MANA

v. Pan
Exo 16:35 comieron los .. de Israel m 40 años
Num 11:7 y era el m como semilla de culantro
Deu 8:3 hizo tener hambre, y te sustentó con m
Jos 5:12 el m cesó el día siguiente, desde que
Neh 9:20 no retiraste tu m de su boca, y agua
Psa 78:24 hizo llover sobre ellos m para que
Joh 6:31 nuestros padres comieron el m en el
Heb 9:4 estaba una urna de oro que contenía el m
Rev 2:17 al que venciere, daré a comer del m


Maná (heb. mân y aram. mannâ’ [del can. manna y el am. mana, que significan «¿qué?»]; gr. mánna, «granito», «gránulo»). La frase «¿Qué es esto?» (Exo 16:15) está apovada por las palabras siguientes: «Porque no sabí­an qué era». Probablemente de esta pregunta original se derivó el nombre mân (v 31). Alimento que Dios proveyó milagrosamente para los israelitas durante su peregrinación por el desierto. Por la mañana temprano aparecí­a sobre el suelo «una cosa menuda, redonda, menuda como una escarcha sobre la tierra», y con gusto a «hojuelas con miel» y a «aceite nuevo» (Exo 16:14, 31; Num 11:8). El maná sirvió para probar a la nación hebrea (Exo 16:4) acerca de su fe en Dios y su obediencia. La 1a prueba contení­a instrucciones de que cada persona debí­a recoger un gomer, cerca de 2 litros, cada dí­a (v 16), y no dejar nada para el dí­a siguiente (vs 4, 18, 19). Al obedecer, los israelitas manifestaban su fe de que Dios les darí­a de nuevo al otro dí­a. Algunos desobedecieron, y el maná guardado se echó a perder (v 20). La 2a prueba tuvo que ver con el sábado (vs 5, 22). Se instruyó a los hebreos a recoger el doble el 6° dí­a, lo suficiente para ese dí­a y para el sábado (vs 5, 22), porque en este dí­a no se encontrarí­a nada en los campos (v 26). La obediencia a este mandato mostrarí­a su fe de que Dios milagrosamente conservarí­a el maná para el sábado, lo que efectivamente hizo (v 24). Algunos salieron a buscar maná el sábado, pero no encontraron nada (v 27). El maná alimentó milagrosamente a los israelitas hasta que entraron en Canaán (Exo 16:35; Jos 5:12). El hecho de que hubiese maná 6 dí­as de la semana y no se lo encontrara el sábado, señalaba cuál era el verdadero dí­a de reposo. Moisés recibió instrucciones de guardar una vasija con maná para las generaciones futuras (Exo 16:32-35); se lo conservó en un vaso de oro dentro del arca (Heb 9:4). Desde tiempos de Josefo el maná bí­blico ha sido asociado con las secreciones granulares y dulces de los arbustos de tamarisco de los valles del Sinaí­ (en la actualidad se sostiene la idea de que tal secreción se debe a la acción del insecto Trabutina mannipara). Este producto, cuyo tamaño varí­a desde el de la cabeza de un alfiler hasta el de una arveja, también ha sido llamado maná por los monjes que vivieron en Sinaí­ como ermitaños desde los primeros siglos de la era cristiana. Sin embargo, este «maná» del tamarisco no puede ser el maná del éxodo por las siguientes razones: aparece sólo de 3 a 6 semanas por año, y en cantidades tan pequeñas que requiere el trabajo de un hombre un dí­a entero para reunir unos 250 gr. El maná bí­blico, por otra parte, estuvo disponible durante 40 años todos los dí­as, excepto los sábados semanales, y dejó de aparecer cuando los israelitas entraron en la tierra prometida. Además, caí­a en cantidades lo suficientemente grandes como para alimentar a todo Israel el tiempo de su peregrinación por el desierto. El maná bí­blico fue un alimento provisto milagrosamente. Como muchos otros prodigios, éste desafí­a una explicación racional. Bib.: FJ-AJ iii.1.6; Bodenheimer, BA 10 (1947):2-6. Maná, Planta del. Véase Maná. Manada. Traducción del: 1. Heb. ‘êder (Gen 32:16, 19; 1Sa 17:34), «hato», «rebaño», «manada», generalmente referido a ovejas. 2. Heb. tsôneh (Job 21:11; Psa 65:13; Eze 43:23), «rebaño», «manada», generalmente referido a ovejas y cabras. 3. Gr. póimnion, «manada», «rebaño» (usado en Luk 12:32 y otros pasajes en forma figurada para los discí­pulos de Cristo).

Fuente: Diccionario Bíblico Evangélico

nombre derivado del hebreo ¿man hû†™?, ¿qué es esto?, pregunta que los israelitas hicieron cuando el m. cayó en el desierto, Ex 16, 15. De maná se alimentó el pueblo de Israel durante la travesí­a por el desierto, †œpan del cielo†, Ex 16, 4. El m. caí­a todos los dí­as, menos el sábado, de descanso, por lo que la ví­spera se recogí­a el doble, Ex 16, 29. El m. era blanco, como semilla decilantro, y el sabor era como el de la torta de miel; se cocí­a, se asaba, se molí­a para hacer tortas, Nm 11, 7-9. De esto se alimentaron los israelitas hasta llegar a la tierra de Canaán, donde ya se alimentaron de los frutos de esta tierra, Jos 5, 12. En memoria de este milagro en el desierto, se guardó en el Arca un ómer lleno de m., Ex 16, 33-34, del cual no se habla cuando el traslado del Arca al Templo, 1 R 8, 9.

Son muchas las alusiones al m. en las Escrituras así­ como el uso simbólico del término en el N. T. †œTrigo del cielo†, lo llama el salmista, Sal 78 (77), 24; 105 (104), 40; expresión que retoma Juan en su Evangelio, Jn 6, 31; †œpan de ángeles†, también lo llama en el mismo Salmo, versí­culo 25; igualmente en Sb 16, 20. El m. es el pan de vida, el alimento del Reino celestial, Jn 6, 31-49; Ap 2, 17; sí­mbolo de la Eucaristí­a.

Diccionario Bí­blico Digital, Grupo C Service & Design Ltda., Colombia, 2003

Fuente: Diccionario Bíblico Digital

(heb., man; gr., manna). Una comida especial provista para los hebreos durante el éxodo de Egipto. La palabra heb. man es en realidad una pregunta y como prefijo de hu serí­a ¿Qué es ésto? Por el otro lado, puede ser una adaptación del egipcio mennu, comida. Josefo y otros autores antiguos atribuyen el nombre a la pregunta ¿Es comida?, que queda bien en el contexto del desierto. Vení­a de noche (Num 11:9). Era blanco, de sabor delicioso, y se parecí­a a la semilla de cilantro, una planta del área este del Mediterráneo que era tanto sabrosa como nutritiva (Exo 16:31). Que vino de modo milagroso se demuestra en su naturaleza, su hora de llegada y que duraba hasta el sábado (Exo 16:20-26; Deu 8:3).

Tan pronto como hubo otra comida, el maná cesó (Jos 5:12). Lo llamaban trigo del cielo (Psa 78:24), pan del cielo (Psa 105:40), y pan de ángeles (2 Ezr 2:1; Wis 16:20). Jesús al referirse a sí­ mismo, lo utilizó como metáfora (Joh 6:31-58).

Fuente: Diccionario Bíblico Mundo Hispano

Alimento semejante a la helada blanca, provisto milagrosamente por Dios en el desierto a diario, Num 11:9, Exo 16:14-36.

Jesús nos dice que era el tipo de la Eucaristí­a, de la Sagrada Hostia, donde Jesús es el verdadero «pan de vida»: (Jua 6:30-35, Jua 6:48-58); Jesús es el «pan nuestro de cada dí­a» de Mat 6:11.

Diccionario Bí­blico Cristiano
Dr. J. Dominguez

http://biblia.com/diccionario/

Fuente: Diccionario Bíblico Cristiano

Alimento provisto por Dios a los israelitas durante su peregrinación por el desierto. El nombre surgió de la interrogación que se hicieron los israelitas al verlo por primera vez: †œ¿Qué es esto?†. (Del heb. ¿man hu? [Exo 16:15, Exo 16:31]). Referido como †œpan del cielo† (Exo 16:4), aparecí­a todos los dí­as, menos el sábado, temprano en la mañana, después del rocí­o †œsobre la faz del desierto una cosa menuda, redonda, menuda como una escarcha sobre la tierra…. luego que el sol calentaba, se derretí­a† (Exo 16:14, Exo 16:21). †œEra como semilla de culantro, blanco, y su sabor como de hojuelas con miel† (Exo 16:31). Podí­a ser cocido y cocinado (Exo 16:23). El mandamiento era que cada israelita recogiera †œun gomer por cabeza†, y debí­an consumirlo en veinticuatro horas porque después se dañaba con gusanos. El dí­a sexto, sin embargo, tomaban para dos dí­as y no se dañaba. Moisés ordenó que se guardara una porción de m. en el arca (Exo 16:33). Este alimento les llegó durante †œcuarenta años, hasta que llegaron a tierra habitada† (Exo 16:35). Se han hecho muchos esfuerzos para identificar el maná con algunos procesos naturales conocidos que tienen lugar en el desierto de Sinaí­, pero todas las proposiciones al respecto fallan en muchos sentidos, especialmente en explicar cómo el fenómeno duró cuarenta años y sirvió para una comunidad tan grande como el pueblo de Israel en aquella época. Ante la afirmación que le hicieron a Jesús los judí­os de que sus †œpadres comieron el m. en el desierto† como †œpan del cielo†, el Señor Jesucristo les contestó que el †œPadre os da el verdadero pan del cielo…. es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo†. Al pedir ellos que les diera siempre ese pan, contestó: †œYo soy el pan de vida† (Jua 6:31-35).

Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano

tip, TIPO MILA ALIM

vet, (gr. «manna», heb. «mãn»). La expresión heb. «mãn hû» significa: «¿Qué es esto?» (Ex. 16:15), pregunta de dónde proviene el nombre de la sustancia. El maná fue el principal alimento de los israelitas durante los cuarenta años de peregrinación por el desierto. Los israelitas lo conocieron por primera vez en el desierto de Sin, cuando se quejaron de falta de alimento. El descenso del maná se compara con una lluvia de pan celestial (Ex. 16:1-4, 12; Sal. 78:24; 105:40). Por la mañana, cuando se disipó el rocí­o, quedaron pequeños granos en el suelo, parecidos a la escarcha. Los hijos de Israel, no sabiendo de qué se trataba, preguntaron: «¿Mãn hû?» Moisés les dijo: «Es el pan que Jehová os da para comer» (Ex. 16:13-15; Nm. 11:9). El maná recordaba la semilla del culantro blanco; era blanco, y tení­a un sabor como de hojuelas con miel o de aceite fino (Ex. 16:31); la gente lo molí­a en molinos o lo majaba en morteros, cociéndolo o haciendo tortas (Nm. 11:7-8). Moisés ordenó a los israelitas, de parte del Señor, que recogieran cada mañana un gomer por persona (entre 3,5 y 4 l.), y que no guardaran nada para el dí­a siguiente. Los gusanos atacaron el maná de los desobedientes. El dí­a sexto, el Señor envió dos gomers de maná por persona; no hubo nada en sábado (Ex. 16:22-30). Aarón conservó un gomer de maná, evidentemente incorruptible, para que sus sucesores después de él lo fueran guardando para generaciones sucesivas, para que vieran el alimento de sus antecesores en el desierto (Ex. 16:32-34). Un año después de la primera aparición del maná, en la misma época, se especí­fica que el pueblo seguí­a recibiendo este pan del cielo, que siguió cayendo hasta el final de los 40 años en el desierto. Los israelitas menospreciaron esta bendición (Nm. 11:4-9; 21:5), a pesar de lo cual Dios no les privó de él (Ex. 16:35; Dt. 8:3, 16; Neh. 9:20; Sal. 78:24). El maná no cesó hasta el dí­a después de la Pascua celebrada en Gilgal, tras haber atravesado Canaán, y después de que el pueblo hubo comido del fruto de la tierra (Jos. 5:10-12). Se ha planteado frecuentemente la cuestión de si el maná era un producto creado especialmente para socorrer a los israelitas, o si se trataba de una sustancia natural, multiplicada de una manera milagrosa. Hay diversas plantas que exudan una especie de sustancia análoga al maná, de manera espontánea, o bien debido a la picadura de un insecto. Este es el caso del «Tamarix nainnifera» (variedad del «Tamarix gallica»), y que crece en la pení­nsula del Sinaí­; esta planta es picada por un hemí­ptero, «Chermes», o «Coccus manniparus». El producto, de un color amarillento, se vuelve blanco al caer sobre las piedras y quedar al sol; se encuentra durante 6 a 10 semanas, sobre todo en junio. El «Alhagi maurorum» y el «Alhagi desertorum» exudan asimismo una especie de escarcha, y hay también más plantas de este género. Su producto es usado como miel y mantequilla por los árabes; tomado en dosis más fuertes, tiene efectos purgantes. Es evidente, sin embargo, que todas estas sustancias no tienen las caracterí­sticas del maná. El maná fue producido milagrosamente, en cantidad suficiente para toda una nación; esta cantidad era doblada al sexto dí­a y no aparecí­a en el séptimo; dejó de existir cuando dejó de ser necesaria. Sentido tipológico. Cristo compara el maná con el Pan viviente descendido del cielo. En tanto que el maná nutrí­a el cuerpo por un poco de tiempo, Jesús, el verdadero pan de vida, ofrece su carne y su sangre como alimento y salvación eterna de nuestras almas (Jn. 6:31-35, 45-48). Todo israelita tení­a que buscar el maná cada dí­a, por la mañana, en cantidad suficiente, tomándose simplemente el trabajo de recoger este don de lo Alto. De la misma manera, cada creyente busca en Cristo su alimento, cada dí­a antes de toda otra actividad, a fin de quedar plenamente provisto, apropiándose por la fe del don celestial. El que venza recibirá hasta en el cielo este maná espiritual y escondido (Ap. 2:17), por cuanto Cristo será nuestro Pan vivo hasta la eternidad.

Fuente: Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado

[011]

Producto, natural o sobrenatural, con el que Dios alimentó a los israelitas en el desierto (Ex. 16. 4-35). El nombre ingenuamente se atribuye a la interrogación del pueblo: «¿qué es?». En hebreo sonaba a «man-hu» (mana) (Ex. 16.15).

Al margen de los aspectos literarios y a los múltiples intentos de explicarlo con interpretaciones naturales (productos de plantas del desierto como el tamarisco), o escarchas mezcladas con otros productos caseros, etc.), lo que hay detrás del hecho es la simbologí­a de una protección divina hecha comida.

En la Escritura se denomina a este maná «pan del cielo» (Salm. 140.5), «trigo del cielo» (Salm 78.24), «pan de los ángeles» (Salm, 78.25). Y se dice que se cogí­a todos los dí­as, salvo los sábados, que era blanco y sabí­a a miel, que se podí­a moler y convertir en tortas, que se corrompí­a si se dejaba para el dí­a siguiente.

Pedro Chico González, Diccionario de Catequesis y Pedagogí­a Religiosa, Editorial Bruño, Lima, Perú 2006

Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagogía Religiosa

Comida misteriosa y providencial con que se alimentaron los israelitas en el desierto; un alimento que llueve de lo alto, del cielo (Ex 16,4); por eso es «pan del cielo» (Sal 105,40; Neh 9,15), «trigo de los cielos» (Sal 78,24), «pan de los ángeles» (Sal 78,25; Sab 16,20). San Juan ve en el maná un sentido tipológico del pan de vida que da Jesucristo (Jn 6,22-51); las expresiones de San Juan, «pan del cielo» (Jn 6,32), «pan de Dios» (Jn 6,33), «pan de vida» (Jn 6,35), «pan vivo» (Jn 6,51), son un fruto literario de las anteriores expresiones bí­blicas veterotestamentarias. La razón fundamental y el fin último del milagro del maná fue la de mantener en la vida material al pueblo inexhausto; pero al propio tiempo entrañaba un sentido más alto: el de hacer comprender a los hebreos que «no sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que procede de la boca de Dios» (Dt 8,3; Mt 4,1-4; Lc 4,1-4). >eucaristí­a.

E. M. N.

FERNANDEZ RAMOS, Felipe (Dir.), Diccionario de Jesús de Nazaret, Editorial Monte Carmelo, Burbos, 2001

Fuente: Diccionario de Jesús de Nazaret

(-> comida, eucaristí­a). Uno de los sí­mbolos más importantes de las tradiciones que hablan del paso por el desierto ha sido el maná, comida que el mismo Dios ofrecí­a a los hebreos cada dí­a (cf. Ex 16). En el fondo de ese sí­mbolo hay una antigua tradición que evoca una comida que podí­a conseguirse en ciertas zonas del desierto arábigo, procedente de las hojas de un arbusto (tamarix mannifera), que segregan un fluido (un tipo de resina) que se solidifica y resulta comestible.

(1) El relato del maná. Fundándose en ese dato y dándole un sentido religioso, los israelitas posteriores construyeron la tradición del maná, que Dios mismo les habrí­a dado cada noche, como lluvia o rocí­o del cielo, evocando con ello la experiencia de la cercaní­a y providencia de Dios en medio de las grandes pruebas de la tierra. «Toda la comunidad de los israelitas empezó a murmurar contra Moisés y Aarón en el desierto: ¡Ojalá hubiéramos muerto a manos de Yahvé en la tierra de Egipto cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne, cuando comí­amos pan hasta hartarnos! Vosotros nos habéis traí­do a este desierto para matar de hambre a toda esta asamblea. Yahvé dijo a Moisés: Mira, haré llover sobre vosotros pan del cielo; el pueblo saldrá a recoger cada dí­a la porción; así­ le pondré a prueba para ver si anda o no según mi ley. Pero el dí­a sexto, cuando preparen lo que hayan traí­do, la ración será doble que la de los demás dí­as (Ex 16,2-5)… Y por la mañana habí­a una capa de rocí­o en torno al campamento. Y al evaporarse la capa apareció sobre el suelo del desierto una cosa menuda, como granos, parecida a la escarcha de la tierra. Cuando los israelitas la vieron, se decí­an: ¿Qué es esto? Pues no sabí­an lo que era. Moisés les dijo: Este es el pan que Yahvé os da por alimento. Que cada uno recoja cuanto necesite para comer, un gomor [= medida] por cabeza, según el número de los miembros de vuestra familia; cada uno recogerá para la gente de su tienda. Así­ lo hicieron los israelitas; unos recogieron mucho y otros poco. Pero cuando lo midieron, ni los que recogieron mucho tení­an más, ni los que poco tení­an menos. Cada uno habí­a recogido lo necesario para su sustento. Moisés les dijo: Que nadie guarde nada para el dí­a siguiente. Pero no obedecieron y algunos guardaron para el dí­a siguiente; pero se llenó de gusanos y se pudrió…» (Ex 16,13-21). La etimologí­a popular de la palabra proviene de la pregunta de los israelitas: ¿qué es esto: man-hu? y señala de un modo espléndido el sentido de esta comida que se expresa siempre en forma de pregunta: maná (es decir, man-hu, ¿qué es esto?). Por encima de las protestas de aquellos que desconfí­an de Dios, viene a mostrarse la gracia de ese Dios que alimenta a su pueblo y responde a sus preguntas siempre abiertas.

(2) El maná, comida para hombres. Esta es la comida de cada dí­a, incluido el dí­a de descanso en que no puede recogerse (cf. Ex 16,19-26), comida que no se puede almacenar, ni convertir en un tipo de capital, porque se pierde, comida igual para cada uno, sin clases ni diferencias entre ricos y pobres, comida como don del cielo, en la lí­nea que Jesús evocará en el Padrenuestro (¡el pan nuestro de cada dí­a…! Mt 6,11). Este signo del maná pone de relieve el «milagro» de la providencia de Dios, que ha mantenido la vida de los israelitas no sólo en los caminos del desierto, sino a lo largo de su dura historia de persecuciones y crisis. Este es un pan regalado, no impuesto. Por eso se opone al pan del Diablo de las tentaciones que dice a Jesús «que convierta las piedras en pan»; pues bien, Jesús responde con las mismas palabras que provienen de la tradición del maná: «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que brota de la boca de Dios» (Mt 4,1-4; Dt 8,3). Frente al pan de Egipto, que es abundancia capitalista (que oprimí­a a los hebreos), el Deuteronomio presenta así­ el pan de Dios, que define la identidad israelita. Es pan regalado, don gozoso que viene de Dios (de su creación). Es pan universal que iguala a todas las familias y personas, ricos y pobres, sin que se pueda amontonar (como el trigo de Egipto). Es pan de cada dí­a, pan sagrado, que sirve para marcar el ritmo sabático. Es normal que Dt 8,1-20 lo recuerde como alimento de la gran prueba de Dios, pues no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que brota de la boda de Dios (Mt 4,4; cf. Dt 8,3). Desde esta base ha elaborado Jn 6 su visión de la eucaristí­a cristiana, verdadero maná, pan de Dios, vida rnesiánica que Jesús ofrece a los hombres (cf. Jn 6,2635). Frente a los idolocitos*, comida de la Bestia y Prostituta, ofrece Jesús a los fieles de Pérgamo (Ap 2,17) el maná, comida gratuita y compartida de los participantes de este nuevo Exodo cristiano. Al final (Ap 21-22) no se necesita ni maná: como alimento para todos se eleva a la vera del agua el árbol de la vida (22,2).

PIKAZA, Javier, Diccionario de la Biblia. Historia y Palabra, Verbo Divino, Navarra 2007

Fuente: Diccionario de la Biblia Historia y Palabra

Alimento principal de los israelitas durante los cuarenta años que vagaron por el desierto. (Ex 16:35.) Jehová proveyó el maná por primera vez en el desierto de Sin, durante la última mitad del segundo mes después de la salida de Israel de Egipto en el año 1513 a. E.C. (Ex 16:1-4.) Les sirvió de alimento hasta que entraron en Canaán, en el año 1473 a. E.C., y comieron del producto de la Tierra Prometida. (Jos 5:10-12.)
El maná aparecí­a sobre el suelo al evaporarse la capa de rocí­o que se formaba por la mañana, de manera que †œsobre la superficie del desierto habí­a una cosa fina, hojaldrada, fina como la escarcha sobre la tierra†. Cuando los israelitas la vieron por primera vez, dijeron: †œ¿Qué es?†, o, literalmente, †œ¿man hu†™?†. (Ex 16:13-15; Nú 11:9.) Probablemente sea este el origen del nombre, pues los israelitas mismos empezaron a llamar a este alimento †œmanᆝ. (Ex 16:31.)

Descripción. El maná era †œblanco como la semilla de cilantro† y tení­a el †œaspecto† del bedelio, una sustancia transparente, similar a la cera, con una forma parecida a la de una perla. Su sabor era comparable al de †œtortas aplastadas con miel† o †œuna torta dulce aceitada†. Después de molerse en un molino de mano o machacarse en un mortero, se herví­a, o bien se hací­an con él tortas y se horneaba. (Ex 16:23, 31; Nú 11:7, 8.)
No hay ninguna sustancia natural conocida hoy en dí­a que encaje en todo respecto con la descripción bí­blica del maná, por lo que hay poca base para identificarlo con algún producto conocido. Esto se debe especialmente al aspecto milagroso implicado en la provisión divina del maná. La disponibilidad del maná no dependí­a de la época del año o de una ubicación particular en el desierto. Aunque criaba gusanos y empezaba a heder al dí­a siguiente si se guardaba durante la noche, el omer adicional de maná que se recogí­a el sexto dí­a para comerlo el sábado no se estropeaba. Los sábados no se formaba maná, lo que sirvió para que los israelitas respetaran la observancia del sábado. (Ex 16:19-30.)
Probablemente el cabeza de familia supervisaba la recogida del maná para la entera casa o lo hací­a él mismo. Puesto que se derretí­a cuando calentaba el Sol, debí­a darse prisa en recoger el suministro aproximado que se necesitaba para la casa; después lo medí­a. Tanto si recogí­a mucho como si recogí­a poco, dependiendo del tamaño de la familia, la cantidad recogida era siempre un omer (2,2 l.) por persona. (Ex 16:16-18.) El apóstol Pablo aludió a este hecho cuando estimuló a los cristianos de Corinto a usar sus excedentes materiales para cubrir la deficiencia material de sus hermanos. (2Co 8:13-15.)

Propósito. Jehová dejó que los israelitas padeciesen hambre en el desierto y luego les proveyó el maná para enseñarles †œque no solo de pan vive el hombre, sino que de toda expresión de la boca de Jehová vive el hombre†. Hizo esto †˜a fin de humillarlos y ponerlos a prueba a fin de hacer el bien para ellos en sus dí­as posteriores†™. (Dt 8:3, 16.) Cuando los israelitas se cansaron del maná y se pusieron a llamarlo †œpan despreciable†, Jehová castigó su rebelión enviando serpientes venenosas que causaron la muerte de muchos. (Nú 21:5, 6.)
El salmista llamó al maná †œel grano del cielo† (Sl 78:24), †œpan del cielo† (Sl 105:40) y †œel pan mismo de poderosos† (Sl 78:25). Se dice que los ángeles son †œpoderosos en potencia† (Sl 103:20), de modo que podí­a llamárseles †œpoderosos†. Sin embargo, con estas palabras no se quiere decir que los ángeles coman maná, sino que Dios puede haber usado medios angélicos para proveerlo a los israelitas. (Compárese con Gál 3:19.) También puede ser que puesto que el cielo es la morada de los †œpoderosos†, la expresión †œpan mismo de poderosos† simplemente señale a su origen celestial.
A fin de que las generaciones futuras pudiesen ver el maná, Aarón tuvo que depositar delante de Jehová una vasija que contuviese un omer (2,2 l.) de maná. Cuando se terminó el arca del pacto, se puso dentro de esta arca sagrada una †œjarra de oro†. (Ex 16:32-34; Heb 9:4.) Sin embargo, unos cinco siglos más tarde, cuando el Arca se trasladó de la tienda que David habí­a erigido para ella al templo que Salomón habí­a edificado, la jarra de oro habí­a desaparecido. (2Sa 6:17; 1Re 8:9; 2Cr 5:10.) Habí­a cumplido su propósito.

Uso simbólico. Aunque el maná fue una provisión divina (Ne 9:20), no sostuvo la vida de los israelitas para siempre. Jesucristo recalcó este hecho, y luego añadió: †œYo soy el pan vivo que bajó del cielo; si alguien come de este pan vivirá para siempre; y, de hecho, el pan que yo daré es mi carne a favor de la vida del mundo†. (Jn 6:30-33, 48-51, 58.) Los fieles seguidores de Cristo se valen de este maná celestial o †œpan de la vida†. Lo hacen de manera figurada al ejercer fe en el poder redentor de la carne y de la sangre que Jesús ofreció en sacrificio. Esto coloca ante ellos la perspectiva de vivir para siempre, ya sea en el cielo con Cristo o en un paraí­so terrestre.
Cristo también se refirió simbólicamente a la jarra de maná cuando aseguró a sus seguidores ungidos con espí­ritu que los que vencieran recibirí­an el †œmaná escondido†, es decir, un suministro de alimento imperecedero o lo que este consigue, en su caso: inmortalidad e incorruptibilidad en los cielos. (Rev 2:17; 1Co 15:53.)

Fuente: Diccionario de la Biblia

manna (mavnna, 3131), el alimento provisto sobrenaturalmente a Israel durante su peregrinación por el desierto (para detalles, consultar Exo_16 y Num_11). El equivalente hebreo se da en Exo 16:15 (RVR77, margen: «man-ha»). La traducción es: «¿Qué es esto?» Se lo describe en Psa 78:24,25 como «trigo de los cielos» y «pan de nobles» (RVR77: «pan de los fuertes»); en 1Co 10:3 recibe la apelación de «alimento espiritual». La vasija disp uesta para contenerlo como memorial para siempre era de oro (Heb 9:4, cf. Exo 16:33). El Señor se refiere al maná como tipo de sí­ mismo, el verdadero Pan del Cielo, impartiendo vida eterna y sustento a aquellos que por la fe participan espiritualmente de El (Joh 6:31-35). El «maná escondido» es prometido como una de las recompensas para el vencedor (Rev 2:17); es así­ sugerente de la excelencia moral de Cristo en su vida sobre la tierra, escondido de los ojos de los hombres, para quienes fue «despreciado y desechado»; el camino del vencedor es un reflejo de su vida. No debe identificarse ninguna de las sustancias naturales llamadas maná con el que Dios dio a Israel.¶

Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento

El maná es un alimento que dio Dios a Israel durante la marcha por el desierto (Jos 5,12); la interpretación de su nombre: «¿Qué es esto?» (Ex 16,15) subraya su carácter misterioso: en efecto, Dios quiere probar a su pueblo, aun dejándolo subsistir (16,4.28). Este don maravilloso suscitó en la tradición numerosos comentarios, de que dan testimonio los relatos del Pentateuco (Ex 16; Núm 11,4-9), los salmos y el libro de la Sabidurí­a (Sab 16,20-29); preparó también la revelación del verdadero pan del cielo, cuyo anuncio y figura es (Jn 6,31s).

1. El maná y la prueba del desierto. El pueblo incrédulo, ante la condición precaria en que se halla en el desierto, requiere a Dios intimándole que actúe: » ¿Está o no Yahveh entre nosotros?» (Ex 17,7); Dios le responde manifestando su gloria, entre otras cosas con el don del maná (16,7.10ss). El maná es a su vez una cuestión que Dios plantea a su pueblo para *educarlo poniéndolo a *prueba: «¿Vais a reconocer que yo soy vuestro Dios conformándoos con mis órdenes?» (cf. 16,4.28).

Al dar Dios a Israel este medio de subsistencia le significa, en efecto, con ello su *presencia eficaz (16,12); y este signo es tan expresivo que se deberá conservar su recuerdo colocando en el *arca un vaso de maná junto con las tablas de la ley (16, 32ss; cf. 25,21; Heb 9,4). Ahora bien, todo signo exige una respuesta; el don del maná va acompañado de prescripciones destinadas a probar la fe de Israel en el que lo da : hay que recogerlo cada dí­a sin reservar nada para el dí­a siguiente, excepto la ví­spera del sábado en que se recogerá para dos dí­as a fin de respetar el *reposo sabático; así­ el maná es para el pueblo el medio de mostrar su *obediencia y su *confianza en su palabra (Ex 16,16-30). Pero hay todaví­a más: los bizcochos de maná hervido, aun sin ser insí­pidos (Núm 11,8), tienen siempre el mismo sabor; Israel se cansa y murmura, desconociendo la prueba y su lección: en lugar de contar con los alimentos terrenales (11,4ss), el hombre debe apoyarse sobre todo en los que vienen del cielo, en el misterioso alimento, cuyo sí­mbolo es el maná: la *palabra de Dios (Dt 8,2s).

2. El maná y la espera escatológica. Israel, meditando su pasado delante de Dios en la oración, canta el beneficio del maná : «trigo y pan del cielo», «pan de los fuertes», pan de los ángeles que habitan el cielo (Sal 78,23ss; Sal 105,40; Neh 9,15). Los sabios, celebrando este don milagroso, imaginan las cualidades que debe tener un *alimento celeste, el que el Creador dará a sus hijos en el banquete escatológico; en este alimento, objeto de la espera de Israel, piensa el autor de la sabidurí­a en su comentario inspirado (midrás) del Exodo. El maná del futuro se acomodará al *gusto de cada uno y se adaptará a los *deseos de los hijos de Dios. Estos, gustándolo, gustarán todaví­a más la suavidad (*mansedumbre) del Creador que pone la creación al servicio de los que creen en él (Sab 16,20s.25s). El Apocalipsis habla de este mismo maná: se promete a aquellos cuya fe y testimonio los habrán hecho vencedores de Satán y del mundo (Ap 2,17; cf. Un 5,4s).

3. El maná y el verdadero pan de Dios. Cristo en el desierto confirma, viviéndola, la lección del AT: «el hombre no vive sólo de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mt 4,1-4 p; cf. Dt 8,3). Renueva esta enseñanza alimentando al pueblo de Dios con un *pan milagroso. Este pan que sacia al pueblo (Mt 14,20; 15,37 p; cf. Sal 78,29) suscita un entusiasmo que no tiene relación con la *fe que Jesús exige (Jn 6,14s); los discí­pulos no comprenden mejor que las turbas el sentido del don y del milagro; en cuanto a los incrédulos, fariseos y saduceos, piden en este momento «un signo venido del cielo» (Mt 16,1-4 p; cf. Jn 6,30s; Sal 78,24s).

Ahora bien, el verdadero pan «venido del cielo» no. es el maná, que dejaba morir, sino Jesús mismo (Jn6,32s) al que se recibe por la fe (6, 35-50): es su *carne, dada «por la *vida del mundo» (6,51-58). También Pablo ve este mismo «alimento espiritual» prefigurado por el maná del desierto (lCor 10,3s). Con todo derecho, pues, la liturgia eucarí­stica recurre a las imágenes bí­blicas relativas al maná. Participando del pan misterioso de la *comida eucarí­stica, siempre el mismo aparentemente, como el maná, el cristiano responde a un signo de Dios y testimonia su fe en su palabra bajada del cielo; por eso, desde ahora, se «alimenta. con, el pan de los ángeles, hecho pan de los viadores» (Lauda Sion), que satisface todas sus necesidades y responde a todos sus gustos, durante el nuevo *Exodo del pueblo de Dios; más aún, el creyente es ya vencedor en la lucha que debe sostener a lo largo de su viaje, pues se alimenta ya con el pan de Dios mismo y vive de su vida eterna (Jn 6,33.54.57s; Ap 2,17).

–> Desierto – Prueba – Eucaristí­a – Pan – Comida.

LEON-DUFOUR, Xavier, Vocabulario de Teologí­a Bí­blica, Herder, Barcelona, 2001

Fuente: Vocabulario de las Epístolas Paulinas

Sustancia que fue el principal alimento de los israelitas durante los cuarenta años que pasaron en el desierto (Ex. 16.35). Cuando Israel se quejó por falta de alimentos en el desierto de Sin, Dios les envió “pan del cielo” (Ex. 16.4; Sal. 78.23–24), provision que no cesó hasta que entraron en Canaán y comenzaron a comer los alimentos de esa tierra (Jos. 5.12), a pesar de sus quejas (Nm. 11.6; cf. Neh. 9.20). Los israelitas debían recoger un gomer durante cinco días, y el doble el sexto día para que les alcanzara para el día de reposo, ya que ese día no caía. Generalmente no duraba de un día para el otro, y criaba gusanos y hedía si se lo guardaba, pero el maná que debía guardarse para el día de reposo se preservaba cocinándolo u horneándolo con antelación (Ex. 16.4–5, 16–30). Se lo encontraba cada mañana después de haberse disipado el rocío, “una cosa menuda, redonda, menuda como la escarcha sobre la tierra”, “su color como color de bedelio”, y “como semillas de culantro, blanco, y su sabor como hojuela con miel”; se lo podía moler y utilizar para cocinar y hornear. El pueblo preguntó, “¿Que (heb. man) es esto?”, y lo llamó maná (man). Tales son los datos que nos proporcionan Ex. 16.14–15, 31; Nm. 11.7–9. Dios ordenó a Aarón que preservara un gomer de maná como testimonio para las generaciones venideras (Ex. 16.33–34; He. 9.4).

Muchos han especulado sobre la naturaleza exacta de este maná, y se conocen varios paralelos parciales. Hasta el día de hoy en Sinaí ciertos insectos producen excreciones dulces sobre las ramas del tamarisco, en junio, durante varias semanas. Durante la noche las gotas caen de los árboles a la tierra, donde permanecen hasta que el calor del sol atrae las hormigas, que se las llevan. Son pequeñas gotas pegajosas de color claro y sabor azucarado, bastante similares a las descripciones bíblicas en Ex. 16 y Nm. 11. En Sinaí, y en otras partes, hay insectos que producen secreciones dulzonas, p. ej. ciertas clases de cigarras. No obstante, estos productos no concuerdan con la descripción bíblica en todos sus detalles. Sobre ellos, véase F. S. Bodenheimer, BA 10, 1947, pp. 1–6; para una fotografía de ramas de tamarisco con gotas, véase W. Keller, The Bible as History, 1956, lám. entre pp. 112–113. En el S de Argelia en 1932, y tamb. aproximadamente setenta años antes, después de desacostumbradas condiciones climáticas, “cayó una sustancia blanquecina, inodora, insípida, de tipo farináceo, que cubría las tiendas y la vegetación cada mañana” (A. Rendle Short, Modern Discovery and the Bible3, 1952, pp. 152 [hay versión cast.]). También en 1932, una sustancia blanca como el maná cubrió una mañana una superficie de 640 por 18 m en una granja en Natal, y los habitantes del lugar la comieron (H. S. Gehman en WDB, pp. 375a). Ninguno de estos fenómenos satisface los datos bíblicos, y la provisión del maná finalmente se mantiene en el dominio de lo milagroso, especialmente en lo que se refiere a su continuidad, cantidad, y el período de seis días en que caía. Los paralelos parciales anteriormente citados pueden indicar, sin embargo, el tipo de base física empleado por Dios para esta provisión. El maná fue empleado por Dios para instrucción espiritual, como así también para el sostén físico. Israel recibió el mensaje de que, a falta de otro alimento (“le hizo tener hambre”), la provisión divina de maná fue “para hacerte saber que no sólo de pan vivirá el hombre, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová” (Dt. 8.3, cf. vv. 16). Dios utilizó la provisión de maná durante seis días, y no en el séptimo, para enseñar obediencia a Israel, y los condenó por su desobediencia (Ex. 16.19, cf. vv. 20, 25–30). Jesucristo emplea el maná, “el pan del cielo” dado por Dios, como tipo de sí mismo, el verdadero pan de vida, y traza un contraste entre la sombra y la sustancia: “vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron” (Jn. 6.49), mientras que él podía decirles: “Yo soy el pan de vida … que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre” (Jn. 6.35, 51, y cf. vv. 26–59 pass.). El hombre puede gozar de vida eterna por los méritos de la muerte de Cristo (v. 51). En Ap. 2.17 el “maná escondido” representa el alimento espiritual impartido por el Espíritu de Cristo.

Bibliografía. B. Ubach, “Maná”, °EBDM, t(t). IV, cols. 1228–1231; G. Auzou, De la servidumbre al servicio, 1979, pp. 219–225.

K.A.K.

Douglas, J. (2000). Nuevo diccionario Biblico : Primera Edicion. Miami: Sociedades Bíblicas Unidas.

Fuente: Nuevo Diccionario Bíblico

(Griego man, manna; Latín, man, manna).

La comida enviada milagrosamente a los israelitas durante su estadía de cuarenta años en el desierto (Ex. 16; Núm. 11,6-9). Caía durante la noche en pequeñas hojuelas blancas o granos que cubrían el suelo y tenían la apariencia de escarcha blanca. Estos granos son descritos como semejantes a semilla de cilantro y bedelio, con un sabor a “torta de miel”, o “pan untado con aceite” (Ex. 16,31; Núm. 11,7-8). El maná cayó por primera vez cuando los israelitas estaban en el desierto de Sin, seis semanas después de su salida de Egipto, en respuesta a sus murmuraciones por las privaciones de la vida en el desierto (Ex. 16,1 ss.) y de ahí en adelante caía diariamente, excepto en el Sabbath, hasta que llegaron a Guilgal en la planicie de Jericó (Jos. 5,12). Durante estos años el maná fue su principal pero no único alimento. Sus rebaños le proporcionaban alguna leche y carne; tenían aceite y harina, por lo menos en pequeñas cantidades, y a veces compraban provisiones de los pueblos vecinos (Lev. 2 ss.; 17,1 ss.; [[Deuteronomio|Deut. 2,6.28). El maná debía ser recogido por la mañana, pues el calor del sol lo derretía. La cantidad a ser recogida se limitaba a un gomor (omer, entre seis a siete pintas) por persona; pero en la víspera del Sabbath se debía recoger una porción doble. Cuando se guardaba por la noche se pudría y cogía gusanos, excepto la porción que se reservaba para sábado. Aunque era comestible en su estado natural, usualmente se molía en la muela o se machacaba en un mortero y luego se hervía y se hacían tortas. Como recordatorio para futuras generaciones, una vasija llena con maná se colocaba cerca del Arca de la Alianza. El nombre se relaciona con la exclamación “Man hu”, que los israelitas pronunciaron al verla por primera vez. Desde el tiempo de la Versión de los Setenta esta expresión generalmente se traduce como “¿Qué es esto?”, o “Es maná”. Una substancia llamada mannu se conocía en Egipto en ese tiempo, y la semejanza de la recién caída comida con esa substancia naturalmente produjo la exclamación y sugirió el nombre.

Muchos estudiosos han identificado el maná bíblico con el jugo de una variedad de Tamarix gallica (Tamarix mannifera) cuando es picado por un insecto (Coccus manniparus), y conocido por los árabes como mann es-sama, “regalo del cielo o “maná celestial”. Pero aunque maná en varios aspectos responde a la descripción del maná de la Biblia, carece de algunas de sus cualidades distintivas. No puede ser molido o machacado en el mortero, ni puede ser hervido y hecho en tortas. No se corrompe ni coge gusanos, sino que se conserva indefinidamente después de recogido. Además, al ser casi azúcar puro, difícilmente podría constituir el principal alimento de un pueblo por cuarenta años. Pero incluso si la identificación estuviese correcta, el fenómeno de su caída, según narrada en el Éxodo, no podría ser explicado sino por un milagro. Pues, aunque el tamarisco era más abundante en los días del Éxodo que hoy día, no pudo haber provisto la gran cantidad de maná requerida diariamente por los israelitas. Además, el maná de tamarisco exuda sólo en cierta temporada, mientras que el maná bíblico caía durante todo el año; exuda todos los días durante su temporada, mientras que el maná bíblico no caía los sábados. Muchas de estas objeciones se aplican también al jugo exudado por la espina de camello (alhagi Camelorum), que a veces se considera idéntica al maná bíblico.

Otros piensas que han encontrado el verdadero maná en un liquen, Lenora esculenta (también conocido como Spharothallia esculenta), que se halla en Asia oriental y en el norte de África. Este cae fácilmente en forma de escamas, y es llevado por el viento y a veces cae en forma de lluvia. En tiempos de hambruna se muele y mezcla con otras substancias para hacer una especie de pan. Pero este liquen es seco e insípido, y posee poco valor nutritivo. La caída regular en este caso, también, tendría que ser milagrosa. El maná puede, ciertamente, haber sido una substancia natural, pero debemos aceptar el milagro por lo menos en la manera en que fue provisto. Pues este fenómeno no sólo resiste toda explicación natural, sino que el relato de Éxodo, así como la designación “pan del cielo”, “pan de los ángeles”, es decir, enviado por el ministerio de los ángeles (Sal. 78(77),24-25; Sab. 16,20) sencillamente lo representa como milagroso.

Cristo usó el maná como tipo y símbolo de la Eucaristía, la cual es verdadero “pan del cielo”, y “comida de vida”, es decir, pan que da vida, en un sentido más alto que el maná de antiguo. (Juan 6). San Pablo al llamar al maná “comida espiritual” (1 Cor. 10,3) alude a su significado simbólico con respecto a la Eucaristía así como a su carácter milagroso. De ahí que el maná ha sido siempre un símbolo Eucarístico común en el arte y liturgia cristiana. En Apocalipsis 2,17 el maná aparece como símbolo de la felicidad en el cielo.

Bibliografía: HUMMELAUER, Com. In Exod. (Paris, 1897), 168 sq.; EBERS, Durch Gosen zum Sinai (Leipzig, 1872), 236; RITTER, Die Erdkunde (Berlin, 1848), XIV, 665 sS.; BURCKHARDT, Viajes en Siria (Londres, 1822), 600 ss.; LESETRE en VIG., Dicc de la Biblia, s.v.; ZENNER, Man hu in Zeirschr. der Kath. Theol., XXIII (1899), 164; PETERS, Zu Man hu, ibid., 371.

Fuente: Bechtel, Florentine. «Manna.» The Catholic Encyclopedia. Vol. 9. New York: Robert Appleton Company, 1910.

http://www.newadvent.org/cathen/09604a.htm

Traducido por Luz María Hernández Medina.

Fuente: Enciclopedia Católica