–36 d. de J.C. ) como gobernador romano de Palestina. Su largo ejercicio en el cargo se debió a la polí­tica establecida por Tiberio, quien creí­a que serví­a mejor los intereses de las provincias manteniendo a los procuradores en su puesto muchos años con la idea de aprovechar su experiencia como también para prevenir la estafa y el soborno. El creí­a que los gobernadores actuaban como †œlas moscas sobre el cuerpo de un animal herido†. Si las †œmoscas† (o procuradores) se hubieran llenado completamente una sola vez, demandarí­an menos en sus exacciones. Si ocurrí­an cambios frecuentes en posición de sus gobernadores, Tiberio creí­a que el pueblo que estaba debajo de ellos estarí­a constantemente sujeto a nueva avaricia y rapacidad insatisfecha (Josefo, Antigüedades XVIII. vi. 5). Se puede encontrar mucha información concerniente a Pilato en Josefo (quien describe más completamente su carrera que la de cualquier otro procurador), Filón y Tácito. Filón registra una carta de Agripa I en la cual se habla de Pilato como de una persona †œinflexible, terca y de disposición cruel†. De acuerdo con la misma fuente, el perí­odo de servicio de Pilato se caracterizó por †¦ †œvenalidad, violencia, robos, asaltos a la gente, conducta abusiva, ejecuciones frecuentes de prisioneros sin previo juicio, ferocidad interminable y salvaje† (Filón, The Embassy to Gaius, 38, ed. Smallwood, infra, pág. 128).
Pilato habí­a sido designado para este oficio por la influencia de Sejano, quien era un archienemigo de los judí­os. También debido a la influencia de Sejano se efectuó la expulsión de los judí­os de Roma en el año 19 d. de J.C. (Filón, The Embassy to Gaius, Sec. 24 159-161, ed. Smallwood pág. 94). Pilato, de igual manera, siguió consistentemente la polí­tica antisemí­tica mientras duró su cargo. Las monedas que fueron acuñadas durante sus años de gobierno muestran los sí­mbolos religiosos paganos (el lituus y el simpulum; véase Reifenberg, Ancient Jewish Coins, Nos. 131–33) los cuales debieron haber sido ofensivos para los judí­os. Herodes el Grande habí­a colocado anteriormente un águila en algunas monedas y los judí­os se enfurecieron especialmente cuando colocó un águila en el templo. El águila representaba el gobierno de Roma y era vista como un sí­mbolo idólatra por los judí­os piadosos. (Véase Reifenberg, op. cit., No. 34; y Josefo, Antigüedades XVII. vi. 2 y sigtes
Para la fecha de las monedas de Herodes, véase J. Meyshan, †œThe Coins of the Herodian Dynasty†, The Dating and Meaning of Ancient Jewish Coins
Estudios Numismáticos e Investigaciones, II. Publicaciones de la Sociedad Numismática de Israel, 1958).
La información extrabí­blica concerniente a Poncio Pilato es consistente con lo que se sabe de él por los escritores del Nuevo Testamento. Josefo informa (Antigüedades XVIII, iii. 1) que sin preocuparse por los sentimientos religiosos judí­os, él introdujo estandartes en Jerusalén que portaban el retrato de Tiberio. El pueblo judí­o resentí­a esta acción y marchó hacia Cesarea en grandes cantidades para protestar. Pilato les permitió reunirse en el hipódromo que tení­a lugar para veinte mil personas. El teatro, que podí­a acomodar a grupos más pequeños, evidentemente no era lo suficientemente grande. Aunque sus soldados rodearon a la multitud y desenvainaron sus espadas para intimidarlos (ante lo cual la gente atrevidamente mostraba sus cuellos), Pilato fue forzado a ceder a la presión de esta demostración y a retirar los estandartes.
Pilato también se apropió indebidamente de los fondos de las ofrendas del templo a fin de edificar un acueducto hasta Jerusalén desde las fuentes ubicadas al sur de Belén, en un sitio llamado Etam, designado hoy erróneamente como †œlos estanques de Salomón†. (Véase Josefo, Antigüedades XVII, iii. 2; Guerras, II, ix. 4; Eusebio, Historia de la Iglesia, II 6.; Jerusalem Yoma III.) Cuando los judí­os protestaron por este abuso del tesoro del templo, Pilato hizo que los soldados los apalearan hasta darles muerte.
Pilato trató de introducir at escudos votivos que estaban inscritos con el nombre de Tiberio dentro del palacio de Herodes en Jerusalén (el cual debió haber sido el mismo donde Jesús fue juzgado ante Pilato). Véase Filón, Embassy to Gaius (299 y sigtes.) Smallwood, pág. 128.
De nuevo, la gente protestó, y ciertos ciudadanos importantes apelaron a Tiberio señalando que este insulto debí­a ser rectificado. Tiberio severamente instruyó a Pilato para que sacara estos escudos de Jerusalén y los depositara en el templo de César en Cesarea. El acto que coronó la tiraní­a de Pilato condujo a su destitución y al nombramiento de Marcellus para tomar su lugar. Pilato apresó y asesinó a gran número de samaritanos que se habí­an reunido en el monte Gerizim, ante algunos informes de que ciertos objetos religiosos enterrados desde el tiempo de Moisés habrí­an de ser hallados por un falso profeta que se nombrarí­a a sí­ mismo (Antigüedades XVII, iv. 1). La destitución de Pilato se produjo cuando los samaritanos se quejaron ante Vitelio, el gobernador romano de Siria, quien envió a Pilato a Roma para responder ante Tiberio por su conducta.
El Nuevo Testamento añade a nuestro conocimiento del temperamento arbitrario de Pilato y cuenta de su matanza de ciertos galileos que estaban en el acto de ofrecer sus sacrificios en el templo de Jerusalén (Lc. 13:1 y sigtes.).
En los evangelios apócrifos se registra mucho material imaginario referente a Pilato. No hay bases históricas para las supuestas cartas a Tiberio o para la creencia de que se suicidó. Algunas leyendas afirman que fue ejecutado bajo Tiberio (o Nerón) y otros que él murió como un cristiano penitente (véase †œThe Giving Up of Pontius Pilate†, in Apocryphal Gospels, Vol. XVI; Ante-Nicene Christian Library, 1873, págs. 231–233). En la lglesia Etí­ope ¡ha sido canonizado como un santo! Un texto de un papiro que se encuentra en el Museo Eisenberg del Seminario Bautista del Sur en Louisville, Kentucky, USA, se menciona a un cierto cristiano primitivo llamado †œPilato†. La popularidad del nombre entre los primeros cristianos parece que surgió de tales leyendas.
De mayor valor histórico es una inscripción del teatro en Cesarea descubierta en 1961, cuando los arqueólogos italianos estaban lavando y limpiando el área después de las excavaciones. Véase especialmente el informe de Frova, mencionado en la Bibliografí­a.
Ese texto tal vez pueda traducirse †œ†¦ Tiberium (esto es, un templo dedicado a la adoración de Tiberio). ¿De los cesareanos

Fuente: Diccionario Bíblico Arqueológico