CANANEOS/AS

Cananeos/as (heb. kena’anî, «perteneciente a Canaán [cananeo]» o «comerciante [mercader, negociante]»; gr. kananí­tes). 1. Descendientes de Canaán,* el hijo de Cam (Gen 10:6, 15-20). Como los cananeos vivieron en Palestina, puente entre semitas y camitas, parece que tuvieron estrechos contactos con los semitas en su historia temprana. Una tradición fenicia ofrece evidencia adicional que apoya el origen camí­tico de los cananeos, según la cual el antepasado original de ellos fue Jna o Jnas. Los cananeos alegaban que su hogar primitivo habí­a estado sobre el Golfo de Eritrea (o sea, el Golfo Pérsico). Esa región estuvo habitada mayormente por semitas, pero también fue el hogar de Nimrod, un descendiente de Cam (Gen 10:8). Por cuanto descendí­an de Cam, se esperarí­a que los cananeos hablaran lengua camí­tica. Pero como sus monumentos no muestran ni rastros de un lenguaje camí­tico, se llegó a la conclusión de que adoptaron la lengua semí­tica (hoy llamada hebrea) en una etapa muy temprana de su historia. Luego el idioma fue tomado por los hebreos inmigrantes (cf Isa 19:18) y posteriormente lo hablaron la mayorí­a de las naciones de Palestina (antes de la conquista por parte de los israelitas, los cananeos ya empleaban muchí­simo la escritura en cuneiforme y habí­an comenzado a usar varios sistemas alfabéticos de escritura*). Todo esto parece contradecir el informe de su origen camí­tico. Pero ello se puede explicar si suponemos que los cananeos, al vivir en un territorio semí­tico y por causa de su í­ntima asociación con los semitas, adoptaron su lengua. Existen otros casos históricos de naciones que adoptaron la lengua de otra después de emigrar al paí­s que la hablaba. Véase Hebrea, Lengua. Nada se sabe de cuándo los cananeos se 197 mudaron a Palestina, pero ya en tiempos de Abrahán formaban la población local de ese paí­s (Gen 12:6). Poseí­an las ciudades más grandes y fuertes hasta que fueron expulsados por los israelitas hacia fines del 2º milenio a.C. Las excavaciones de algunas de sus ciudades -como Jerusalén, Meguido, Bet-seán, Hamat, Gezer, Biblos- muestran que la cultura cananea, en tiempos de la conquista israelita, era de alto nivel: la artesaní­a y la metalurgia, el arte de levantar sólidas fortificaciones, la música y una rica literatura. Los israelitas nómadas del desierto, quienes habí­an vivido en esclavitud durante generaciones, no se podí­an igualar con los cananeos en estas áreas. 109. Relieve sobre piedra en la tumba del faraón Harmhab que retrata a los cananeos rogando por la admisión en Egipto (los originales se encuentran en Leiden, Viena y Berlí­n. Los cananeos, condenados por Dios a causa de su impiedad (Deu 20:17), no fueron exterminados completamente por los israelitas. Por causa de su inferioridad y falta de confianza sólida en Dios, la conquista del paí­s fue mucho más gradual e incompleta que lo que sugiere una lectura superficial del libro de Josué. Muchas de las fuertes ciudades de los cananeos no llegaron a ser posesión de Israel hasta el tiempo de David, y una de ellas, Gezer, no fue ocupada hasta el reinado de Salomón. Los que quedaron fueron hechos tributarios o usados como esclavos (Jdg 1:27-36; 1Ki 9:20, 21). Después de la conquista del paí­s, restos de los cananeos continuaron como prósperas colonias en la costa fenicia. Se ocuparon de la navegación y se convirtieron en grandes marinos y mercaderes del mundo hasta entonces conocido (fue así­ que el heb. kena’nî vino a significar «mercader», y así­ se lo traduce en diversos pasajes: Job 41:6; Pro 31:24; Isa 23:8; Nah 3:16; Zec 14:21). Fundaron colonias cananeas (fenicias) en diversos paí­ses costeros del Mediterráneo hasta sitios tan lejanos como España y el norte de Africa (Cartago), y esparcieron la cultura y la civilización orientales entre las naciones primitivas del oeste. De este modo ejercieron una gran influencia sobre los griegos, que se encontraban en el amanecer de su civilización, y sobre otros pueblos. Les enseñaron, por ejemplo, el arte de escribir, que hasta ese tiempo era prácticamente desconocido en Europa. Poco se sabí­a de la religión de los cananeos antes de los descubrinúentos de la rica literatura mitológico de Ras Shamra.* Sin embargo, hoy son bien conocidos los dioses y las diosas cananeas. Los principales eran El,* Baal,* Anat,* Asera,* Dagón* y Hadad,* algunos de los cuales se mencionan en la Biblia (Jdg 16:23; 2Ki 10:21; 21:7). Estas deidades eran adoradas en templos* (muchos de los cuales han sido excavados recientemente) y en santuarios al aire libre (llamados 198 «lugares altos»* en la Biblia, 2Ki 17:32; etc.). Los ritos religiosos idolátricos estaban relacionados con una grosera inmoralidad, y se centraban alrededor de la adoración de la fertilidad del hombre, de los rebaños, del ganado y de la tierra. El sistema de sacrificios era similar al de los hebreos, pero, sobre sus altares, además de animales limpios ofrecí­an bestias inmundas y algunas veces hasta seres humanos, especialmente niños. El culto a la naturaleza parecí­a tener gran atractivo para los israelitas, y por ello fue ampliamente adoptado tanto por Israel como por Judá. Por un tiempo el dios cananeo Baal rivalizó con Yahweh. 2. Gentilicio de Súa, la mujer de Judá (1Ch 2:3). 3. Denominación para la mujer pagana que suplicó con mucha fe a Jesucristo por su hija (Mat 15:21-28; para Marcos era «sirofenicia»*). En este contexto, cualquier habitante del paí­s o de los alrededores que no pertenecí­a a la raza judí­a.

Fuente: Diccionario Bíblico Evangélico