(heb., yarov†™am, la gente contiende, o la gente llega a ser numerosa). El hijo y sucesor de Joás, rey de Israel. El cuarto hijo de la dinastía de Jehú. Llegó a ser rey en Samaria c. 785 a. de J.C. y reinó por 41 años.
Siguió el ejemplo de Jeroboam I al conservar la adoración idólatra de los becerros de oro (2Ki 14:23). Continuó y pudo llevar a feliz término las guerras que su padre había iniciado en contra de Siria con el fin de restaurar territorio que pertenecía a Israel (2Ki 14:25; Amo 6:14). Moab y Amón, que probablemente pagaban tributo a Siria, fueron reconquistadas (Amo 1:13; Amo 2:1-3).
Todas estas exitosas guerras significaron sustanciosos tributos para Jeroboam y sus nobles. Los ricos tenían sus casas para el invierno y el verano (Amo 6:4-6). Pero juntamente con todo este lujo, había mucha pobreza en el país.
Dos veces dice el profeta que los pobres eran vendidos por un par de zapatos (Amo 2:6; Amo 8:6). La adoración no sólo se practicaba en Dan y en Betel, sino también en templos y altares subsidiarios en Gilgal y Beerseba (Amo 4:4; Amo 5:5; Amo 8:14). Los profetas Oseas, Joel, Jonás y Amós ministraron durante el reinado de Jeroboam. A su muerte, Jeroboam fue sucedido en el trono por su hijo Zacarías (2Ki 14:29), un rey débil con quien terminó la dinastía.
Fuente: Diccionario Bíblico Mundo Hispano