SERMON DEL MONTE

El primero de los seis extensos discursos de Jesús dados en Mateo (caps. 5—7). Los otros discursos son
( 2 ) la misión de los 12 (Mat 9:35—Mat 11:1),
( 3 ) las parábolas junto al mar (Mat 13:1-52),
( 4 ) la humildad (cap. 18),
( 5 ) la denunciación de hipocresí­a (cap. 23) y
( 6 ) la escatologí­a (caps. 24—25).

Mucho del material de enseñanza que Mateo da en estos largos discursos es dado también por Marcos y Lucas, con una similitud verbal casi exacta, pero en fragmentos en medios diferentes a los de Mateo. La naturaleza del ministerio itinerante de Jesús hacia multitudes que cambiaban de sitio era tal que él tuvo que haber repetido el material similar gran número de veces bajo una gran variedad de circunstancias. Además, en cualesquiera de las sesiones extendidas de su enseñanza, hubo interrupciones, preguntas, argumentos, digresiones. El †œsermón† es el informe de un estudiante (Mateo) de una conferencia o clase y discusión, y debe ser estudiado a la luz de ella.

Fuente: Diccionario Bíblico Mundo Hispano

Tradicionalmente se utiliza esta expresión para designar las palabras del Señor Jesús que aparecen en los capí­tulos 5 al 7 de Mateo, basándose en Mat 5:1-2 (†œViendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discí­pulos. Y abriendo su boca, les enseñaba, diciendo…†). No es seguro que el evangelista quiso expresar que todas esas palabras fueron dichas en una sola ocasión. Algunos piensan que se trata de una recopilación de enseñanzas del Señor dadas en diferentes ocasiones. Aunque tampoco hay que rechazar la posibilidad de que el contenido de esta porción haya sido repetido en varias localidades. Lucas, por ejemplo, coloca muchas de las palabras del sermón como dichas en un lugar llano (†œY descendió con ellos, y se detuvo en un lugar llano, en compañí­a de sus discí­pulos…. y alzando los ojos hacia sus discí­pulos, decí­a: Bienaventurados…† [Luc 6:17-20]).

Como Mateo tiene mucho interés en enfatizar la calidad de †¢Mesí­as del Señor Jesús, es natural que recogiera estas que algunos llaman †œleyes del reino† en el ambiente de la cumbre de un monte. Así­ hace una comparación con Moisés y el Sinaí­. Estas leyes del reino que el Señor da a su pueblo no consisten en reglamentos o estipulaciones que se debí­an llevar al pie de la letra, interpretándose de manera literal, sino una serie de principios e ideales que debí­an inspirar el corazón de sus seguidores; siempre teniendo en cuenta que se apuntaba al ser interior, a las motivaciones internas, más que a los cumplimientos externos que la gente creí­a hacer con la ley del AT. El S. del M. no es un código de conducta, en el sentido comúnmente utilizado por los rabinos. Más aún, debe recordarse que el sermón se entiende mejor al considerar como telón de fondo el legalismo imperante en la sociedad judí­a.
usa un lenguaje altamente poético, con figuras de mucho vuelo y de gran significación espiritual. Algunas personas pierden mucho del sentido de este sermón por buscar una interpretación literalista. Cristo habla de †œlos de limpio corazón† a un pueblo que hací­a mucho énfasis en la limpieza del cuerpo, de lo externo. Cuando dice que los que le siguen son †œla sal de la tierra†, es absurdo darle a sus palabras otro sentido que no sea espiritual. Y así­ sucesivamente. Hay que recordar que Cristo hablaba del reino de los cielos.
eruditos gustan de pensar que el S. del M. presenta la ética de ese reino, en el cual las cosas son muy diferentes a como se presentan en el mundo. Decir, por ejemplo, que los que lloran son bienaventurados, es algo que contradice lo corrientemente entendido entre los hombres. Todo el sermón está lleno de ese tipo de contradicciones. El mundo odia a los enemigos. En el sermón se dice que hay que amarlos. En el mundo se publican las buenas obras. El sermón dice que se hagan en secreto. En el mundo se busca la exhibición de la religiosidad. El sermón enseña la discreción en ello. La gente quiere hacer tesoros en la tierra. El sermón incita a que se hagan en los cielos.
otra parte, los que intentan interpretar el S. del M. como una regla de conducta para todas las personas en todos los lugares olvidan que el Señor Jesús se estaba dirigiendo a sus discí­pulos, a aquellos que han sido regenerados por el Espí­ritu Santo. Sólo los que cuentan con ese poder pueden, primero, entender y, luego, vivir de acuerdo con estas enseñanzas espirituales. Exigir a alguien que no tiene el Espí­ritu de Dios el cumplimiento de las estipulaciones del S. del M. serí­a un absurdo, pues se trata de algo que se demanda de los ciudadanos del reino, no de los que están fuera de él. †¢Bienaventurado. Bienaventuranza.

Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano

tip, DOCT

vet, Recibe este nombre el magno discurso pronunciado por el Señor Jesús ante los suyos y ante todo el pueblo que se habí­a congregado. Está registrado en Mt. 5-7 y en Lc. 6:20-49. De la comparación de ambos relatos surgen unas evidentes diferencias que en modo alguno pueden atribuirse a discrepancias de relato, sino que en el Sermón del Monte cada Evangelista fue dirigido, en base al objeto de Dios para revelar en cada Evangelio una faceta prominente del Señor Jesús, a destacar y exponer del Sermón aquello que correspondí­a con la verdad concreta. También, de la mención que se hace en Mateo de que el Sermón fue dado en un «monte» (Mt. 5:1), mientras que en Lucas se afirma que fue en «un lugar llano», ha llevado a algunos expositores a la posición de que se trata de dos predicaciones distintas en lugares distintos, aunque con contenidos análogos. Pese a que no se puede descartar en absoluto el hecho de que el Señor predicara en muchos lugares el mismo mensaje básico, adecuándolo a los oyentes y a sus necesidades o circunstancias, la comparación de ambos relatos señala que, a pesar de las divergencias en la forma de relatarlo, se trata de un mismo suceso. La explicación reside en que el «lugar llano» no se refiere a una llanura en oposición a un monte, sino que se deberí­a traducir «lugar anivelado»; evidentemente se trata de un monte, porque la traducción literal del gr. es «Y bajando con ellos, se detuvo en un lugar anivelado» (Lc. 6 17). Se puede observar, en primer lugar, que Mateo no registra aquí­ la designación de los apóstoles, que Lucas sí­ da, así­ como Marcos (Mr. 3:13-19), que en cambio no registra el Sermón estando más interesado en registrar las obras que las palabras del Señor. Con Mateo cuadra relacionar este llamamiento con la misión a Israel, que se corresponde con el comienzo de Lc. 9. El Reino no tiene en Lucas la prominencia que tiene en Mateo. En Lucas son los que se unen a Cristo y lo siguen verdaderamente los que reciben bendición. El contraste de lo que el Mesí­as dice con Su autoridad, con lo que dijeron los antiguos, es peculiar de Mateo. Lucas da de una manera plena la gran y nueva moralidad de amar a nuestros enemigos, siendo misericordiosos como también lo es nuestro Padre, no juzgando ni condenando, sino perdonando conforme a la pauta divina; Mateo da una enseñanza directa acerca de la justicia práctica en hechos y palabras, oración y ayuno, dirigida especí­ficamente contra la hipocresí­a. En el Sermón se da instrucción acerca de la justicia ajustada a todos los que entran en el Reino de los cielos. Sólo los nacidos del Espí­ritu pueden llegar al estado de alma bienaventurado a los ojos del Señor. No se trata de una exigencia, como en el Sinaí­, sino de la descripción que hace Cristo de aquellos que son aptos para el Reino. No se trata de un mensaje de gracia a los pecadores; no es el evangelio de la gracia de Dios a los perdidos, sino Sus palabras para Sus discí­pulos; y lo que se espera de ellos es la obediencia personal. Bosquejo. Mt. 5 no da sólo una imagen de lo que son los bienaventurados, sino que se da con toda la autoridad de la Ley y de los profetas cumplida, no debilitada, quedando la más alta conducta adecuada para el Reino, en contraste con lo que Dios permitió antiguamente, y no ahora que es revelado en Su nombre de Padre y la nueva relación del creyente con El. Mt. 6 habla de la vida interna o de los caminos del hombre vistos por el Padre, y de las ansiedades que pudieran llegar a condicionar al creyente. Mt. 7 trata de la conducta debida hacia los demás, creyentes o no, se alienta a la dependencia en Dios, y se exhorta a la evitación de los falsos profetas (por muchos que sean sus dones), y al sometimiento práctico de las palabras de Cristo. Bibliografí­a: Kelly, W.: «Lectures on the Gospel of Matthew» (Bible Truth Publishers, reimpr. 1971 de ed. 1868, Oak Park, Illinois); Pentccost, D.: «El Sermón del Monte» (Pub. Portavoz Evangélico, Barcelona, 1981).

Fuente: Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado

Sermón del monte es el título comúnmente dado a las enseñanzas de Jesús registradas en Mt. 5–7. El que este título pueda con toda propiedad aplicarse al pasaje en cierto modo paralelo en Lc. (6.20–49) depende de la interpretación que se dé a la relación literaria entre ambos pasajes. Este último se ha llamado a menudo el Sermón en la llanura porque se entiende que fue dado en “un lugar llano” (Lc. 6.17) más bien que “en el monte” (Mt. 5.1). Pero ambas expresiones probablemente se refieran al mismo lugar, visto desde dos direcciones distintas (véase W. M. Christie, Palestine Calling, 1939, pp.35s).

El canónigo Liddon, en sus “Bampton Lectures”, hace referencia a este sermón como “ese original bosquejo de cristianismo esencial”. Si esto se interpreta como que el Sermón del monte es el mensaje del cristianismo al mundo pagano, debemos responder advirtiendo que se trata, manifiestamente, de didajē (enseñanza), y no kerygma (proclamación). Por ningún esfuerzo de la imaginación se lo puede considerar como “buenas nuevas” para quien dependa del cumplimiento de sus demandas para poder entrar en el reino. (Imaginemos a un hombre sin Cristo, carente de la ayuda que ofrece el Espíritu Santo, procurando exceder la justicia de los escribas y fariseos.) Es más bien un boceto del carácter de aquellos que ya han entrado en el reino, y una descripción de la calidad de vida ética que, como consecuencia, se espera de ellos. En este sentido, es verdad, se trata de “cristianismo esencial”.

I. Composición

En tiempos pasados se daba por sentado que el Sermón del monte constituía un sólo discurso pronunciado por Jesús en una ocasión determinada. No hay duda de que parecería ser así según ha sido registrado en Mateo. Los discípulos se sentaron (v. 1), Jesús abrió su boca y les enseñó (v. 2), y cuando terminó la multitud quedó maravillada de sus enseñanzas (7.28). No obstante, la mayoría de los estudiosos opina que este sermón es en realidad una compilación de dichos del Señor. “Una especie de epítome de todos los sermones que Jesús jamás predicó” (W. Barclay, The Gospel of Matthew, 1, pp. 79 [en cast. “Mateo”, Nuevo Testamento comentado, 1973, 2 tt.]). Se esgrimen los siguientes argumentos: (1) Que incluye un gran exceso de material, demasiado concentrado para que pueda incluirse en un solo sermón. Los discípulos, que no se destacaban por una aguda percepción espiritual, nunca podrían haber asimilado tanta riqueza de enseñanza ética. (2) Que la gran variedad de tópicos (descripción de las bendiciones del reino, consejos sobre el divorcio, admoniciones respecto a la ansiedad) es inconsistente con la unidad de un solo discurso. (3) La brusquedad con que surgen ciertas secciones en el sermón (p. ej. la enseñanza sobre la oración en Mt. 6.1–11) se destaca claramente. (4) Aparecen 34 versículos en otros contextos, a menudo más apropiados, a través de Lucas (p. ej. el Padrenuestro en Lucas se introduce al solicitar los discípulos que Jesús les enseñe a orar, Lc. 11.1; el dicho acerca de la puerta angosta surge como respuesta a la pregunta, “¿Son pocos los que se salvan?” Lc. 13.23), y es más probable que Mateo haya incluido dichos de Jesús en el sermón y no que Lucas los haya encontrado allí y luego los haya diseminado por su evangelio. (5) Es característico de Mateo el juntar material de enseñanza bajo ciertos encabezamientos a fin de insertarlos en la narración de la vida de Jesús (cf. B. W. Bacon, Studies in Matthew, 1930, pp. 269–325), y el Sermón del monte sería, por lo tanto, simplemente la primera de estas secciones didácticas. (Otras secciones se ocupan de los temas del discipulado (9.35–10.42), el reino de los cielos (13), la verdadera grandeza (18), y el fin del siglo (24–25).

Estas consideraciones, sin embargo, no nos obligan a opinar que todo el sermón constituye una composición arbitraria. El marco histórico en Mt. 4.23–5.1 nos induce a esperar un importante discurso que se entrega en una ocasión determinada y concreta. Dentro del sermón mismo aparecen distintas secuencias que parecen ser “pequeños sermones” de Jesús y no una colección de logia independientes. Si se lo compara con el sermón de Lucas se descubren suficientes puntos de coincidencia (ambos comienzan con las bienaventuranzas, terminan con la parábola de los dos edificadores, y el material de Lucas que aparece entre estas dos porciones—sobre el amor a los enemigos (6.27–36) y la costumbre de juzgar a otros (6.37–42)—sigue el mismo orden en Mateo) como para pensar que los dos relatos tienen un mismo origen. Antes que estos evangelistas comenzaran a escribir existía con toda probabilidad un bosquejo primitivo que correspondía a un discurso real pronunciado en una ocasión concreta. Aun se debate entre los entendidos si el sermón, tal como se registra en Mateo, está más de acuerdo con el original que la versión de Lucas, o si Mateo se valió de un marco proporcionado por alguna fuente más antigua. Para los fines que nos proponemos es suficiente llegar a la conclusión de que Mateo se valió de un sermón primitivo que luego amplió para los fines especiales que tenía por delante mediante la introducción de material pertinente.

II. El lenguaje del sermón

En el curso de la generación pasada los estudios arameos nos han enseñado mucho acerca de “la poesía de nuestro Señor”—para hacer nuestro el título del libro de C. F. Burney (1925)—. Aun a través de la traducción se pueden apreciar distintos tipos de paralelismos característicos de la poesía semítica. Por ejemplo, en Mt. 7.6 tenemos una hermosa ilustración de paralelismo “sinónimo”:

“No deis lo santo a los perros,

ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos.”

Parece ser que el Padrenuestro es un poema de dos estrofas, cada una de las cuales tiene tres líneas de cuatro compases (cf. Burney, pp. 112s). El valor práctico de reconocer la presencia de poesía donde ella aparece es que no seremos tan propensos a interpretar el texto con un literalismo tan inflexible como hacemos cuando interpretamos prosa. Qué trágico sería que alguno (como alguna vez ha sucedido en la historia) se “sacara el ojo” o “se cortara la mano” literalmente en un intento de eliminar el pecado de la concupiscencia. A. M. Hunter observa que “los proverbios son en realidad principios expresados en forma extrema”. Siempre debemos evitar la interpretación de paradojas con crudo literalismo, y en cambio buscar más bien el principio que gobierna al proverbio (Design for Life, pp. 19–20).

En esta conexión consideremos la cualidad de lo absoluto en los imperativos morales de Jesús. Por mucho tiempo han preocupado a los hombres versículos como Mt. 5.48: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.” Parte de la respuesta se halla en el hecho de que estas no constituyen “leyes nuevas” sino principios básicos presentados en función de acciones. Pertenecen a la categoría de los mandamientos proféticos, que siempre fueron más profundos y exigían más que la mera letra de la ley. Además representaban la ética de la nueva era, propuesta para aquellos que habían de recibir un nuevo poder (cf. A. N. Wilder, “The Sermon on the Mount”, IB, 7, 1951, pp. 163). III

III. Circunstancias

Tanto Mateo como Lucas ubican el Sermón del monte en el primer año del ministerio público de Jesús; Mateo un poco antes que Lucas, quien lo ubica inmediatamente después de la elección de los Doce, con lo cual sugiere que debía entenderse como una especie de “sermón de ordenación”. En cualquier caso, se produjo antes de que los maestros religiosos lograran organizar su oposición, pero con suficiente tiempo como para permitir que la fama de Jesús haya podido extenderse por todo el país. Los primeros meses de su ministerio en Galilea estuvieron dedicados a la predicación en las sinagogas, pero pronto el entusiasmo de las multitudes hizo necesaria alguna forma de predicación al aire libre. Como consecuencia se puede notar un correspondiente cambio en el carácter de su mensaje. La primera proclamación: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mt. 4.17), ha dado lugar a la exposición sobre la naturaleza del reino para aquellos que realmente querían aprender.

Ya que el sermón se incluye en el ministerio de Jesús en Galilea, es natural la suposición de que el lugar donde se predicó sería una de las colinas que rodeaban la llanura septentrional. Como poco después Jesús entró en Capernaum (Mt. 8.5), quizás se hallara en esas inmediaciones. Una tradicion latina, que data del ss. XIII, menciona un monte de dos picos, el Karn Hattin, ubicado un poco más al S, pero solamente los cicerones y los turistas aceptan esta identificación con alguna seriedad.

El sermón está dirigido principalmente a los discípulos. Este parecería ser el significado tanto de Mt. 5.1–2 como de Lc. 6.20. El hecho de que Lucas haya usado la segunda persona en las bienaventuranzas, en dichos tales como: “Vosotros sois la sal de la tierra” (Mt. 5.13), y la sublime ética del sermón en su conjunto, sólo puede significar que estaba destinado a aquellos que habían abandonado el paganismo a cambio de la vida en el reino. Sin embargo, al finalizar cada relato (Mt. 7.28–29; Lc. 7.1) descubrimos la presencia de otros. La solución parece ser que la multitud estaba presente y escuchó a Jesús cuando enseñaba, pero que el discurso en sí estaba dirigido en primera instancia al círculo de los discípulos. Alguna que otra manifestación de Jesús, como ser los “ayes” de Lc. 6.24–26, salvo que fueran recorsos retóricos, parecen ser “apartes” para algunos que podrían estar escuchando y necesitaran tales amonestaciones.

IV. Análisis

Independientemente de si se considera al sermón como el resumen de un discurso realmente pronunciado o como un mosaico de declaraciones éticas arreglado por Mateo, no hay la menor duda de que Mt. 5–7 goza de verdadera unidad marcada por el desarrollo lógico de un tema básico. Este tema se presenta en las bienaventuranzas y puede expresarse como “la calidad y conducta de la vida en el reino”. Lo que sigue es un análisis descriptivo del conterudo del sermón.

a. La felicidad de los que forman parte del reino, 5.3–16

(i)     Las bienaventuranzas (5.3–10).

(ii)     Ampliación de la última bienaventuranza y una digresión para mostrar el papel del discípulo en un mundo incrédulo (5.11–16).

b. La relación del mensaje de Jesús con el viejo orden, 5.17–48

(i)     Presentación de la tesis (5.17). El mensaje de Jesús “cumple” la ley al penetrar detrás de la letra y al clarificar el principio que lo sustenta, llevándolo así a su consumactón ideal.

(ii)     La tesis ampliada (5.18–20).

(iii)     La tesis ilustrada (5.21–48).

1. En el mandamiento de no matar, la ira es el elemento culpable (5.21–26).

2. El adulterio es fruto de un corazón lleno de maldad que se nutre de deseos impuros (5.27–32).

3. La justicia del reino exige honestidad tan transparente que los juramentos resultan innecesarios (5.33–31).

4. La ley del talión debe ceder el lugar a un espíritu no vengativo (5.38–42).

5. El amor es universal en su aplicación (5.43–48).

c. Instrucciones prácticas para la conducta en el reino, 6.1–7.12

(i)     Estar en guardia contra la falsa piedad (6.1–18).

1. En las limosnas (6.1–4).

2. En la oración (6.5–15).

3. En el ayuno (6.16–18).

(ii)     Alejamiento de la ansiedad mediante la confianza sencilla (6.19–34).

(iii)     Vivir en amor (7.1–12).

d. Desafío a vivir una vida consagrada, 7.13–29

(i)     El camino es angosto (7.13–14).

(ii)     El buen árbol da buenos frutos (7.15–20).

(iii)     El reino es para aquellos que oyen y hacen (7.21–27).

V. Interpretación

El Sermón del monte ha conocido una larga y variada historia de interpretación. Para Agustín, que escribió un tratado sobre el sermón cuando todavía era obispo de Hipona (393–396 d.C.), era “la regla o modelo perfecto para la vida cristiana”: una nueva ley en contraste con la vieja. Las órdenes monásticas lo interpretaron como un “consejo de perfección” concebido no para el pueblo en general, sino para unos pocos elegidos. Los reformadores lo consideraron como la “la inflexible expresión de la justicia divina dirigida a todos”. Tolstói, el novelista ruso y (en sus últimos años) reformador social, lo resumio en cinco mandamientos (supresión de toda ira, castidad, eliminación de los juramentos, la no resistencia, amor sin reservas para con los enemigos), los cuales, si se obedecieran literalmente, eliminarían los males existentes e introducirían un reino utópico. Weiss y Schweitzer sostenían que las demandas eran demasiado radicales para todos los tiempos y, por lo tanto, afirmaron que se trataba de “una ética interina” para los primeros cristianos, que creían que el fin de todas las cosas se acercaba. Otros, dando mucho más lugar al lenguaje figurado, entendieron el sermón como la expresión de una manera noble de pensar”como enseñanza que se ocupaba de lo que el hombre debía ser más bien que de lo que debía hacer.

Es así que el intérprete del ss. XX se encuentra con una cantidad desconcertante de “claves” para dar con el significado esencial del Sermón del monte. Siguiendo a Kittel, puede considerar que las demandas han sido deliberadamente exageradas a fin de obligar al hombre a sentirse fracasado (y, por lo tanto, a arrepentirse y creer) o, siguiendo a Windisch, puede diferenciar entre una exégesis histórica y una exégesis teológica, y sostener que las demandas son practicables. Siguiendo a Dibelius puede interpretar los grandes imperativos morales como la ética absoluta del reino en vías de hacerse presente, o con los dispensacionalistas puede relegar todo el sermón a un futuro reinado milenial de Cristo.

¿Cómo, pues, hemos de interpretar este sermón? Lo que sigue por lo menos nos dará una serie de pautas para guiarnos: a. Aunque expuesto en forma poética y simbólica, el sermón no deja de exigir una cualidad de conducta ética cuyas dimensiones resultan pasmosas. b. Jesús no elabora un nuevo código de disposiciones legales, sino que propone grandes principios éticos e indica cómo han de afectar la vida de aquellos que están en el reino. “Sería un gran punto a favor el que la gente se limitara a considerar que se trata de un sermón que fue predicado, no un decreto que fue promulgado” (J. Denney). c. Este sermón no constituye un programa para el mejoramiento directo del mundo, sino que está dirigido a aquellos que han rechazado el mundo a fin de incorporarse al reino. d. No es un ideal impracticable ni tampoco una posibilidad totalmente alcanzable. En palabras de S. M. Gilmour, es “la ética de ese orden trascendental que se introdujo en la historia por medio de Jesucristo y se ha incorporado a la historia a través de la iglesia, pero cuya plena realización se encuentra más allá de la historia cuando Dios sea ‘el todo en todos’” (Journal of Religion 21, 1941, pp. 263).

Bibliografía. °W. D. Davies, El sermón de la montaña, 1975; °D. M. Lloyd-Jones, Estudios sobre el sermón del monte, 1971; °D. Bonhoeffer, El precio de la gracia, 1968; °J. R. W. Stott, El Sermón del Monte, 1998; J. Driver, Militantes para un nuevo pacto, 1978; J. Jeremias, Palabras de JesúsEl Padrenuestro, 1974; P. Monier, El sermón de la montaña, 1959.

Además de la extensa literatura citada en otros diccionarios bíblicos (véase, p. ej., el artículo de Votaw en HDB, t(t). extra, pp. 1–45), véase H. K. McArthur, Understanding the Sermon on the Mount, 1960; J. W. Bowman y R. W. Tapp, The Gospel from the Mount, 1957; W. D. Dames, The Setting of the Sermon on the Mount, 1964; M. Dibelius, The Sermon on the Mount, 1940; A. M. Hunter, Design for Life, 1953; D. M. Lloyd-Jones, Studies in the Sermon on the Mount2, 1976; el art. de A. N. Wilder en IB, 7, 1951, pp. 155–164; H. Windisch, The Meaning of the Sermon on the Mount, 1951 (traducción de la edición revisada de Der Sinn der Bergpredigt, 1929); D. Bonhoeffer, The Cost of Discipleship, 1948; C. F. H. Henry, Christian Personal Ethics, 1957, pp. 278–326; J. Jeremias, Die Bergpredigt7, 1970; J. R. W. Stott, Christian Counter-Culture, 1978.

R.H.M.

Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades Bíblicas Unidas.

Fuente: Nuevo Diccionario Bíblico