CIUDADANIA

Act 22:28 yo con una gran suma adquiri esta c
Eph 2:12 alejados de la c de Israel y ajenos a los
Phi 3:20 nuestra c está en los cielos, de donde


(gr., politeuma, república). En el NT la palabra para ciudadano con frecuencia significa nada más que el habitante de un paí­s (Luk 15:15; Luk 19:14). Antiguamente los judí­os enfatizaban a Israel como una organización religiosa, no en relación a la ciudad ni al estado. El buen ciudadano era el buen israelita, alguien que seguí­a no la ley civil sino la ley religiosa. Los no israelitas tení­an la misma protección de la ley como los israelitas nativos, pero se les demandaba que no realizaran actos que hirieran los sentimientos religiosos del pueblo. La ventaja de un judí­o sobre un gentil era así­ estrictamente espiritual. El era un miembro de la teocracia.

Entre los romanos, la ciudadaní­a traí­a el derecho de ser considerados iguales a los nativos de la ciudad de Roma. Los emperadores la concedí­an en algunas ocasiones a todas las provincias y ciudades y también a individuos por servicios prestados al estado, o a la familia imperial, o incluso por una cierta suma de dinero. A los ciudadanos romanos se les eximí­a de ciertos castigos vergonzosos, tales como azotes y crucifixión, y tení­an derecho de apelar al emperador con ciertas limitaciones.

Pablo habí­a llegado a ser ciudadano romano por nacimiento. Ya sea su padre o algún otro de sus antepasados habí­a adquirido el derecho y lo habí­a transmitido a su hijo. El estaba orgulloso de su ciudadaní­a romana y, cuando la ocasión lo demandó, aprovechó sus derechos. Cuando escribió a los filipenses, quienes eran miembros de una colonia romana y por lo tanto ciudadanos romanos, Pablo enfatizó el hecho de que los creyentes son ciudadanos de un reino celestial y deben vivir en conformidad (Phi 1:27; Phi 3:20).

Fuente: Diccionario Bíblico Mundo Hispano

El concepto de c. que tenemos hoy no existí­a en el Israel antiguo, donde cada individuo pertenecí­a a una tribu. Las personas eran clasificadas como miembros de las tribus, como esclavos, o como extranjeros. Algunas disposiciones referentes a la participación de extranjeros en las fiestas de Jehová podrí­an compararse con la idea de c., pero recordando siempre que se trata sólo de la incorporación a la vida religiosa del pueblo (Exo 12:48; Deu 23:2-8).

En el NT se menciona el caso de la c. romana. Para el que no fuera un natural romano, esta c. podí­a ser adquirida por adopción, por méritos de guerra, o sobornando a los funcionarios para obtener ese privilegio. Pablo, aunque judí­o, habí­a nacido c. romano (Hch 22:28). Entre las ventajas que se lograban con la c. romana estaba el no recibir nunca torturas ni penas infamantes como la crucifixión o la †¢flagelación, ni ser castigado sin juicio previo. El ciudadano romano sólo podí­a ser juzgado por tribunales romanos, con un jurado en casos civiles y con el representante de Roma en asuntos criminales. Pablo reclamó sus derechos de c. romana en varias ocasiones (Hch 16:37; Hch 22:25; Hch 25:11). El apóstol recuerda a los creyentes que †œnuestra c. está en los cielos†, con todos los privilegios espirituales inherentes (Flp 3:20). Ser ciudadanos romanos era un privilegio para los filipenses, pero era superior el ser ciudadanos del cielo.

Fuente: Diccionario de la Biblia Cristiano

Véase CIUDADANO, CIUDADANíA.

Fuente: Diccionario de la Biblia

La palabra ciudadanía aparece en Hechos 22:28 y Filipenses 3:20. «Ciudadano» y «conciudadano» aparecen en Lc. 15:15; 19:14; Hch. 21:39 y Ef. 2:19. La misma raíz griega se usa en otros pasajes con distintas traducciones.

La ciudadanía romana era tenida en alta estima debido a los privilegios y ventajas que proporcionaba, tales como la excepción de castigos degradantes, el derecho de ser juzgado ante tribunales romanos con la administración de la famosa justicia romana, y el derecho de apelar ante el César mismo como último juez. La ciudadanía podía tenerse como un derecho de nacimiento, u otorgarse a individuos determinados como a habitantes de ciertas ciudades o distritos.

El cristiano tiene su ciudadanía en el reino de Dios. Este hecho debería hacernos estar conscientes tanto de nuestras bendiciones gloriosas como de nuestras obligaciones correspondientes.

Samuel A. Cartledge

Harrison, E. F., Bromiley, G. W., & Henry, C. F. H. (2006). Diccionario de Teología (108). Grand Rapids, MI: Libros Desafío.

Fuente: Diccionario de Teología