LATIGO

Instrumento para castigar o incitar al trabajo; era generalmente un azote con mango. Roboam usó la palabra figuradamente con referencia a su padre (1Ki 12:14).

Fuente: Diccionario Bíblico Mundo Hispano

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Instrumento de castigo que se usó en diversos pueblos y culturas. Consistente en unas correas, en ocasiones estaban reforzadas con bolas de plomo o huesos para que produjeran mayor daño en el flagelado. En el Antiguo Testamento se habla de varas para castigar (Lev. 19.20. Deut. 25,2; Deut. 22. 13-19)

En muchos pueblos el número de azotes estaba regulado. Los judí­os daban 40 y solí­an disminuir uno para no sobrepasarse. A Jesús le flagelaron los romanos y éstos no solí­an numerar los latigazos, pues estaban destinados a esclavos y malhechores y quedaban a merced del amo o de la autoridad que lo determinaba en función del gusto y de la falta.

Los judí­os los usaba y aplicaban los golpes en la sinagoga y todo doctor en la ley tení­a autoridad para ordenar el castigo ante diversas faltas. Solí­an aplicar 39 golpes con un flagelo de tres cuerdas, por lo que daban solo 13 golpes.

Pero entre los romanos el uso era libre y por eso se entregaba el reo a la soldadesca, sobre todo en los paí­ses conquistados. Por regla general el flagelado quedaba muy deteriorado y con frecuencia fallecí­a a consecuencia del tormento. Por eso el látigo era mirado como un suplicio mortal, del que uno se escapaba solo por milagro, como le ocurrió a Pablo ( Hech 16. 22 y 37;. 2 Cor. 11.25;. Hech. 22.19).

Cuando lo aplicaron a Jesús, como a cualquier reo, lo que Pilatos buscaba era no condenarle a muerte legalmente aunque muriera a consecuencia del tormento. Contra lo que esperaba, los judí­os presentes solicitaban «instigados por sus escribas y doctore» la maldición de la cruz. No era solo la muerte, lo que querí­an. Era la «muerte de cruz», la de los malditos de Dios.

Pedro Chico González, Diccionario de Catequesis y Pedagogí­a Religiosa, Editorial Bruño, Lima, Perú 2006

Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagogía Religiosa

Utensilio que consistí­a básicamente en un mango con una cuerda o tralla de cuero, y que desde la antigüedad se ha venido empleando como instrumento de castigo (2Cr 10:11, 14), así­ como para arrear y dirigir a animales. (Pr 26:3; Na 3:2.)
El rey Rehoboam se jactó de que mientras su padre Salomón habí­a castigado a los israelitas con †œlátigos†, él lo harí­a con †œazotes de puntas agudas†. Aunque estas palabras de Rehoboam eran figurativas, los azotes a los que hizo referencia debieron haber sido trallas rematadas en garfios parecidos a la cola del escorpión, pues la palabra hebrea `aq·rab·bí­m, traducida †œazotes de puntas agudas†, significa literalmente †œescorpiones†. (1Re 12:11, 14, nota; 2Cr 10:11, 14.)
Elifaz el temanita habló del †œlátigo de una lengua† (Job 4:1; 5:21), una expresión con la que probablemente se referí­a al uso de la lengua para hacer daño, como en el caso de la calumnia y del habla injuriosa. (Compárese con Pr 12:18; Snt 3:5-10.)
Para el tiempo de la Pascua del año 30 E.C., †œdespués de hacer un látigo de cuerdas, [Jesús] expulsó del templo a todos aquellos junto con las ovejas y el ganado vacuno†. Esto no significa que Jesús utilizase el látigo contra los mercaderes, como se ve en el caso de los vendedores de palomas, a quienes expulsó verbalmente y no con el látigo. Además, al echar al ganado vacuno con el látigo, también estaba expulsando a los vendedores, pues lógicamente irí­an tras su ganado para acorralarlo. (Jn 2:13-17.)

Fuente: Diccionario de la Biblia