GENERO

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Categorí­a, clase, tipo, orden, grupo, conjunto de elementos (personales, materiales, actuaciones, productos) que son de la misma naturaleza o de rasgos muy aproximados.

Los géneros, en plural, son muchos en todos los campos o materias. En lo religioso se habla de géneros bí­blicos, pedagógicos, literarios, etc.

En algunos campos el estudio de los géneros es condicionante para captar y para interpretar determinadas materias: géneros literarios en la Biblia, géneros narrativos en los Evangelio, géneros litúrgicos en las formas de plegarias, géneros eclesiales en la diversidad de comunidades o instituciones de Iglesia.

Pedro Chico González, Diccionario de Catequesis y Pedagogí­a Religiosa, Editorial Bruño, Lima, Perú 2006

Fuente: Diccionario de Catequesis y Pedagogía Religiosa

El relato de la creación que se encuentra en el primer capí­tulo de Génesis manifiesta que Jehová Dios creó a todas las criaturas vivientes de la Tierra †œsegún sus géneros†. (Gé 1:11, nota.) Hacia la parte final del sexto dí­a creativo ya habí­an sido creadas gran variedad de familias †˜genéricas†™ básicas sobre la Tierra, que comprendí­an formas de vida muy complejas, todas ellas con la facultad de reproducirse, de acuerdo con un patrón fijo y ordenado, †œsegún sus géneros†. (Gé 1:12, 21, 22, 24, 25; 1Co 14:33.)
Los †œgéneros† mencionados en la Biblia parecen constituir divisiones de formas de vida, en las cuales pueden producirse cruces fértiles. En tal caso, el lí­mite que separa unos †œgéneros† de otros tiene que trazarse en el punto donde ya es imposible la fertilización.
En años recientes el término †œespecie† se ha usado de tal manera que ha causado confusión al compararlo con la palabra †œgénero†. El sentido primario de †œespecie† es †œconjunto de cosas que forman un grupo, por tener uno o varios caracteres comunes†, pero en el campo de la biologí­a se aplica a conjuntos de animales o plantas que pueden fecundar entre sí­ y que tienen una o varias caracterí­sticas comunes. Por lo tanto, podrí­a haber muchas especies o variedades dentro de cada uno de los †˜géneros†™ de Génesis.
Tanto por la explicación de la creación que se da en la Biblia como por las leyes implantadas por Dios para el control del mundo natural, es perfectamente explicable la gran diversidad que se observa dentro de cada †œgénero† creado, pero no hay base alguna para sostener, como hacen algunos, que desde que terminó el perí­odo creativo han aparecido nuevos †œgéneros†. La regla invariable de que no puede haber procreación entre †œgéneros† distintos responde a un principio biológico hasta la fecha incuestionable. Ni siquiera con la ayuda de avanzados laboratorios y la tecnologí­a moderna se han podido formar en la actualidad nuevos †œgéneros†. Además, la fecundación entre †œgéneros† distintos afectarí­a el propósito divino de tener familias genéricas separadas y destruirí­a la individualidad de las diversas especies de criaturas vivientes, flora y fauna en general. Por consiguiente, en vista de la evidente diferenciación de los †œgéneros† creados, se puede considerar que un †œgénero† es una unidad separada e independiente de los demás.
Desde que existen registros hasta hoy, los perros siempre han sido perros, los gatos, gatos, y los elefantes han sido y serán elefantes. La esterilidad sigue siendo el factor delimitante de lo que constituye un †œgénero†. Este fenómeno hace posible —mediante la prueba de la esterilidad— determinar los lí­mites de todos los †œgéneros† que existen hoy. Mediante esta prueba natural de fertilización, es posible descubrir las relaciones primarias dentro del mundo animal y vegetal. Por ejemplo, la frontera de la esterilidad representa un vací­o infranqueable entre el hombre y los animales. Pruebas de apareamiento que se han realizado demuestran que el mero parecido entre dos †œgéneros† no es un criterio válido para catalogarlos como de la misma especie. Si bien el hombre y el chimpancé tienen algún parecido entre sí­, músculos y osamenta semejantes, la total imposibilidad de conseguir un hí­brido de hombre y antropoide demuestra que estamos ante dos creaciones separadas que no corresponden al mismo †œgénero† creado.
Hubo un tiempo en el que se pensó que la hibridación serí­a el mejor medio de producir un nuevo †œgénero†, pero en todos los casos en los que supuestamente se habí­a conseguido un resultado positivo, se pudo demostrar con relativa facilidad que los individuos apareados eran de un mismo †œgénero†, como en el caso del caballo y del burro, ambos équidos. El resultado de este cruce es la mula, que, salvo en raras excepciones, es estéril y, por lo tanto, incapaz de reproducirse por el medio natural. El propio Charles Darwin se vio obligado a reconocer que la †œdistinción de las formas especí­ficas y el no estar ligadas entre sí­ por innumerables [eslabones] de transición, es una dificultad muy evidente†. (El origen de las especies, editorial EDAF, 1985, cap. 10, pág. 315.) Esta afirmación sigue siendo cierta.
Si bien es posible que el número de †œgéneros† creados se limite a unos centenares, existen en el mundo muchas más variedades de animales y plantas. Según la investigación moderna, en una misma familia botánica puede haber hasta centenares de miles de plantas diferentes. Algo parecido sucede en el reino animal; por ejemplo, en el †œgénero† de los félidos puede haber una gran variedad de gatos, al igual que hay variedad entre los bóvidos, los cánidos y hasta en la especie humana, lo que ha producido una gran diversidad dentro de cada †œgénero†. Pero aun así­, prevalece un hecho fundamental: sin importar cuánta variedad haya dentro de ellos no puede haber fusión genética entre estos géneros.
La investigación geológica ha aportado pruebas inconfundibles de que los fósiles de los especí­menes más antiguos de un determinado animal son muy parecidos a sus descendientes actuales. Por ejemplo, las cucarachas fósiles halladas entre lo que se supone que son los fósiles de insectos más antiguos son idénticas a las actuales. Hay una total ausencia de fósiles de transición entre un †œgénero† y otro. El caballo, el elefante, el águila, el roble, el nogal, el helecho…, todos permanecen circunscritos a su †œgénero†, sin evolucionar hacia †œgéneros† distintos. El testimonio del registro fósil concuerda plenamente con el relato bí­blico de la creación, que muestra que en el transcurso de los últimos dí­as creativos Jehová creó todas las formas de vida que existen sobre la Tierra en gran cantidad y †œsegún sus géneros†. (Gé 1:20-25.)
Todo lo considerado permite deducir que Noé pudo seleccionar las especies animales necesarias para preservarlas en el arca durante el Diluvio. La Biblia no dice que tuviese que escoger un animal de cada una de las variedades existentes. De hecho, dice: †œDe las criaturas voladoras según sus géneros y de los animales domésticos según sus géneros, de todos los animales movientes del suelo según sus géneros, dos de cada uno entrarán a donde ti allí­ para conservarlos vivos†. (Gé 6:20; 7:14, 15.) Jehová Dios sabí­a que solo era necesario salvar especí­menes representativos de cada †œgénero†, ya que después del Diluvio se reproducirí­an en todas sus variedades. (Véase ARCA núm. 1.)
Después que las aguas del Diluvio remitieron, salieron del arca los relativamente pocos †œgéneros† de animales que habí­an sido conservados con vida, se dispersaron por toda la superficie de la Tierra y, con el transcurso del tiempo, produjeron una gran variedad dentro de sus respectivos †œgéneros†. Aunque desde entonces han aparecido muchas variedades nuevas, los †œgéneros† que sobrevivieron al Diluvio han permanecido invariables, sin experimentar cambio alguno en plena concordancia con la inmutable palabra de Jehová Dios. (Isa 55:8-11.)

Fuente: Diccionario de la Biblia

genos (gevno», 1085), generación, clase, tipo. Se traduce «género» en Mat 17:21 (TR); Mc 9.29; 1Co 12:10: Véanse CLASE, Nº 1, FAMILIA, LINAJE, etc.

Fuente: Diccionario Vine Nuevo testamento