Comentario de Juan 3:9 – Exégesis y Hermenéutica de la Biblia

Respondió Nicodemo y le dijo: —¿Cómo puede suceder eso?

3:9, 10 Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto? Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto? — Algunos de los maestros de Israel se creían muy conocedores de las cosas de Dios, pero ¿qué sabían de Eze 18:31 que dice, «haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo»? ¿O Eze 36:26, «Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros»? ¿Habían leído y estudiado el Sal 51:10, «Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí»? El concepto básico del nuevo nacimiento no debía haber sido nuevo para Nicodemo.

Fuente: Comentario al Nuevo Testamento por Partain

¿Cómo puede esto hacerse? Jua 3:4; Jua 6:52, Jua 6:60; Pro 4:18; Isa 42:16; Mar 8:24, Mar 8:25; Luc 1:34.

Fuente: El Tesoro del Conocimiento Bíblico

Nicodemo quería saber Cómo podía experimentar el nacimiento espiritual del que Jesús hablaba.

Fuente: Nuevo Comentario Ilustrado de la Biblia Caribe

3:9, 10 Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto? Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto? — Algunos de los maestros de Israel se creían muy conocedores de las cosas de Dios, pero ¿qué sabían de Eze 18:31 que dice, «haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo»? ¿O Eze 36:26, «Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros»? ¿Habían leído y estudiado el Sal 51:10, «Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí»? El concepto básico del nuevo nacimiento no debía haber sido nuevo para Nicodemo.

Fuente: Notas Reeves-Partain

c. Tercera pregunta (vv. Jua 3:9-13)

La incomprensión de Nicodemo sirve para que el diálogo se siga profundizando. Nicodemo está perplejo, y su pregunta lo indica. El diálogo avanza en tono más personal, antes de que Nicodemo desaparezca de la escena. Por la respuesta irónica de Jesús a las preguntas de Nicodemo se ve la diferencia entre dos grupos: los seguidores de Jesús (la iglesia) y los judíos (la sinagoga). Por eso es importante conservar el cambio del pronombre singular al pronombre plural. Se puede usar lenguaje exclusivo en vez de inclusivo, es decir, usar “nosotros” y “nuestro”. Existen numerosas hipótesis que tratan de explicar porqué hay este cambio de pronombre. La más común es que Juan traslada la situación histórica de Jesús al tiempo en que el evangelio es redactado, cuando existía confrontación entre la sinagoga y la iglesia. Se oye aquí el eco de Jua 3:2 del “sabemos” de Nicodemo y la confrontación de las comunidades judía y cristiana.

Fuente: Comentario para Exégesis y Traducción

¿Cómo puede ser esto? La enseñanza de Jesús le parece no solamente difícil, sino imposible (v. coment. en el vers. 4).

Fuente: La Biblia de las Américas

Estos versículos contienen la segunda parte de la conversación que tuvo lugar entre nuestro Señor Jesucristo y Nicodemo.
A la lección acerca de la regeneración se sigue una exposición acerca de la justificación. Todo el pasaje debiera ser leído con tierna devoción. Algunas de las palabras que en él se encuentran han dado vida eterna a millares de almas.
Se nos enseña, en primer lugar, de que ignorancia tan crasa puede adolecer, en lo espiritual, un hombre de ilustración y de alta posición social. Se le habla a Nicodemo del nuevo nacimiento y exclama: «¿Cómo puede ser esto?» cuando el entendimiento de un maestro se hallaba tan entenebrecido ¡Cómo estaría el del pueblo! ¡Tiempo era a la verdad de que Jesús apareciese! Los pastores de Israel habían cesado de apacentar al pueblo con conocimientos nutritivos. Los ciegos estaban guiando a los ciegos y todos estaban cayendo en el hoyo.
Ignorancia semejante a ésta es, por desgracia, harto común en la iglesia de Cristo. Que un ministro sea erudito y ocupe entre sus colegas un puesto encumbrado no es prueba de que haya sido enseñado del Espíritu. Los sucesores de Nicodemo han sido en todos los siglos más numerosos que los sucesores de S. Pablo. Quizá no hay punto en religión que se ignore tanto como la obra del Espíritu Santo. «El hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios» 1 cor. 2.14.
Feliz el que ha aprendido a probarlo todo con la Escritura y a no llamar Maestro a nadie sobre la tierra 1Tes. 5.21; Mat.
23.9 En estos versículos se nos demuestra, en segundo lugar, cual es la fuente originaria de donde mana la salvación del hombre. Jesús dijo a Nicodemo: «De tal manera amó Dios al mundo, que ha dad a su Hijo unigénito; para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, más tenga vida eterna..
Lutero llamó a este versículo, y con razón, «la Biblia en miniatura.» De todas las preciosas palabras que contiene, las siete primeras («De tal manera amó Dios al mundo») son quizá las más importantes. El amor de que tratan en esa soberana piedad y compasión con que él mira no solo al pequeño rebaño que se ha de salvar sino a toda la humanidad, a todos los pecadores sin excepción alguna. El siente hacia todos los hombres que ha creado una piedad y una compasión profundas.
Aborrece sus pecados, es cierto; pero ama sus almas. «Sus misericordias sobre todas sus obras.» Salmo 145.9 Cuidemos de que nuestras ideas acerca del amor de Dios sean bien definidas y se apoyen en las Sagradas Escrituras. En este particular se yerra por dos extremos. Por una parte debemos guardarnos de opiniones vagas y exageradas. Dios aborrece la maldad, y la ruina eterna sobrevendrá a los que persisten en ella. No es cierto que Dios amara de tal manera al mundo, que, al cabo, toda la humanidad obtendrá la salvación, sino que lo amó de tal manera que dio a su Hijo para que fuera Salvador de los que creyesen. El ofrece su amor de una manera completa y sin reserva, pero solo por medio de la redención de Cristo. Por otra parte, debemos guardarnos de opiniones mezquinas y menguadas: Dios ama a todo el género humano, y fue a causa de ese amor de Cristo vino al mundo. Dios no se complace en la condenación del malvado. Dios no quiere que nadie perezca. Dios tiene voluntad de que todos se salven. Dios ama al mundo. Juan 6.32; Tito 3.4; 1 Juan 4.10; 2 Pedro 3.9; 1 Tim. 2.4; Ezeq. 30.11 En este pasaje se nos enseña, en tercer lugar, el plan particular según el cual Dios, en su amor, ha provisto la salvación para los pecadores. Ver. 14 Con la expresión «levantado en alto» nuestro Señor quiso denotar, ni más ni menos, su muerte en la cruz. El nos hizo saber que esa muerte había sido ordenada de Dios para que fuese «la vida del mundo,» Juan 6.51; y que había sido decretada desde toda la eternidad para que sirviese de expiación y propiciación por el pecado. La serpiente de bronce levantada en el campo de Israel puso los medios de curación y de salud al alcance de todos los que habían sido mordidos por las serpientes. De la misma manera, Cristo crucificado puso la vida eterna al alcance de la humanidad perdida. Jesucristo ha sido elevado en la cruz, y el que lo mirare al través de la fe será salvo.
La verdad de que nos hemos venido ocupando es la piedra fundamental de la religión cristiana. La muerte de Jesús es la vida del cristiano. La cruz es la insignia que le da a éste entrada en el cielo. Es cierto que somos pecadores; pero Jesucristo murió por nosotros. Es cierto que merecemos la muerte, pero Cristo murió por nosotros. Es cierto que somos deudores culpables; pero Jesucristo, con su propia sangre, ha pagado todas nuestras deudas. He aquí la buena nueva. He aquí el verdadero Evangelio.
Se nos enseña, en cuarto lugar, de qué modo recibimos los beneficios resultantes de la muerte de Cristo. Ese modo consiste simplemente en tener fe y confianza en Jesús. Por tes veces repitió nuestro Señor a Nicodemo esta verdad gloriosa. Dos veces dijo que aquel que creyera no se perdería; y una vez que el que creyera en el Hijo del hombre no sería condenado.
El que tiene fe en nuestro Señor Jesucristo tiene la vida. Nada más habemos menester para nuestra justificación; pero ninguna otra cosa puede hacernos partícipes de la redención. Aunque ayunemos y nos humillemos por el pecado, aunque practiquemos muchos ritos religiosos, aunque demos todos nuestros bienes para proveer a las necesidades de los pobres, podemos aún permanecer sin perdón y ser condenados a la muerte eterna. Más si acudimos a Cristo como pecadores culpables y creemos en él, nuestros pecados serán perdonados en el acto y nuestras iniquidades serán borradas.
Guardémonos de creer que la fe que justifica es otra cosa que la confianza que el pecador siente en el Salvador. El hombre justo es siempre, sin duda, recto y piadoso; pero lo que lo hace partícipe de la expiación de Cristo no es su vida sino su fe.
Si deseamos saber si nuestra fe es verdadera, bueno será que examinemos como vivimos. Pero si queremos saber si hemos sido justificados, solo tenemos que hacernos una pregunta. Esa pregunta es: «¿Creemos?.
En este pasaje se nos enseña, por último, cuál es la verdadera causa de la pérdida de las almas. «Esta es la condenación,» dijo nuestro Señor, «que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas.
La doctrina que entrañan estas palabras debe ser examinada cuidadosamente, puesto que con enunciarla queda contestado uno de los argumentos que con más frecuencia hacen los enemigos de la verdad divina. Dios no ha decretado reprobación ninguna, en virtud de la cual algunos hombres de pierdan. «Porque no envió Dios a su Hijo al mundo, para que condene al mundo; sino para que el mundo sea salvo por él.» Dios ha enviado luz al mundo, y si el hombre no viniera a esa luz, la culpa es de éste exclusivamente. La miseria eterna que tendrá que sufrir será el resultado de su propia elección. Dios lo amaba y quería salvarlo; pero él prefirió la oscuridad y, por lo tanto, la oscuridad eterna será su herencia. Rehusó acudir a Cristo, y por lo tanto, no pudo tener vida. Juan 5.40.
No descansemos hasta que no reconozcamos a Cristo como a nuestro Salvador. Encaminémonos hacia él sin tardanza para obtener el perdón y la paz, si es que antes no hemos acudido, y continuemos creyendo en él si es que ya creemos. «Todo aquel que en él creyere no se pierde más tiene vida eterna..

Fuente: Los Evangelios Explicados