Cuatro razones…
#1 – Orgullo – Muchas iglesias y ministerios se han descarrilado porque el líder SABÍA que estaba equivocado pero se negó a admitirlo. ¡No fue un problema de información, sino un problema de integridad!
#2 – Miedo – Algunos líderes sienten que si admiten que están equivocados perderán el respeto de las personas que los siguen… cuando sucede lo contrario, a la gente le encanta cuando un líder admite lo obvio… incluso si los hace «quedar mal».
#3 – Ignorancia – No saben que están equivocados, no tienen ni idea… y si este es el caso, lo más probable es que se hayan rodeado de personas que son demasiado inseguras para decirles la verdad… ¡o demasiado tontas para ver lo obvio!
#4 – Apatíay – Saben que es necesario un cambio, ven lo que está escrito en la pared; sin embargo, hacer cambios alteraría su forma (y estilo) de vida; se preocupan MUCHO más por ellos mismos y su comodidad que por las personas que lideran.