SANSON

Jdg 13:24-16:31


Sansón (heb. Shimshôn, «semejante al sol», «fuerte» o «hijo del pavor»; gr. Sampson). Algunos entienden que el nombre se deriva de shemesh, «sol», con una desinencia diminutivo que le da el sentido de «solecito»; otros lo relacionan con el verbo shâmam, «destruir», y argumentan que Sansón significa «destructor». Josefo afirma que quiere decir «el fuerte», pues lo deriva de shâmên, «gordo», «robusto». Héroe del perí­odo final de los jueces y quien llevó a cabo hazañas -las que revelan que poseí­a una fortaleza sobrehumana- durante la opresión filistea sobre Judá y Dan, poco antes de que Saúl llegara a ser rey de Israel. Aunque se le da el tí­tulo de «juez», es tan diferente en carácter y actividades de los otros jueces que difí­cilmente se lo pueda 1052 comparar con los lí­deres mayores (Otoniel, Aod, Barac, Gedeón, Jefté) o con los menores (Tola, Jair, lbzán, Elón, Abdón). Poseí­a una fortaleza singular, mediante la cual llevaba a cabo hechos heroicos de extraordinario valor. Si su carácter moral hubiera estado a la altura de su fortaleza fí­sica, Dios lo habrí­a usado poderosamente para librar a su pueblo. Como consecuencia de su debilidad moral, fracasó y no cumplió plenamente la obra que Dios le habí­a encomendado, y finalmente murió en cautiverio y sumido en la ignominia. Un ángel le anunció el nacimiento de Sansón a su madre, que era estéril, y al mismo tiempo le dio instrucciones con respecto a cómo debí­a criarlo y cuál serí­a la tarea que llevarí­a a cabo su hijo. Tení­a que ser nazareo,* y por eso se debí­a someter a ciertas restricciones (Jdg_13). La familia de Sansón pertenecí­a a la tribu de Dan y viví­a en Zora (v 2), en la región del valle, no lejos de donde moraban los filisteos. De allí­ que probablemente haya experimentado la dureza del opresor dominio de estos. Los hechos de Sansón que aparecen registrados se pueden dividir en 5 episodios, pero es necesario recordar que no toda su vida ni todos sus actos de heroí­smo aparecen en la Biblia. 1. Después que Sansón, bajo la influencia del Espí­ritu de Dios, hubo llevado a cabo definidos actos de heroí­smo (Jdg 13:25), se enamoró de una joven filistea de Timnat y se casó con ella. En la fiesta de bodas les presentó a sus huéspedes filisteos un acertijo que se basaba en la experiencia tenida con un león, al que habí­a dado muerte. La incapacidad de estos para resolver el acertijo produjo una cantidad de complicaciones que desembocaron en su total enemistad con ellos. Más tarde entregaron a su esposa a otro hombre y él se vengó incendiando algunos campos y olivares enemigos. Cuando tomaron represalias quemando a su esposa y al padre de ella, Sansón dio muerte a muchos filisteos (14:1-15:8). Mapa VI, E-2. 2. Luego Sansón encontró refugio en la «peña de Etam». Mientras se encontraba allí­ los filisteos invadieron Judá para vengarse de él. Temerosos de ellos, 3.000 habitantes de Judá fueron a buscar a Sansón para entregarlo a sus enemigos, y él convino con ellos para que lo ataran con ese fin. Pero cuando lo llevaron ante los filisteos, el Espí­ritu del Señor descendió sobre él y, después de romper las cuerdas con que lo habí­an atado, dio muerte a 1.000 de ellos y los demás huyeron. Cuando terminó la matanza estaba tan sediento que tuvo miedo de morir, pero Dios respondió su oración y milagrosamente le proporcionó agua. Luego de este incidente su pueblo lo nombró juez (Jdg 15:9-20). 3. El siguiente acontecimiento que se registra lo presenta de nuevo como esclavo de sus inclinaciones carnales. Se fue a la fortaleza filistea de Gaza a visitar a una prostituta, poniéndose de este modo en manos de sus enemigos, quienes decidieron vengarse de él. Pero Sansón se fue de la casa de la mujer a medianoche, y cuando se encontró con la puerta cerrada de la ciudad, la arrancó de sus goznes y la llevó a la cima de la colina que se hallaba en dirección de Hebrón (Jdg 16:1-3). 4. Una vez más sus pasiones se adueñaron de él. Se enamoró de Dalila, una mujer del valle de Sorec. Al enterarse de esto, los filisteos le ofrecieron a ella una gran suma de dinero si averiguaba cuál era el secreto de su fuerza. Fallaron en 3 intentos para apoderarse de él, porque Sansón le dio a la mujer explicaciones engañosas acerca de su fortaleza sobrenatural y de cómo se lo podrí­a debilitar. Pero finalmente cedió, y le reveló que su largo cabello, sí­mbolo de su fuerza, nunca habí­a sido cortado. Mientras dormí­a, Dalila se lo cortó y su fortaleza lo abandonó. Los filisteos lo capturaron, le sacaron los ojos y lo encerraron en la cárcel de Gaza (Jdg 16:4-21), donde lo pusieron a moler granos en un molino,* para que así­ llevara a cabo la humillante tarea de un esclavo. 5. En ocasión de una gran fiesta filistea que se celebró en Gaza para ofrecer sacrificios al dios Dagón, trajeron a Sansón para exhibirlo en público en el templo. Este se encontraba lleno de gente y unos 3.000 más estaban en la terraza. Aparentemente Sansón conocí­a el edificio, porque habí­a estado en Gaza antes. Aferrándose de las 2 columnas centrales que sostení­an el techo, oró a Dios y pidió que le diera la fuerza necesaria para vengarse de la humillación sufrida a manos de los filisteos. Recurriendo a toda su fuerza, sacó las columnas de sus fundamentos, con el resultado de que el techo, sobrecargado, se derrumbó, dando muerte a una gran cantidad de los que estaban en la terraza, y sepultando a Sansón y a la mayor parte de los que se encontraban reunidos en el templo (Jdg 6:22-30). Sus parientes vinieron después, reclamaron el cadáver y lo sepultaron en la tumba de su padre, cerca de Zora. Juzgó a Israel c 20 años (v 31). A pesar de sus graves defectos, Sansón figura entre los grandes héroes de la fe del NT (Heb 11:32), posiblemente porque al final fue consciente de su total dependencia de Dios, a 1053 quien invocó en su último acto de valor. Su muerte no deberí­a considerarse suicidio, sino un acto de sacrificio propio llevado a cabo en cumplimiento de su vocación. Así­, la historia de Sansón no sólo nos presenta a un instrumento escogido por Dios, cuyas complacencias, debilidades y pasiones imposibilitaron el cumplimiento de su misión, sino que también nos proporciona valiosa información con respecto a las costumbres de la época de los jueces, de la cual sabrí­amos muy poco si no fuera por esto. Nos enteramos, por ejemplo, que las fiestas relacionadas con los ritos nupciales duraban varios dí­as; que en tales ocasiones a veces se proponí­an acertijos a los invitados; que el padre le entregaba la novia al novio; y que se daba a otro hombre la esposa rechazada por su marido. Este relato también arroja alguna luz acerca de cómo se castigaban los crí­menes y cómo se trataba a los encarcelados. Bib.: FJ-AJ v.8.4.

Fuente: Diccionario Bíblico Evangélico

hombre del sol. Héroe hebreo, duodécimo juez de las tribus israelitas, durante veinte años, el último antes de Samuel, Jc 16, 31.

Manóaj un hombre de Sorá, de la tribu de los danitas, no habí­a tenido descendencia, pues su mujer era estéril. Pero un ángel de Yahvéh se le apareció a la esposa de aquél era estéril, pero se le apareció y le anunció que tendrí­a un hijo, el cual serí­a consagrado a Dios, no podí­a pasar por su cabeza navaja alguna; serí­a nazireo desde el seno materno, por lo que la madre debí­a abstenerse de todo lo impuro y de toda bebida fermentada; S, dice el anuncio a la mujer, †œcomenzará a salvar a Israel de la mano de los filisteos†, Jc 13, 2-7. El íngel de Yahvéh apareció por segunda vez, a Manóaj, quien habí­a orado para que volviera y dijera qué se debí­a hacer con el niño; el íngel le dijo que debí­a guardar la conducta de un nazireo.

Manóaj entonces, ofreció el holocausto de un cabrito. S. nació y creció entre las localidades de Sorá y Estaol, Jc 13, 8-25.

Ya adulto S. fue a Timná, donde se fijó en una mujer filistea y dijo a sus padres que se la pidieran como esposa. Esto no gustó a los progenitores de S., pues iba en contra de las costumbres patriarcales de los hebreos; sin embargo, el autor sagrado ve en esto un designio de Dios en contra de los filisteos, que en esa época dominaban a los israelitas. Cuando S. iba a Timná en busca de su mujer, comenzó a manifestarse en él la fuerza descomunal que lo llevó a realizar grandes hazañas, poder que residí­a en su larga cabellera de nazireo. En esta oportunidad, †œEl espí­ritu de Yahvéh le invadió†, mató un león, que le salió en el camino, como quien destroza con las manos un cabrito. Cuando iba a la boda, encontró en el esqueleto del león un enjambre de abejas, de cuya miel comieron S. y sus padres.

En la fiesta nupcial S. propuso un enigma a los filisteos, relacionado con la miel hallada en el camino: †œDel que come salió comida, y del fuerte salió dulzura†. Quien perdiera en este juego debí­a pagar treinta túnicas y treinta mudas de ropa. Los filisteos presionaron a la mujer de S. para que le sacara a éste la respuesta, como sucedió. S., entonces, fue a Ascalón, donde mató a treinta filisteos, tomó los despojos y entregó el pago a quienes habí­an resuelto el enigma de manera fraudulenta; la mujer de S. pasó a serlo de uno de éstos, Jc 14. S. fue a Timná en busca de su mujer y, al enterarse de que habí­a sido dada a otro hombre, cazó trescientas zorras a las que les ató teas en las colas y las soltó en los campos filisteos, quemando el trigo, los olivares y los viñedos. Los filisteos, por su parte, quemaron a la mujer que le habí­a sido quitada a S. así­ como la casa del suegro.

Los filisteos atacaron a los israelitas en Lejí­, por causa de S. Estos fueron hasta la gruta de Etamy ataron a S. para entregarlo a los filisteos, pero éste, rompió las cuerdas y con una quijada de asno mató a mil filisteos. S. sintió una sed terrible e invocó a Yahvéh: †œTú has logrado esta gran victoria por mano de tu siervo y ahora, ¿voy a morir de sed y a caer en manos de los incircuncisos?†. Dios de una cavidad en Lejí­ hizo brotar agua, de la que se sació S., Jc 15. S. fue a la ciudad de Gaza y se quedó en casa de una ramera. Alertados, los filisteos rodearon la habitación para acecharlo; pero aquél se levantó a medianoche, arrancó las puertas de la ciudad, se las echó a la espalda y las subió hasta una cumbre enfrente de Hebrón, Jc 16, -1-3.

Posteriormente S. se enamoró de Dalila, una mujer de la vaguada de Soreq, a la cual acudieron los filisteos para que averiguara, a cambio de dinero, la causa de la gran fuerza de S. Tras varios intentos infructuosos, S., por fin, cedió a los requerimientos de Dalila y le reveló el secreto de su fuerza, el cabello de nazireo. Dalila le cortó los cabellos, haciéndole violar su promesa de nazireo, y su fuerza quedó como la de un hombre cualquiera. Los filisteos le sacaron los ojos, lo encadenaron y lo llevaron a Gaza donde lo pusieron a mover la muela de un molino.

Tiempo después cuando los filisteos se reunieron en el templo para ofrecer un gran sacrificio a su dios Dagón, hicieron llevar a S. desde la prisión para que los divirtiera en la fiesta a su deidad. S. pidió al muchacho que lo guiaba en el templo, que lo pusiera junto a las columnas de edificio para poder sostenerse. S. invocó a Yahvéh: †œSeñor Yahvéh, dí­gnate acordarte de mí­, hazme fuerte aunque sólo sea esta vez, oh Dios, para que de un golpe me vengue de los filisteos por mis dos ojos†. A tientas, S. llegó hasta las dos columnas centrales sobre las que descansaba el templo, apretó fuerte y el edificio se vino abajo, muriendo la gran muchedumbre congregada para la celebración al dios Dagón.

Los familiares recogieron el cuerpo de S. y lo enterraron entre Sorá y Estaol, en el sepulcro de su padre Manóaj, Jc 16.

Diccionario Bí­blico Digital, Grupo C Service & Design Ltda., Colombia, 2003

Fuente: Diccionario Bíblico Digital

(heb., shimshon, probablemente pequeño sol). Uno de los jueces de Israel (Jueces 13—16); un israelita de la tribu de Dan, el hijo de Manoa.

Zora, donde nació, quedaba a mitad de camino entre Jerusalén y el Mediterráneo, a lo largo de la costa donde viví­an los filisteos. Su nacimiento fue anunciado por el ángel del Señor de antemano a su madre quien era estéril. El ángel le dijo a ella que este hijo serí­a nazareo desde su nacimiento, y que el Señor comenzarí­a a usarlo para librar a Israel de mano de los filisteos. La extraordinaria fuerza que Sansón exhibió varias veces en su carrera no era suya porque fuese un gigante natural, sino porque el Espí­ritu del Señor vení­a sobre él para realizar grandes proezas.

Casi desde el principio de su carrera Sansón demostró una debilidad conspicua, la cual al fin lo arruinarí­a: era un esclavo de la pasión. Insistió, en contra de las objeciones de sus padres, en casarse con una filistea. En el banquete de boda, el desafió a los invitados con una adivinanza y, cuando fue trampeado, mató a 30 filisteos para cumplir con su apuesta. Se fue a casa sin su esposa. Cuando regresó más tarde, encontró que el padre de ella la habí­a entregado en matrimonio a otra persona; le fue ofrecida la hermana de la que habí­a sido su esposa. En venganza, Sansón envió 300 zorras con teas encendidas atadas entre sus colas a través de los campos de espigas. Los filisteos tomaron represalias, quemándolos vivos a su esposa y a su padre.

Este acto de venganza solamente provocó una venganza aun mayor de Sansón.

El les golpeó en el muslo y en la cadera, con gran mortandad. Los filisteos invadieron a Judá y demandaron la rendición de su archienemigo. Sansón estuvo de acuerdo en permitir que los israelitas lo entregasen en manos de los filisteos; pero en el camino él rompió las cuerdas que le ataban y, tomando una quijada de un asno, mató a 1.000 hombres con ella. Con esta gran hazaña, Sansón claramente elevó su tí­tulo a la posición de un juez en Israel (Jdg 15:20).

Sansón más adelante amó a una filistea llamada Dalila. Los lí­deres filisteos la sobornaron para que lo traicionara entregándolo en sus manos. Bajo la dirección de éstos, ella le rogó que le dijera el secreto de su gran fuerza.

Después de tres respuestas engañosas, él le reveló que si tan sólo su cabello fuese cortado él serí­a como los otros hombres. Cuando él dormí­a, su cabello fue cortado y, cuando se despertó, encontró que no solamente su fuerza sino que también Dios se habí­a apartado de él. Ahora a merced de sus enemigos, fue atado con cadenas, le sacaron sus ojos y fue enviado a moler en la prisión de Gaza.

En la ocasión de una gran fiesta al dios Dagón, sus captores resolvieron burlarse de él. Mientras tanto, su cabello habí­a crecido otra vez; ya con su fuerza vuelta, él deseaba vengarse de sus enemigos por sus dos ojos cegados (Jdg 16:28). Se asió de las dos columnas sobre las cuales descansaba el templo, oró que Dios le ayudara una vez más; con un poderoso esfuerzo movió las columnas de sus posiciones y derribó el techo, sepultando consigo a un gran número de filisteos entre sus ruinas. Al morir, él mató a más hombres que los que habí­a matado durante toda su vida.

Con todos sus fracasos, él está en la lista con los héroes de la fe en Heb 11:32. Por la fe en el don y llamado de Dios, él recibió fuerza para realizar maravillas. El no tení­a un real dominio propio y, por consiguiente, no logró una liberación permanente para Israel.

Fuente: Diccionario Bíblico Mundo Hispano

(pequeno sol).

Jueces 13 a 17, Hec 11:32.

Diccionario Bí­blico Cristiano
Dr. J. Dominguez

http://biblia.com/diccionario/

Fuente: Diccionario Bíblico Cristiano

(Pequeño sol). Uno de los jueces de Israel. Hijo de Manoa, de la tribu de Dan. La madre de S. habí­a sido estéril por muchos años, pero un ángel le anunció que concebirí­a y que su hijo comenzarí­a †œa salvar a Israel de mano de los filisteos† (Jue 13:1-5). Manoa oró a Jehová para que confirmara la noticia. †œY Dios oyó la voz de Manoa†. El ángel apareció de nuevo y habló a los dos esposos sobre la forma en que debí­an criar al niño, el cual debí­a ser †¢nazareo. Más tarde nació S. (Jue 13:6-25). Cuando creció quiso casarse con una mujer filistea. Cuando iban a hacer el arreglo para el matrimonio encontraron un león, pero S. lo mató †œcomo quien despedaza un cabrito† (Jue 14:1-6). Arreglada la boda, en medio de los festejos S. propuso un enigma a los invitados, los cuales no pudieron adivinar pero convencieron a la mujer de S. para que obtuviera la información. ésta lo hizo y la comunicó a ellos, quienes respondieron a S. éste, al darse cuenta de que habí­a sido traicionado, se llenó de ira y †œmató a treinta hombres† de los filisteos, y dio su ropa a los que habí­an respondido la adivinanza. †œLa mujer de S. fue dada a su compañero† (Jue 14:7-20).

S. †œcazó trescientas zorras†, atándoles teas en †œentre cada dos colas† amarradas entre sí­ y haciéndolas correr por los sembradí­os de los filisteos, arruinando sus cosechas. Los filisteos quemaron viva a la que habí­a sido mujer de S. y al padre de ella. Ante esto, S. les atacó, y les causó †œgran mortandad† (Jue 15:8). Los filisteos buscaron a S. †œTres mil hombres de Judᆝ vinieron a él para que se entregara, lo cual él aceptó. Cuando le traí­an ante los filisteos †œel Espí­ritu de Jehová vino sobre él† y mató a †œmil hombres† con †œuna quijada de asno fresca aún†. En otra ocasión S. fue a Gaza y los filisteos le acechaban para matarle, pero él se levantó a medianoche †œy tomando las puertas de la ciudad con sus dos pilares y su cerrojo, se las echó al hombro† (Jue 16:1-3).
S. †œse enamoró de una mujer … la cual se llamaba Dalila†. Los filisteos le ofrecieron dinero a ésta para que investigara cuál era el secreto de su fuerza. Después de varios intentos de Dalila, S. le confesó: †œNunca a mi cabeza llegó navaja; porque soy nazareo de Dios desde el vientre de mi madre. Si fuere rapado … seré como los demás hombres†. Dalila aprovechó un dí­a que S. dormí­a y †œle rapó las siete guedejas de su cabeza†. Los filisteos vinieron y le prendieron, le sacaron los ojos, y le llevaron a Gaza †œpara que moliese en la cárcel†. Cuando sus enemigos hací­an una fiesta celebrando su aprisionamiento, S. fue traí­do †œy sirvió de juguete delante de ellos†. Pero el cabello de S. habí­a crecido de nuevo y pidió †œal joven que le guiaba† que le ayudara a poner las manos en las dos columnas †œsobre las que descansaba la casa†, oró a Dios pidiendo ayuda y †œechó todo su peso sobre las columnas†, las cuales cayeron, y se destruyó la casa y murieron miles de filisteos. †œY los que mató al morir fueron muchos más que los que habí­a matado durante su vida†. Sus familiares vinieron y llevaron su cadáver, y lo enterraron †œente Zora y Estaol, en el sepulcro de su padre Manoa. Y él juzgó a Israel veinte años† (Jue 16:4-31).
historia de S. demuestra que por mucho tiempo no hubo entre los israelitas y los filisteos una campaña militar abierta, sino que existí­a cierto intercambio entre las dos comunidades. Las tribus de Judá y Dan, que colindaban con los filisteos, procuraban mantener la paz con ellos. Posteriormente, sin embargo, los filisteos llegarí­an a dominar completamente a los israelitas.
mensaje bí­blico es claro en cuanto a que la fuerza de S. provení­a de su consagración a Dios, no simplemente de su abundante cabellera. Esta no era más que un sí­mbolo de la consagración. Se tiene el caso de este gran hombre, que figura en la galerí­a de los héroes de la fe (Heb 11:32), como ejemplo de personas que son muy dotadas por el Señor, pero que son débiles de carácter y caen por su concupiscencia.

Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano

tip, BIOG JUEZ HOMB HOAT

vet, = «pequeño sol». Uno de los jueces israelitas más destacados. Hijo de un danita llamado Manoa, nació en Zora, localidad del territorio meridional de Dan. El ángel de Jehová predijo el nacimiento de Sansón, y anunció que librarí­a a Israel del yugo filisteo. Nazareo desde su nacimiento, Sansón no debí­a beber ni vino ni cualquier otro tipo de bebida fermentada, y no debí­a pasar navaja sobre su cabeza. En tanto que observó el voto de nazareato, Sansón fue victorioso sobre los filisteos (Jue. 13:1-24). Judá y Dan, separados de las otras tribus por dificultades geográficas, especialmente por el hecho de que los jebuseos dominaban la ciudad de Jebus (Jerusalén), estaban expuestas a los ataques de los filisteos. Judá, aislada, sólo podí­a responder con contragolpes guerrilleros. El Espí­ritu de Dios empezó a manifestarse pronto en Sansón en los campos de Dan (Jue. 13:25). Sansón, enamorado de una filistea de Timnat, se desposó con ella, pero pronto fue entregada por su padre a otro hombre. Entonces, el hijo de Manoa se apoderó de trescientas zorras, y las ató dos a dos por la cola, atando asimismo una tea encendida entre cada dos colas, soltándolas a continuación por las mieses de los filisteos (Jue. 14:1-15:5). Estos invadieron la tierra de Judá, y exigieron que Sansón les fuera entregado; él se dejó atar por los hombres de Judá, que no sabí­an que estaban atando a su futuro libertador. Animado repentinamente del Espí­ritu del Señor, el nazareo rompió las cuerdas en el momento en que iba a ser entregado a los incircuncisos. Asiendo una quijada de asno, persiguió a los filisteos, dando muerte a mil de ellos. Sansón, ardiendo de sed, proclamó que esta liberación procedí­a de Jehová, a quien suplicó que le diera agua. Dios hizo entonces brotar agua de la cavidad de una roca. Los hombres de Judá consideraron desde entonces a Sansón como su liberador (Jue. 15:6- 20). Se dirigió a Gaza, y cayó allí­ en pecado. La gente de la ciudad cerró las puertas para apoderarse de Sansón. A medianoche salió de la ciudad, habiendo arrancado de quicio las puertas de la muralla, con sus dos pilares y cerrojo, dejando todo en la cumbre del monte que se halla frente a Hebrón (Jue. 16:1-3). Su relación con Dalila, mujer filistea de Sorec, lo perdió. Instigada por los prí­ncipes filisteos, apremió a Sansón a que le revelara el secreto de su fuerza. Al principio él le respondió con mentiras, pero finalmente le reveló que si se le cortaba la cabellera, perderí­a su vigor y serí­a como todos los otros hombres. Dalila vendió su secreto a los filisteos. Estos le cortaron el cabello mientras dormí­a y lo prendieron con facilidad. Sacándole los ojos, lo llevaron a la cárcel de Gaza para que hiciera girar una rueda de molino. Durante una gran fiesta en el templo de Dagón, dios de los filisteos, llevaron allí­ a Sansón para mostrarlo como espectáculo a la muchedumbre. Sus cabellos habí­an vuelto a crecer. El interior del gran edificio estaba lleno de filisteos, y habí­a unas tres mil personas en su terraza. Habiendo estado en Gaza antes de haber perdido la vista, Sansón conocí­a el edificio. Pidió entonces al joven lazarillo que le conducí­a que le dejara apoyar sobre las dos columnas centrales que sostení­an el techo. Oró entonces a Jehová, y, empujando violentamente las dos columnas, una con cada mano, las hizo caer, derrumbándose toda la casa. Sansón murió junto con un gran número de filisteos (Jue. 16:1-31). A pesar de sus debilidades morales, figura entre los héroes de la fe (He. 11:32). Sansón estaba dotado de una fuerza sobrenatural. Cuando el Espí­ritu del Señor lo impulsó, llevó a cabo grandes hazañas. Su fuerza no residí­a en sus cabellos, sino en su consagración al Señor, de lo que ellos eran el sí­mbolo. Cuando Sansón hubo violado su consagración al Señor, no tuvo la fuerza moral para mantener su cabellera. Al perder su testimonio, el Señor lo abandonó. La fuerza le fue restaurada en respuesta a la oración que pronunció. Este poder sobrenatural dio testimonio a los hombres de Judá que Dios habí­a llamado a este nazareo a que fuera su libertador de los filisteos, que sintieron en sus carnes la superioridad del siervo de Jehová. Hay crí­ticos que han querido ver en este relato una de las leyendas que pretenden descubrir en la Biblia. Pero es cosa cierta que los antiguos hebreos consideraban a Sansón como una persona real, perteneciente a la historia anterior a Samuel y a Saúl. El relato bí­blico da detalles precisos acerca de la situación de su pueblo natal, de su familia, de sus hazañas, del lugar donde fue sepultado. Toda la vida de Sansón es una gran historia espiritual, como ejemplo que no se debe seguir de un hombre extraordinariamente dotado y que sin embargo juega con el pecado y con la paciencia de Dios. En el momento en que se imagina, lleno de presunción: «Esta vez saldré como las otras y me escaparé», «no sabí­a que Jehová ya se habí­a apartado de él» (Jue. 16:20). De esclavo de sus pasiones vino a ser esclavo de sus enemigos hasta su muerte; perdió aquellos ojos que no habí­an sabido ver con claridad. En el último momento, sin embargo, volvió al favor de Dios, que dio respuesta a su oración. No obstante, su oración delata que no estaba en plena comunión con Dios, porque estaba más deseoso de venganza por haber perdido sus ojos que por desear vindicar el nombre de Jehová frente a Dagón (Jue. 16:28). ¡Qué advertencia tan solemne! Se tiene que señalar que otros hombres del AT recibieron en circunstancias excepcionales la fuerza de llevar a cabo hazañas análogas a las de Sansón: Jonatán y su escudero, el joven pastor David dando muerte a un león y a un oso, Eleazar, Sama y Abisai (1 S. 14:1-17; 17:34; 2 S. 23:9-12, 18).

Fuente: Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado

[012]
Uno de los jueces de Israel, tal vez el más famoso por la fortaleza misteriosa de que le dotó Dios para librar a su pueblo de los filisteos. (Jue. 12 y 14). Hijo de Manué, de la tribu de Dan, anunciado por un ángel y consagrado a través de los sí­mbolos de no cortarse el pelo (ser nazireo).

Contrajo, contra la voluntad e sus padres, matrimonio con una filistea (Jue.14.1-4), ocasión con la que inició la lucha contra los filisteos. Después de diversas aventuras y traicionado por su mujer Dalila, fue cegado por los enemigos, de los que se vengó, muriendo con todos ellos, al derribar el templo de su dios Dagón y matar con su muerte a miles de ellos.

La figura de Sansón, de posible existencia histórica, pero sin duda héroe mitificado en Israel, hace referencia a los libertadores bí­blicos, en el tiempo que media entre el establecimiento del Pueblo elegido en la tierra prometida hacia el 1250 y el nacimiento de la monarquí­a hacia el 1030 con Saúl y hacia el 1010 con David.

Pedro Chico González, Diccionario de Catequesis y Pedagogí­a Religiosa, Editorial Bruño, Lima, Perú 2006

Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagogía Religiosa

(Je 13-16). Juez y héroe del comienzo de la historia israelita, vinculado quizá al signo del sol (Shemesh*). Es una figura más mitológica que histórica. Forma parte del folclore popular israelita, en sus relaciones con los fuertes vecinos filisteos*, que ocupaban las zonas de la costa, en el sur de Palestina. En torno a su signo ha tejido la Biblia una finí­sima trama literaria y simbólica (familiar y social, militar y religiosa) en la que viene a expresarse la forma de actuación de Dios, que va guiando la historia de los hombres de un modo indirecto pero muy hondo y seguro. El mismo Angel de Yahvé anunció su nacimiento, diciendo a los padres que su hijo «empezará a salvar a Israel de los filisteos» (Je 13,5). Pero luego su vida viene a presentarse como historia ambigua donde la ruah de Yahvé, entendida como espí­ritu guerrero, viene a entretejerse con la propia complejidad de la historia de Sansón, hombre fuerte, irreflexivo, mujeriego a quien envuelven los enigmas de esposas, amigos y enemigos. En un primer nivel, esa historia parece puro mito: anécdotas casi infantiles de un guerrero ingenuo, forzado y simple, que se enoja de pronto, con fuerte violencia, atrapado en general por el enigma de sus propios acertijos y el deseo de las mujeres. Pero, leí­da a más nivel, ésta es una de las más profundas historias de guerreros que han podido escribirse en tiempo antiguo. Sansón va desvelando en toda su crudeza la irracionalidad de una violencia que va y viene, aparentemente sin sentido, en medio de un mundo enigmático donde amigos y enemigos parecen confundirse. De un modo misterioso, el mismo Dios actúa y va diciendo su palabra a través de esta figura de guerrero que sólo triunfa plenamente en el momento de su mayor debilidad y de su muerte, en un gesto también ambiguo de venganza (Je 16,30). Significativamente, Heb 11,32 ha citado a Sansón entre los testigos de la fe.

PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007

Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra

(de una raí­z que significa: †œsol†).
Uno de los jueces sobresalientes de Israel; hijo de Manóah, un danita de Zorá. Antes de su nacimiento, se le apareció un ángel a su madre y le anunció que tendrí­a un hijo que serí­a nazareo desde que naciera, y que †œ[llevarí­a] la delantera en salvar a Israel de la mano de los filisteos†. (Jue 13:1-5, 24; 16:17.) Como futuro lí­der en la lucha contra los filisteos, Sansón tendrí­a que estar cerca de los cadáveres de las personas que matase en batalla. Por lo tanto, la mismí­sima naturaleza de su comisión mostraba que no estaba bajo la ley que prescribí­a que los nazareos no tocasen cadáveres. (Nú 6:2-9.) También debe notarse que esta ley aplicaba a personas que hací­an un voto de nazareato voluntariamente, mientras que a Sansón solo le aplicaban los requisitos que el ángel de Jehová le especificó a su madre.
Cuando ya tení­a edad para casarse, pidió a sus padres que le consiguiesen como esposa a cierta mujer filistea de Timnah. Esto estaba en armoní­a con la dirección del espí­ritu de Dios, puesto que proporcionarí­a a Sansón la oportunidad de luchar contra los filisteos. (Jue 13:25–14:4.) Más tarde, cerca de Timnah, un leoncillo crinado se enfrentó a Sansón. Lleno de poder gracias al espí­ritu de Dios, partió al animal en dos valiéndose solo de sus manos. Luego continuó su camino hacia Timnah, donde habló con la mujer filistea que querí­a tomar por esposa. (Jue 14:5-7.)
Algún tiempo más tarde, Sansón fue a Timnah acompañado de sus padres para llevarse a su prometida a casa. Mientras iban hacia allí­, se desvió del camino para mirar el cadáver del león que habí­a matado anteriormente, y halló dentro un enjambre de abejas y miel. Sansón comió algo de la miel, y cuando volvió a reunirse con sus padres, les ofreció miel a ellos. Durante el banquete de boda propuso un enigma basado en este incidente a 30 compañeros de boda filisteos. Acontecimientos posteriores que surgieron por causa de este enigma dieron a Sansón la oportunidad de matar a 30 filisteos en Asquelón. (Jue 14:8-19.)
Cuando el padre de su prometida la entregó a otro hombre y no permitió que Sansón la viera, se le presentó a este otra oportunidad para actuar contra los filisteos. Valiéndose de 300 zorras, prendió fuego a los campos de grano, los viñedos y los olivares de los filisteos. A su vez, los encolerizados filisteos quemaron a la prometida de Sansón y al padre de esta, ya que la pérdida de los filisteos era fruto de la relación que este último habí­a mantenido con Sansón. Con este acto los filisteos una vez más le dieron a Sansón razón para vengarse de ellos, de modo que mató a muchos, †œamontonando piernas sobre muslos†. (Jue 14:20–15:8.)
Procurando vengarse de Sansón, los filisteos fueron a Lehí­. A continuación, 3.000 hombres de Judá llenos de temor convencieron a Sansón en el peñasco Etam para que se rindiese, y después lo ataron con dos cuerdas nuevas y lo entregaron a los filisteos. Estos se prepararon con gran júbilo para recibir a Sansón, pero †œel espí­ritu de Jehová entró en operación sobre él, y las sogas que estaban sobre sus brazos vinieron a ser como hilos de lino que han sido chamuscados por el fuego, de modo que sus grilletes se derritieron de sobre sus manos†. Sansón tomó una quijada húmeda de asno y derribó a 1.000 hombres, después de lo cual atribuyó esta victoria a Jehová. En esa ocasión, en respuesta a la solicitud de Sansón, Jehová le proporcionó milagrosamente agua para calmar su sed. (Jue 15:9-19.)
En otra ocasión Sansón fue a la casa de una prostituta en la ciudad filistea de Gaza. Cuando los filisteos se enteraron, estuvieron al acecho con la intención de matarlo por la mañana. Pero a medianoche Sansón se levantó y arrancó la puerta de la ciudad y los postes de los lados y la barra del muro de Gaza, y los llevó †œa la cima de la montaña que está enfrente de Hebrón†. (Jue 16:1-3; véase GAZA.) Eso significó una gran humillación para los filisteos, puesto que dejó la ciudad débil e indefensa ante posibles intrusos. El hecho de que Sansón pudiese realizar esta hazaña sorprendente indica que todaví­a tení­a el espí­ritu de Dios. Esto podrí­a servir de argumento en contra de que hubiese ido a la casa de la prostituta con propósitos inmorales. En la obra Commentary on the Holy Scriptures, de Lange (Jue 16:1, pág. 212), el comentarista Paulus Cassel hizo la siguiente observación: †œSansón no fue a Gaza con el propósito de visitar a una ramera: puesto que se dice que [†˜fue a Gaza y vio allí­ a una prostituta y vino a ella†™]. Pero cuando quiso pasar allí­ la noche, no habí­a otra posibilidad para él, el enemigo de la nación, que quedarse con la ramera […]. Su estancia se relata en un lenguaje que no difiere del que se empleó con referencia a la permanencia de los espí­as en la casa de Rahab. Las palabras [†˜vio allí­ a una prostituta†™] solo indican que cuando vio a una mujer de esa clase, supo dónde podí­a hallar alojamiento para la noche† (traducción y edición de P. Schaff, 1976). También hay que tener en cuenta que el relato dice: †œSansón se quedó acostado hasta la medianoche†, y no †˜Sansón se quedó acostado con ella hasta la medianoche†™.
La acción de adentrarse en territorio enemigo demuestra que Sansón no tení­a miedo, y es probable que fuera a Gaza para †˜buscar ocasión contra los filisteos†™, como habí­a hecho anteriormente cuando se buscó una esposa de entre ellos. (Jue 14:4.) Si así­ fuera, parece que intentaba convertir cualquier proyecto dirigido contra él en una oportunidad para causar bajas a los filisteos.

Traicionado por Dalila. Después de esto, Sansón se enamoró de Dalila. (Véase DALILA.) Con fines lucrativos, ella trató de descubrir el secreto de la fuerza de Sansón. En tres ocasiones obtuvo respuestas engañosas. No obstante, debido a que le importunaba de manera persistente, Sansón finalmente cedió y le reveló que su fuerza residí­a en que era nazareo desde su nacimiento. Luego ella se puso en contacto con los filisteos a fin de conseguir la recompensa por entregarles a Sansón. Mientras él dormí­a sobre sus rodillas, Dalila hizo que le cortasen el cabello. Cuando despertó, ya no tení­a el espí­ritu de Jehová, pues se habí­a colocado en una situación que le habí­a hecho perder su nazareato. La fuente de su fuerza no era el cabello en sí­ mismo, sino lo que este representaba: su relación especial con Jehová como nazareo, de modo que al haberse roto esa relación, Sansón no era diferente de cualquier otro mortal. Por lo tanto, los filisteos pudieron cegarlo, sujetarlo con grilletes de cobre y ponerlo a trabajar como molendero en la casa de encierro. (Jue 16:4-21.)
Mientras Sansón languidecí­a en la prisión, los filisteos prepararon un gran sacrificio a su dios Dagón, a quien atribuí­an su éxito por haber capturado a Sansón. Se reunieron grandes muchedumbres, entre ellos todos los señores del eje, en la casa que se utilizaba para el culto a Dagón. Tan solo sobre el techo habí­a 3.000 hombres y mujeres. Los exultantes filisteos sacaron de la prisión a Sansón —a quien ya le habí­a crecido copiosamente el cabello— para que les sirviera de entretenimiento. Al llegar, Sansón pidió al lazarillo que lo guiaba que le dejase palpar las columnas que sostení­an el edificio. A continuación oró a Jehová: †œAcuérdate de mí­, por favor, y fortaléceme, por favor, solo esta vez, oh tú el Dios verdadero, y deja que me vengue de los filisteos con venganza por uno de mis dos ojos†. (Jue 16:22-28.) Puede que le orase acerca de vengarse solo por uno de sus ojos debido a que reconocí­a que la pérdida de ambos en parte se habí­a debido a su propio error. O puede ser que entendiese que como representante de Jehová no podí­a ser vengado totalmente.
Sansón se apoyó en las dos columnas que sostení­an la casa y †œse inclinó con poder†, con lo que derribó la casa y causó su muerte y la de más filisteos que los que habí­a matado en toda su vida. Sus parientes lo enterraron †œentre Zorá y Estaol, en la sepultura de Manóah su padre†. De modo que Sansón murió fiel a Jehová después de haber juzgado a Israel durante veinte años. Por lo tanto, es propio que su nombre aparezca entre los de los hombres que fueron hechos poderosos por fe. (Jue 15:20; 16:29-31; Heb 11:32-34.)

Fuente: Diccionario de la Biblia

Este personaje ha sido objeto de más atención que todos los otros jueces de Israel anteriores a Samuel (Jue. 13–16). Su nombre, šimšôn (Jue. 13.24), se deriva del heb. šemeš, ‘sol’, lo que llevó a algunos estudiosos a sugerir alguna relación con la mitología del sol, y a equiparar las hazañas de Sansón con los “doce trabajos” de Gilgamés o Hércules. En apoyo de este punto de vista se utiliza la proximidad de Bet-semes al lugar natal de Sansón, Zora, el hecho de que una de sus demostraciones de fuerza se produjo “en los días de la siega del trigo” (Jue. 15.1), e. d. aproximadamente a mitad del verano, y su muerte entre las columnas de un templo filisteo, posiblemente simbólico de la puesta del sol. Pero difícilmente podemos dudar de la historicidad esencial del relato bíblico. El nacimiento y la muerte de Sansón están cuidadosamente documentados, y hay una estrecha relación con la situación histórica del momento. Nombres como Sansón aparecen en textos ugaríticos de los ss. XIV y XV a.C., y es muy probable que un nombre cananeo común como este también haya sido ampliamente usado en Israel.

I. Fondo Histórico

La historia de Sansón ofrece un fondo sumamente valioso en torno a la primera parte de la opresión filistea. Los filisteos se establecieron en la planicie costera ca. 1200 a.C., una generación después de la conquista, y una vez establecidos trataron de abarcar el territorio montañoso de los israelitas. La hazaña de Samgar probablemente proporcionó un respiro temporario (Jue. 3.31), pero la presión filistea y amorrea combinadas (Jue. 1.34) obligó a parte de la tribu de Sansón, los danitas, a emigrar hacia el N (Jue. 18). El remanente de danitas, junto con Judá, se vio obligado a soportar cada vez más el peso de la presión filistea. En esta época la dominación filistea no era onerosa, y Judá la aceptó sin objeción (Jue. 15.11). Se realizaba más por infiltración que por medio de la fuerza, y prometía obvias ventajas a los pueblos subyugados. La naturaleza insidiosa de la dominación constituyó una importante amenaza a la continuidad de la independencia de lsrael. Las actividades de Sansón fueron significativas a este respecto. En ningún momento contó con apoyo armado de sus compatriotas, pero su campaña personal hizo resaltar el peligro y evidenció el conflicto. Aun así, Israel finalmente venció a los filisteos con suma dificultad. Podemos fechar la época de Sansón ca. 1070 a.C., o sea en la época de Jefté, que se ocupó de la amenaza amonita (cf. Jue. 10.7), y unos 20 años antes de la doble derrota de Israel en Afec (1 S. 4.1–11), en el período de desembozada agresión filistea.

II. Historia personal

a. Sansón fue hijo de Manoa, cuya esposa, al igual que Sara, Ana y Elisabet, era estéril. Su nacimiento, como los de Isaac y Juan el Bautista, fue anunciado por un ángel (Jue. 13.3). Estaba destinado a ser *nazareo (heb. nāzı̂r; ‘separado’ o ‘consagrado’) desde su nacimiento. Generalmente el voto nazareo se hacía voluntariamente por un período limitado (Nm. 6.1–21). Sansón tomó en serio sólo una de las estipulaciones que requería el voto nazareo, la de su cabello. A menudo entraba en contacto con cadáveres (p. ej. 14.8s), y es poco probable que se haya abstenido de beber bebidas alcohólicas.

Los padres de Sanson vivían en Zora, en la frontera entre Dan y Judá, en la Sefela, unos 22 km al O de Jerusalén.

b. El primer amor de Sansón (14.1–15.8). Al ver a una mujer filistea en Timna, 6 km al SO de Zora, exigio que sus padres arreglaran el matrimonio, a pesar de la oposición de los mismos. Era natural que se sintieran afectados porque su hijo había buscado una mujer fuera de la comunidad del pacto. En la fiesta de bodas utilizó un acertijo para probar a los treinta jóvenes, que aparecen más como protección contra Sansón que como invitados (14.11). Presionaron a la novia de Sansón para que consiguiera la respuesta, a raíz de lo cual este, enfurecido, mató a treinta filisteos en Ascalón para pagar la deuda, y luego partió (14.13–1.9). Para no caer en desgracia, su desposada fue dada a su “compañero” (14.20). Este tipo de matrimonio no envolvía la cohabitación, pero cuando Sansón volvió a principios del verano con el presente que se acostumbraba dar en tal tipo de relación (15.1), se le negó entrada. Se vengó capturando trescientas “zorras”, probablemente chacales, que a diferencia de los zorros no son solitarios y son más fáciles de atrapar; ató teas a sus colas y las soltó (15.2–5). La pérdida ocasionada debe haber sido considerable en época de cosecha. Los filisteos, a su vez, tomaron una venganza igualmente cruel contra la timnita y su familia (15.6). En una creciente escala de violencia, Sansón se desquitó matando a los filisteos culpables de este acto (15.7s).

c. El intento de capturar a Sansón en Lehi (15.9–20). Cuando buscó refugio en la roca de Etam, Sansón fue prendido por 3.000 hombres de Judá, que estaban resentidos porque había turbado su pacífica coexistencia con los filisteos (15.9–13). Su anormal fortaleza le permitió liberarse y atacar a los sorprendidos filisteos con la quijada de un asno, arma formidable en manos de un hombre resuelto (15.14–17). Debilitado por la sed después de su espectacular éxito, Dios satisfizo mílagrosamente su necesidad (15.18s). El vv. 20, con su declaración formal de la investidura de juez de Sansón probablemente marca el fin de una etapa de su vida.

d. Su caída y muerte (16.1–31). El descontrolado deseo sexual de Sansón, que a menudo lo obligaba a relacionarse con prostitutas extranjeras, finalmente lo llevó a la ruina. En Gaza recibió una advertencia sobre su vulnerabilidad en tales circunstancias, pero su fuerza poco común le permitió escapar (16.1–3). Gaza, la más meridional de las cinco ciudades filisteas, se encontraba a 60 km de Hebrón, pero la narración puede indicar que Sansón llevó las puertas de la ciudad hasta un cerro que se encontraba en la dirección general de Hebrón.

Después de esto Sansón se enamoró de Dalila, cuyo lugar de residencia en el valle de Sorec estaba justamente por debajo de Zora (16.4). Ella colaboró con los filisteos, y con fría tenacidad logró que Sansón le confesara el secreto de su fuerza (16.5–20). Ciego y humillado, fue paseado como objeto de burlas en un festival (16.21–27). Por primera vez vemos un acto religioso de parte de Sansón, y en respuesta a su plegaria, junto con el hecho de que los filisteos se habían descuidado y habían permitido que su cabello creciera nuevamente, Sansón pudo demoler el templo, probablemente sobrecargado, matándose a sí mismo y a más filisteos de los que había eliminado en toda su vida (16.28–31). Como los filisteos formaban una clase gobernante impuesta a la población nativa, el efecto de esta matanza tiene que haber sido considerable.

e. Problemas morales que plantean los relatos de Sansón. La mayor parte de los jueces tuvo fallas morales y religiosas, pero estas se acentúan considerablemente en el caso de Sansón, cuya sensualidad, irresponsabilidad y falta de verdadero sentido religioso son evidentes. Y sin embargo lo vemos incluido en el catálogo de los héroes de la fe (He. 11.32). Lo que nos deja particularmente perplejos es que una persona de ese carácter haya estado dotado del Espíritu de Dios. Una clave de la significación de los cap(s). 13–16 es la ausencia de comentarios religiosamente motivados que abundan en otras partes del libro de Jueces, como si el redactor hubiera encontrado innecesario agregar más comentarios al respecto, ya que la narración en sí es un elocuente testimonio del bajo nivel moral de la época. Debemos distinguir entre el nivel de apreciación del israelita contemporáneo término medio, que aprobaría sin reservas las derrotas de los odiados filisteos, y el de los hombres de Dios que finalmente recolectaron las tradiciones israelitas; estos últimos sin duda habrán notado las fallas de Sansón. Tampoco debemos proyectar retrospectivamente la clara relación neotestamentaria entre la guía del Espíritu y la santidad—la unción carismática veterotestamentaria no necesariamente traía como consecuencia una vida pura—. Dios podía utilizar a una persona independientemente de su calidad de vida. Entre sus improbables instrumentos tenemos a Balaam (Nm. 22–24), Nabucodonosor (Jer. 25.9; 27.6; 43.10) y Ciro (Is. 44.28; 45.1–4). Podemos cuestionar el uso de un agente como Sansón, y sentirnos molestos por los detalles de esta narración bíblica, pero Dios es soberano, y utilizó a Sansón en la “época oscurantista” de los jueces para cumplir un papel solitario pero vital.

Bibliografía. °F. F. Bruce, “Jueces”, °NCBR, pp. 198–215; R. de Vaux, Historia antigua de Israel, 1975, t(t). II, pp. 261ss; S. Schultz, Habla el Antiguo Testamento, 1976, pp. 101ss; G. Auzou, La fuerza del Espíritu, 1968.

F. F. Bruce, “Judges”, °NCBR, 1970, pp. 269–272 [en cast. °NCBR]; R. G. Boling, Judges, AB, 1975, pp. 217–253; A. E. Cundall y L. Morris, Judges and Ruth, TOTC, 1968, pp. 153–181; J. Gray, Joshua, Judges and Ruth, CB, 1967, pp. 342–362; J. D. Martin, The Book of Judges, CBC, 1975, pp. 153–181; J. C. Moyer, “Samson”, ZPEB, 5, pp. 249–252.

A.E.C.

Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades Bíblicas Unidas.

Fuente: Nuevo Diccionario Bíblico

Sansón venciendo al león, s. XVI (Deriva de la palabra hebrea que significa «sol»).

El último y más famoso de los Jueces de Israel. La narración de la vida de Sansón y sus proezas está contenida en los capítulos xiii-xvi del libro de los Jueces. Después de la liberación efectuada por Jefté, los israelitas vuelven de nuevo a sus malos caminos y fueron entregados a los filisteos durante cuarenta años. Un ángel del Señor en forma de hombre se aparece a la estéril esposa de Manué, de la tribu de Dan, y le promete que dará a luz un hijo qué liberará a Israel de la opresión de los filisteos. Prescribe abstinencia, tanto a la madre como al hijo, de vino o licor y de alimentos impuros, y que la navaja no tocará la cabeza del niño, «pues será un nazareo de Dios». Llevando un mensaje similar, de nuevo el ángel se aparece a Manué, así como a su mujer, y solo descubren su naturaleza celestial cuando desaparece en el fuego de un holocausto. El niño nace de acuerdo con la predicción y recibe el nombre de Sansón, y la narración nos informa de que «el espíritu del Señor» estaba con él desde su juventud. De una forma bastante extraña este espíritu lo impulsa, a pesar de la oposición de sus padres, a escoger una mujer de entre los filisteos, que no creían en el Señor (Jueces, xiv, 1-4). En una visita a Timna, la población de la mujer que le gusta, Sansón da la primera evidencia de su fuerza sobrehumana, matando un león sin otras armas que sus manos. Volviendo de nuevo vio que un enjambre de abejas se había instalado en el esqueleto del león. Comió de la miel y, con motivo del incidente, propuso la famosa adivinanza a los treinta invitados palestinos a las fiestas de boda: «Del que come salió alimento y del fuerte la dulzura.» Ante su incapacidad para encontrar la respuesta en el plazo de los siete días de la fiesta, los invitados inducen a la mujer de Sansón a que le persuada de que se la revele a ella, y que tan pronto como la haya conseguido se la comunique a ellos. Sansón, sin embargo, en orden a proveer los treinta vestidos prometidos en la apuesta, baja a Ascalón en «el espíritu del Señor» y mata treinta filisteos, cuyos vestidos da a los invitados, que han dado la respuesta a la adivinanza. Encolerizado, vuelve a casa de su padre, y su prometida escoge uno de sus compañeros de boda como marido..

Vuelve más tarde a reclamarla y es informado por su padre de que ha sido dada a uno de los compañeros de la boda, pero que en su lugar puede tomar a su hermana más joven, que es más hermosa. Sansón declina la oferta y, apresando trescientos zorros, los empareja cola con cola, y atando antorchas entre las colas, los suelta para incendiar las mieses de los filisteos, que son así destruidas junto con sus viñedos y olivares. Los filisteos se vengan quemando a su mujer y al padre de ésta, y entonces Sansón hace una «gran carnicería con ellos» y luego se retira a morar en la caverna de Etam, en la tribu de Judá. Tres mil filisteos lo persiguen y establecen sus campamentos en Leji. La gente de Judá, alarmada, culpa a Sansón de la invasión y lo entrega atado al enemigo. Pero entonces el espíritu del Señor viene sobre él; quema sus ataduras y mata mil filisteos con la quijada de un asno. Muerto de sed después de esta hazaña, revive por una fuente de agua que el Señor hace fluir de la quijada. Más tarde, mientras Sansón está con una prostituta en Gaza, los filisteos se concentran junto a la puerta de la ciudad para apresarlo por la mañana, pero él, levantándose a medianoche, toma la puerta, con las jambas, y la lleva a la cima de una montaña en dirección a Hebrón. Posteriormente se enamora de una mujer llamada Dalila, del valle de Sorec, la cual es sobornada por los filisteos para que lo entregue en sus manos. Después de engañarla tres veces acerca de la fuente de su fuerza, finalmente se rinde a sus ruegos y confiesa que su poder se debe al hecho de que su cabeza nunca ha sido rapada. La amante pérfidamente rapa sus cabellos y cae indefenso en manos de los filisteos, que le sacan los ojos y lo encierran en prisión. Más tarde, después de que sus cabellos han crecido de nuevo, lo sacan fuera con ocasión de la fiesta del dios Dagón, y así exhibirlo para diversión de la gente. Los espectadores, entre los cuales se encuentran los príncipes de los filisteos, en número mayor de tres mil, se congregan en un gran edificio que principalmente es sostenido por dos pilares. Éstos son alcanzados por el héroe, cuya fuerza ha retornado; los derriba, haciendo que el edificio se derrumbe, y muere él junto con todos los filisteos.

A causa de ciertas resemblanzas, algunos estudiosos han afirmado que la narración bíblica de la historia y hazañas de Sansón no es sino una versión hebrea del mito pagano de Hercules. Este punto de vista, sin embargo, es nada más que una conjetura superficial, carente de pruebas serias. Todavía menos aceptable es la opinión que ve en la narración bíblica meramente el desarrollo de un mito solar, que lleva un poco más lejos la admitida, pero sin consecuencias, derivación del nombre Sansón del semita «sun». Ambas interpretaciones son rechazadas por estudiosos tan eminentes e independientes como Moore y Budde. La historia de Sansón, como otras partes del libro de los Jueces, deriva sin duda de fuentes de antiguas leyendas nacionales. Tiene una aportación tanto ética como religiosa, e históricamente arroja no poca luz sobre las costumbres y maneras de los crudos tiempos a los que pertenece.

LAGRANGE, Le Livre des Juges (Paris, 1903); MOORE, The Book of Judges in The International Critical Commentary (1895); VIGOUROUX, Dict. de la Bible, s.v.

JAMES F. DRISCOLL
Transcripción de Thomas M. Barrett
Dedicado al respeto a la vida desde el nacimiento natural hasta la muerte natural.
Traducido por Antonio Ramírez Climent

Fuente: Enciclopedia Católica