El libro más largo en la Biblia viene después de la ley y los profetas en el AT hebreo (Luk 24:44) e inicia la última división del AT, llamado los escritos (ver CANON). La mayoría de sus caps., por otra parte, están precedidos en tiempo únicamente por Génesis—Rut. Mas la razón básica por la que Salmos es citado más veces en el NT y más reverenciado por los creyentes que cualquier otro libro del AT se encuentra en su tema inspirador. Tanto para la adoración pública, como el himnario del templo de Salomón, como para la guía devocional individual, sus 150 poemas constituyen lo sublime de la literatura dada por Dios.
La denominación hebreo de Salmos es Tehillim, que significa †œalabanzas†, un término que refleja mucho el contenido del libro (comparar Salmo 145, título). Su nombre en lat. y en las Biblias castellanas, sin embargo, proviene del gr., Psalmoi, que significa sonidos [de cuerdas de arpa], y así, por consiguiente, cantos entonados con el acompañamiento de arpas. Su título alterno, Psalterion, significa salterio, una colección de cantos de arpa, del que proviene el término castellano salterio.
Muchos salmos prefijan títulos explicativos en prosa, indicando su paternidad literaria y ocasión de escribirse, muchas veces dando dirección poética y musical también. La frase, Salmo de Moisés (David, etc.), aparece más comúnmente. La preposición hebreo traducida por la palabra de expresa autoría (comparar Hab 3:1) o dedicación (p. ej., Salmo 4, Al músico principal). El libro de Salmos atribuye 73 de sus caps. a David, dos a Salomón (Salmo 72, 127), uno a cada uno de los sabios Hemán y Eitán (Salmo 88, 89; comparar 1Ki 4:31), uno a Moisés (Salmo 90), y 23 a los clanes cantores levíticos de Asaf (Salmo 50, 73—83) y Coré (Salmo 42—49; 84; 85; 87; 88). Hay 49 que permanecen anónimos.
El Nt repetidamente autentifica los que se le han atribuido a David: Salmos 16 (Act 2:25), 32 (Rom 4:6), 69 (Act 1:16; Rom 11:9), 110 (Luk 20:42; Act 2:34). Algunos de los salmos titulados anónimamente también son reconocidos como composición de David: Salmos 2 (Act 4:25), 95 (Heb 4:7), 96; 105; 106 (subrayando las palabras de David en 1Ch 16:8-36). Mas es significativo que ningún salmo cuya autoría se concede a otro, o contiene alusiones históricas tardías (como Salmo 137, del exilio) jamás se le ha atribuido en la Escritura a él.Los títulos de 14 de los salmos davídicos indican ocasiones específicas de composición y contribuyen a un entendimiento histórico de la Escritura de la siguiente manera (cronológicamente):
Salmo 59 (1Sa 19:11) arroja luz sobre los asociados envidiosos de David (Psa 59:12).
Salmo 56 (1Sa 21:11) muestra cómo el temor de David en Gat conduce a la fe (Psa 56:3).
Salmo 34 (1Sa 21:13) ilumina la subsiguiente bondad de Dios (Psa 34:6-8).
Salmo 142 (1Sa 22:1) representa a David en Adulam, siendo perseguido (Psa 142:6).
Salmo 52 (1Sa 22:9) enfatiza la maldad de Saúl (Psa 52:1).
Salmo 54 (1Sa 23:19) juzga a los de Zif (Psa 54:3).
Salmo 57 (1Sa 24:3) tiene que ver con En-guedi, cuando Saúl fue atrapado en su propia trampa (Psa 57:6).
Salmo 7 (1Sa 24:9) presenta las calumnias de Cus (Psa 7:3, Psa 7:8 corresponde a 1Sa 24:11-12).
Salmo 18 (2Sa 7:1) se repite en 2 Samuel 22.
Salmo 60 (2Sa 8:13-14) ilustra la peligrosa campaña edomita (Psa 60:10; 1Ki 11:15).
Salmo 51 (2Sa 12:13-14) elabora sobre la culpabilidad de David en relación con Betsabé.
Salmo 3 (2Sa 15:16) representa la fe de David contra la traición de Absalón (Psa 3:5).
Salmo 63 (2Sa 16:2) ilustra la huida del rey hacia el este (Psa 63:11).
Salmo 30 (2Sa 24:25; comparar 1Ch 22:1) reseña el pecado de David antes de su dedicación del área del templo (Psa 30:5-6).
Entre los salmos restantes a los que se atribuyen alguna paternidad literaria, los 23 compuestos por los cantores de Israel exhiben ampliamente trasfondos diferentes, en vista de que estos clanes levíticos continuaron activos en tiempos del posexilio (Ezr 2:41). La mayoría de ellos está relacionada con los períodos davídico y salomónico. El Salmo 83, sin embargo, se ajusta al ministerio de Yajaziel, levita de los hijos de Asaf en 852 a. de J.C. (comparar Psa 83:5-8 con 2Ch 20:1-2, 2Ch 20:14), aunque los Salmos 74 y 79, y la estrofa concluyente de los Salmos 88 y 89 fueron producidos por los hijos de Asaf y de Coré quienes sobrevivieron a la destrucción de Jerusalén en el 586 a. de J.C. (Psa 74:3, Psa 74:8-9; Psa 79:1; Psa 89:44). Pocos salmos anónimos provienen del exilio (Salmo 137), del regreso a Judá en el 537 a. de J.C.
(Psa 107:2-3; Psa 126:1), o de la reconstrucción de los muros de Jerusalén por parte de Nehemías en 444 a. de J.C. (Psa 147:13). No obstante otros que pintan la tragedia bien podrían relacionarse con los desórdenes de la revuelta de Absalón o con calamidades davídicas similares (comparar Psa 102:13-22; Psa 106:41-47). Los eruditos liberales una vez hablaron con toda confianza de numerosos salmos de los macabeos (siglo II a. de J.C.); mas el descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto, que datan de este mismísimo período y que contiene mss. tanto de los salmos canónicos como de las composiciones de salmos secundarios, establece la era persa como el punto más tardío posible para la salmodia inspirada. Ello refuerza la hipótesis evangélica de Esdras como el escritor de 1 y 2 de Crónicas (el último libro en la Biblia hebrea) y como compilador del canon judío entero, poco después de 424 a. de J.C. (Darío II, mencionado en Neh 12:22).
El libro de Salmos está organizado en cinco libros:
1—41, 42—72, 73—89, 90—106 y 107—150; y, en vista de que el mismo salmo aparece en más de una colección —p. ej., Salmo 14 y parte del 40 (Libro I) como 53 y 70 (Libro II), y la segunda mitad del 57 y 60 (Libro II) como el 108 (Libro V)— parece probable que cada compilación originalmente experimentó existencia independiente. Además, en vista de que el último salmo de cada colección fue compuesto con atribuciones finales que fueron diseñadas para el libro como un todo (Psa 41:13; Psa 72:18-20; Psa 89:52; Psa 106:48; y todo el Salmo 150 para el Libro V), parece que los orígenes de estos cinco salmos concluyentes proporcionan las claves para la compilación de sus respectivos libros.
Cada uno de los 150 salmos exhibe el carácter formal de la poesía hebrea. Este consiste, primordialmente no en la rima, ni aun en el balance rítmico, sino más bien en el paralelismo de pensamiento, por lo cual frases sucesivas o repiten o de alguna manera explican la línea previa. Los poemas varían en contenido.
Particularmente significativos son los 17 salmos específicamente mesiánicos, en la totalidad o en partes en los que a Cristo se le refiere en la tercera persona (Psa 8:4-8; Psa 72:6-17; Psa 89:3-4, Psa 89:28-29, Psa 89:34-36; Psa 109:6-19; Psa 118:22; Psa 132:11-12), se le trata en segunda persona (Psa 45:6-7; Psa 68:18; Psa 102:25-27; Psa 102:110), o habla de sí mismo en la primera persona (Salmo 2; Psa 16:10; Psa 16:22; Psa 40:6-8; Psa 41:9; Psa 69:4, Psa 69:21, Psa 69:25; Psa 78:2).
Los títulos de los salmos en los libros I—III contienen un número de términos musicales en hebreo Algunos de éstos indican antiguas melodías, en las que los poemas pudiesen haber sido entonados: †œLa gacela de la mañana† (Salmo 22).
†œNo destruyas†, probablemente un canto clásico de antaño (Salmo 57—59; 75; comparar Isa 65:8). †œUna paloma silenciosa de la lejanía† (Salmo 56). †œLa muerte del Hijo† (Salmo 9). †œLirios† (Salmo 45; 69) y †œEl lirio del pacto o testimonio† (Salmo 60; 80). Otros preservan instrucciones musicales, mucho de cuyo significado es ahora incierto: alamoth, doncellas, triple (?) (Salmo 46), tal vez contrastando con sheminith, octava [hacia abajo] (Salmo 6; 12); gittith, el instrumento de Gat (?) (Salmo 8; 81; 84); mahalath (leannoth), dolor (por aflicción) (Salmo 53; 88); neginoth, instrumentos de cuerda (siete veces, más Hab 3:19); nehiloth, para flautas (Salmo 5); y Selah (71 veces, no en los títulos, sino al final de las estrofas; comparar Psa 3:2, Psa 3:4, Psa 3:8), tal vez indicando una pausa dramática para efectos musicales (comparar Higgaion, Selah, pausa de meditación (?) en Psa 9:16). Un número de salmos de Israel tenían un uso litúrgico específico. Los cantos de ascenso (Salmo 120—134) pudiesen haber sido entonados por peregrinos ascendiendo a Jerusalén (comparar Psa 121:1; Psa 122:4). El Salmo 92 fue compuesto para el uso del sábado.
Los salmos de aleluya (alabanza) (113—118) acompañaban la Pascua (comparar Mat 26:30), y los salmos que comienzan, El Señor reina (Salmo 93; 97; 99) constituyen una serie litúrgica magnificando la soberanía de Dios.
Mientras que ciertos poemas exhiben expresión de grupo (particularmente entre los cantos de peregrinos, 124 y 126, aun cuando usan yo, 129), otros manifiestan claramente una conciencia individualista (Salmo 1; 21; 112; 127).
La compilación abarca no solamente el himnario congregacional del templo de Salomón, sino también el latido del corazón devocional de hombres como David (1Sa 30:6). Las bendiciones más ricas de los salmos fluyen de sus afirmaciones de fe personal (Psa 23:1).
Fuente: Diccionario Bíblico Mundo Hispano
Libro que al parecer consiste en cinco colecciones de canciones sagradas —1) Salmos 1–41; 2) 42–72; 3) 73–89; 4) 90–106; 5) 107–150— que finalizan cada una con una bendición dirigida a Jehová. Desde tiempos antiguos, debió conocerse a cada uno de los salmos por un número, según el lugar que ocupaba en el libro. Por ejemplo, lo que actualmente se llama el †œsalmo segundo† también se designaba así en el siglo I E.C. (Hch 13:33.)
Estilo. La poesía del libro de los Salmos consiste en pensamientos o expresiones paralelas. (Véase HEBREO, II [Poesía hebrea].) Los salmos acrósticos o alfabéticos tienen una característica distinta. (Sl 9, 10, 25, 34, 37, 111, 112, 119 y 145.) En estos el versículo o los versículos iniciales de la primera estrofa empiezan con la letra hebrea ´á·lef; el siguiente versículo o versículos, con behth, y así sucesivamente con todas o casi todas las letras del alfabeto hebreo. Este orden debió servir de ayuda mnemotécnica. Si se desea considerar la terminología que se halla en el libro de los Salmos, véanse ALAMOT; GUITIT; HIGAYí“N; MAHALAT, II; MASKIL; MIKTAM; MUT-LABEN; NEHILOT; SELAH; SEMINIT; SUBIDAS, LAS.
Encabezamientos. Los encabezamientos hallados en el principio de muchos salmos identifican al escritor, suministran información complementaria, proveen instrucciones musicales o indican el uso o propósito del salmo. (Véanse los encabezamientos del Sl 3, 4, 5, 6, 7, 30, 38, 60, 92 y 102.) A veces los encabezamientos proporcionan la información necesaria para localizar otros textos que arrojan luz sobre un salmo en particular. (Compárese el Sl 51 con 2Sa 11:2-15; 12:1-14.) Como otras partes poéticas de la Biblia a menudo comienzan de manera similar (Ex 15:1; Dt 31:30; 33:1; Jue 5:1; compárese 2Sa 22:1 con el Sl 18, encab.), tales encabezamientos deben proceder de los mismos escritores o de quienes coleccionaron los salmos. Apoya esta conclusión el que los encabezamientos formaran parte del texto principal cuando se escribió el Rollo del mar Muerto de los Salmos (fechado entre los años 30 y 50 E.C.).
Escritores. Los encabezamientos atribuyen setenta y tres de los ciento cincuenta salmos a David; once, a los hijos de Coré (uno de estos [Sl 88] menciona también a Hemán); doce, a Asaf (probablemente la casa de Asaf; véase ASAF núm. 1); uno, a Moisés; uno, a Salomón, y uno, a Etán el ezrahíta. Además, el Salmo 72 es †œrespecto de Salomón†, y al parecer lo escribió David. (Véase Sl 72:20.) De Hechos 4:25 y Hebreos 4:7 se desprende que David también escribió los Salmos 2 y 95. Los Salmos 10, 43, 71 y 91 parecen ser continuaciones de los Salmos 9, 42, 70 y 90, respectivamente. Por lo tanto, los Salmos 10 y 71 se pueden atribuir a David; el Salmo 43, a los hijos de Coré, y el Salmo 91, a Moisés. Hay indicios de que el Salmo 119 lo escribió el joven príncipe Ezequías. (Véanse Sl 119:9, 10, 23, 46, 99 y 100.) No se puede determinar quién o quiénes escribieron los 40 salmos restantes.
Los Salmos se escribieron uno por uno a lo largo de un período de unos mil años desde el tiempo de Moisés hasta después del regreso del exilio en Babilonia. (Sl 90, encab.; 126:1, 2; 137:1, 8.)
Compilación. Puesto que David compuso muchos salmos y organizó a los músicos levitas en 24 grupos de servicio, es lógico concluir que él comenzó a coleccionar estos cánticos para el uso en el santuario. (2Sa 23:1; 1Cr 25:1-31; 2Cr 29:25-30.) Después deben haberse hecho otras colecciones, como se puede deducir de las porciones repetidas que hay en el libro. (Compárense los Sl 14 y 53; 40:13-17 y 70; 57:7-11 y 108:1-5.) Muchos eruditos creen que Esdras fue quien compiló el libro de los Salmos en su forma final.
Hay indicios de que el contenido del libro de los Salmos quedó en su forma definitiva en fecha temprana. El orden y el contenido del libro en la Septuaginta griega concuerda básicamente con el texto hebreo. Por lo tanto, es razonable pensar que el libro de los Salmos ya estaba completo en el siglo III a. E.C., cuando se empezó a trabajar en esa traducción griega. Un fragmento del texto hebreo que estaba en uso durante el tercer cuarto del siglo I E.C. y que contiene el Salmo 150:1-6 está seguido inmediatamente por una columna en blanco. Esto parece indicar que este antiguo manuscrito hebreo terminaba el libro de los Salmos en ese punto, y por lo tanto también correspondía con el texto masorético.
La conservación exacta del texto. El Rollo del mar Muerto de los Salmos suministra prueba de que el texto hebreo se ha conservado con exactitud. Aunque es unos novecientos años más antiguo que el texto masorético, que es el que por lo general se acepta, el contenido de este rollo (41 salmos canónicos completos o fragmentarios) corresponde esencialmente con el texto en que se basan la mayoría de las traducciones. El profesor J. A. Sanders comentó: †œLa mayor parte de [las variaciones] son ortográficas, y solo son importantes para aquellos eruditos que están interesados en asuntos tales como las claves para la pronunciación del hebreo antiguo y otros aspectos semejantes. […] Se aprecia inmediatamente que algunas variaciones son mejoras del texto, en especial las que ofrecen un texto hebreo más claro, pero influyen poco o nada en la traducción o interpretación†. (The Dead Sea Psalms Scroll, 1967, pág. 15.)
Inspirado por Dios. No puede haber duda de que el libro de los Salmos es parte de la Palabra inspirada de Dios. Está en completa armonía con el resto de las Escrituras. Muchas de sus ideas se encuentran reflejadas en otros libros de la Biblia. (Compárese Sl 1 con Jer 17:5-8; Sl 49:12 con Ec 3:19 y 2Pe 2:12; Sl 49:17 con Lu 12:20, 21.) Además, en las Escrituras Griegas Cristianas hay muchas citas de los Salmos. (Sl 5:9 [Ro 3:13]; 8:6 [1Co 15:27; Ef 1:22]; 10:7 [Ro 3:14]; 14:1-3; 53:1-3 [Ro 3:10-12]; 19:4 [Ro 10:18]; 24:1 [1Co 10:26]; 32:1, 2 [Ro 4:7, 8]; 36:1 [Ro 3:18]; 44:22 [Ro 8:36]; 50:14 [Mt 5:33]; 51:4 [Ro 3:4]; 56:4, 11; 118:6 [Heb 13:6]; 62:12 [Ro 2:6]; 69:22, 23 [Ro 11:9, 10]; 78:24 [Jn 6:31]; 94:11 [1Co 3:20]; 95:7-11 [Heb 3:7-11, 15; 4:3-7]; 102:25-27 [Heb 1:10-12]; 104:4 [Heb 1:7]; 112:9 [2Co 9:9]; 116:10 [2Co 4:13]; 144:3 [Heb 2:6], y otros.)
David escribió con referencia a sí mismo: †œEl espíritu de Jehová fue lo que habló por mí, y su palabra estuvo sobre mi lengua†. (2Sa 23:2.) Tal inspiración está confirmada tanto por el apóstol Pedro (Hch 1:15, 16) como por el escritor de la carta a los Hebreos (3:7, 8; 4:7) y otros cristianos del primer siglo. (Hch 4:23-25.) El testimonio más notable es el del Hijo de Dios. (Lu 20:41-44.) Después de su resurrección, dijo a sus discípulos: †œEstas son mis palabras que les hablé mientras todavía estaba con ustedes, que todas las cosas escritas en la ley de Moisés y en los Profetas y en los Salmos [el primer libro de los Hagiógrafos o Escritos Sagrados y que por lo tanto daba nombre a toda esta sección] acerca de mí tenían que cumplirse†. (Lu 24:44.)
Las experiencias y actividades del Mesías estaban predichas. Un examen de las Escrituras Griegas Cristianas revela que en los Salmos se predijeron muchos detalles sobre las actividades y experiencias del Mesías, como demostrarán los siguientes ejemplos.
Cuando Jesús se presentó para bautizarse, indicó que había venido a hacer la †œvoluntad† de su Padre en conexión con el sacrificio de su propio cuerpo, que Dios había †˜preparado†™, y con la abolición de los sacrificios ofrecidos de acuerdo con la Ley, como se registra en el Salmo 40:6-8. (Heb 10:5-10.) Jehová aceptó la presentación que hizo Jesús de sí mismo al derramar su espíritu sobre él y reconocerlo como su Hijo, tal como se había predicho en el Salmo 2:7. (Mr 1:9-11; Heb; 1:5; 5:5.) Además, como se había indicado en el Salmo 8:4-6, el hombre Jesús fue hecho †œun poco inferior a los ángeles†. (Heb 2:6-8.)
Durante el transcurso de su ministerio, él reunió y preparó a sus discípulos. No se avergonzó de llamarles sus †œhermanos†, como se había escrito en el Salmo 22:22. (Heb 2:11, 12; compárese con Mt 12:46-50; Jn 20:17.) En armonía con lo predicho en los Salmos, Jesús habló en ilustraciones (Sl 78:2; Mt 13:35), manifestó celo por la casa de Jehová al limpiarla del mercantilismo y no se agradó a sí mismo. (Sl 69:9; Jn 2:13-17; Ro 15:3.) No obstante, le odiaron sin causa. (Sl 35:19; 69:4; Jn 15:25.) El ministerio de Cristo Jesús a favor de los judíos circuncisos sirvió para verificar las promesas que habían recibido sus antepasados, y más tarde indujo a personas de las naciones a que glorificasen y alabasen a Jehová, hecho que también se había predicho. (Sl 18:49; 117:1; Ro 15:9, 11.)
Cuando Jesús entró en Jerusalén montado sobre el pollino de un asna, las muchedumbres le aclamaron con las palabras del Salmo 118:26. (Mt 21:9.) Los principales sacerdotes y escribas pusieron objeciones a que los muchachos que estaban en el templo reconocieran a Jesús como el †œHijo de David†, pero Jesús acalló a los opositores religiosos citando el Salmo 8:2. (Mt 21:15, 16.)
El libro de los Salmos predijo que un asociado íntimo traicionaría a Jesús (Sl 41:9; Jn 13:18) y que se buscaría a alguien para reemplazarlo. (Sl 69:25; 109:8; Hch 1:20.) Incluso se había predicho que habría gobernantes (Herodes y Poncio Pilato) que tomarían su posición contra Jesús con hombres de las naciones (como los soldados romanos) y con pueblos de Israel (Sl 2:1, 2; Hch 4:24-28), y también que los edificadores religiosos judíos lo rechazarían. (Sl 118:22, 23; Mt 21:42; Mr 12:10, 11; Hch 4:11.) Además, tal como se predijo en el Salmo 27:12, falsos testigos testificaron contra él. (Mt 26:59-61.)
Al llegar al lugar donde se fijó en el madero a Jesús, se le ofreció vino mezclado con hiel. (Sl 69:21; Mt 27:34.) Aludiendo de manera profética a la ejecución en sí, el salmista escribió: †œPerros me han cercado; la asamblea de malhechores mismos me ha circundado. Como un león acometen mis manos y mis pies†. (Sl 22:16.) Los soldados romanos echaron suertes para repartirse las prendas de vestir de Jesús. (Sl 22:18; Mt 27:35; Lu 23:34; Jn 19:24.) Sus enemigos religiosos se burlaron de él con las palabras registradas por el salmista. (Sl 22:8; Mt 27:41-43.) Sufriendo debido a su intensa sed, Jesús pidió algo de beber (Sl 22:15; Jn 19:28), y nuevamente le ofrecieron vino agrio. (Sl 69:21; Mt 27:48; Jn 19:29, 30.) Justo antes de su muerte, citó del Salmo 22:1 al exclamar: †œDios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?†. (Mt 27:46; Mr 15:34.) Cuando exhaló su último suspiro, se remitió al Salmo 31:5 al decir: †œPadre, en tus manos encomiendo mi espíritu†. (Lu 23:46.) Como también había predicho el salmista, no se quebró ninguno de sus huesos. (Sl 34:20; Jn 19:33, 36.)
Aunque colocaron a Jesús en una tumba, no fue abandonado en el Hades ni su carne vio corrupción, sino que fue levantado de entre los muertos. (Sl 16:8-10; Hch 2:25-31; 13:35-37.) Cuando ascendió al cielo, se sentó a la diestra de Dios, a la espera de que sus enemigos fuesen colocados como banquillo para sus pies. (Sl 110:1; Hch 2:34, 35.) También llegó a ser un sacerdote a la manera de Melquisedec (Sl 110:4; Heb 5:6, 10; 6:20; 7:17, 21), y dio dádivas en la forma de hombres. (Sl 68:18; Ef 4:8-11.) Todos estos detalles se profetizaron en el libro de los Salmos. La venida de Jesús como ejecutor designado por Dios para destruir y hacer añicos a las naciones aún está en el futuro. (Sl 2:9; Rev 2:27; 19:14, 15.) Después, Cristo, en calidad de Rey, traerá bendiciones duraderas a sus súbditos leales. La descripción que se hace del reinado de Salomón en el Salmo 72 aplica en un grado aún mayor al Mesías. Como testimonio de este hecho, está la profecía de Zacarías (9:9, 10) que repite las palabras del Salmo 72:8 y se aplica a Cristo Jesús. (Mt 21:5.)
Para ver otros cumplimientos del libro de los Salmos, compárese el Salmo 45 con Hebreos 1:8, 9; Revelación 19:7-9, 11-15; 21:2, 9-11.
Más que solo bella poesía. Además de señalar acontecimientos futuros, los Salmos contienen mucho de lo que se puede derivar estímulo y utilizarlo como guía. Los Salmos son más que solo bella poesía. Describen la vida tal como realmente es, los gozos, penas, temores y desilusiones. El testimonio de la íntima relación de los salmistas con Jehová Dios es manifiesto de principio a fin, y se realzan las actividades y cualidades divinas, cuya mención motiva expresiones de alabanza y agradecimiento.
Se muestra que la felicidad verdadera proviene de evitar la asociación con los inicuos, deleitarse en la ley de Jehová (Sl 1:1, 2), refugiarse en su ungido (2:11, 12), confiar en Jehová (40:4), actuar con consideración para con los de condición humilde (41:1, 2), recibir corrección de parte de Jehová (94:12, 13), obedecer sus mandamientos (112:1; 119:1, 2) y tenerle como Dios y Ayudante (146:5, 6).
Se aconseja que se confíe en Jehová: †œArroja tu carga sobre Jehová mismo, y él mismo te sustentará. Nunca permitirá que tambalee el justo† (Sl 55:22; 37:5). Tal confianza excluye el temor a los hombres (56:4, 11).
Para conseguir la aprobación divina, se anima a que se †˜espere a Dios†™ (Sl 42:5, 11; 43:5) y a que se hable y actúe de la manera correcta (1:1-6; 15:1-5; 24:3-5; 34:13, 14; 37:3, 4, 8, 27; 39:1; 100:2). Se subraya el valor del buen compañerismo (18:25, 26; 26:4, 5). Y se aconseja no envidiar la prosperidad o el éxito de los inicuos, pues perecerán (37:1, 2, 7-11).
Los Salmos indican que es propio que los siervos de Dios oren por cosas como la salvación o la liberación (Sl 3:7, 8; 6:4; 35:1-8; 71:1-6), el favor (4:1; 9:13), la guía (5:8; 19:12-14; 25:4, 5; 27:11; 43:3), la protección (17:8), el perdón de pecados (25:7, 11, 18; 32:5, 6; 41:4; 51:1-9), para tener un corazón puro y un espíritu nuevo y constante (51:10), y a favor de la glorificación del nombre divino (115:1). También pueden orar para que Dios los examine, refine (26:2) y juzgue (35:24; 43:1), así como para que se les enseñe la bondad, la sensatez, el conocimiento y las disposiciones reglamentarias de Dios (119:66, 68, 73, 124, 125, 135).
Resaltan las actividades y cualidades de Dios. Los Salmos intensifican el aprecio por Jehová Dios, cuya existencia solo negaría el insensato. (Sl 14:1; 19:7-11; 53:1.) A Jehová se le revela como †œamador de justicia y derecho† (33:5), †œrefugio y fuerza, una ayuda que puede hallarse prontamente durante angustias† (46:1). Es un Juez justo (7:11; 9:4, 8), el Creador (8:3; 19:1; 33:6), Rey (10:16; 24:8-10), Pastor (23:1-6) y Maestro (25:9, 12), el Proveedor tanto del hombre como de los animales (34:10; 147:9), el Salvador o Libertador (35:10; 37:39, 40; 40:17; 54:7) y la Fuente de la vida (36:9), así como del consuelo (86:17), la bendición y la fuerza (29:11).
Jehová †œno se olvidará del clamor de los afligidos† (Sl 9:12; 10:14), sino que responderá a las oraciones de sus siervos (3:4; 30:1, 2; 34:4, 6, 17, 18), los recompensará y los protegerá (3:3, 5, 6; 4:3, 8; 9:9, 10; 10:17, 18; 18:2, 20-24; 33:18-20; 34:22; véase 34:7 con respecto a la protección angélica). Odia la iniquidad y actúa contra los malhechores (5:4-6, 9, 10; 9:5, 6, 17, 18; 21:8-12; 99:8).
Se dice que Jehová es inspirador de temor (Sl 76:7), grande (77:13) y, sin embargo, humilde (18:35); es santo (99:5) y abunda en bondad (31:19) y poder (147:5). Es †œmisericordioso y benévolo, tardo para la cólera y abundante en bondad amorosa y apego a la verdad† (86:15). Su entendimiento es inenarrable (147:5) y sus obras creativas indican su sabiduría (104:24). Cuenta el número de las estrellas y a todas las llama por su nombre (147:4). Puede ver hasta el embrión humano (139:16), sanar todas las dolencias (103:3) y hacer que cesen las guerras al destruir el equipo bélico del enemigo (46:9). Ha intervenido de manera activa en muchos acontecimientos de la historia en pro de su justo propósito (44:1-3; 78:1-72; 81:5-7; 105:8-45; 106:7-46; 114:1-8; 135:8-12; 136:4-26). Un Dios así realmente merece recibir la alabanza y las gracias (92:1; 96:1-4; 146–150). El confiar en los hombres (60:11; 62:9), las riquezas (49:6-12, 17) o los ídolos (115:4-8; 135:15-18) sería una tontedad.
Hablan del valor de la Palabra de Dios. Los Salmos también enseñan aprecio por la Palabra de Dios. En ellos se dice que los dichos de Jehová son puros (Sl 12:6) y refinados (18:30). Su ley es preciosa (119:72) y es la verdad (119:142). Resultan beneficios duraderos de observar su perfecta ley, sus fidedignos recordatorios, sus rectas órdenes, sus limpios mandamientos y sus justas decisiones judiciales (19:7-11). La Palabra de Dios sirve para iluminar nuestra senda (119:105), y sus mandamientos dan sabiduría, perspicacia y entendimiento (119:98-100, 104).
Aclaran y complementan otros textos. A veces los Salmos aclaran o complementan otras partes de la Biblia. Muestran que el †˜afligir el alma de uno†™, como lo hacían los israelitas en el Día de Expiación (Le 16:29; 23:27; Nú 29:7), tiene que ver con el ayuno. (Sl 35:13.) Solo el salmista habla del trato severo que, al menos al principio, se dio a José mientras estuvo en prisión en Egipto: †œCon grilletes afligieron sus pies, en hierros entró su alma† (105:18). Aprendemos de los Salmos que hubo †œdiputaciones de ángeles† que intervinieron en las plagas de Egipto (78:44-51) y que las aguas provistas de manera milagrosa en el desierto †œpasaron por las regiones áridas como un río† (105:41), lo que proveyó a la nación de Israel y sus muchos animales domésticos un amplio y accesible suministro de agua. Los Salmos muestran que el Faraón murió en el mar Rojo (136:15).
Los Salmos indican que los israelitas experimentaron reveses y muchas dificultades antes de derrotar a los edomitas en el valle de la Sal. (Sl 60, encab., vss. 1, 3, 9.) Esto da a entender que los edomitas invadieron Judá mientras la nación estaba guerreando en el N. contra las fuerzas de Aram-naharaim y Aram-Zobá.
El Salmo 101 revela cómo administraba David los asuntos de Estado. Solo seleccionaba como siervos suyos a personas fieles. No podía soportar a individuos arrogantes y tampoco toleraba la calumnia. Diariamente se preocupaba de enjuiciar a los inicuos.
[Recuadro en la página 905]
PUNTOS SOBRESALIENTES DE LOS SALMOS
Compilación de 150 cánticos sagrados, muchos de los cuales se basan en las experiencias personales de David y otros siervos de JehováCompuestos durante un período de unos mil años, que comienza en el tiempo de Moisés y se extiende hasta después del retorno de los judíos del destierro en Babilonia
Expresiones de gracias y alabanza a Jehová
Debido a la grandeza de su nombre (99:3; 113; 148:13, 14)
Por sus maravillosas obras creativas (33:1-9; 148:1-12)
Porque es el Gran Pastor (23)
Porque contesta las oraciones (21:1-7; 28; 116; 118:21)
Por ser quien es (50; 95:1-7; 96:4-13; 97; 150)
Por librar de los enemigos y de situaciones angustiosas (18; 30; 107; 140; 149)
Por sus juicios justos (67:3, 4; 98)
Por sus cualidades personales (57:9-11; 92; 100; 108:1-4; 117; 138:1, 2)
Por la abundancia de sus provisiones (37:25; 67:5-7; 145:15, 16)
Por la relación que tuvo con su pueblo en el pasado (66; 81; 105; 106; 126; 136:10-24; 147)
Peticiones a Dios de misericordia y ayuda
De liberación de los enemigos (3-5; 7; 12; 13; 17; 31; 59)
De perdón de pecados (19:12, 13; 25:7, 11; 32; 51:1, 2, 7-15; 130)
Para que guíe nuestra conducta (119:124, 125; 143:8, 10)
De apoyo en períodos de enfermedad y angustia (41:1-4)
De ayuda cuando se está afligido (6:2, 9; 9:13, 14; 123)
Profecías cumplidas en el Mesías
Procedía de la línea real de David (89:3, 4, 29, 36, 37; 132:11)
El celo por la casa de Jehová le consumió (69:9)
Hablaba con ilustraciones (78:2)
Le traicionó un asociado íntimo (41:9; 55:12-14)
Se indicó cómo se le ejecutaría (22:16, nota)
Le vituperaron e injuriaron (22:6-8; 69:9)
Echaron suertes sobre su prenda de vestir (22:18)
Le dieron a beber vinagre (69:21)
No se le quebró ningún hueso (34:20)
Fue levantado del Seol (16:10)
La piedra rechazada por los edificadores pasó a ser cabeza del ángulo (118:22)
Ascendió a lo alto, dio dones en la forma de hombres (68:18)
Fue glorificado y se le dio dominio sobre todas las cosas (8:5-8)
Se le dio poder real (2:6; 110)
Destruirá a las naciones que se le opongan (2:8, 9; 45:3-5)
Celebra una boda real; nombrará príncipes en la tierra (45:2, 6-17)
Su gobernación sobre la tierra será justa y compasiva (72)
Doctrinas bíblicas fundamentales que se mencionan en el libro de los Salmos
La identidad y las cualidades del Dios verdadero (78:38, 39; 83:18; 86:15; 90:1-4; 102:24-27; 103; 139)
La soberanía de Jehová (11:4-7; 24:1; 29; 44; 47; 48; 76; 93)
La santificación del nombre de Dios (79; 83)
Todos los hombres son pecadores (14:1-3; 51:5; 53:1-3)
La necedad de la idolatría (115:4-8; 135:15-18)
La condición de los muertos (6:5; 88:10-12; 115:17; 146:4)
La tierra será un hogar duradero para los justos (37:9-11, 29; 104:5; 115:16)
Consejo inspirado para ayudarnos a obtener la aprobación de Jehová
Tema a Jehová y obedezca sus mandamientos (112:1-4; 128)
Cultive aprecio por las expresiones y la ley de Dios (1:2; 19:7-11; 119)
Confíe en Jehová (9:10; 115:9-11; 125; 146:5-7)
Espere con paciencia a que El actúe (42; 43)
Siga tras la paz y la justicia (34:14, 15)
Aprecie profundamente el compañerismo con el pueblo de Dios y el estar en Su casa (84; 122; 133)
Evite las malas compañías (1:1; 26:4, 5; 101:3-8)
Enseñe a sus hijos acerca de los tratos de Jehová (78:3-8)
Hable la verdad; evite la calumnia y los juramentos falsos (15:2, 3; 24:3-5; 34:13)
Guarde su palabra, aun cuando no le sea ventajoso (15:4)
Evite el mal uso del dinero (15:5)
La generosidad produce bendiciones (112:5-10)
Alabe a Jehová en público (26:7, 12; 40:9)
Fuente: Diccionario de la Biblia
I. Importancia del salterio
Sería difícil exagerar, tanto para el judío como para el gentil, la significación del libro de los Salmos. En él se reflejan los ideales de la piedad religiosa y la comunión con Dios, del dolor por el pecado y la búsqueda de la perfección, del caminar en la oscuridad sin temor, guiados por la lámpara de la fe; de la obediencia a la ley de Dios, de la delicia de adorar a Dios, de la comunión con los amigos de Dios, de la reverencia por la Palabra de Dios; de la humildad bajo la vara de la corrección, del saber confiar cuando triunfa la maldad y prospera la iniquidad, de mantener la serenidad cuando arrecia la tormenta.
Los poetas hebreos recibieron inspiración para hacer suyos estos conceptos y experiencias espirituales y utilizarlos como temas de sus canciones. No obstante, debe tenerse en cuenta que “los salmos son poemas, y poemas destinados a ser cantados, no tratados doctrinales, como tampoco sermones” (C. S. Lewis, Reflections on the Psalms, 1958, pp. 2)—de ahí el título hebreo de Salmos, tehillı̂m, ‘canciones de alabanza’—y que, además, daban expresión a la religión de Israel, de la cual los salmistas eran herederos, y no simplemente a sus experiencias religiosas personales. Por ello Salmos pertenece a todos los creyentes, judíos y gentiles por igual.
II. La formación del salterio
Generalmente se ha descrito al libro de los Salmos como “el himnario del segundo templo”, y en rigor de verdad esta es la descripción exacta. Sin embargo, el título de referencia podría resultar confuso si se interpreta que significa que todos los salmos fueron escritos en el período del exilio o el posexílico. Es importante observar que este tipo de literatura no se limita únicamente al salterio en el AT sino que está representado en muy diversos períodos de la historia hebrea. Aparece entre los hebreos ya en el período del éxodo (Ex. 15), y otro ejemplo nos llega de un período posterior, pero relativamente cercano, a la invasión de Canaán bajo el liderazgo de Josué (Jue. 5). El salmo de Ana (1 S. 2.1–10) aparece al final del período de los jueces.
La literatura profética preexílica también ofrece ejemplos de salmos compuestos en esos tiempos (cf., p. ej., Os. 6.1–3; Is. 2.2–4; 38.10–20; Jer. 14.7–9; Hab. 3.1ss, etc.). Del período posexílico nos llegan pasajes como el de Esd. 9.5–15 y Neh. 9.6–38, que transportan insistentemente la memoria a muchos de los salmos. Por lo tanto, es evidente que el salterio no constituye un fenómeno literario aislado. Más aun, entre los babilonios y los ciudadanos de Ugarit existía este mismo tipo de *poesía, como lo demuestran las tablillas de Ras Shamra. El salterio veterotestamentario es una colección de poemas típicos de un estilo literario que los hebreos, lo mismo que otras culturas, usaron desde por lo menos el éxodo hasta bien entrado el período posexílico o del segundo templo. Y, por supuesto, si se tienen en cuenta los salmos no canónicos, es evidente que esta forma literaria persistió entre los judíos hasta muy avanzada la era cristiana.
a. Paternidad literaria
Se atribuyen a David no menos de 73 salmos. Otros autores que se nombran en los títulos son Asaf (50; 73–83), los hijos de Coré (42–49; 84–85; 87–88), Salomón (72; 127), y Hemán (88), Etán (89), ambos ezraítas, y Moisés (90), a quienes se les atribuye un salmo cada uno. Muy a menudo se ha negado la paternidad literaria davídica de muchos salmos, argumentando que el salmista David de aceptación popular no se asemeja en absoluto al David guerrero de los libros de Samuel y Reyes. También se puede argumentar que la atribución leḏāwiḏ (“de David”) no constituye necesariamente una indicación de paternidad literaria, sino simplemente un encabezamiento para indicar que ciertos salmos estaban destinados a algún ritual real para el “David” (el rey davídico) del momento. Sin embargo, sí sabemos que David era músico (1 S. 16.14ss) y poeta (2 S. 1.17ss; 3.33ss). Los intentos de algunos estudiosos de refutar la paternidad literaria davídica atribuida a 2 S. 22.1ss; 23.1–7, y de eliminar las palabras “como David” de Am. 6.5 (donde se hace referencia a la tradición de David y su música y canciones unos 300 años después de su muerte) tienen un aire de argumentos especiosos. Además el NT no solamente acepta sino que fundamenta argumentos en la paternidad literaria davídica de estos materiales. Sobre esto, véase también la sección IV,
Este himnario del segundo templo contiene material muy antiguo. Esto de ninguna manera debe sorprender si se tiene en cuenta que las tablillas de Ras Shamra demuestran que, cuando Israel invadió Canaán, el tipo de poesía representado en los Salmos constituía ya una tradición largamente establecida entre los habitantes de Ugarit. Por lo tanto, el canto de Moisés en Ex. 15, y el de Débora (Jue. 5), no constituían casos aislados ni ejemplos sin precedentes en la poesía semítica. La paternidad literaria mosaica y salomónica a que se hace referencia en los títulos de tres salmos indica que la antigua religión del tabernáculo y el primer templo seguramente requería música sagrada. La religión en los días de Amós (5.21–23) e Isaías (30.29), durante el exilio (Sal. 137.1ss) y el período que siguió al retorno, y la edificación del segundo templo, indudablemente también requería cantares solemnes. No obstante, es el lugar prominente del rey en el salterio (véase sección IV) lo que ha obrado en forma más decisiva para convencer a los estudiosos recientes de que el período clásico de composición de los fue la monarquía,
b. Organización
El salterio veterotestamentario tal como lo conocemos hoy se compone de cinco libros. Esta división se remonta a la versión de la LXX, que fue comenzada allá por el ss. III a.C. Se puede distinguir fácilmente cada sección porque cada libro termina con una doxología. Las doxologías son breves con excepción de la que cierra el libro V; en este caso se dedica un salmo entero a la doxología final. Las cinco divisiones del salterio son las siguientes: libro I, Sal. 1–41; libro II, Sal. 42–72; libro III, Sal. 73–89; libro IV, Sal. 90–106; libro V, Sal. 107–150. Muchos han percibido en esta quíntuple división un intento por imitar la división de la Torá, o Pentateuco, en cinco libros. (Véase N. H. Snaith, Hymns of the Temple, 1951, py. 18–20, donde se hace un estudio de su significación.)
Diversos rasgos sugieren que estaban ya en uso colecciones separadas de salmos antes de realizarse la compilación final. Por ejemplo, ciertos salmos, en su totalidad o en parte (especialmente Sal. 14 y 53; Sal. 40.13–17 y Sal. 70; Sal. 57.7–11 más 60.6–12 para formar el Sal. 108), aparecen más de una vez en el salterio. Más aun, un grupo considerable (42–83) habla predominantemente de “Dios” más bien que del “ Señor ”, mientras que otros conjuntos (1–41; 84–89; 90–150) revelan una preferencia opuesta, aun en salmos atribuidos a algunos de los autores del grupo anterior (42–83). Además, Sal. 72.20 evidentemente marca la conclusión de un conjunto particular de salmos davídicos, pero de ninguna manera incluye toda la producción de David, como lo demuestra el resto del salterio.
Parecería probable, como sugieren diversos estudiosos, que la penúltima etapa en la compilación del salterio fue el agrupamiento de distintas series de salmos en tres salterios principales, quizás usados en distintos centros o períodos, como sigue: a. los salmos davídicos 3–41 ó 2–41, que prefieren el nombre divino Yahvéh (el Señor ); b. salmos 42–83 (“salterio elohístico”) de Coré, Asaf y David, donde predomina el término ˒elōhı̂m (Dios) (grupo al cual se le agregó un apéndice, 84–89, en el que prevalece “Yahvéh”); c. colección de salmos mayormente anónimos, 90–150 (donde nuevamente aparece “Yahvéh”), que contiene ciertos conjuntos que se distinguen por determinados temas o usos (p. ej. la majestad real de Dios, 93–100; el “Hallel egipcio”, 113–118, asociado tradicionalmente con la pascua; los cánticos graduales, 120–134; los salmos finales de aleluya, 146–150). Finalmente, desde este punto de vista, para coincidir con los libros de Moisés, las tres colecciones fueron subdivididas para formar cinco, y el Sal. 1 (o 1 y 2) se colocó al principio como introducción al todo.
III. Terminología técnica en el salterio
En hebreo el título del libro es tehillı̂m, ‘canciones de alabanza’, o ‘alabanzas’. El título salterio viene de la LXX A, Psaltērion, mientras que Los salmos viene de la LXX B (Psalmoi), o de la
1. Designaciones técnicas de los salmos. El término más frecuente es mizmôr, ‘salmo’, palabra que sugiere el uso de acompañamiento instrumental. “Canción” (šı̂r) es un término más general, no limitado al culto. En el salterio a menudo está ligado a mizmôr (p. ej. 48, título), y hay quince “cánticos graduales” (120–134), probablemente canciones de peregrinos o, de otro modo, canciones para las procesiones vinculadas con las fiestas. Trece salmos llevan el encabezamiento maśkı̂l, que parecería querer decir, “revistiendo de sabiduría o habilidad”. Los salmos de referencia (32; 42; 44–45; 52–55; 74; 78; 88–89; 142) reflejan experiencias sumamente escarmentadoras, aunque con una notable excepción (45). Sin embargo, el título podría no referirse al contenido o contexto del salmo sino más bien a su estilo literario. Tenemos que confesar nuestra ignorancia. Seis salmos se denominan miḵtām, interpretado por la LXX como “inscripción”, y
2. Direcciones musicales. Muchas instrucciones que parecen ser de este tipo ocurren juntamente con el encabezamiento lamenaṣṣēaḥ, “al (o “del”) músico principal” (cf.
Los *instrumentos musicales indicados en los títulos incluyen los siguientes; neḡı̂nôṯ (cuerdas) y neḥı̂lôṯ (‘flautas’), y el tono de los instrumentos o voces puede quizá indicarse por el vocablo ˓alāmôṯ (Sal. 46), “tiple” (?)—lit. “niñas”—y semı̂nı̂ṯ (Sal. 6 y 12), “una octava más baja” (?)—lit. ‘octava’—sobre la base evidentemente enigmática de 1 Cr. 15.20s.
Algunos términos, generalmente ligados con la preposición ˓al (“de acuerdo a”), se han interpretado como direcciones litúrgicas (véase 3, inf.) o nombres de tonadas. Los principales ejemplos son a. Gitit (gittı̂ṯ, 8; 81; 84), vocablo que se deriva de Gat o de lagar o prensa de olivas; b. Mut-labén (˓al-mûṯ labbēn, 9), “muerte del hijo” (pero revocalizada de la siguiente manera, ˓alāmôṯ lāḏı̂n, como sugiere L. Delekat, podría quizás interpretarse como “tiples para mayor claridad”); c. La cierva de la aurora” (˒ayyeleṯ ha-šaḥar, 22); pero la LXX tiene “la ayuda al amanecer” (cf. ˒eyālûṯı̂, ‘mi ayuda’, en el
3. Direcciones litúrgicas. La preposición ˒al (“de acuerdo a”) que precede a la mayoría de los términos en el párrafo anterior, significa básicamente “sobre”. Por lo tanto, Mowinckel relaciona los títulos anteriores, a. a g., con actos cúlticos, “sobre” los cuales se cantaban los salmos. Así, p. ej., e. se referiría a algún ritual como el de Lv. 14.5–7, donde un ave era sacrificada y otra soltada para que saliera volando, y g. indicaría un ritual para los enfermos. Igualmente, ˓al-yeḏûṯûn (62, 77; cf. 39) se referiría no al cantor Jedutún (2 Cr. 5.12) sino a un acto de confesión sobre el cual debían cantarse los salmos. Las sugestiones de Mowinckel son especulativas; pero debe admitirse que la mayoría de las demás también lo son. Quizás su ejemplo más dudoso sea el título del Sal. 22, que se ha tomado como referido al sacrificio de un ciervo, un animal no apto para tal cosa (Dt. 12.15, etc.).
El vocablo sélah (selâ) aparece 71 veces, y sigue resultándonos oscuro. Como parece que a menudo marca una división en el salmo, podría ser una indicación a los participantes en el culto para “elevar” (sll) sus voces o el volumen de los instrumentos en un interludio o en el canto de un estribillo.
Higaión (higgāyôn, 9.16 [17, heb.]) es como sélah, evidentemente indicación para la música. Es un término que aparece en Sal. 92.3 (4, heb.) para indicar el sonido de un instrumento de cuerdas.
IV. Enfoque litúrgico del salterio
Etapa culminante en la investigación moderna del salterio fue la obra de H. Gunkel en las primeras décadas de este siglo. Para él resultó de suma importancia comenzar por hacer una distinción entre las diferentes clases (Gattungen) de salmos atendiendo a a. las distintas situaciones cúlticas que les habían dado origen (“algún servicio religioso concreto”, antes que algún acontecimiento en la historia de la nación o en la vida del escritor); b. los pensamientos o disposición de ánimo que ciertos salmos pudieran tener en común; y c. la repetición de los diversos rasgos de estilo, forma e imágenes para llegar a los distintos propósitos enunciados. Descubrió los siguientes tipos principales de salmos: himnos de alabanza, acciones de gracias personales, lamentos colectivos y lamentos personales. Además, había categorías tales como liturgias iniciales, bendiciones y maldiciones, salmos de sabiduría, salmos reales; había también tipos mezclados. Su clasificación ha merecido aceptación general, y rara vez se ha cuestionado su insistencia en la importancia de este modo de encarar la cuestión.
Gunkel consideraba que la mayoría de los salmos canónicos eran descendientes literarios de la salmodia original de Israel, mientras que S. Mowinckel pensaba que eran producto del culto viviente. Se dedicó a reconstruir los ritos y las festividades de Israel sobre la base de las pistas que confiadamente creía detectar en dicho culto, independientemente de toda confirmación en el Pentateuco. Sus primeros estudios de los Salmos, en la década de 1920, daban singular importancia a una postulada festividad de la coronación de Yahvéh como Rey, supuestamente celebrada en año nuevo en forma similar al festival akitu de Babilonia, que dejó sus rastros en alrededor de cuarenta salmos y en la formación de la escatología veterotestamentaria. Esta iniciativa fue prontamente seguida, a veces en forma excesiva, por otros erudicos, notablemente por la así llamada escuela de especialistas británicos y escandinavos en mitos y ritual en la década de 1930, que se valieron en gran parte de la religión comparada para construir en detalle un drama cúltico que describía luchas y nupcias de carácter divino y la fijación de destinos, todo lo cual explicaba muchos de los gritos de angustia o triunfo en el salterio y la mayoría de las referencias a mares y manantiales, enemigos y monstruos, derrota y victoria, y los atributos y actividades del rey.
No todos los entendidos, sin embargo, que se reconocen deudores de Mowinckel están de acuerdo con él en todos los detalles o (aun menos) con aquellos que han llegado a extremos en la aplicación de sus métodos. El mismo Mowinckel da menos importancia al tema de la ascensión del rey en sus escritos posteriores que en sus primeros estudios, y otros estudiosos que destacan la influencia de la festividad de año nuevo sobre el salterio entienden que el aspecto principal de la misma está relacionado con la renovación del pacto (A. Weiser) o la reafirmación de la elección de Sión y la casa de David por parte de Dios (H. J. Kraus). No obstante, el legado de Gunkel y Mowinckel perdura, en la atención que la mayoría de los comentaristas presta a la labor de asignar cada salmo a la clase que le corresponde, y en la consideración de casi todo el material como eclesiástico.
Esto difiere del punto de vista de que los salmos fueron reunidos y utilizados para el culto, y en muchos casos escritos expresamente para tal fin. Con dicho punto de vista no puede haber discrepancia. Por el contrario, supone que aun aquellos salmos que confesadamente nacieron de episodios en la vida de David (p. ej. la mayor parte de los Sal. 51–60), o que el NT considera como de su pluma (p. ej. Sal. 16; 69; 109–110), surgieron por el contrario de los dramas cúlticos, o fueron compuestos anónimamente en forma de piezas fijas para situaciones de culto que podrían presentársele al individuo, al rey davídico, o a la congregación. Así el Sal. 51, no obstante la mención introductoria de que forma parte del texto hebreo, no se considera como la oración de David después de su pecado con Betsabé, y el Sal. 110, a pesar de la referencia que hace nuestro Señor al mismo, no se acepta como obra “de David mismo, inspirado por el Espíritu Santo”, aun cuando es el propio Señor quien así lo declara en Mr. 12.36. Sin embargo, dentro de esta escuela dominante de interpretación, existe una diversidad de opiniones en cuanto a la correcta clasificación de determinados salmos, y se habla con más confianza acerca de quienes no escribieron los salmos que de los que sí lo hicieron.
El intento de ubicar los salmos dentro del marco que les corresponde debiera regirse, según nuestro entender, por los elementos evidenciales en cada caso particular. Aquí se han de incluir las características internas a que se han referido Gunkel y sus sucesores, pero acordando el peso debido, además, a las manifestaciones en los títulos y otras escrituras, donde existan. También ha de tener en cuenta el hecho de que el salmista podría hablar (como lo señaló Pedro en Hch. 2.30s) como “profeta”, con conciencia de las promesas divinas, y previendo lo que había mucho más allá de su propio horizonte.
V. La teología del salterio
1. La médula de la vida religiosa de los salmistas era sin lugar a dudas su conocimiento de Dios. No se cansan de cantar acerca de su majestad en la creación. En todas sus obras en cielos, tierra, y mar, se ha hecho conocer como el Dios omnipotente, omnisciente, y omnipresente. Es también el Dios de toda la historia, que va guiando todas las cosas hacia la meta final que se ha propuesto alcanzar. Pero este Soberano de toda la tierra, este Rey de reyes, es también el supremo Legislador y Juez, defensor de todos los oprimidos, a la vez que su Salvador. Por lo tanto, es misericordioso y fiel, justo y recto, el Santo a quien hombres y ángeles adoran. Pero el Dios de los salmistas es también, en forma única, el Dios de Israel. El Dios que se reveló a Abraham, Isaac y Jacob, que por medio de Moisés libró a Israel de Egipto, estableció un pacto con ellos y les entregó la tierra prometida, sigue siendo el Dios de Israel, el Señor y Defensor del pueblo elegido.
Teniendo un concepto tan elevado de Dios, no puede causar sorpresa que los salmistas encontrasen su principal deleite y privilegio en la oración a Dios. En las oraciones de los salmistas se advierte una sensación de franqueza, de espontaneidad, de cercanía que nos demuestra que para ellos la oración era algo muy real. Creen en su providencia, confían en su presencia, se regocijan en su rectitud, descansan en su fidelidad y se apoyan en su cercanía. En sus oraciones alaban, peticionan y disfrutan de comunión con su Dios, hallando en él refugio de la enfermedad, de la necesidad, de la pestilencia, de la calumnia, y se humillan bajo su poderosa mano. En el desenvolvimiento de la vida de la comunidad su comportamiento se caracteriza por la fidelidad a Dios, la reverente obediencia a la ley, la bondad hacia los oprimidos, y la alegría en el culto del pueblo de Dios.
2. Frente a este fondo de fe y obediencia, los salmos imprecatorios (véase especialmente 35:1–8; 59; 69; 109) parecerían ofrecer un escollo de tipo moral. Se encuentran oraciones similares en las que se pide venganza en Jer. 11.18ss; 15.15ss; 18.19ss; 20.11ss. La idea fundamental en estos pasajes del salterio, donde se invocan maldiciones y castigos vengativos sobre el enemigo, se expresa en 139.21s, “¿No odio, oh Jehová, a los que te aborrecen? … Los tengo por enemigos.” Lo cual significa que los salmistas se sienten impulsados por el celo para con el Santo de Israel, quien debe ejercer la retribución en el orden moral imperante en el mundo. Por detrás de las imprecaciones se advierte un reconocimiento de la autoridad moral divina en el mundo, la creencia de que el bien y el mal tienen sentido para Dios, y que por lo tanto en un mundo moral debe aplicarse el juicio tanto como la gracia. Por consiguiente, era natural, para hombres que vivían bajo la dispensación de la ley, que orasen por la destrucción de los enemigos de Dios por medio del juicio, aunque hoy los creyentes que viven en la dispensación de la gracia oran por todos los hombres a fin de que sean salvos, aun cuando siguen creyendo en la realidad de un juicio inmediato además de un juicio venidero.
También debe recordarse que, si bien es cierto que los salmistas se daban cuenta de las tensiones existentes entre la justicia y la injusticia, entre el pueblo de Dios y los enemigos de Dios, hasta ese momento no se conocía la noción del juicio en sentido escatológico, no poseían tampoco ninguna doctrina respecto a un estado futuro en el cual los impíos serían castigados y los piadosos recompensados. Por consiguiente, si la vida de justicia ha de ser reivindicada, ha de serlo ahora, si la maldad ha de ser castigada, tendrá que ser castigada ahora. Porque cuando el hombre justo oraba por la destrucción de la maldad, en su mente no diferenciaba entre el impío y su impiedad. Para el hebreo justo, era impensable la destrucción del primero sin lo segundo. Incluso resultaba difícil, si no imposible, para algunos salmistas hacer distinción entre el impío y su familia. Todo lo que pertenecía al hombre impío estaba comprometido con él en su impiedad. El cristiano, pues, debe tener presente estas cosas cuando lee estos salmos imprecatorios, y no restarles la significación que puedan tener. Por lo menos, constituyen una seria advertencia acerca de la realidad del juicio en este mundo moral, y revelan el ardiente celo por la causa de la justicia que inflamaba los corazones de algunos de los salmistas, y su negativa a condonar el pecado.
3. ¿Tiene el salterio alguna teología respecto a una vida futura? Aquí la respuesta es que no. Hay una esperanza pero no una creencia absoluta en cuanto al futuro. En el salterio no se percibe ninguna referencia segura a la resurrección. Es posible que se adviertan destellos de revelación o discernimiento en cuanto a la vida en el más allá, pero no existe ninguna doctrina, ninguna afirmación que se parezca a un artículo de fe de carácter religioso. Puede ser que se descubra el germen de una esperanza de esta naturaleza en los Sal. 16–17; 49; 73, pero no pasa de ser una simple esperanza. En ninguna parte se vislumbra que algún salmista manifieste una firme creencia en la resurrección.
4. Los salmos mesiánicos. Uno de los factores más importantes en la supervivencia nacional de Israel ha sido la esperanza mesiánica. Esta esperanza se funda en el retorno de la era de David, cuyo reinado en el pasado marcó la edad de oro en la historia de Israel; y es precisamente contra este fondo que debe apreciarse la esperanza mesiánica en el salterio. La descripción del Mesías que emerge del salterio tiene un doble aspecto.
En primer lugar, como el Mesías ha de ser descendiente de la dinastía davídica, ha de ser el Rey de la era mesiánica. En el salterio se ve un rey mesiánico divino contra el cual las naciones se rebelarán en vano (Sal. 2). La era mesiánica se describe en el Sal. 72, mientras que en el Sal. 2 se describe el reino como un reino universal que pertenece a Dios, pero sobre el cual el Mesías gobierna en íntima asociación con el Señor. En el Sal. 110 el Mesías es Rey, Sacerdote y Vencedor, y está sentado en gloria a la diestra de Dios. El Sal. 45 habla de dominio eterno, mientras que el Sal. 72 destaca la universalidad del gobierno mesiánico.
Pero en segundo lugar, el salterio prepara, también, la mente del hombre para un Mesías sufriente. Is. 53 tiene su contrapartida en el salterio. El Hijo ungido de Yahvéh, el Rey-sacerdote cuyo trono ha de permanecer para siempre, y cuyo reinado de paz y justicia será causa de bendición para todas las naciones, ha de someterse a terribles padecimientos (Sal. 22; 69, etc.). Sin embargo, sólo cuando Cristo interpretó el salterio a los apóstoles estos salmos, y otros similares, fueron considerados mesiánicos (Lc. 24.27–46). Solamente en la medida en que el Señor esclareció el entendimiento de los discípulos pudo la iglesia comprender el significado de estos pasajes en el salterio y consagrarlo como el himnario y libro de oraciones de la iglesia.
VI. El cristiano y el salterio
Aparte de las cualidades religiosas y devocionales inherentes de los Salmos existen factores que han impulsado a la iglesia cristiana a adoptar el salterio como su libro de oraciones.
1. Está el hecho de que el salterio ocupó un lugar preponderante en la vida y las enseñanzas de nuestro Señor. Seguramente era el libro de oraciones que usaba en los servicios de la sinagoga, y su himnario para las fiestas que se celebraban en el templo. Lo utilizaba en sus enseñanzas, enfrentó con él la tentación, cantó el Hallel al finalizar la Última Cena, lo citó desde la cruz, y murió con él en sus labios.
2. Además, desde los primeros tiempos el salterio ha sido a la vez el himnario y el libro de oraciones de la iglesia cristiana. Algunos de sus grandes himnos de alabanza han tenido por modelo los salmos (Lc. 1.46ss, 68ss; 2.29ss). El salterio sirvió de inspiración a los apóstoles en momentos de persecución (Hch. 4.25s), fue incorporado en su predicación (Hch. 2.25ss; 13.33), fue utilizado por ellos para proclamar sus más profundas creencias con respecto al Señor (He. 1.6, 10–13; 2.6–8; 5.6; 10.5–7). En todas las edades la iglesia ha encontrado en el salterio “una Biblia en miniatura” (Lutero), o “la Biblia dentro de la Biblia”. Y si bien es cierto que esta “Biblia en miniatura” tuvo su origen en la iglesia judaica, y está íntimamente relacionada con el AT, sin embargo, por cuanto ha sido iluminada por la luz que irradian los evangelios, la iglesia cristiana la ha adoptado y la utiliza también en su acercamiento a Dios, a quien rinde culto y adoración eternamente.
Bibliografía. °H. Ringgren, La fe de los salmistas, 1970; L. Alonso Schökel, Treinta salmos, poesía y oración, 1981; P. Beauchamp, Salmos noche y día, 1981; A. González, El libro de los salmos, 1966; A. Deissler, Los salmos traducidos y explicados, 1968; P. Drijvers, Los salmos, introducción a su contenido espiritual y doctrinal, 1964.
Comentarios: A. F. Kirkpatrick, 1901; A. Weiser, 1962; J. H. Eaton, 1967; M. J. Dahood, 1966–70; A. A. Anderson. 1972; D. Kidner, 1975. Otros estudios: H. Gunkel, The Psalms (
Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades Bíblicas Unidas.
Fuente: Nuevo Diccionario Bíblico