¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿A dónde huiré de tu presencia?
Jer 23:23, Jer 23:24; Jon 1:3, Jon 1:10; Hch 5:9.
Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico
Hay dos formas diferentes para entender las palabras ¿A dónde me iré? Una es que David quería huir de la presencia de Dios, pero no podía. La otra toma las palabras como una celebración de la misericordia de Dios, ya que no había lugar en toda la creación donde David, el siervo de Dios, se encontrara separado de su presencia.
Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe
¿A DÓNDE ME IRÉ DE TU ESPÍRITU? Los hijos de Dios nunca pueden alejarse del cuidado, de la dirección y de la protectora fortaleza de Dios (véase v. Sal 139:10 como la clave para entender el v. Sal 139:7). Él está con ellos en todas las circunstancias, ya sea en las cosas presentes o futuras.
Fuente: Biblia de Estudio Vida Plena
ARTÍCULO
Los atributos de Dios
Sal 139:7-8 ¿Adonde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás.
La Biblia no procura probar que Dios existe. Más bien, da por sentado su existencia y continúa describiendo numerosos atributos que lo caracterizan. Algunos de esos atributos son exclusivos de Él como Dios; otros se ven en los seres humanos, como resultado de haber sido creados a la imagen de Dios.
(1) Dios es omnipresente, es decir, Él está presente en todas partes al mismo tiempo. El salmista afirma que sin importar adonde vaya el hombre, allí está Dios (Sal 139:7-12; cf. Jer 23:23-24; Hch 17:27-28); Él observa todo lo que el hombre hace.
(2) Dios es omnisciente, es decir, lo sabe todo (Sal 139:1-6; Sal 147:5). Él no sólo conoce las acciones de los seres humanos, sino que también conoce sus pensamientos (1Sa 16:7; 1Re 8:39; Sal 44:21; Jer 17:9-10). Cuando la Biblia habla de la presciencia de Dios (Isa 42:9; Hch 2:23; 1Pe 1:2), quiere decir que Él conoce con exactitud la condición de todas las cosas y todos los acontecimientos, sean posibles, reales, futuros, pasados o predestinados (cf. 1Sa 23:10-13; Jer 38:17-20). La presciencia de Dios no implica el determinismo filosófico (véanse Núm 14:11-20; 2Re 20:1-7; Rom 8:29; 1Pe 1:2; y el ARTÍCULO LA ELECCIÓN Y LA PREDESTINACIÓN, P. 1684. [Efe 1:4-5]).
(3) Dios es omnipotente, es decir, Él es todopoderoso y tiene la suprema autoridad sobre todas las cosas y todas las criaturas (Sal 147:13-18; Jer 32:17; Mat 19:26; Luc 1:37). Sin embargo, eso no quiere decir que Dios emplee todo su poder y autoridad en todo momento. Por ejemplo, Dios tiene el poder para destruir todo el pecado, pero Él ha optado no hacer eso hasta el fin de la historia (véase 1Jn 5:19, nota). En muchos casos, Dios limita su poder, canalizándolo por medio de su pueblo (2Co 12:7-10; Efe 1:19-21); en esos casos, su poder es dependiente del grado de disponibilidad y obediencia a Él por parte del creyente (véanse Efe 3:20, nota, y el ARTÍCULO LA PROVIDENCIA DE DIOS, P. 70. [Gén 45:5]).
(4) Dios es trascendente, es decir, diferente e independiente de su creación (véanse Éxo 24:9-18; Isa 6:1-3; Isa 40:12-26; Isa 55:8-9). Su ser y su existencia son infinitamente mayores y más elevados que el orden creado (1Re 8:27; Isa 66:1-2; Hch 17:24-25). Él habita en existencia perfecta y pura, muy por encima de lo que ha hecho. Él mismo es increado y tiene existencia independiente de la creación (véase 1Ti 6:16, nota). Sin embargo, la trascendencia no hace que Dios sea incapaz de habitar entre su pueblo como su Dios (Lev 26:11-12; Eze 37:27; Eze 43:7; 2Co 6:16).
(5) Dios es eterno, es decir, desde el siglo y hasta el siglo (Sal 90:1-2; Sal 102:12; Isa 57:15). No hubo ni habrá jamás un tiempo, ni en el pasado ni en el futuro, en que Dios no existiera ni existirá. Él no está limitado por el tiempo humano (cf. Sal 90:4; 2Pe 3:8), y por lo tanto se le describe mejor como «Yo soy» (cf. Éxo 3:14; Jua 8:58).
(6) Dios es inmutable, es decir, no hay cambio alguno en los atributos de Dios, en sus perfecciones ni en su propósito para el género humano (Núm 23:19; Sal 102:26-28; Isa 41:4; Mal 3:6; Heb 1:11-12; Stg 1:17); sin embargo, eso no quiere decir que Dios nunca modifica sus propósitos temporales en reacción a las acciones de los seres humanos. Por ejemplo, Él puede modificar sus propósitos de juicio por causa del sincero arrepentimiento de los pecadores (cf. Jua 3:6-10). Además, Él permanece con libertad para responder a las necesidades de los seres humanos y a las oraciones de su pueblo. Con frecuencia las Escrituras se refieren a Dios como que cambia de idea a causa de las diligentes oraciones de los justos (e.g., Núm 14:1-20; 2Re 20:2-6; Isa 38:2-6; Luc 18:1-8; véanse los ARTÍCULOs LA ELECCIÓN Y LA PREDESTINACIÓN, P. 1684. [Efe 1:4-5], y LA ORACIÓN EFICAZ, P. 464. [1Re 18:42-45]).
(7) Dios es perfecto y santo, es decir, es íntegramente sin pecado y absolutamente justo (Lev 11:44-45; Sal 85:13; Sal 145:17; Mat 5:48). Adán y Eva fueron creados sin pecado (cf. Gén 1:31), pero con la capacidad de pecar. Dios, por otra parte, no puede pecar (Núm 23:19; 2Ti 2:13; Tit 1:2; Heb 6:18). Su santidad también incluye su dedicación a llevar a cabo su propósito y plan.
(8) Dios es trino y uno, es decir, es un solo Dios (Deu 6:4; Isa 45:21; 1Co 8:5-6; Efe 4:6; 1Ti 2:5) que se ha manifestado en tres personas divinas: Padre, Hijo y Espíritu Santo (e.g., Mat 28:19; 2Co 13:14; 1Pe 1:2). Cada persona es plenamente divina, igual a las otras dos; pero no son tres dioses, sino un solo Dios (véanse Mat 3:17, nota; Mar 1:11, nota).
ATRIBUTOS MORALES DE DIOS. Muchas características del único Dios verdadero, particularmente sus atributos morales, tienen similitud con las cualidades humanas; sin embargo, todos sus atributos existen a un grado incomparablemente mayor que en los seres humanos. Por ejemplo, aun cuando Dios y los seres humanos tienen la capacidad de amar, ningún ser humano es capaz de amar hasta el punto e intensidad que ama Dios. Además, debe subrayarse que la capacidad de los seres humanos de ejercitar esas características está relacionada con el hecho de que han sido creados a la imagen de Dios (Gén 1:26-27). En otras palabras, ellos son como Él, no Él como ellos.
(1) Dios es bueno (Sal 25:8; Sal 106:1; Mar 10:18). Todo lo que Dios creó originalmente era bueno, como una extensión de su propia naturaleza (Gén 1:4; Gén 1:10; Gén 1:12; Gén 1:18; Gén 1:21; Gén 1:25; Gén 1:31). Él sigue siendo bueno con su creación al sostenerla para beneficio de todas sus criaturas (Sal 104:10-28; Sal 145:9; Sal 145:13; véase el ARTÍCULO LA PROVIDENCIA DE DIOS, P. 70. [Gén 45:5]); incluso provee para los malos (Mat 5:45; Hch 14:17). Dios es especialmente bueno hacia los que le invocan de veras (Sal 145:18-20).
(2) Dios es amor (1Jn 4:8). Su amor es un amor abnegado que abarca a todo el mundo de la humanidad pecadora (Jua 3:16; Rom 5:8). La principal manifestación de ese amor fue el enviar a su único Hijo Jesucristo para que muriera por los pecadores (1Jn 4:9-10). Además, Dios tiene un amor familiar especial por quienes por medio de Jesucristo están reconciliados con Él (véase Jua 16:27, nota).
(3) Dios es misericordioso y clemente (Éxo 34:6; 2Cr 30:9; Sal 103:8; Sal 145:8; Joe 2:13). El no aniquila y destruye a los seres humanos como lo merecen a causa de sus pecados (Sal 103:10), sino que ofrece el perdón como un don gratuito que se debe recibir por fe en Jesucristo (Sal 103:11-12; Rom 6:23; 1Co 1:3-4; Efe 2:8-9; Tit 2:11; Tit 3:14; véase el ARTÍCULO LA FE Y LA GRACIA, P. 1582. [Rom 5:21]).
(4) Dios es compasivo (2Re 13:23; Sal 86:15; Sal 112:4). Ser compasivo significa sentir pena por el sufrimiento de otra persona, con un deseo de ayudar. Por su compasión por la humanidad, Dios proporcionó el perdón y la salvación (Sal 78:38). Asimismo, Jesucristo el Hijo de Dios expresó compasión por las multitudes cuando predicó el evangelio a los pobres, pregonó libertad a los cautivos y recuperación de la vista a los ciegos, y puso en libertad a los oprimidos (Luc 4:18; cf. Mat 9:36; Mat 14:14; Mat 15:32; Mat 20:34; Mar 1:41; véase Mar 6:34, nota).
(5) Dios es paciente y clemente (Éxo 34:6; Núm 14:18; Rom 2:4; 1Ti 1:16). Dios manifestó esa característica por primera vez en el huerto del Edén después del pecado de Adán y Eva, cuando Él no destruyó la raza humana como tiene el derecho de hacerlo (cf. Gén 2:16-17). Dios también fue paciente en los días de Noé, mientras se estaba construyendo el arca (1Pe 3:20). Y Dios todavía es clemente con la pecadora raza humana; Él no juzga de inmediato para destruir al mundo porque Él está pacientemente dándoles a todos la oportunidad de arrepentirse y salvarse (2Pe 3:9).
(6) Dios es la verdad (Éxo 34:6; Deu 32:4; Sal 31:5; Isa 65:16). Jesús se llamó a sí mismo «la verdad » (Jua 14:6), y al Espíritu se le conoce como «el Espíritu de verdad » (Jua 14:17; cf. 1Jn 5:6). Como Dios es totalmente fiel y digno de confianza en todo lo que dice y hace, también se describe su palabra como verdad (2Sa 7:28; Sal 119:43; Isa 45:19; Jua 17:17). En armonía con esto, la Biblia pone en claro que Dios no tolera mentiras ni falsedad de ninguna clase (Núm 23:19; Tit 1:2; Heb 6:18).
(7) Dios es fiel (Deu 7:9; Isa 49:7; Lam 3:23; Heb 10:23). Dios hará lo que ha revelado en su Palabra, cumpliendo tanto sus promesas como sus advertencias (Núm 14:32-35; 2Sa 7:28; Job 34:12; Hch 13:23; Hch 13:32-33; véase 2Ti 2:13, nota). La fidelidad de Dios debiera producir indecible consuelo para los creyentes y gran temor del juicio de Dios para todos los que no se arrepienten y creen en el Señor Jesús (Heb 6:4-8; Heb 10:26-31).
(8) Por último, Dios es justo (Deu 32:4; Isa 45:21; 1Jn 1:9). Ser justo significa que Dios sostiene el orden moral del universo, y es justo y sin pecado en la manera en que trata al género humano (Neh 9:33; Dan 9:14). La determinación de Dios de castigar a los pecadores con la muerte (Rom 5:12; véase el ARTÍCULO LA MUERTE, P. 678. [Job 19:25-26]) se origina en su justicia (Rom 6:23; cf. Gén 2:16-17); El se enoja con el pecado por causa de su amor por la justicia (Rom 3:5-6; véase Jue 10:7, nota). El revela su ira contra toda forma de impiedad (Rom 1:18), sobre todo la idolatría (1Re 14:9; 1Re 14:15; 1Re 14:22), la incredulidad (Sal 78:21-22; Jua 3:36) y el tratamiento injusto de otras personas (Isa 10:1-4; Amó 2:6-7). Jesucristo, a quien se le llama «el Justo» (Hch 3:14; Hch 7:52; Hch 22:14), también ama la justicia y aborrece la impiedad (véanse Mar 3:5; Rom 1:18, nota; Heb 1:9, nota). Nótese que la justicia de Dios no se opone a su amor. Por el contrario, fue para satisfacer su justicia que El envió a Jesucristo al mundo como su don de amor (Jua 3:16; 1Jn 4:9-10) y como su sacrificio por el pecado en lugar de los seres humanos (Isa 53:5-6; Rom 4:25; 1Pe 3:18), a fin de reconciliarlos consigo mismo (2Co 5:18-21; véanse notas).
La revelación definitiva de Dios de sí mismo está en Jesucristo (cf. Jua 1:18; Heb 1:1-4), En otras palabras, si se desea comprender plenamente la naturaleza personal de Dios, se debe mirar a Cristo, porque en El habita toda la plenitud de la Deidad (Col 2:9).
Fuente: Biblia de Estudio Vida Plena
tu Espíritu. Referencia al Espíritu Santo (cp. Sal 51:11; Sal 143:10). Vea «La unción del Espíritu Santo en el AT» en el Sal 51:1-19.
Fuente: Biblia de Estudio MacArthur
Dios estaba siempre vigilando sobre David y por ello era imposible hacer nada sobre lo que Dios no sea un espectador.
Fuente: Biblia de Estudio MacArthur
Jer 23:23-24; Sir 16:17.
Fuente: Traducción Interconfesional HispanoAmericana
NOTAS
(1) “De tu espíritu.” Heb.: me·ru·jé·kja; gr.: pnéu·ma·tós; lat.: spí·ri·tu.
REFERENCIAS CRUZADAS
j 5045 Hch 5:9
k 5046 Jer 23:24; Jon 1:3