NACIMIENTO VIRGINAL

La enseñanza de que Marí­a, la madre de Jesús, era virgen tanto cuando concibió como cuando dio a luz a Jesús, quien era Emanuel (Mat 1:18-25; Luk 1:26-38; Isa 7:14). La concepción por una virgen era la manera apropiada para que el Hijo eterno llegase a ser hombre. Así­ como el Espí­ritu Santo se habí­a movido sobre la antigua creación (Gen 1:2), ahora está presente para dirigir el origen de una nueva creación, de la cual el Hijo encarnado es el centro. La concepción virginal señala a la relación única del Hijo encarnado con la raza humana que él vino a salvar. Hay una continuidad básica con nosotros en que él comparte nuestra carne y nació en la manera †œnormal†. Hay una discontinuidad básica en que él fue concebido con respecto a su naturaleza humana de un modo único, como una nueva creación.

Fuente: Diccionario Bíblico Mundo Hispano

Por nacimiento virginal el protestante quiere decir concepción virginal. El católico romano cree tanto en la concepción virginal como en un nacimiento virginal milagroso, mediante el cual el niño abandonó el cuerpo de María de modo tal que la dejó médicamente virgen aun. Esta idea en el Protevangelium de Santiago (fines del ss. II) se convirtió en la doctrina corriente, como parte del concepto de la perpetua virginidad de *María. Es improbable en vista de la cita de Lucas de “todo varón que abriere la matriz” (2.23) y la afirmación de Mateo de que José “no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito … Jesús” (1.25), lo cual parecería descartar el parecer de que José y María se abstuvieron permanentemente de entablar relaciones matrimoniales normales (* Hermanos del Señor). En este artículo usamos nacimiento virginal como equivalente a concepción virginal.

Los dos relatos del nacimiento de Jesús en Mateo y Lucas son claramente independientes entre sí, y arabos registran el hecho de que nació por acción directa del Espíritu Santo, sin padre humano (Mt. 1.18–25; Lc. 1.34). Si no fuera por el milagro que el caso envuelve, cualquier persona aceptaría el relato como adecuado.

Hay pruebas que apoyan lo relatado en el resto del NT. Si bien una persona puede no decir directamente lo que cree, pone de manifiesto lo que cree mediante algún giro o expresión. Así Marcos no tiene ningún relato del nacimiento, por cuanto comienza donde comienzan los predicadores en Hechos, a saber, con el bautismo de Juan. Mas en 63 sólo él entre los sinópticos cita a ciertos opositores que dicen, “¿No es éste el carpintero, hijo de María … ?” Por contraste Mt. 13.55 tiene “el hijo del carpintero”, y Lc. 4.22 “el hijo de José”.

Juan también comienza el ministerio terrenal de Cristo con el bautismo. Más adelante indica que había rumores acerca de la ilegitimidad de Jesús cuando en 8.41 los judíos declararon, “nosotros (pronombre enfático y posición enfática) no somos nacidos de fornicación”. Con menos pruebas, aunque aceptado por algunos escritores cristianos desde Tertuliano en adelante, y por Douglas Edwards en The Virgin Birth in History and Faith, tenemos la lectura en el códice latino Verona de Jn. 1.13, que tiene el singular, “el cual no fue engendrado de sangre, ni de voluntad de carne, sino de Dios”. (Esta lectura no está atestiguada por ningún ms(s). gr.)

Pablo, compañero de Lucas, usa lenguaje que supone la aceptación del nacimiento virginal. Cuando habla de la venida, o nacimiento, de Jesucristo, usa el verbo general, ginomai, no geneaō, que tiende a asociar al esposo (p. ej. Ro. 1.3; Fil. 2.7). Esto resulta particularmente claro en Gá. 4.4, donde “Dios envió a su Hijo, nacido (genomenon) de mujer” (cf. °ta “formado de”, °vrv1 “hecho de”). Por contraste, en 4.23 Ismael “nació”, genennētai (de gennaō).

En 1 Co. 15.45–48 una interpretación justa consiste en considerar que tanto Adán como Cristo vinieron milagrosamente de la mano de Dios. Ireneo vincula esto con el nacimiento virginal.

El silencio en torno al hecho del nacimiento virginal puede haberse debido en parte a la necesidad de preservar el buen nombre de María para evitar las murmuraciones. Más todavía, cuán pocas veces mencionan los predicadores actuales el nacimiento virginal en sus sermones, aunque con frecuencia se refieren a la encarnación. Después del año 100 d.C. el nacimiento virginal fue aceptado por Ignacio, Arístides, Justino, Ireneo y otros.

Las objeciones son de dos tipos. Aun cuando algunos llaman la atención a variantes en textos aislados con poco apoyo, ninguno de ellos echa abajo la descripción del hecho en todos los ms(s).

Teológicamente se ha sostenido que la razón dada para el título “Hijo de Dios” en Lc. 1.35 no puede reconciliarse con la idea del eterno Hijo de Dios de las epístolas. Este argumento supone que María y José habían de recibir una declaración teológica plena. Los dos relatos ofrecen el contenido de lo que se les dijo, a saber, que María iba a ser madre del Mesías prometido, el Hijo de Dios, y “Dios con nosotros”. En los servicios donde cantamos los villancicos comenzamos con el simple nacimiento y luego pasamos a las profundidades de la encarnación, sin contradicción alguna. El hecho de que Mateo y Lucas no reflejen aquí la teología posterior es un argumento adicional a favor de la autenticidad de sus registros.

De hecho podrían usarse con precaución consideraciones genéticas para demostrar que la encarnación requería el nacimiento virginal. Si primeramente se hubiese concebido un niño por acción de José y María, hubiera habido un hombre potencial y completo desde el comienzo. En ese caso Dios no hubiera podida ser o convertise en ese hombre, sino que hubiera tenido que agregarse de algún modo como un extra (nestorianismo), o conformarse con llenarlo espiritualmente en la forma en que el Espíritu Santo llenaba a los hombres santos en la antigüedad. Ninguno de estos conceptos encaja en el cuadro bíblico. A partir del rechazo de la encarnación y del nacimiento virginal han surgido muchas teorías nuevas para explicar en qué sentido Jesucristo era Dios.

Ahora sabemos que el óvulo femenino contiene la mitad de los 46 cromosomas que se encuentran en todas las otras células del cuerpo humano. La célula sexual masculina agrega los otros 23, y de inmediato ambas células, ahora una, se comienzan a dividir, y a construir un cuerpo completo, con mente y espíritu. Si sin irreverencia nos preguntamos cómo es que el misterio último de la encarnación puede vincularse con lo físico, parecería que, a fin de que la segunda persona de la Trinidad pudiese hacerse hombre, el Espíritu Santo formó los genes y cromosomas necesarios que pudiesen ser vehículo de la persona de Cristo al unirse a los que estaban en el cuerpo de la virgen. Podemos comenzar a ver que las definiciones cristianas lo describen acertadamente como una sola persona, porque fue concebido por la unión de células mediante las cuales se produce una sola persona, y con dos naturalezas, ya que la célula que se unió con el óvulo humano era de origen divino y no humano.

Bibliografía. °R. E. Brown, El nacimiento del Mesias, 1982; M. M. González Gil, Cristo el misterio de Dios, 1976; 2 t(t).; M. Zerwick, “Virginidad”, °EBDM, t(t). VI, cols. 1224–1238; G. Miegge, La virgen María, 1954; W. T. Conner, “Doctrina cristiana”, s/f, pp. 57ss; C. K. Barret, El Espíritu Santo en la tradición sinóptica, pp. 23–53.

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J.S.W.

Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades Bíblicas Unidas.

Fuente: Nuevo Diccionario Bíblico